Un ministro de excepción
A MEDIADOS DE ESTE AÑO, el 9 de septiembre, se cumple el tercer decenio de la desaparición física de uno de los muy pocos ministros de Hacienda que han trabajado exitosamente por el bien de Venezuela. Nos referimos a Andrés Germán Otero.
Hablar de su extensa y productiva vida nos llevaría mucho más espacio del que disponemos, mas recordar su actuación como hombre público tiene como objetivo hacer reflexionar sobre un venezolano ejemplar.
RECORDEMOS que después de adquirir una educación y una instrucción adecuada en Venezuela, se desplazó a Estados Unidos donde obtuvo el título de ingeniero mecánico en el Stevens Institute of Technology y el Master of Science en la prestigiosa Universidad de Harvard. Todo esto sucedió mientras la economía norteamericana sufrió la gran depresión del año 29.
En 1932 se desplaza a Rusia donde además de trabajar en la construcción de una planta para la Ford Motor Co. vivió y aprehendió cuanto sucedía en la sociedad y en la economía de la Rusia soviética de los años treinta.
Al año siguiente regresa a Estados Unidos donde trabaja hasta 1936 para la Autoridad del valle de Tennessee. Regresa a Venezuela y comienza su vida pública cuando el general López Contreras lo nombra director del Laboratorio Nacional adscrito al Ministerio de Fomento.
En 1942 obtiene su título de ingeniero civil en la Universidad Central de Venezuela y es en el Ministerio de Fomento, durante el gobierno del general Isaías Medina Angarita, cuando conoce al recién nombrado ministro de Fomento, Eugenio Mendoza, quien lo nombra director de Industrias, cargo que desempeña mientras don Eugenio es ministro y quien lo convence para que al final de esas responsabilidades se incorpore a su pujante grupo empresarial.
EN 1961 ES llamado por el presidente Rómulo Betancourt para encargarlo de la cartera de Hacienda. Betancourt lo conocía desde su juventud cuando habían compartido aulas y pupitres en la Escuela de Artes y Oficios donde atendían a la cátedra de Botánica y Zoología.
La actuación de Otero desde el Ministerio de Hacienda fue absolutamente singular. El encargo que recibió de don Rómulo era ciclópeo. Sanear la economía nacional. Se dice fácil.
Para ello instrumentó un plan que tenía tres fundamentos: Reducir los gastos corrientes nacionales, aumentar los ingresos a través de un estudiado incremento de la tributación y estimular la inversión.
Como expresión fehaciente de la importancia de la reducción de gastos puso en marcha un plan para reducir los sueldos de la administración pública en un diez por ciento y a esta medida no escapó ni siquiera el presidente de la República.
CON EL CAMBIO de administración, cuando el doctor Raúl Leoni asumió la Presidencia, Otero fue ratificado como ministro de Hacienda y desempeñó el cargo hasta 1965.
En su administración creció la inversión pública, inversión real, en quinientos millones de dólares americanos. Cuando asumió sus labores el déficit fiscal ascendía a más de doscientos millones de dólares y al final de su administración había un superávit de monto similar. La deuda pública externa que para 1960 estaba en el orden de dos mil quinientos millones de dólares en 1965 solo ascendía a ciento noventa y un millones.
Esto se llama una labor eficiente. Ojalá tengamos a alguien similar en un plazo perentorio.