Vergüenza ibérica
“La cooperación entre Caracas y Madrid es total”, afirma la vicepresidenta del gobierno español María Teresa Fernández de la Vega. Con estas declaraciones uno comienza a ratificar ciertas cosas. La televisión nos permite entrar en lo que vive cada país que podemos contactar. Yo vivo metida en la televisión española, en la argentina, en la colombiana, y por supuesto, en las diferentes pantallas de la información. Con esos tres primeros tengo una relación más cercana y más íntima. Las “cuaimas” españolas que hurgan en las vidas privadas de políticos, artistas, deportistas, los noticieros excelentes. Y uno va metiéndose en cada trama que el individuo ofrece. Claro, la imagen es determinante. Va conociendo a cada actor y ya perciba carácter, gestos, tonos, disimulos e hipocresías. Están allí, desnudos frente a uno. Hay físicos que te dicen mucho.
En esa trama española que podemos seguir desde nuestra casa, uno no entiende muchas cosas. Y de pronto, ¡se descubre la clave del misterio! Con estas declaraciones de la vice española uno entiende que en las encuestas populares Rajoy, el presidente del Partido Popular, que siempre se va sin contestar a los periodistas, que muy obviamente resulta incómodo y errático ante situaciones límite, que exprime asuntos riesgosos a costa de lo que sea para descalificar al gobierno aunque sea positivo, que Rajoy se apunte como favorito.
Porque no puede ser que a la “madre patria”, conquistadora y colonizadora, potencia mundial, un folklórico militarcito suramericano que se cree Bolívar la engañe tan abiertamente. España afirma que “Venezuela (léase Chávez) “ha condenado sin paliativos cualquier acción de ETA”. La vice va mas allá: los derechos de los españoles que residen en Venezuela “no corren peligro”. A pesar de las expropiaciones y las solicitudes de apoyo que desde aquí le hacen a España.
A pesar de los insultos y las amenazas cuando el Comandante está invadido de ira, a pesar de las evidencias, de la destrucción de la estatua de Colón que no era meramente un acto espontáneo sino una provocación útil y acomplejada porque “significaba una humillación a nuestro pueblo y al genocidio más grande de la humanidad”; a pesar de “¿por qué no te callas? Y lo que ven cada día en las pantallas.
La gran potencia prefiere no tocar al militarcito que se cree dueño del petróleo de una Venezuela mayoritaria que acaba, hace días apenas, de darle un preaviso trascendente. Hay que ver los programas españoles, escuchar sus sarcasmos y críticas contra Hugo Chávez y su combo. Tras esta diplomacia blandengue, que la ridiculiza, hay una población que desaprueba ampliamente la “candidez” del gobierno socialista. Si se creen el cuentito del “gallo pelón” de Venezuela, uno se explica que Rajoy, con todo y su belicosidad, le esté ofreciendo a los españoles por lo menos un poco mas de suspicacia. ¡Porque miren que Hugo les ha tocado la cara!