Juicio a Marcos Pérez Jiménez: Del poder a la cárcel
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En la historia contemporánea de Venezuela, pocos personajes generan tanto debate como Marcos Pérez Jiménez, el dictador que marcó una época con obras faraónicas y un férreo control político.
Desde su ascenso al poder hasta su caída, juicio y posterior exilio, su vida fue un reflejo de los contrastes de una Venezuela en transformación.
El principio del fin: La caída del régimen
El 23 de enero de 1958, Venezuela despertó con la noticia de que Marcos Pérez Jiménez, quien gobernaba el país con mano de hierro desde 1952, había huido a República Dominicana en el legendario avión “La Vaca Sagrada”.
Su salida fue la culminación de una serie de protestas populares, unidas al descontento militar, que exigían el fin de un régimen autoritario marcado por la censura, la represión y el enriquecimiento ilícito de la élite gobernante.
En medio del caos político, el país inició un proceso de transición democrática. Sin embargo, la huella de Pérez Jiménez permaneció, especialmente en sus grandes obras de infraestructura que, para bien, cambiaron el rostro y modernizaron el país.
Exilio y persecución judicial
Tras refugiarse en República Dominicana, Pérez Jiménez buscó asilo en Estados Unidos, instalándose en Miami. Durante esos años, vivió en un cómodo exilio financiado, según las acusaciones, con el dinero sustraído del erario venezolano.
En 1963, el gobierno venezolano, liderado por Rómulo Betancourt, intensificó los esfuerzos para extraditar al exdictador. Las autoridades estadounidenses recibieron la solicitud de extradición de Pérez Jiménez el 21 de agosto de 1959 y fue detenido el día 25. Presionados por las acusaciones de malversación de fondos públicos y peculado, finalmente entregaron el reo a la justicia venezolana el viernes 16 de agosto de 1963.
Estuvo detenido en la cárcel del condado de Dade, en Miami, desde diciembre de 1962 con el número 1.374. El mismo Pérez Jiménez, había declarado a los periodistas que en la prisión norteamericana había “rebajado 22 kilos”.
La propia primera dama, Flor Chalbaud, declarará desde Estados Unidos, -pues no pudo viajar a Venezuela sino un tiempo después-, que las condiciones de que gozaba su esposo, “conforme lo establece la ley venezolana”, eran “extraordinariamente superiores a las que le dieron las autoridades estadounidenses”.
Un juicio histórico
Al llegar a Venezuela, Pérez Jiménez fue recluido en la Penitenciaría de San Juan de Los Morros, en donde sus familiares y amigos pudieron visitarlo. Jamás estuvo incomunicado o fue maltratado, según sus propias declaraciones corroboradas por sus cercanos.
Más tarde, sería trasladado a la Cárcel Modelo, en Caracas, convertido en el centro de uno de los juicios más emblemáticos de la región. Era la primera vez que un dictador latinoamericano enfrentaba cargos formales por corrupción.
En el juicio, llevado a cabo por el Tribunal Supremo de Justicia, y que tuvo una fuerte cobertura mediática, se presentaron pruebas de desvío de fondos relacionados con emblemáticos proyectos de su gobierno, como la autopista Caracas-La Guaira, el Teleférico de Mérida y la Ciudad Universitaria.
Mientras tanto, su defensa integrado por los doctores Carlos Berrizbeitia, Rafael Naranjo Ostty, Morris Sierralta y Rafael Pérez Perdomo, argumentaba que el dinero se había utilizado para modernizar al país, posicionándolo como una de las naciones más desarrolladas de la región.
Pérez Jiménez enfrentó el proceso con la misma actitud de autoridad que había caracterizado su gobierno.
El juicio terminó el 9 de abril de 1968, cuando Pérez Jiménez fue condenado a cuatro años, un mes y 15 días de prisión por malversación de fondos públicos. Sin embargo, como ya había pasado más tiempo detenido en espera de juicio, fue liberado poco después. Jamás se le juzgó por crímenes contra la humanidad.
Exilio definitivo y legado polémico
Tras su liberación, Pérez Jiménez se exilió en Madrid, España, donde vivió cómodamente hasta su muerte el 20 de septiembre de 2001, en Alcobendas.
Desde su exilio no estuvo ausente de la política activa venezolana, postulándose a senador por la agrupación política de derecha Cruzada Cívica Nacionalista (CCN) para las elecciones generales de 1968, saliendo en ausencia; sin embargo, la Corte Suprema de Justicia invalidó su elección.
El partido Cruzada Cívica Nacionalista (CCN) logró postular a Marcos Pérez Jiménez como candidato a la Presidencia en las elecciones de 1973, confiando en su amplia popularidad. Sin embargo, los principales partidos políticos promovieron y aprobaron en el Congreso Nacional una enmienda constitucional diseñada específicamente para inhabilitarlo políticamente.
Esta enmienda, aplicada de forma retroactiva, prohibía a personas con sentencias firmes de más de tres años ocupar cargos públicos, impidiendo así su candidatura. Su figura siguió siendo un tema de discusión en Venezuela por décadas hasta que el presidente Hugo Chávez le otorgó el perdón y lo invitó volviera a Venezuela, pero el exdictador se negó alegando problemas de salud. En ese entonces vivía en La Moraleja, una de las zonas más exclusivas de Madrid.
El expresidente y general de División retirado, Marcos Pérez Jiménez, falleció el 20 de septiembre de 2001 en Alcobendas, España, a causa de un ataque al corazón, tras haber permanecido inconsciente durante sus últimas semanas de vida. Al día siguiente, el 21 de septiembre, su cuerpo fue incinerado. Sus familiares manifestaron su deseo de repatriar sus restos a Venezuela “algún día”, como un anhelo de reconciliación con la tierra que marcó su vida y su legado histórico.
Para algunos, fue un arquitecto del progreso, responsable de la modernización del país. Para otros, fue un dictador que silenció a la disidencia y dejó un legado de represión y desigualdad.
Un hito en la justicia
El juicio de Marcos Pérez Jiménez sentó un precedente en América Latina, demostrando que incluso los líderes más poderosos pueden rendir cuentas ante la justicia.
Sin embargo, también dejó preguntas abiertas sobre la capacidad de las democracias nacientes para garantizar justicia plena y evitar la repetición de regímenes autoritarios.
Periodista especializado en crónicas históricas
luisalbertoperozopadua@gmail.com
En las redes sociales: @LuisPerozoPadua
Otro dato del sobrevalorado «General» Marcos Evangelista Pérez Jiménez:
El Dictador Marcos Pérez Jiménez fue un retroceso al Gomecismo represivo, cruel y sanguinario. Un absoluto retroceso en la vida política del país si lo comparamos con los ex presidentes Eleazar López Contreras, quien desterró a sus principales opositores políticos, encarceló a pocos y desterró las torturas, y más aún sí lo comparamos con Isaías Medina Angarita (generales gomecistas), quien no encarceló, torturó ni desterró a nadie. Muchos historiadores, políticos y analistas dicen erradamente que “fundaron la democracia” o que fueron los “primeros presidentes demócraticos” de Venezuela, cuando la realidad es que constituyeron el Neogomecismo, porque ninguno fue electo por el pueblo ni consideraron válido que los venezolanos eligieran a sus gobernantes, representando el ascenso al Poder del Ejército gomecista fundado por el Dictador Juan Vicente Gómez, como el bastión que sostenía su larga y nefasta dictadura, que después reeditó en una versión más moderna, y afortunadamente más corta, el hijo consentido de Doña Adela Jiménez de Pérez, quien nunca imaginó que su hijo Marcos Evangelista, para quien invocó en la pila bautismal al Apóstol de Jesús, resultaría ser un hombre capaz de ordenar tantas crueldades, tantas salvajadas, tantas torturas, tantos asesinatos. Y además ladrón de siete suelas. Creo que estos datos permiten redondear mejor la figura del sobrevalorado Dictador Marcos Evangelista Pérez Jiménez ante los ojos de la juventud venezolana.
Corrección: Por error se omitieron algunas palabras y la redacción original es la siguiente:
«…Se calcula que la tiranía de Juan Vicente Gómez mató en las cárceles y carreteras a cerca de 10 mil venezolanos y a su muerte existían cerca de 20 mil presos políticos y miles de exiliados…»
Otra aclaratoria: En una oportunidad escribí aquí erradamente «Carlos» como el nombre del padre del auto ascendido «Teniente Coronel» Carlos Delgado Gómez, y lo correcto es «Román». El «General» Román Delgado Chalbaud fue uno de los organizadores de la Marina de Guerra gomecista en su etapa inicial, de allí surgió el negocio de montar una empresa con su compadre el Tirano Juan Vicente Gómez (padrino de bautizo de Carlos Delgado Gómez, ingeniero civil graduado en un Politécnico en Francia, después asimilado al Ejército Gomecista por el General gomero Eleazar López Contreras) para explotar comercialmente las rutas de cabotaje fluvial y costanero del país, tanto de pasajeros como de carga. Carlos Delgado Gómez, ya Presidente de la Junta Militar surgida del Golpe de Estado de 1948 contra el Presidente Rómulo Gallegos, fue secuestrado y asesinado por el General de grito y machete Rafael Simón Urbina en 1950, quién actuó como mercenario y con mucha probabilidad, por mandato de Marcos Evangelista Pérez Jiménez, porque Carlos Delgado Chalbaud era partidario de convocar a elecciones y ser él el candidato del Ejército Gomecista y Marcos Evangelista Pérez Jiménez tenía su propio evangelio: El pueblo de Venezuela no tenía derecho a elegir a sus gobernantes y sí las apariencias exigían celebrar elecciones éstas serían un teatro, con resultados amañados y siempre perpetrará el fraude de proclamar ganador al candidato del Gobierno, que siempre debía estar en manos del Ejército Gomecista (1910-1958), nacido, formado y organizado para sostener la Terrible Dictadura Gomecista.
El garrafal error político de Rómulo Betancourt y los demás dirigentes de Acción Democrática que excluyeron al Mayor gomecista Marcos Evangelista Pérez Jiménez de integrar la Junta Revolucionaria de Gobierno en octubre de 1945, aunque Pérez Jiménez era el líder indiscutido de la Logia Militar que organizó el Golpe de Estado que derrocó al General gomecista Isaías Medina generó un cambio profundo en la percepción del excluido Pérez Jiménez: Por ésta exclusión errada, error que no fue rectificado, perdió toda confianza en los políticos, en los civiles, como «socios» ?Lo excluyeron de la Junta Revolucionaria de Gobierno porque no estaba presente en Miraflores cuando triunfó el Golpe Militar que el planificó, organizó y dirigió? ?Lo creyeron muerto porque se sabía que fue arrestado por los leales al Gobierno de Medina? ?Lo sustituyeron en la Junta Revolucionaria de Gobierno, desconociendo lo acordado, por su subalterno, el Capitán Mario Ricardo Vargas? ?Y aún, aclarado que estaba vivo y recuperada su libertad, no rectificaron el error y el Capitán Mario Ricardo Vargas continuaba como miembro de la Junta Revolucionaria de Gobierno y Ministro? En esas horas de definiciones el Mayor gomecista Marcos Evangelista Pérez Jiménez decidió barrer del Gobierno a los dirigentes de Acción Democrática y exigió al Mayor Carlos Delgado Gómez, miembro de la Junta Revolucionaria de Gobierno y Ministro de la Defensa, la Jefatura del Estado Mayor, el control operativo y real del Ejército Gomecista y desde allí organizó el Golpe de 1948, sin importarle la soberanía popular ni que el Presidente Rómulo Gallegos fue electo por la mayoría abrumadora de votos del pueblo venezolano en las primeras elecciones libres y democráticas en la Historia de Venezuela. La exclusión del Mayor gomecista Marcos Evangelista Pérez Jiménezbde la Junta Revolucionaria de Gobierno de Octubre de 1945 fue uno de los cuatro mayores errores del gran estadista que fue Rómulo Betancourt. Los otros fueron apoyar para que fuera candidato presidencial de Acción Democrática en las elecciones de 1973 al político demagogo, oportunista, improvisado y con delirios de grandeza que fue Carlos Andrés Pérez, quien lo engañó con su adulación servil y su fementida lealtad; y apoyar la tesis de la reelección diferida (después de 10 años) del ambicioso reeleccionista Rafael Caldera en la redacción y aprobación de la Constitución de la República de 1961, contra la propuesta original de Acción Democrática de establecer la prohibición absoluta de la reelección del Presidente de la República, conforme al modelo mexicano. Que Acción Democrática, bajo el liderazgo de Rómulo Betancourt, aceptara la propuesta de Rafael Caldera, jefe de Copei, partido minoritario aliado de Acción Democrática, con la más numerosa bancada parlamentaria, significó el enquilosamiento de los partidos políticos por la falta de democracia interna en éstas organizaciones y los nefastos gobiernos de las segundas presidencias de los sobrevalorados Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez, sepultureros involuntarios de la Democracia del Pacto de Punto Fijo.
Los dos principales protagonistas de la Revolución de Octubre de 1945 fueron el Mayor gomecista Marcos Evangelista Pérez Jiménez porque organizó el Golpe Militar que derrocó el gobierno neo-gomecista del General Isaías Medina Angarita, y Rómulo Betancourt, quien lideró al partido político Acción Democrática, para darle contenido político al Golpe de Estado y elevarlo como inicio de una Revolución Democrática, porque la Democracia es lo verdaderamente Revolucionario, no la marxista y utópica «Dictadura del Proletariado», en realidad Dictadura del Partido Único que siempre termina en Dictadura Totalitaria y en el retroceso reaccionario a la vieja Monarquía Absoluta. El 18 de Octubre de 1945 es aún controversial. Se dio un Golpe de Estado, (sustitución de un gobierno por una fuerza militar) contra el gobierno del Presidente General Isaías Medina, que orientado por sus asociados civiles (la dirigencia del partido “Acción Democrática”) originó una revolución democrática, porque en esos tiempos lo revolucionario era la democracia.
A la muerte del tirano Gómez en 1935 el poder lo heredó el Ejército Gomecista (1910-1958), comandado por el General Eleazar López Contreras, quien asumió la Presidencia y en 1941 impuso como “sucesor” (como en las monarquías) a su hombre de confianza: su ex Secretario y ex Ministro de Guerra y Marina, General Medina Angarita, quien pretendió imponer como “sucesor” en 1946 a un civil títere (al estilo de Gómez), porque desde tiempos de Cipriano Castro, quien le arrebató el derecho al pueblo venezolano de elegir al Presidente, éste era electo por el Congreso en elecciones censitarias y de tercer grado.
Medina, quien no desterró, encarceló, ni ordenó torturar ni matar a ningún venezolano por sus ideas políticas y respetó la libertad de prensa, méritos enormes en Venezuela, no fue electo por el pueblo. Medina era expresión del neogomecismo (los antiguos gomecistas decidieron hipócritamente en 1936 que “el único corrupto” era el fallecido Tirano Gómez y reformó la Constitución y aprobó una ley especial para confiscar los bienes de su herencia, considerada producto del saqueo del Tesoro Nacional, quedando impunes sus “socios” y testaferros, entre estos muchos venezolanos enriquecidos por las concesiones petroleras otorgadas por la Tiranía y negociadas con empresas extranjeras, oportunistas hechos millonarios de la noche a la mañana, quienes se disfrazaron de “gente decente”) y se negó a las reformas democráticas que reclamaba el país. Por tales razones, no se derrocó a un gobierno legítimo y por eso participó el mayor partido político opositor (AD), cuya principal bandera era rescatar la soberanía popular con la elección popular del Presidente y demás poderes públicos.
Y tal meta se cumplió entre 1945 y 1947, con la convocatoria a elecciones de una Asamblea Constituyente, que aprobó una nueva Constitución democrática, y la elección popular de un Presidente (Rómulo Gallegos) y de un nuevo Congreso Nacional, mediante el voto universal, directo y secreto de todos los venezolanos mayores de 18 años (incluidas las mujeres y los analfabetas), quedando así abolidos los sistemas electorales censitarios e indirectos (de grados) y sin burlarse la soberanía popular con votos corporativos (propio del fascismo y de inspiración medieval), con falsos partidos opositores o por un partido único, propio de totalitarismos, ya sea fascista, nazi o comunista.
¿Quiénes y por qué le dieron el Golpe de Estado al Presidente Medina?
El Golpe lo dieron cerca de 150 jóvenes oficiales (de casi mil oficiales que tenía el Ejército Gomecista) de la logia “Unión Patriótica Militar” (militares organizados a semejanza de partidos políticos), cuyo líder era el Mayor Marcos Pérez Jiménez, excluido por torpeza de integrar la Junta Revolucionaria de Gobierno, en favor del Capitán Mario Vargas. Ellos expusieron como banderas la necesidad de democratizar al país y modernizar al Ejército Gomecista, dividido entre los viejos oficiales gomeros, los “generales, coroneles y tenientes coroneles de grito y machete”, por los oficiales jóvenes y de grados subalternos (mayores, capitanes, tenientes y subtenientes) formados en las escuelas militares y capacitados para manejar los más recientes armamentos adquiridos.
En realidad los golpistas no querían el regreso al poder del General López Contreras, cuestionado por el Tratado de Límites con Colombia de 1941, ni continuar postergados y eran conscientes de la necesidad de modernizar al Ejército Gomecista, un cuerpo armado policial con uniformes militares, como señaló la Misión Militar de Estados Unidos en su informe de 1942, destinado a reprimir a los civiles y asegurar las dictaduras y dictablandas de los Generales.
Al triunfar, los jóvenes oficiales se autoascendieron y se dedicaron a modernizar al Ejército Gomecista y adoctrinados en dos grandes mentiras, enseñadas como dogmas por sus escuelas militares. En 1948 y bajo la batuta de Marcos Pérez Jiménez (principal líder de los militares gomecistas y golpistas de 1945, quien fue excluido, absurdamente y por miopía política, de su esperado puesto en la Junta Revolucionaria de Gobierno de 1945) derrocaron con otro Golpe de Estado al gobierno democrático del Presidente Rómulo Gallegos, electo en 1947 por la mayoría abrumadora de los venezolanos en las primeras elecciones libres de nuestra historia e impusieron otra larga, cruenta y corrupta dictadura militar que duró 10 años (1948-1958).
Las dos (2) más grandes mentiras creídas como dogmas por los oficiales del Ejército Gomecista, mentiras impuestas por órdenes del Tirano Juan Vicente Gómez, eran:
1) Los oficiales gomecistas eran “herederos del Ejército Libertador”, en verdad formado en su abrumadora mayoría por los civiles que tomaron las armas desde 1810 hasta 1830 para ganar la Guerra de Independencia. Además el Ejército Gomecista nace en 1910 para servir y afianzar la Tiranía de Gómez y existe hasta 1958 cuando su último oficial gomecista al mando, el autoascendido a “General”, Marcos Pérez Jiménez, es derrocado, y el Ejército se transforma en soporte del sistema democrático y no de dictaduras opresoras del pueblo venezolano.
2) Los civiles no tenían capacidad para dirigir el país, olvidando que su fundador y Presidente de la República Juan Vicente Gómez (cuya más nefasta “herencia” fue el Ejército Gomecista) era un próspero hacendado cuarentón antes de participar en las guerras civiles de mano de su compadre Cipriano Castro, otro civil convertido en caudillo y General, y que Eleazar López Contreras era un estudiante metido, recién graduado de Bachiller en Filosofía, en las huestes de la Revolución Liberal Restauradora de 1899. Ninguno formado en las escuelas militares, que no preparan gobernantes ni hombres de estado, menos aún en las escuelas gomecistas, que graduaron a tantos futuros corruptos, carceleros, esbirros, torturadores y asesinos, a imagen del nefasto y sanguinario Juan Vicente Gómez, vergüenza eterna de Venezuela.