Devastación
Carlos Canache Mata
Venezuela es un país postrado, víctima de una devastación económica y una devastación político-institucional.
Sobre la devastación económica, aparte de sufrirla a diario los venezolanos, no pueden estar equivocados, al afirmarla todos a una, el FMI, el Banco Mundial, el BID, la Universidad de Harvard, la Cepal y economistas nacionales y extranjeros de alta calificación, cuya opinión es de conocimiento público. Las cifras son dramáticas. Durante la gestión de Maduro, llevamos cinco años de contracción económica, con la consiguiente reducción del PIB a la mitad. La hiperinflación, que entró en octubre del año pasado, “es la más elevada del planeta” y, mientras América Latina se mantiene con una inflación anual promedio del 6,5%, en nuestro país es del 4% en un solo día, y al cierre de este año terminará trepándose por encima del millón por ciento (1.000.000%) que meses atrás había proyectado el FMI. Es tal el impacto de la hiperinflación que los 24 aumentos salariales decretados por Maduro ni remotamente han impedido “la pulverización” del salario real (según el Cendas, se requerirían 24,5 salarios mínimos de 1.800 bolívares mensuales para adquirir la canasta básica familiar que se disparó a 44.079 bolívares soberanos en septiembre pasado) y, según el economista Pedro Palma, incide (la hiperinflación) en el patrimonio en términos reales de la banca al punto de que “si hoy en día todas las acciones de la banca venezolana se pudieran adquirir en la Bolsa de Valores, solamente con cien millones de dólares que trajera un inversionista, se haría propietario de todo el sistema financiero venezolano”. PDVSA ha reducido a un tercio la producción de petróleo que encontró el chavismo al acceder al poder en 1999, y, según Gilberto Morillo, ex-gerente financiero de esa empresa estatal, “debe” 30.000 millones de dólares en bonos que están circulando en el mercado, 15.000 millones de dólares a los bancos y unos 20.000 millones de dólares a los proveedores. Como, por las sanciones y la falta de confianza, no tenemos acceso al mercado financiero internacional, la falta de divisas se agravará con la crisis de PDVSA.
Esa devastación económica la describe Christine Lagarde, directora del FMI, como “la historia más triste del continente”, y Ricardo Hausmann, economista de renombre mundial, ha sentenciado que “el colapso económico ha sido fenomenal”. La situación ha originado un desespero gubernamental que ha obligado a traer “asesores económicos” rusos y chinos.
En otro artículo analizaré la devastación político-institucional.