Chavistoides y chinos
Eduardo Soto Álvarez
La civilización china es una de las más antiguas del mundo, con unos cinco mil años de historia. La Ruta de la Seda, establecida hace veinte siglos, constituye uno de los más exitosos experimentos de mercadeo internacional, queademás comprueba la sagacidad y destreza de los chinos para los negocios.
Ahora, en el Siglo XXI, la China se apresta a actualizar la Ruta de la Seda, mediante una red decorredores terrestres y rutas de navegación para uso comercial, que enlazaría Asia, África y Europa Occidental y englobaría unas setenta naciones.
En enero pasado, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, se reunió con el Canciller de la República Popular China, el cual aprovechó la oportunidad para anunciar que los países de la región forman parte de la extensión natural de la ruta de la seda marítima y son participantes indispensables de la cooperación internacional en este nuevo marco.
El grandioso proyecto, que envuelvematices de diversa índole, demuestra la visión de largo alientoque ha caracterizadosu milenaria cultura y evidencia que se siguehaciendo realidad la profecía napoleónicaque el mundo temblará cuandodespierte China.
Todo este largo prolegómeno, es para situar en contexto el peregrinaje a Beijing de altos personeros del régimen y los veintiocho acuerdos de cooperación bilateral que firmaronen materia financiera, energética, educativa, agrícola, cultural, aeroespacial, de salud, ciencia y tecnología, entre otras áreas, algunos de los cuales jamás veremos en negro sobre blanco, ni menos nos enteraremos de todo lo acontecido, que seguramente puede afectar por muchos años el desarrollo del país.
El historial chavistoide, cuajado de ignorancia, equivocaciones y fracasos, para no mencionar la actual precariedad financiera del régimen, da pie para pensar que el paquete de acuerdos debe tener un tono amarillo oscuro, entre otras cosas,porque un régimen contra la pared (por propia culpa) tiene muy poca dimensión negociadora, máxime frente agente tan avezada como los chinos.
Trabajé solamente tres años en ese país y, por supuesto, no puedo preciarme de conocer los chinos, pero si puedo decir que fue una experiencia suficiente para saber que siempre les gusta repartir la baraja. Cómo sería la piñata esta vez, que hasta les tocaron el Alma Llanera. Dios nos agarre confesados.