¿Qué es una Constitución?

Cira Romero Barboza

Depende de la profesión y la visión de país que tenga nuestro interrogado, así será su respuesta a esta pregunta. Si consultamos con un abogado, la respuesta será que 'es el vértice de la pirámide legal', y que la Carta Magna es el principio general sobre el cual se derivan y rigen todas las normas legales del país. Si preguntamos a un ciudadano común, la Constitución es la norma de las normas, donde se especifican sus derechos y deberes, y cómo se organiza el Estado. Yo agrego lo siguiente:

La Constitución es la expresión cultural de cómo se organiza la sociedad. En ella plasmamos nuestro acuerdo para funcionar como colectivo, y formalizamos la cuantía de lo que renunciamos de nuestra libertad personal, para garantizar la armonía en nuestra convivencia. Definimos cómo y a quién delegaremos las funciones a las cuales renunciamos, y las formas como se normará el ejercico de esas libertades delegadas. En síntesis, una Constitución es un convenio para garantizar la convivencia pacífica. Todo lo que delegamos lo asignamos a instituciones, para garantizar la permanencia de tales acuerdos. La sumatoria de estas instituciones la denominamos Estado.

Las personas creamos al Estado, como sinónimo de sumatoria de instituciones; es decir, pautas de comportamiento y procedimientos especificados. Las atribuciones asignadas a cada institución, creada para ejercer esas libertades a cuyo ejercicio renunciamos, tienen como objetivo garantizar la convivencia pacífica y armónica. Una vez suscrito dicho pacto de convivencia, la sociedad actúa conforme a tales normas, y las siguientes generaciones son educadas bajo tales modelos de comportamiento, valorados positivamente como lo correcto y apropiado.

Nuestra Constitución de 1961 invierte los conceptos que explican la creación del Estado. La propuesta del presidente Chávez lo agrava aún más. Según la 'moribunda', o como la hemos interpretado y así hemos educado a por lo menos cuatro generaciones de ciudadanos el venezolano renuncia a todas sus libertades, delegando en el Estado la consecución de su bienestar. No es el hombre como ser pensante y con discrecionalidad para decidir su presente y su futuro, a quien corresponde procurar su bienestar y el de su familia. No corresponde al Estado única y exclusivamente garantizar que cada ser humano pueda ejercer sus libertades, excepto el ámbito de aquellas que ha delegado en sus instituciones formales. Según lo previsto en la Constitución vigente agravado en el proyecto actual es al Estado a quien corresponde garantizar salud, educación, trabajo, vivienda, recreación y por ende la felicidad; bajo la premisa de que siendo el Estado el dueño del petróleo, podría financiar por siempre y para siempre dicho modelo. Los resultados están a la vista, más del 80% de los venezolanos están en condiciones de sobrevivencia.

El secreto del éxito. Ninguna sociedad que fundamente su bienestar en una entelequia abstracta y teórica el Estado puede resultar en algo distinto a lo que ha pasado en Venezuela. Ninguna cosa abstracta, distinto a cada uno de nosotros, puede ser responsable por nuestro bienestar y prosperidad. Ninguna sociedad donde los ciudadanos esperen que algo mágico, supranatural, distinto a sí mismo el Estado le va a proporcionar bienestar y felicidad, puede prosperar.

La misión de las instituciones que conforman el Estado es la de garantizar la convivencia pacífica y crear las condiciones para que cada ciudadano ejerza sus libertades y pueda proporcionarse su bienestar. En la situación de desastre a la cual llegamos, por haber delegado en el Estado y no en nosotros mismos la obtención del bienestar, obliga a quienes desempeñan transitoriamente roles gubernamentales, a promover programas y acciones que nivelen las condiciones de aquellos ciudadanos que esperando al Estado y sus beneficios, llegaron al peor estado de situación que pudiéramos imaginar. El Estado nunca va a proporcionar bienestar a nadie. Sólo podría facilitar las condiciones de salud, educación y demás, para que cada ciudadano procure en armonía con los otros, su bienestar. Lamentablemente el constituyente de 1961, y lo que se vislumbra del proyecto actual, no entienden la diferencia entre ser cada uno de nosotros responsables por nosotros mismos, o que lo sea 'el locus externo', algo diferente y fuera de mí... El Estado. De no darse un vuelco filosófico al proyecto chavista, terminaremos con una Constitución peor de lo mismo... ¿Cuál ha sido la participación de los ciudadanos en este proceso?

El Universal Digital, 8 de septiembre de 1999