Entre el 4 y el 5 de Julio

La Historia de comiquitas

Samuel Sotillo Hermoso

Quizá la mayor crítica que le hago a esos malos libros de historia de bachillerato, es su pobre apego a la verdad. La historia se nos vende falseada, encapsulada, como uno de esos jarabes de sabor horrible, que nuestra madre nos acerca a la boca con un ¡que rico!, pero que todos sabemos que sabe a Diablo. Por ejemplo, se nos enseña que la Declaración de Independencia fue el 19 de Abril de 1810 (lo cual es cierto en parte), y que la firma del Acta de Independencia fue el 5 de Julio de 1811 (lo cual es absolutamente falso). Hoy, cercanos a otro 5 de Julio (bajo la amenaza de un nuevo traje para nuestro Emperador), quiero recordar ese día singular y establecer su relación con otro (pero) 4 de Julio, sucedido en la América del Norte unos 35 años antes de esa fecha nuestra.

No quiero que tomen este artículo como un intento de "agringar" nuestra historia. ¡En absoluto! Ya bastante daño le han hecho nuestros historiadores oficiales, como para pretender de mi parte hacer más. Si bien es cierto que ciento noventa años son muchos para una memoria precisa del pasado, baso este ensayo en fuentes más dignas que esos malos libros escolares, que ojalá algún día sean lectura obligada para nuestros hijos.

La sampablera independentista

Los hechos que llevaron a ese 5 de Julio de 1811 se iniciaron (emblemáticamente) el 19 de Abril de 1810. ¡Hasta en los malos libros se enseña eso! No ahondaremos en el asunto ese entre Madariaga y Emparan; lo dejamos como tarea para el despistado. Sin embargo, no fue sino hasta la conformación del Congreso Constituyente de 1811, cuyos miembros fueron elegidos entre Octubre y Noviembre de 1810, con lo que se inicia realmente el proceso que devino en la Declaración de Independencia Absoluta en Julio de aquel año. Los miembros de ese Congreso (44 inicialmente), prestaron juramento el 2 de Marzo de 1811 en la Catedral Caraqueña. Sobre esto del juramento, es bueno comentar que el mismo rezaba en alguna parte: "Juráis a Dios [...] y prometéis a la patria conservar y defender sus derechos y los del señor Don Fernando VII, [...] oponeros a toda otra dominación [...] impedir su absoluta y legítima independencia [...]", y un gran etc. Más tarde, buena parte del debate en el novísimo Congreso se irá en discutir la conveniencia o no de romper tal juramento, de si es legítimo hacerlo o no, de si los Ingleses dejarán de considerarnos serios por hacerlo, etc., etc. Como ven, la bolsería tiene su tradición en nuestro país. Resuelto lo protocolar, el Congreso inició sus deliberaciones discutiendo la conformación de un Ejecutivo de tres miembros y una suerte de Gabinete con otros más. A partir de ese momento, ese Congreso se asemejó muchos al que iniciara este quinquenio (con la discusión en torno a la Constituyente de 1999). Buena parte de las deliberaciones se desarrollaban sobre disimulos, sobre cantinfladas de "sí pero no", sin que ninguna facción se decidiera a desencadenar el debate deseado y evitado a la vez, el de la Independencia y la nueva nación. Tan aburrido resultó el mismo, que muchos diputados preferían asistir a las reuniones de una logia política denominada la Sociedad Patriótica, surgida un año antes a raíz del 19 de Abril. En esta sí que había acción. Contaba entre sus miembros a Bolívar, Miranda, Espejo, Salias, Coto Paúl y un gran etc. Relatan las malas lenguas de la época que la misma era todo un bochinche, en el buen sentido criollo, que las discusiones duraban hasta bien entrada la madrugada, y que allí sí se decían las verdades sin medias tintas, en tecnicolor. Desde el seno de esta Sociedad fue que surgió el espíritu impulsor definitivo de nuestra Independencia. Mientras en el Congreso se seguía por las ramas, las tangentes y las geodésicas, aquí se iba directo al grano, a la necesidad de libertad, a la forma de obtenerla, a sus riesgos, a la modalidad de gobierno que era necesario, etc., etc. Y es aquí donde entra el 4 de Julio de 1776. Buena parte (si no todos) de los miembros de la Sociedad Patriótica eran grandes admiradores de los procesos revolucionarios norteamericano y francés. Cuando la cosa comenzó a agarrar calor, por allá por el 2 de Julio, empezaron a escucharse tribunos que exigían la Declaración de Independencia de una vez y para siempre, y que recomendaban que se hiciese el 4 de Julio de ese año, para conmemorar con ello el memorándum de la "gloriosa Independencia" norteamericana. La cosa llegó al extremo que ese 4 de Julio de 1811, Antonio Nicolás Briceño presentó ante los demás Diputados copias de las Actas y Declaración de Independencia de 1776, con la intención quizá de inspirar y ayudar a decidirse a sus colegas. Bueno, el deseo manifestado por ellos no pudo consumarse debido a la indecisión de algunos, así que no fue hasta el día siguiente, nuestro 5 de Julio de 1811, cuando finalmente la tan ansiada Declaración de Independencia Absoluta fue dada. Es bueno recalcar el papel de la Sociedad Patriótica (con un discurso memorable del Libertador dado en las vísperas de la Declaración) y el del Diputado Juan Germán Roscio, uno de los más insignes miembros del Congreso, aguerrido en el actuar y en la palabra. Por último, la firma y aprobación del Acta de Independencia (escrita por Roscio y el Secretario Isnardy), se llevó a cabo el 7 de Julio de 1811, dos días después de la Declaración. Mientras los norteamericanos celebran el 4 de Julio el día de la firma del Acta de su Independencia, nosotros celebramos el 5 de Julio su Declaración.

La moraleja

Ya en un artículo previo decíamos cuan importante era estudiar el "momento constituyente" de 1811, y lo magnífico que sería que el mismo inspirase a nuestros Constituyentes de hoy. También hemos mencionado a Jefferson, a Locke y a otros pensadores liberales del pasado, que inspiraron los procesos revolucionarios norteamericano y (a través de éste último) venezolano. No niego las bondades del proceso revolucionario francés; sin embargo, sobre este me queda la sombra del terror que generó y de su fracaso definitivo. No es que no haya habido logros a raíz de la Revolución Francesa. Su trascendencia e importancia histórica son indiscutibles. El problema es que la misma no sirvió de mucho para garantizarle a Francia un siglo XIX tranquilo, ni un futuro progresista y de bienestar. Por el contrario, y por razones bien particulares (no lo niego), la revolución norteamericana resulta más atractiva, más exitosa. Creo que por eso (después de todo Miranda las vivió muy bien a ambas), para la mayoría de nuestros primeros republicanos esta revolución era digna de seguir e imitar al extremo de querer celebrar su Independencia el mismo día que aquellos. Los efectos de esa admiración excesiva se verían más tarde, durante los debates en torno a la conformación de la nueva República, la cual se quiso que fuera una copia "al caletre" de la americana. Sin embargo, hoy, a pocos días del 4 y 5 de Julio de 1999, leo la Declaración de Independencia redactada por Jefferson y no dejo de maravillarme y de notar su influencia sobre la nuestra, la de Roscio e Isnardy. Un párrafo llama mi atención sobre los demás, con el que termino este pequeño relato:

"We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty and the pursuit of Happiness.--That to secure these rights, Governments are instituted among Men, deriving their just powers from the consent of the governed, --That whenever any Form of Government becomes destructive of these ends, it is the Right of the People to alter or to abolish it, and to institute new Government, laying its foundation on such principles and organizing its powers in such form, as to them shall seem most likely to effect their Safety and Happiness. " [1]

¿Cómo no podían inspirar estas palabras a nuestros próceres Independentistas!

ssotillo@uc.edu.ve

[1] "Nosotros sostenemos estas verdades como evidentes: que todos los hombres son creados iguales, y que son dotados por su Creador con ciertos Derechos inalienables, entre los cuales están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad; que los gobiernos se instituyen entre los Hombres para asegurar esos derechos, derivando su justo poder del consentimiento de sus gobernados; que si cualquier forma de gobierno se transforma en destructiva de estos fines, es el Derecho del Pueblo modificarlo o abolirlo, e instituir uno nuevo, que descanse sobre tales principios y que organice su poder de esta forma, de manera de garantizarles su Seguridad y Felicidad". (ver http://www.nara.gov/exhall/charters/declaration/declaration.html)