La Venezuela posible

Alfredo Toro Hardy

Mucho se insiste en el hecho de que una Constituyente y una nueva Constitución no resolverían los problemas del país. Es cierto que el simple articulado constitucional no contendría virtudes mágicas. Sin embargo, si el mismo estuviese en capacidad de atacar en su raíz algunos de los problemas de fondo que plagan a nuestra sociedad, es mucho lo que podría lograrse. A fin de cuentas, pocas naciones sobre la Tierra disfrutan de las potencialidades de Venezuela. Potencialidades que se han visto frustradas por la corrupción, la inseguridad jurídica, la ausencia de una cultura cívica y un sentido participativo y por vicios innumerables que ahogan a nuestras estructuras e instituciones. Bastaría con que esa Constitución emergente pudiese garantizar un poco más de orden y de seriedad en los poderes públicos y en la sociedad, para que la fuerza misma del país se encargara de proporcionar las respuestas.

Venezuela constituye, después de Rusia, la nación mejor dotada del planeta en diversidad y cantidad de recursos energéticos. Las mayores reservas petroleras probadas del mundo, con un monto de 340 mil millones de barriles; el quinto lugar en reservas probadas de gas natural, con 140 mil millones de pies cúbicos; una producción en carbón que en 1995 fue de 4,2 millones de toneladas y que podría superar los veinte millones para la próxima década; el cuarto lugar mundial en producción hidroeléctrica que en su sola capacidad instalada del Bajo Caroní alcanza a los 65.167 GWH/año. Tal condición energética no sólo representa en sí misma una importante fuente de ingresos, sino que otorga significativas ventajas comparativas en industrias de energía intensiva y de insumos petroleros. En relación a industrias de energía intensiva valga citar que en 1994 el precio de la electricidad industrial, calculado en centavos de dólar por kilovatios hora, fue de 1.87 en Venezuela contra 18.30 en Argentina. En relación a industrias de insumos petroleros recordemos la gigantesca potencialidad de la industria petroquímica venezolana.

Venezuela ostenta, al mismo tiempo, un importante rango entre las grandes potencias mineras. Gracias a sus características geológicas, el país cuenta con la presencia de casi cada tipo de mineral existente en mayor o menor grado. En muchos casos sus reservas se encuentran entre las mayores del mundo. A título de ejemplo cabría citar el hierro con 1.960 millones de toneladas y al oro con 10.000 toneladas métricas.

La combinación de energía abundante y barata con una sólida posición minera otorga ventajas competitivas y comparativas muy especiales en el campo de la metalurgia y la metalmecánica. El país produce manufacturas anuales por un monto de 4.490 millones de dólares en estos rubros.

La localización y diversidad geográfica del país brinda beneficios en diversos órdenes. Venezuela se presenta como punto de encuentro de diversas subregiones y, a la vez, como puerta de entrada a la América del Sur. Ello no sólo la hace un participante natural de diversos mecanismos de integración, sino un verdadero eje neurálgico en América Latina. Pero diversidad geográfica significa también atractivos y competitividad turísticos. Un millón de turistas visitaron al país en 1998.

Sin embargo, hay muchos elementos adicionales que otorgan presencia competitiva a Venezuela en el escenario internacional. Constituimos uno de los veinte países con mayor diversidad biológica en el mundo, clave de la industria farmacéutica del futuro. Disponemos de una de las mayores extensiones forestales de América Latina, de las cuales un 45 por ciento, equivalente a 18.45 millones de hectáreas, resultan explotables comercialmente. El clima tropical del país favorece el rápido desarrollo de las plantaciones, garantizando altos rendimientos y bajos costos.

Sirviendo como base sustentación a lo anterior encontramos una moderna infraestructura física. Venezuela constituye una de las naciones más desarrolladas de América Latina. Baste citar dos ejemplos: su red de autopistas y carreteras es de 43.200 km, de los cuales 30.000 km se encuentran pavimentados. El país ocupa, asimismo, el segundo lugar en América Latina en número de líneas telefónicas. Argentina encabeza la lista con 143 líneas por cada mil habitantes seguido por Venezuela con 118.2 líneas por mil habitantes. El país ocupa el primer puesto de la región en porcentaje del PIB dedicado a inversiones en telecomunicaciones.

Más allá de lo anterior hay un elemento de máxima importancia: la idiosincrasia del pueblo venezolano. Constituimos una sociedad móvil y permeable que cultiva la diversidad. El venezolano posee una mente abierta a la diversidad de razas, culturas y costumbres, un espíritu cosmopolita que se adhiere con facilidad a las novedades. Ello contrasta con tantas sociedades latinoamericanas, estratificadas y rígidas, que resultan pesadas y poco proclives a los cambios. Ello nos ha permitido sobresalir en aquellas industrias basadas en el talento y la creatividad individual, como son las del entretenimiento, el software, la ingeniería de consulta o la publicidad.

Tenemos en nuestras manos importantes ases por jugar. Si lográsemos enfrentar el embate de las actitudes depredadoras, inculcando en el venezolano una cultura cívica y un sentido de participación y responsabilidad ciudadana, podríamos emerger con fuerza indetenible. He aquí el porqué se hace necesario atacar en sus raíces los problemas del país. He aquí el porqué de una Constituyente y una nueva Constitución.


El Universal Digital, 14 de enero de 1999


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