Fe y Alegría: una conquista en favor de la educación

Julia Márquez

Frente a la compleja problemática educativa en Venezuela, el Estado parece haberse convertido en un Leviatán, que lejos de encontrar soluciones eficientes, ha crecido desmesuradamente sin poder armonizar sus funciones con las transformaciones que experimenta la sociedad.

No obstante, experiencias como la valiosa obra educativa de Fe y Alegría muestran que sí se puede construir en positivo a pesar de las dificultades. El padre José María Vélaz, s.j. , fundador de esta organización, comprendió claramente la importancia que tiene la educación como una de las vías más eficientes para permitir que el ser humano sea agente de su propio desarrollo y bienestar. Ya que de otra manera el individuo es preso de su propia ignorancia. Desde ese entonces, la obra de Fe y Alegría ha ido creciendo hasta el punto de atender, hoy en día, a más de 251.290 alumnos en el país.

Realmente es sorprendente y muy alentador observar cómo un esfuerzo que surgió en Venezuela, ha ido creciendo y extendiéndose con más de 668 centros por toda la América Latina. Siempre intentando encontrar los mecanismos educativos más adecuados y adaptándolos a las cambiantes realidades políticas, económica y sociales. Esta labor por demás loable es un ejemplo sobre cómo se puede con trabajo y responsabilidad construir en positivo.

Una conversación con el actual Director General de Fe y Alegría, Jesús Obregozo, s.j. con el editor de Venezuela Analítica, Emilio Figueredo y quien subscribe Julia Márquez, permite conocer un poco más a fondo esta magnífica obra de Fe y Alegría, de la cual los venezolanos nos sentimos tan orgullosos.

VA - ¿Cuál es la misión de Fe y Alegría en esta Venezuela que está cambiando?

Siempre que me hacen ese tipo de pregunta vuelvo a los orígenes de Fe y Alegría. Reflexiono sobre cuáles fueron las intuiciones fundamentales de Fe y Alegría que todavía tienen vigencia. Cuando José María Vélaz, s.j. se fue a los cerros del actual 23 de enero y vio el estado de abandono de aquellas familias, a los muchachos deambulando por la calle, se preguntó qué podía hacer para mejorar la calidad de vida de esas personas. La pregunta fue política y la respuesta fue educativa. El pensó que la educación era el elemento privilegiado para alcanzar esas transformaciones culturales, económicas y sociales que le permitieran a los habitantes de ese barrio, en concreto, alcanzar dignidad y una humanización de su medio.

Paradójicamente yo le he hecho esta pregunta últimamente a la gente del 23 de enero; personas que son como dicen ellos activistas sociales. Como puede ser el grupo de los Tupamaros. Cuando ellos me proponen su visión y su ideología yo coincido con muchas de las propuestas que ellos tienen: seguridad, trabajo, honradez en las relaciones interpersonales. Yo coincido con ellos en estas ideas. Pero cuando ellos se preguntan con qué medios hacemos esto, cuáles son las estrategias – los medios no son indiferentes son parte del fin que queremos alcanzar- entonces hablan de violencia y hasta dejamos de concidir. Porque nuestra propuesta es otra, se trata de alcanzar los objetivos anhelados con más ciudadanía, con educación, dejando de lado la violencia. La idea es crear espacios donde eso que pretendemos lograr se experimente. Escuelas donde la vivencia de la ciudadanía, de la seguridad, de los horizontes nuevos para esos muchachos se realicen.

 

VA- ¿La violencia en cierto sentido no es la manifestación más aguda a la desesperación?

Sí, muchas veces sí. Por eso uno es sumamente cauto en emitir juicios apocalípticos de condenación. Uno entiende cuál es el problema. Uno no comparte las soluciones. La visión que uno tiene de estos grandes barrios de nuestras ciudades es de que han sido abandonados por el Estado y por los ciudadanos. En Caracas hay varias ciudades, totalmente distintas, con distintas reglas de juego.

 

VA- La educación es esa vía privilegiada para lograr un mayor bienestar, ¿cómo hacer que le llegue al mayor número de personas?

Nosotros detectamos que había un problema muy serio de oferta de espacios escolares para los muchachos. Ofertas sobretodo en el diversificado. Las estadísticas reflejan que en el primer grado entran 12.000 alumnos y en quinto año se gradúan 2.500. Ese es el estado de deserción de la población del 23 de enero y Catia. En vista de esa situación nos planteamos crear una mayor oferta educativa que nos permita brindar unos 20.000 educativos cupos para Catia. Observamos distintas instituciones y espacios públicos. Detectamos el liceo Manuel Palacios Fajardo, en la zona central del 23 de enero, el liceo Luis Cañizales en la plaza Cristo Rey de la zona central del 23 de Enero y la escuela técnica Julio Calcaño en las Lomas de Urdaneta. Le hicimos una propuesta al Ministerio de Educación para crear 20.000 puestos escolares; crear cursos en los diversificados – que hace mucha falta - y abrir educación superior en Catia. Actualmente no hay ni una institución de este tipo en Catia, ni pública, ni privada. Estamos hablando de una zona que tiene una población cercana al millón de habitantes. Después de una negociación ardua con el ministerio y con ciertos sectores que se constituyeron en el comité de defensa de la educación pública, solamente conseguimos el Luis Cañizales.

 

VA-¿Cuál es la diferencia de costos entre la educación que ustedes imparten y la de un instituto público?

Nosotros cobramos un aporte de 1.500 bolívares mensuales a los representantes, lo que es más como un acto pedagógico que una solución económica, para lo que tenemos entre manos. En cambio algunos liceos oficiales cobran una matrícula, de una vez por todas, de 25.000 o 40.000 bolívares. Creo que los gremios tenían temor de que nosotros entráramos y pusiéramos orden en la situación laboral. Había perdedores y el gremio del colegio de profesores se opuso radicalmente. Pero nosotros teníamos un fuerte respaldo de las organizaciones y asociaciones comunitarias.

 

VA- Pero en este nuevo espíritu, en el cual el gobierno rechaza -al menos teóricamente- esas viejas roscas sindicales, ¿ha cambiado la reacción?

Eso fue con el gobierno de Caldera y la negociación fue con el ministro Antonio Luis Cárdenas. En ese momento hubo oposición de los gremios, pero teníamos detrás de nosotros como 60 organizaciones comunitarias que nos daban respaldo. Con este nuevo gobierno estamos entablando negociaciones. Las negociaciones están abiertas. Ellos tienen una propuesta de Estado docente que yo particularmente comparto. Al menos en la formulación que hace el ministro de educación y el viceministro, ¿ por qué?, pues porque ellos dicen que el Estado debe ser rector de las políticas educativas. Particularmente creo que debe haber una rectoría de una institución del Estado que nos ayude a ordenar todas las políticas educativas, que podamos tener en el país. Además, debe de ser garante de la educación para todos los venezolanos. En este momento el problema es que el Estado no es garante. Si el 50 por ciento de los alumnos desertan antes de sexto grado, yo aspiro a que el Estado garantice a ese 50 por ciento que pueda permanecer de algún modo o que pueda ser compensado con otros programas. Necesitamos un Estado más fuerte en ese sentido. En Venezuela tenemos las inversiones educativas más bajas del mundo, según Leonardo Carvajal. Eso es un grave error

 

VA- Uno de los grandes mitos en Venezuela es la gratuidad de la educación.

¿Gratuidad para quién?, ¿para los que puede acceder?. Pero si tenemos el 50 por ciento de deserción ya en sexto grado, qué ha garantizado esa gratuidad universitaria. Hemos invertido más recursos en la Universidad y estamos fallando allá abajo. Yo si creo que tiene que haber un aumento significativo de los presupuestos educativos en general. Pero proporcionalmente distribuidos.

 

VA- ¿Cómo observa la influencia de las nuevas tecnologías sobre la educación?

Recuerdo que hace cinco años para los maestros era pecado hablar de utilizar las nuevas tecnologías. Ellos utilizaban formulaciones ideológicas como deshumanización, o te tildaban de neoliberal. Ahora ya eso ha cambiado. Actualmente hay más conciencia entre los maestros y ellos se han ido incorporando de alguna manera o por lo menos ya no se atreven a oponerse. Nosotros en estos momentos tenemos planteado en Fe y Alegría   incorporar en la medida de nuestras posibilidades la educación tecnológica a la educación humanista. Creo que le debemos a las nuevas generaciones esas nuevas tecnologías.Hoy en día tenemos que ver los espacios que se le están abriendo al hombre con estas nuevas tecnologías.

En Venezuela existe un problema producto de la gremialización que ha predominado y es que solamente enseñan los que tienen la carrera tecnológica. Se presenta una paradoja: no necesariamente el que sabe es quien enseña, sino el que tiene la acreditación. Eso ha limitado la formación. Por ejemplo, en este mundo de transformaciones tecnológicas necesitamos personas que sepan.

 

VA- ¿Qué se puede hacer en el proceso constituyente una vez electos los actores para mejorar las bases de la estructura de la educación en Venezuela?

Yo creo que en la Constituyente se tiene que dar una discusión a fondo de cómo concebimos la sociedad venezolana y el Estado venezolano. Cuál es la relación entre los dos. Eso me parece que es el telón de fondo. Dependiendo de cuales conclusiones se saquen, se van a poder ubicar aspectos fundamentales como la educación, la seguridad o los servicios en general. Pero es importante tratar la educación a fondo. Ya han aparecido sobre el tapete elementos para esa discusión, desde concebir al Estado como original a concebir que lo original es la sociedad y el Estado es el acuerdo de los ciudadanos, para constituir una institución que garantice ciertas libertades y ciertos derechos.

La Constituyente nos va a dar un marco de posibilidades. No nos va a decir qué tenemos que hacer, nos va a abrir cauces de diálogo y de proyección hacia adelante o nos va a encerrar en marcos totalmente enclaustrados, donde no podemos movernos como sociedad. Aunque los sacerdotes católicos no participamos como asambleístas, no quiere decir que no estemos participando en foros, discusiones y propuestas.

 

VA- ¿Podría contarnos un poco más sobre la experiencia de Fe y Alegría en la educación?

Primero, debo decir que hay una demanda muy fuerte. Porque hay una necesidad muy grande. Los últimos diez años hemos tenido un estirón muy grande. Hemos abierto alrededor de 80 centros nuevos, lo cual te pone como en ocho centros al año. Hemos crecido en el número de aulas y de atención alrededor de cinco mil alumnos anualmente. Pero también hemos abierto programas que son importantes como el de la educación radiofónica. Es importante porque nuestro sistema educativo deja fuera de sus aulas anualmente como cuatrocientos mil alumnos, que no han terminado la educación básica. Fundamentalmente, son muchachas debido a factores socio culturales. Damos esta educación en preescolar, básica y bachillerato. En este momento tenemos como 47 mil alumnos en ese sistema. Nuestra meta inicial mínima es de 150 mil.

Otro programa muy importante es el de atención a los descolarizados con capacitación laboral y reinserción en el sistema educativo. Yo creo que estos dos son los programas estrellas en este momento para atender a quienes están fuera del sistema escolar. Se trata de construir en positivo sobre una grave problemática que atraviesa el país, que es la deserción.

 

VA- Sobre la polémica que se ha generado acerca de impartir formación religiosa evangélica en las escuelas publicas, ¿qué nos puede decir?

Creo que hay más alboroto que realidad. Desde el año 95 está firmado un convenio con las iglesias evangélicas. No era de extrañarse que en algún momento hubiera una acción de estas. Lo que puede haber también es un incremento de unas propuestas proselitistas de las escuelas, de las que habría que cuidarse. Puede haber también un deseo de equiparación de igual a igual con los católicos. Y sobre todo una equiparación de la ayuda del Estado venezolano a las iglesias o en concreto a la educación. Yo creo que si ellos cumplen con todos los requisitos que establecen los decretos de subvención, con las cautelas y supervisiones de rigor, está bien.

En ese sentido, no tenemos que alarmarnos. Yo si creo que tenemos que alarmamos por ese 50 por ciento de muchachos que están fuera de la escuela. De eso si tenemos que sorprendernos. Por ejemplo, la deserción en las escuelas de Fe y Alegría se reduce drásticamente. En séptimo es de 2,62 por ciento, cuando el nacional es el 11 o 12 por ciento. La diferencia asusta.

VA_ El planteamiento de educación continúa que permite que el niño esté en la jornada completa ¿es factible llevarlo a cabo?

Llevamos dos años peleando por eso en una plataforma llamada Foro Educativo, integrada por el IESA, Venezuela Competitiva y nosotros. Hemos hecho estudios de factibilidad, no para intentarlo en un año, sino al cabo de cinco o diez años dependiendo pues de los recursos existentes, para poder llevar las escuelas de doble turno a jornada completa. Hace falta construir, hace falta dotar, hace falta maestros nuevos, con una nueva mentalidad. Es caro, pero no es imposible. Nosotros demostramos la factibilidad de que no son inversiones fuera de las posibilidades del Estado venezolano. En cinco años podemos transformar esta estructura.

VA- ¿Cómo logran ustedes producir a un costo comparativo tan bajo?

Nosotros tenemos aquí unas cifras globales. Todo los años el Convenio República de Venezuela publica un informe que es como una memoria y cuenta de todo esto. Para el año 98 el aporte mensual promedio por alumno fue de 1060 bolívares mensuales. La inversión del Estado por alumno mensual es de 16.216 mensual.  Es un costo bastante bajo. Cuando uno ve estas cifras se da cuenta que se puede dar calidad a un costo accesible. Claro con la jornada completa se incrementarían los costos, pero es un camino que soluciona problemas muy importantes para los niños de los barrio al darles ocupación, atención y alimentación a la persona durante toda la semana. Eso sería un gran avance.