Caracas, Miércoles, 16 de abril de 2014

Sección: Sociedad

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la palabra

Marginal

Alexis Márquez Rodríguez

Lunes, 18 de octubre de 2004

A solicitud de una amiga he dedicado cuatro artículos a explicar el sentido con que la palabra marginal se usa con más frecuencia. Para mayor comodidad de los lectores aquí presento los cuatro artículos integrados en un solo texto.



La mucha frecuencia con que se usan los vocablos marginal y marginalidad, unida a otros factores, ha hecho que ese uso resulte a menudo bastante equívoco. De hecho no es fácil definir con exactitud ambos términos, entre otras razones porque la dinámica económico-social de los últimos tiempos ha tenido el efecto de que los conceptos con ellos señalados hayan sufrido importantes cambios.

En relación con el concepto que por ahora nos interesa específicamente, el DRAE da de ambos vocablos definiciones muy vagas e imprecisas. De marginal dice, en su 4ª acepción: “Dicho de una persona o de un grupo: Que vive o actúa, de modo voluntario o forzoso, fuera de las normas sociales comúnmente admitidas”, y de marginalidad: “Falta de integración de una persona o de una colectividad en las normas sociales comúnmente admitidas”. La palabra tiene muchas otras acepciones, pero por ahora mi interés se centra sólo en la de esta definición.

Lo primero que debemos observar es que, de acuerdo con lo que comúnmente entendemos por marginal, a nadie en su sano juicio se le va a ocurrir vivir “voluntariamente” en esas condiciones. Por otra parte, ambas definiciones son tan generales, que entran dentro de ellas numerosos casos que, estrictamente hablando, no corresponden a lo que uno empíricamente considera que son marginal y marginalidad.

Tampoco los diccionarios especializados dan definiciones plenamente satisfactorias de ambos vocablos, principalmente porque, desde el punto de vista de las ciencias sociales cada autor tiene su propio criterio al respecto, y sobre esa base ensaya su particular definición.

Una de las definiciones, de las muchas leídas, que más se aproximan, a mi juicio, a lo que comúnmente se intuye, más que se piensa, como marginal es la de Gino Germani: “…sectores de la población segregados en áreas no incorporadas al sistema de servicios urbanos en viviendas improvisadas y sobre terrenos ocupados ilegalmente” (G. Germani: El concepto de marginalidad. Nueva Visión. Buenos Aires; 1973. p. 12. Cit. en Diccionario de Ciencias Sociales. Instituto de Estudios Políticos. Tomo II. Madrid; 1976. p. 147).

Quizás la falla principal de esta definición está en que reduce el fenómeno de la marginalidad al medio urbano, a las ciudades más o menos grandes, y un criterio más actual es que, si bien el problema se plantea con mayor dramatismo y notoriedad en las grandes ciudades, ya la marginalidad no puede limitarse sólo a las ciudades, pues también se produce en muchas zonas rurales.

En todo caso, creo que el punto crucial para una definición de la marginalidad reside en la exclusión compulsiva, nunca voluntaria, de individuos y grupos de personas del disfrute de los servicios básicos e imprescindibles para la sobrevivencia en cualquier tipo de sociedad. No sólo porque dichos servicios no existan, sino también porque, existiendo, aquellos individuos y grupos no tienen acceso a ellos. ¿Cuáles son esos servicios básicos e imprescindibles?: trabajo remunerado, alimentación, vivienda, salud y cultura, por lo menos. Dentro del concepto de cultura incluyo la educación sistemática y la recreación, esta última tanto en lo que toca a la producción cultural propia, como en lo que toca al disfrute del producto cultural de los demás. También en el concepto de cultura debe incluirse el aseo personal, aunque en estrecha relación con las ideas de educación y de salud.

De tal modo que, un sujeto marginal es aquel que no tenga trabajo fijo y remunerado, lo cual le impide ganar el dinero necesario para alimentarse y alimentar debidamente a quienes dependan de él, por lo que también carece de vivienda propia o alquilada en condiciones mínimas de habitabilidad, lo mismo que de la asistencia médica elemental para conservar la salud suya y de sus dependientes; que no asiste ni asistió a la escuela –generalmente es analfabeta, aunque no siempre– ni tiene posibilidad de producir ninguna clase de manifestación artística en condiciones que no sean las más rudimentarias, ni de disfrutar de alguna forma de recreación (cine, televisión, radio, teatro, deportes, etc.).

Por supuesto, esta persona no aporta nada en el ámbito de la producción de bienes y servicios, y, obviamente, está al margen de la actividad económica productiva que es propia de toda sociedad, indistintamente del mayor o menor grado de organización y de riqueza del país a que corresponda. Un buhonero, por ejemplo, por altos que puedan ser sus grados de pobreza y de carencias, no es un marginal, y probablemente ni siquiera un sujeto de pobreza extrema, en la medida en que realiza una actividad productiva –no importa que sea de manera informal, como dicen los economistas–, y en que atiende a su subsistencia y a la de sus allegados, aunque sea en condiciones difíciles y con mucha escasez, que no siempre se da, desde luego, puesto que hay buhoneros que ganan más que muchos profesionales universitarios.

Algunas personas llaman la atención sobre la relación semántica entre los vocablos marginal, derivado de margen, y su sinónimo orilla, que dio origen en el pasado a la expresión “blanco de orilla”, lo mismo que, más acá en el tiempo –agrego yo–, a “patiquín de orilla”. Pero no se trata exactamente de lo mismo, porque ni el “blanco de orilla” ni el “patiquín de orilla” eran propiamente marginales, tal como entendemos hoy este concepto. Todavía en los años 40 recuerdo que en los pueblos, y seguramente también en la Caracas todavía pueblerina, se discriminaba socialmente, más con ingenuidad que con intención malsana, a la gente pobre, que vivía en las orillas del pueblo, a quienes incluso se les llamaba también orilleros, y, en algunos países, arrabaleros. Pero era más bien una forma, que hoy nos resulta hasta cómica, de establecer categorías sociales sin ningún fundamento, salvo la pobreza de unos, frente a la supuesta riqueza de otros, que casi siempre era mas bien menos pobreza. Los orilleros no eran, pues, marginales en el sentido que aquí le damos a este vocablo.

Por otra parte, la sinonimia entre margen y orilla es muy imperfecta, pues la orilla tiende a verse más como una línea, mientras que el margen sugiere la idea de franja, o zona más amplia que la línea. Esto sea dicho sin desconocer que el DRAE define margen en alguna de sus acepciones como equivalente a línea. Por eso digo que se trata de una tendencia, y no de una definición, a ver la orilla más como una línea, y el margen como una franja o zona.

Otros sugieren que el concepto de marginal no debe limitarse a las personas, y por extensión a las comunidades sociales, sino que debe ampliarse a otros entes, como países, regiones, etc. Esto es válido si usamos las palabras marginal y marginalidad más allá del ámbito en el cual me he ubicado en este artículo, como lo advertí más arriba. Un país marginal no es propiamente un país caracterizado por la miseria absoluta que, entre otras cosas, define a los marginales en sociedades como la nuestra. Una persona o cualquier otro ente puede mantenerse al margen de algo, sin que puedan ser llamados marginales en el sentido con que aquí manejamos ese concepto. La inteligencia y sagacidad de los hablantes, sin ser gramáticos ni filólogos, ha establecido de hecho, y al margen –valga la aplicación del término– de los diccionarios, la diferencia entre marginal y marginado. Lo que sí puede decirse, y se dice, es barrio o zona marginal, para referirse al ámbito físico en que viven los marginales, individuos o grupos.

El marginal no es, además, una persona que, como también sugieren algunos, recibe del Estado paternalista, a modo de dádivas o de limosnas, determinados beneficios, sin dar nada a cambio, porque el marginal, como ya dije, carece prácticamente de todo, bien porque no existan los servicios de que debería ser beneficiario, bien porque, existiendo, no disfrute de ellos por diversas causas, especialmente por su extrema pobreza, que, lo más elemental, le impide desplazarse de su zona marginal hasta los lugares donde funcionan esos servicios, cuando existen. Menciono el concepto de pobreza extrema, pero advierto que esta no debe confundirse con marginalidad, si bien de hecho el marginal es un individuo extremadamente pobre, pero no todo individuo extremadamente pobre es un marginal.

El ser marginal supone, además, una mentalidad, un modo de ser, que de hecho puede variar de un lugar a otro. Pero no se trata de una condición preexistente que conduzca a la marginalidad, sino lo contrario: la mentalidad marginal es consecuencia de la marginalidad. Los factores determinantes de esta van condicionando la mentalidad de las personas, que empiezan siendomarginales de hecho, materialmente, y terminan adquiriendo aquella mentalidad marginal.

Alguien me preguntó una vez si un profesional universitario podría llegar a ser un marginal. No es fácil responderle. En principio podría decirse que no, por cuanto la formación universitaria tiende a ser antinómica de la condición de marginal, además de que difícilmente puede darse el caso de que un profesional universitario caiga en tal estado de carencias que lo lleve hasta la marginalidad. Aun cuando el profesional sea un desempleado, y no ejerza por ello su profesión, generalmente su nivel de cultura y de conocimientos le permitirán realizar, aunque sea ocasionalmente, algún tipo de trabajo remunerado que le permita subsistir, y le evite caer en la indigencia que es característica del marginal. Sin embargo, no se descarta que individualmente un sujeto con formación universitaria pueda caer en la marginalidad, por diversos factores, como, por ejemplo, la aniquilación moral por el alcoholismo o la drogadicción.

La marginalidad, además, puede presentar grados o niveles. Es frecuente que una persona, al referirse a determinados individuos, halle, aunque sea por intuición, que unos son más o menos marginales que otros.

Por otra parte, como todo estado o condición social, la marginalidad es superable. Nadie está condenado a ser un marginal toda la vida. Por tener la marginalidad una base primordialmente económica, es de suponer que al superarse el grado de extrema pobreza también podrá superarse la marginalidad de hecho, si bien la mentalidad generada por ella deberá ir cambiando más lentamente, y aun podrá resistirse al cambio.

Desde otro punto de vista, la marginalidad puede interpretarse como un grado extremo de alienación, en el sentido marxista de este vocablo, referente a la ausencia en los individuos o en la sociedad de la condición humana que es intrínseca a toda persona, pero que precisamente les es arrebatada en determinadas situaciones sociales, en que se priva al individuo o al grupo social del disfrute de los valores y beneficios inherentes a tal condición humana.

El concepto sociológico más próximo al de marginalidad es el de lumpen, formulado por Carlos Marx. Lumpen, en realidad, es apócope de la expresión lumpemproletariado, que fue como la acuñó Marx. Según este, el lumpen está formado por las capas más pobres de la población, carentes de conciencia de clase. Marx, en El Capital, define el lumpen al decir: “…los vagabundos, los criminales, las prostitutas, en una palabra, el proletariado andrajoso (‘lumpemproletariado’)…”. (El Capital. México; 1946. Fondo de Cultura Económica; Tomo I. p. 545). Como se ve, el concepto ha evolucionado, y hoy no se puede, a riesgo de ser injustos, atribuir indiscriminadamente el calificativo de lumpen, al menos en su connotación de persona sin conciencia de clase, a todos los vagabundos, los criminales y las prostitutas. Tampoco se puede identificar al marginal con el lumpen, aunque se trata de ideas y de seres muy afines.

En resumen, podemos definir al marginal como una persona que vive compulsivamente al margen, es decir, fuera de la condición esencial del ser humano, porque está privado del disfrute de los bienes y beneficios que la vida en sociedad debe significar para todos los seres humanos: trabajo suficientemente remunerado, atención eficaz a su salud, educación, cultura, distracción, etc., y que vive fuera de la actividad productiva.

Marginal significa muchas otras cosas, y los diccionarios registran numerosas acepciones. De hecho tiene, además, otros usos. Como advierto al comienzo, aquí me he referido sólo al concepto sociológico tal como lo he definido. No se trata de lo que a mí me parece, sino de lo que comúnmente se piensa, del uso que generalmente se da a esa palabra. Hay quienes no están de acuerdo con esa definición común, y desearían que la palabra marginal tuviese otro significado. Están en su derecho, pero este no puede estar por encima del que tienen el común de las personas para pensar de otro modo.

Marginal deriva de margen, del Latín margo, -ginis, que significa borde, margen.

grealemar@cantv.net

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