Caracas, Miércoles, 23 de abril de 2014

Sección: Sociedad

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Simón Bolívar y su ideario liberal: Una respuesta al socialismo del siglo XXI

Ramón Rivas Aguilar

Martes, 10 de febrero de 2009

Simón Bolívar consideraba la libertad política y económica el fundamento de toda nación libre y soberana. La propiedad privada constituía uno de los factores esenciales para promover el bienestar material y cultural de los pueblos. Jamás pasó por su mente un intento de socialización de los medios de producción; jamás. Por tanto, un Bolívar “socialista” estaría en contradicción con su espíritu liberal que revelaba la grandeza política del pueblo inglés y norteamericano. Para él, la Inglaterra gloriosa (1688) expresaba un proyecto liberal y destacaba la importancia del desarrollo material mediante la acción libre de los individuos.

Pertenecía a una aristocracia que poseía vastas cantidades de tierras productivas; tierras que dependían del esfuerzo y el sudor de sus esclavos. A pesar de que en sus discursos y proclamas no se planteara la abolición de la esclavitud en la provincia de Venezuela, no deja de ser interesante el esfuerzo del libertador por liberar a los esclavos a través de un conjunto de medidas legislativas. La guerra emancipadora contribuyó de alguna manera para poner en libertad a una cantidad de esclavos y así enrolarlo en el ejército republicano. En todo caso, fue José Gregorio Monagas, un caudillo, que puso fin a un sistema tan perverso e inicuo como el sistema de esclavitud en el año de 1854. El propósito de la emancipación tuvo su razón de ser en la defensa y protección de los derechos naturales. Es decir, la defensa de la vida, de la propiedad privada y de la libertad política y económica. Por ello, la Carta de Jamaica (1815), el Congreso de Angostura (1819) y la Constitución de Bolivia (1826) manifestaban, en el fondo, la defensa de la propiedad privada y su rol en la grandeza de las naciones. Basta mencionar el articulado que tiene que ver con el derecho de la propiedad en la en la Constitución Política, promulgada el 11 de agosto de 1819:

Artículo 12. La propiedad es el derecho de gozar y disponer libremente de sus bienes y del fruto de sus talentos, industria y trabajo.

Articulo 13. La industria de los ciudadanos puede libremente ejercitarse en cualquier género de trabajo, cultura y comercio.

Artículo 14. Todo hombre hábil para contratar puede empeñar y comprometer sus servicios y su tiempo; pero no puede venderse ni ser vendido. En ningún caso puede ser el hombre una propiedad enajenable (Fundación para la Conmemoración del Bicentenario del Natalicio y el Sesquicentenario de la Muerte del General Francisco de Paula Santander. Actas del Congreso de Angostura (1819-1820. Biblioteca de la Presidencia de la República, Colombia, Bogotá, 1988. p. 147

Por ejemplo, La Campaña Admirable (1813), una de las hazañas políticas más significativas de la historia americana, se debió a tan sagrado propósito. Bolívar vio con temor y desconcierto como las huestes del ejército español destruían las vidas y las propiedades en nuestra provincia. Había que frenar esa postura agresiva, salvaje y monstruosa. Por otro lado, El Libertador jamás tuvo la intención de repartir sus propiedades a los más necesitados y más desposeídos. Y, menos aún, aceptar la idea oficial de un Bolívar pobre e indigente. Una postura radicalmente equivocada. Sobre este punto, el historiador venezolano Juan Morales Álvarez en su libro El mayorazgo del padre Aristiguieta: Primera herencia del Libertador, describe con detalles la magnitud de los bienes que Simón Bolívar heredó de su familia y que conservó hasta su muerte:

Muchas veces hemos leído afirmaciones categóricas sobre la inmensa fortuna que poseyó el Libertador, mantuano rico, emparentado con las familias más poderosas de la provincia de Venezuela. En infinidades de ocasiones se ha escrito sobre la pobreza en que se encontraba cuando dictó sus disposiciones testamentarias, en la quinta de San Pedro Alejandrino. La verdad en que Simón Bolívar efectivamente fue uno de los hombres más ricos de la Venezuela colonial y no murió tan pobre como corrientemente se afirma (El mayorazgo del padre Aristiguieta: Primera herencia del Libertador. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Fuentes para la historia colonial de Venezuela, Caracas 1999, p. 55).

En cuanto al tema de las invasiones y la apropiación ilegal de propiedades, tan evidente en la historia de Venezuela, la familia de Bolívar tampoco escapó a ese factor político y social tan perjudicial al desarrollo de la propiedad privada. Veamos.

Una de las situaciones más difíciles que tuvo que enfrentar la madre de Bolívar, fue relacionada con las minas de Aroa. Estas fueron heredadas por la madre de Simón Bolívar. No obstante, los pleitos por la delimitación de las tierras donde estaban ubicadas y las invasiones afectaron emocionalmente a la madre de Bolívar. Sufría al ver como otros propietarios y oportunistas querían apropiarse de manera indebida e ilegítimamente de esas minas. En tal sentido, ante el Rey de España hizo un reclamo justo para que intercediera ante complejo problema:

Una turba de hombres hicieron violenta incursión en las minas aposentándose intempestivamente en el centro de ellas, y dando principio al trabajo de unas con excavaciones y otras operaciones cuya novedad fue tanto más extraña cuanto que en aquella parte no hubo jamás contradicción alguna ni por la ciudad de Barquisimeto y San Felipe que contrajeron siempre las suyas aquellas porciones respectivas, por donde son confinantes por las minas, ni por ningún vecino particular (Paul Verna. Las Minas del Libertador. Ediciones de la Presidencia de República, Caracas, 1975, p.67).

En ese mismo orden de ideas, el decreto de Bolívar sobre la minas promulgado en el año de 1829, el decreto de Quito, propiciaba la privatización de las minas en manos de la República. En su artículo 1º se ve con claridad la intención del legislador:

Artículo 1º Capítulo 1º Conforme a las leyes, las minas de cualquier clase corresponden a la República, cuyo gobierno las concede en propiedad y posesión a los ciudadanos que las pidan, bajo las condiciones expresadas en las leyes y ordenanzas de minas, y con las demás que contiene este decreto.

Sin embargo, los asesores y redactores de la Ley Orgánica de Hidrocarburos Gaseosos (1999) y la Ley Orgánica de Hidrocarburos (2001) se les escapó la naturaleza, el contenido y las implicaciones de tan importante artículo. Es evidente que omitieron el carácter privatizador que otorgara Bolívar a los particulares obtener en forma legal la propiedad de esas minas y hacerlas más productivas y ventajosas para la República. Por lo que el gobierno bolivariano en vez de ser consecuente con el pensamiento del Libertador sobre el carácter privatizador, lo que ha hecho es profundizar el poder del Estado sobre los recursos naturales del país. En especial, en la exposición de motivos de la Ley Orgánica de Hidrocarburos de 2001, en unos de sus párrafos se puede leer como cambiaron algunos términos del antiguo decreto del promulgado por el Libertador para dar el poder del Estado en el dominio de los yacimientos petrolíferos. Así se expresa en la Exposición de Motivos:

Las minas, de cualquier clase que sea, son propiedad de la República mientras no se adopten otras disposiciones al respecto, continuarán aplicándose en materia de minería las ordenanzas de Nueva España (Exposición de Motivos de la Ley Hidrocarburos de 2001)

En el texto original del decreto de Simón Bolívar (24 de octubre de 1829) reza lo siguiente: “Conforme a las leyes, las minas de cualquier clase corresponden a la República, cuyo gobierno las concede en propiedad y posesión a los ciudadanos que las pidan bajo las condiciones expresadas en las leyes y ordenanzas de minas, y con las demás que contiene este decreto”. Como se puede observar, fue sustituida la palabra “corresponden” por “propiedad”. Qué pasó. Habría que preguntar a los redactores y asesores de esta ley de Hidrocarburos de 2001. Lo que constituye una violación flagrante al espíritu de un decreto, supuestamente, inspirador de la renacionalización de la industria petrolera y de un gobierno que ve en Bolívar el liberador de los pueblos del tercer mundo, explotados por el imperio del norte. Una pregunta inocente ¿acaso las distintas refinerías ubicadas en Europa y EEUU, propiedad de Petróleos de Venezuela, no son empresas capitalistas que explotan y extraen plusvalor a los asalariados tal como lo describió Marx en Capital.

Es importante destacar que este decreto del Libertador Simón Bolívar del 24 de noviembre de 1829, tiene sus raíces históricas y jurídicas en el decreto promulgado por Carlos III en el año de 1873, y que Bolívar observó con mucho interés el propósito del legislador de impulsar la privatización de las minas de la corona.

Título Primero Del Dominio Real de las Minas y su Concesión a los Particulares, y del Derecho, que por este deben pagar 1. Las minas son propias de la corona real, así por naturaleza y origen, como por su reunión, dispuesta en la ley IV:, Titulo Trece, libro Sexto de la nueva recopilación.

2. pero sin separarse del real patrimonio, se conceden a los vasallos en propiedad y posesión de tal manera que puedan venderlas, permutarlas, arrendarlas, donarlas, dejarlas en testamento por herencia o mando, o de cualquier manera enajenar el derecho, que ellos tienen en los mismos términos que los tienen en personas que puedan adquirirlos (texto del proyecto, las notas y las reales ordenanzas…ordenanzas de la Minería de Nueva España formadas y propuestas por su real tribunal de Orden del Rey de Nuestro Señor, 1783).

Asimismo, Simón Bolívar le fascinaba el dinero y quería morir rico. No es casual que le diera un poder a su hermana para que pusiera en venta las minas de Aroa y colocara el dinero obtenido por tal negociación, en la banca nacional inglesa a una tasa de interés del 2,5 % anual (ver Edgardo Mondolfi. Simón Bolívar. Estaré sólo en el medio del mundo: Cartas de la intimidad. Colección Ares. El Nacional, 1999, pp. 173-193. Era un Bolívar dispuesto a defender y preservar su riqueza minera y al mismo tiempo obtener un beneficio particular que le permitiera morir holgadamente en la nación que amó con tanta pasión: La Inglaterra Liberal.

Se insiste, Simón Bolívar defendió la propiedad privada. Así lo demuestran sus escritos y sus acciones políticas. Esta es una mirada que no se corresponde con el proyecto político de la V República, bajo el liderazgo del comandante Hugo Chávez Frías, quién en infinitas oportunidades, ha manifestado ser la encarnación absoluta del hombre de la patria: un Bolívar que murió pobre, enemigo de la propiedad privada, traicionado y cercano a las corrientes socialistas de aquel entonces.

Considerar a Bolívar un hombre socialista constituye una falacia histórica. Por tanto, no compartimos esa idea que pretende distorsionar los hechos históricos con el propósito de justificar un proyecto político y una ideología revolucionaria. En ese marco, sí se quiere ser consecuente con un proyecto bolivariano se debería asumir el carácter empresarial del Libertador que se proyectó en el concierto de las naciones con el objetivo de construir Repúblicas liberales y así impulsar el proceso de expansión comercial entre los pueblos de la tierra, como lo dejó claro en la Carta de Jamaica:

Se puede entregar al gobierno británico las provincias de Panamá y Nicaragua, para que formen de estos países el centro del comercio del universo por medio de la apertura de canales, que rompiendo los diques de uno y otro mar, hacer que en las distancias más remotas y hagan permanente el imperio de Inglaterra y su comercio (Simón Bolívar. Obras Completas. Editorial Habana, Tomo I).

Se deduce de este párrafo, la imagen de un Bolívar en sintonía con los tiempos de la globalización y la mundialización. De igual modo, se nota en la Carta de Jamaica un Bolívar sin temor de entregar la riqueza de Hispanoamérica a la Inglaterra liberal.

La Gran Bretaña extraería de su seno, en el corto espacio de sólo diez años de metales preciosos que los que circulan en el universo. Los montes de la Nueva Granada son de oro y plata, un corto número de mineralogistas explotarían más mina que los del Perú y que los de España; que inmensas esperanzas de esta parte del mundo a la industria británica (Simón Bolívar. Obras Completas. Editorial Habana, Tomo I).

Aún más, coincidió con el esquema económico de David Ricardo sobre las ventajas comparativas y la división internacional del trabajo como la única posibilidad que Hispanoamérica participara en el comercio mundial. El pequeño Bolívar en 1814 vio con claridad esa tendencia histórica:

La América se haya además por fortuna en circunstancias de no poder inspirar recelos a los que viven del comercio y la industria. Nosotros por mucho tiempo no podemos ser otra cosa que un pueblo agricultor capaz de suministrar las materias primas más preciosas a los mercados de Europa, es el más calculado para fomentar conexiones con el negociante y manufacturero. Reconocida nuestra independencia y abiertos a estos países indistintamente a los extranjeros, no podemos imaginar cuan aumentará la demanda pública todos los años (Simón Bolívar. Obras Completas. Editorial Habana, Tomo I).,

El Presidente de la República Bolivariana, en su Aló Presidente, nos habla reiteradamente de un Cristo Socialista que tiene un sitio ideal para los pobres con el fin de alcanzar la dicha eterna. Ahora bien, por qué no un Cristo en sintonía con un sistema político y económico de origen republicano y liberal. Porque no. El teólogo de la libertad y la desobediencia civil Juan Germán Roscio, en su libro y el escrito Del despotismo de la libertad(1821) y El patriotismo de Nirgua y Abusos de los Reyes( 1811), respectivamente, expuso con claridad el significado político y religioso de un cristo republicano y liberal con el fin de persuadir a hombres y mujeres a enfrentar radicalmente a la monarquía, a la tiranía y al despotismo, cuyas raíces provenían de una España arrogante, intolerante y despiadada. Una visión novedosa al convertir el texto bíblico y los evangelios en la fuente primigenia de los derechos naturales. Estaba convencido de que la República y el derecho natural estaban arraigado en lo más hondo del corazón del hombre. De la misma manera, compartía la tesis de la desobediencia civil como el camino justo para defender la República cuando ésta estuviese en peligro por los abusos y los atropellos de sus gobernantes.

El gobierno republicano fue el primero porque es más conforme a la naturaleza del hombre. Antes del diluvio y mucho tiempo después se conservó el gobierno popular, se conservaron las Repúblicas y no se conocían ni monarquías, ni aristocracia…Viene al mundo el Mesías prometido, no con las ideas de fundar monarquías, sino repúblicas de salud eterna, cuando casi todos gemían bajo la tiranía del demonio, y de sus vicarios los reyes y emperadores…La doctrina de Jesucristo era una declaración de los derechos del hombre y de los pueblos (Publicaciones de la Secretaría General de la Décima Conferencia Interamericana: Colección Historia nro. 8. Juan Germán Roscio. Obras Tomo II, Caracas, 1953, pp. 92-93).

Es muy clara la reflexión política y teológica de Juan Germán Roscio, al considerar pertinente la revalorización histórica del Antiguo Testamento y de los evangelios y su significado político para desmontar la vieja creencia de la teoría del Derecho Divino de los Reyes. Una teoría que utilizaron:

Los reyes para lograr sus designios. Por medio de ellos engañan a los pueblos, y les hacen creer que su autoridad venía inmediatamente de los cielos: que ningún monarca tenía superior sobre la tierra: que su voluntad era la de los dioses: aunque fuesen tiranos y malévolos, debían ser reconocidos, y adorados como divinos: que sólo Júpiter el gran padre de los dioses, podía exigirles cuenta y razón de su procedimiento, juzgarlos y corregirlos: que sus leyes todas como inspiradas por el santo Numen, debían ser obedecidas y ejecutadas, por más injustas y perniciosas que fuesen (p. 89).

No deja de ser importante resaltar otra de las ideas de Juan Germán Roscio en torno al punto de la desobediencia civil como un mecanismo político para rechazar aquel tipo gobernante que violentara las bases esenciales de la República.

Aunque pecó el hombre quedó siempre ilesa su voluntad y libre albedrío para establecer el gobierno que fuese más conveniente a su felicidad: y de esta fuente nace el derecho que tienen los pueblos para quitar alterar o reformar el gobierno establecido cuando así lo exige la salud pública, y el convencimiento de ser establecido para servir, no para dominar a los hombres; para hacerlos felices, no para abatirlos, para conservar su vida, su libertad y sus propiedades, no para oprimirlos ni sustraerles sus fueros sagrados e imprescriptibles (p.87).

En otras palabras, un modelo político y económico republicano y liberal, que dejaron como herencia histórica los libertadores a nuestra patria para impulsar su grandeza material y cultural.

En esa misma corriente de reinterpretaciones históricas del fenómeno bíblico y de la figura simbólica del hijo de Dios, es recomendable la lectura del célebre libro Cristo el anarquista, editado por la Revista Claridad en año de 1936, en el que autor devela una faceta interesante de Cristo desde una perspectiva del anarquismo. Es decir, un Cristo enemigo de todo poder centralizador y absoluto; un Cristo convencido de que la sociedad se organiza voluntariamente para potenciar su libertad individual sin chantaje, intimidación y terror, tal como aconteció en los estados totalitarios; un Cristo que veía en el Estado la causa de todo mal y la desigualdad económica y social. En fin, un Cristo abanderado de los postulados más radicales del anarquismo y del liberalismo. En consecuencia, esta es otra mirada que se puede descubrir en la obra política del Libertador Simón Bolívar y sería interesante debatirla sin el peso ideológico de la versión oficial que maneja el Presidente de la República y de esa forma presentar a la nación una imagen más compleja de lo que significó Simón Bolívar en nuestro pasado y de su proyección histórica en los nuevos tiempos. Un Bolívar complejo, limitado, paradójico y contradictorio como es la condición natural de todo humano. El hombre sinuoso y que responde a cada momento a unas circunstancias que lo obligan a hacer coherente, incoherente y discontinuo. En palabras del ensayista Montaigne:

Lo ordinario es que sigamos las inclinaciones de nuestro apetito a diestra y siniestra, arriba y abajo, según el viento de las ocasiones nos arrastra. No pensemos en lo que queremos, sino en el instante, en lo que queremos. Y cambiamos como ese animal cuya piel se colora según donde se acueste. Lo que nos proponemos ahora lo cambiamos después, y luego volvemos sobre nuestros pasos, siempre entre trastornos e inconstancias (Ensayos completos. Editorial Purrúa. Nro, 600, México 1999, p. 276).

Seguramente, así era Bolívar. Así lo describió Francisco Herrera en su libro Bolívar de carne y hueso y otros ensayos:

Como sería el caso de su afición por el agua de colonia y el hervido de carne gorda, o el aburrimiento que le producía las corridas de toro… Mudaba de opinión y de tema con pasmosa rapidez; y de sentirse a sus anchas hablaba todo el tiempo de si mismo. Era muy vanidoso, y de un autoritarismo destemplado que predisponía en su contra. Tomaba poco café, abusaba del ají…El Bolívar de los buenos días al amanecer; el de que toma café negro, en posillo, de pie y junto al fogón; del que protesta por haberle puesto comino a la carne y de el que celebra orgulloso la floración del níspero sembrado por sus propias manos (Editorial Ateneo Caracas. Pp. 26-30).

Más adelante, Francisco Herrera Luque relató algunos casos en los Bolívar denotaba ser un hombre arriesgado y valiente: En Angostura retó a un legionario a cruzar a nado el Orinoco con los brazos amarrados a la espalda. De no haber sido por unos de sus oficiales aquello hubiese culminado en tragedia. En la segunda batalla de La Puerta se adentró con tanta desesperación y arrojo en el combate que más de uno de sus compañeros pensó que voluntariamente buscaba la muerte (Editorial Ateneo Caracas. p.27)

En consecuencia, sin negar una manera de ver la historia de Simón Bolívar en la visión ideológica del Presidente de la República, esta es otra visión cercana a los procesos de modernización que se estaba gestando en la transición de la España imperial mercantilista a la Inglaterra liberal y capitalista. Por lo que el pensamiento y la acción política del Libertador no escaparon a esas fuerzas poderosas del capitalismo bajo el influjo de la primera revolución industrial. Por lo que su espíritu estuvo más ligado a un mundo liberal que, a un supuesto socialismo, apenas asomaba en los llamados socialistas utópicos.

rmnrivas@yahoo.com

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