Caracas, Miércoles, 16 de abril de 2014

Sección: Sociedad

ENVIAR A UN AMIGO  |  ENVIAR AL DIRECTOR

Alquimia política literaria

“Los Mártires” de Fermín Toro

Ramón E. Azócar A

Miércoles, 25 de junio de 2008

Muchos autores coinciden al afirmar que la novela venezolana surge a mediados del Siglo XIX, tras la publicación de “Los mártires”, de Fermín Toro en 1842. Las primeras novelas venezolanas siguen los postulados de las corrientes literarias que para la época prevalecían en el ámbito mundial. A excepción de las inscritas en el marco del modernismo, movimiento literario de origen latinoamericano.

En el tardío romanticismo venezolano, tuvieron gran aceptación las novelas de carácter histórico que se adaptaban al espíritu romántico, como Blanca de Torrestella (1868), de Julio Calcaño. Bajo estas influencias románticas se escribieron muchas novelas de tono sentimental, así como también novelas de denuncia: Zarate (1882) de Eduardo Blanco y Peonía (1890) de Manuel Vicente Romero García. En el grueso de los casos, las primeras novelas venezolanas funcionan como tribunas para denunciar las injusticias sociales, o como instrumentos pedagógicos o de construcción de la identidad nacional.

A partir de los inicios del siglo XX, estas preocupaciones se irán relajando: el valor literario y estético cobrará mayor importancia, sobre todo tras el surgimiento del modernismo, en el que prevalecía el cuidadoso lenguaje y el adorno retórico. Son piezas claves para comprender la producción de este período las novelas de Manuel Díaz Rodríguez quien publica en 1901 su primera novela “Idolos rotos”, sátira política y social de la sociedad de la época, evidenciando una problemática lucha entre lo nacional y lo mundial.

A través de esta novela y del resto de su producción, Sangre patricia (1902) y Peregrina (1922), percibimos una fina sensibilidad que idealiza la naturaleza venezolana, cruzada por tipos y costumbres; sensibilidad plasmada en las páginas a través de un lenguaje cuidado y extremadamente culto.

Fermín Toro: político y escritor social

Fermín Toro nació en el Valle caraqueño, probablemente el 23 de septiembre de 1807. La fecha exacta no ha sido posible fijarla. Su verdadero maestro es el padre Benigno Chacín, párroco de El Valle, a partir de 1814. Además de enseñarle música y adiestrarlo en el violín, contribuye también a formarle una definitiva personalidad.

La sólida cultura que adquiere se la da él mismo. La guerra de la Independencia, en medio de lo cual vivió su infancia y juventud, no le permitió acudir a centros de estudios. Además, el padre Chacín ya no estaba a su lado porque la familia Toro se radicó en Caracas en 1817. Sin embargo se empeña en leer a los escritores clásicos y a estudiar filosofía e idiomas, es decir, a darse una formación humanística.

Toro viajó a Margarita con un cargo del Ministro de Hacienda y en 1831 fue electo por esa provincia Diputado al Congreso Constituyente. En dicho Congreso se consagró como orador y como patriota de acendrado fervor bolivariano, en momentos en que el nombre de Bolívar se pretendía echar al olvido.

En 1839 viaja a Londres como Secretario de la Legación a cargo de Alejo Fortique. Su estancia en esta ciudad inglesa la aprovecha para cimentar más su cultura. Aquí estudia con más método y vive muchas experiencias que anotará en su haber. Luego completa una visión por otros países de Europa y a poco de regresar de Venezuela en 1842, el Gobierno Nacional le encarga escribir una descripción de las honras públicas decretadas como motivo del trasladado de los restos del Libertador a Caracas.

Una de las piezas que demuestran la integridad y los vastos conocimientos de Fermín Toro, es su "Reflexiones sobre la Ley del 10 de abril de 1834", Ley que él mismo firmó como Presidente de la Cámara de Diputados y en la que se decretaba la libertad de contratos en el comercio, con el interés que quisiese el contratante. En esta pieza, Toro se revela como un liberal en materia de economía. Asienta que "en vano se pretende tras del velo de la libertad, ocultar una inmoralidad de un contrato usuario, o de una maniobra con los capitales que perturben repentinamente la circulación". En otro párrafo dice: "la libertad no es el fin de la sociedad y que como medio o facultad debe estar subordinada a la igualdad necesaria que es el objeto principal de la asociación; la libertad que se ejerce por algunos con daño de los otros, es tiranía, es iniquidad, porque rompe la armonía y viola la igualdad".

En 1844 actúa Fermín Toro como Ministro Plenipotenciario en Bogotá, para tratar el asunto de límites con Colombia; por razones diversas, ajenas al mismo Toro, fracasa su gestión, aunque es digna de estudiarse toda su doctrina al respeto. Donde sí tuvo éxito fue en Madrid, al canjear satisfactoriamente las ratificaciones del tratado de reconocimiento de la independencia de Venezuela en 1846.

Fermín Toro está en el congreso, como representante por Caracas, cuando el doloroso atentado del 24 de enero de 1848. El Presidente Monagas, que decía que la Constitución sirve para todo, ordena a los diputados y senadores que vuelvan al Congreso. Al hacerle saber esta orden a Toro, contesta: "Decidle al General Monagas que mi cadáver lo llevarán pero que Fermín Toro no se prostituye". Desde entonces no aparece más en la escena pública, hasta 1858 en que triunfa la revolución de Julián Castro contra Monagas, y Fermín Toro es nombrado Ministro de Hacienda, y más adelante Ministro de Relaciones Exteriores, justamente cuando se discutía el enojoso problema del Protocolo firmado por Urrutia, por el que paso Venezuela se vio en situación crítica con gobiernos extranjeros.

El 5 de julio de 1858 se reúne en Valencia la convención Nacional y Toro es electo Presidente de la misma. Allí con el juego de su oratoria, deslumbra a los asambleístas; les habla con valor en defensa del protocolo y ante un auditorio contrario a Monagas, se atreve pedir perdón para el caudillo oriental. Finalizada la convención, y ante la presión de los federales y un oscuro arreglo entre Julián Castro y Falcón, Toro decide escapar a Curazao.

En 1860 está Fermín Toro nuevamente en Madrid en representación diplomática para arreglar como electo arregla exitosamente, el problema suscitado con España por la participación de algunos canarios en la Guerra Federal. Agravado de pronto por un mal incurable, el destacado tribuno muere en Caracas en 1865.

Análisis de “Los Mártires” de Fermín Toro

“Los Mártires” se publicó por primera vez, por partes, en 1842, en El Liceo Venezolano, órgano periodístico de la institución científico-cultural del mismo nombre, fundada el año anterior, de la que Toro llegaría a ser destacado colaborador.

La más evidente singularidad de Los mártires reside en su marco escénico: contra toda previsión la acción de la novela transcurre en la Inglaterra de la primera mitad del diecinueve, hecho que, aunque explicable desde una perspectiva biográfica, tal vez consienta otras interpretaciones.

Se trata, en rigor, de determinar el sentido de una obra que, transcurriendo en Inglaterra, conserva las características comunes que distinguen a la producción novelística del período, aún cuando, paradojalmente, estas características (en virtud justamente de aquel escenario) parezcan convertirla en lo opuesto a la norma.

Es sabido que en la concepción romántica hispanoamericana la función de la literatura se define como función social: la de “ilustrar al pueblo, combatiendo sus vicios y fomentando sus virtudes”, denunciando las desviaciones del régimen político prevaleciente o los residuos del antiguo sistema colonial, contribuyendo al perfeccionamiento de la vida política, asumiendo, en suma, una tarea “civilizadora”.

Al ejercer su denuncia no sobre su sociedad nacional sino sobre una que, como la inglesa, aparece para buena parte de sus contemporáneos como paradigmática (frases como “un país sin ingleses es como un bosque sin pájaros “, o “la libertad es como una locomotora, sólo puede ser manejada por maquinistas ingleses” son moneda corriente entre los románticos americanos).

Toro no sólo difiere diametralmente de la mayoría de los hombres de letras de su época, sino que ofrece un texto que permite iluminar las condiciones sociales de la Venezuela de esos años.

La obra comienza, justamente, con una serie de escenas destinadas a iluminar la contradicción entre una sociedad aparentemente opulenta y feliz y la miseria que se oculta en ella; entre un sistema superficialmente perfecto y las lacras que esconde.

A partir de allí, la historia que se ofrece al lector se endereza a mostrar, a través de las trágicas peripecias de los personajes, una serie de espacios que se ordenan en los términos antitéticos expuestos.

En una primera instancia pareciera que “Los Mártires” fueron inspirados por autores románticos franceses como Chateaubriand y Víctor Hugo, representa un reflejo más o menos somero acerca de la realidad del país en la década en la cual es escrita. Por el simple hecho de que su nombre hace alguna referencia a la inmortal obra de Víctor Hugo “Los Miserables” no puede desligarse del contexto en el cual nace: el seno de una sociedad venezolana golpeada por el yugo español y gobernada por autoridades que hacían a un lado las verdaderas necesidades del pueblo “disfrazando” la realidad con un “haz de fantasía”.

Las obras literarias son escritas con diversos fines y diversos temas; bien sea de amor, de tragedia, de historia. Algunas cuentan la historia de un país dentro de otra historia que arma el autor para así no dar a conocer directamente sus sentimientos. A éstas se les llaman novelas intrahistóricas. “Los Mártires” no posee ninguna de las dos características puesto a que no se cuenta un hecho histórico ni tampoco puede verificarse si la historia que cuenta el personaje dentro del relato de Fermín Toro es real.

“Los mártires” puede analizarse desde un punto de vista sociológico pues el tema principal se ve enmarcado por la problemática social. Puede evidenciarse entonces, en la novela la lucha de dos clases sociales diferentes: una, representada por la nobleza y el poder y la otra por la pobreza y la miseria. Así pues se observa cómo “Los mártires” es una novela de importancia para la sociedad, debido a que, justificando lo que se dijo anteriormente, es una obra netamente social y por tanto puede mover el sentimiento y la curiosidad en el lector venezolano, quien sin duda alguna puede sentirse identificado con la situación planteada en la historia.

“Los mártires” es una novela que por su temática se caracteriza por pertenecer a la corriente romántica hispanoamericana, la cual concebía la literatura como un instrumento social a través del cual se podía expresar los problemas sociales y económicos de una sociedad.

Una de las características del pensamiento de Fermín Toro es su franco intento de caracterización de la naturaleza humana como elemento fundamental de toda reflexión filosófica posterior. Es decir, Fermín Toro se conecta plenamente con el pensamiento moderno cuando estima que la comprensión de la moralidad, de la eticidad y de las relaciones sociales en general pasa por la determinación previa de los rasgos constitutivos de lo humano. En el caso concreto del autor, se pueden distinguir, además, elementos típicamente naturalistas que signan de manera sustantiva su filosofía moral y su filosofía social.

Es decir, Fermín Toro se esfuerza de modo especial en dar una base a lo moral y a lo ético en conformidad con un trazado previo de la naturaleza humana. Conviene, no obstante, antes de continuar especificar qué se está entendiendo acá por naturalismo, y por ello se están entendiendo “aquellas teorías que sostienen que las condiciones de verdad son la posesión por parte de las acciones, gente, etc., acerca de las cuales se hacen los enunciados morales, de lo que, siguiendo la tradición, llamaré propiedades naturales”14, esto es, propiedades no morales15. Para Toro, semejantes propiedades son las pasiones y los intereses de los individuos; de ahí que para él la sociedad sea el teatro de las pasiones y de los intereses de la humanidad. Cada individuo, desde el más independiente filósofo hasta el más oscuro y abyecto siervo, tiene su propia esfera más o menos limitada de acción, y el asunto crucial de cada uno consiste en resolver en su favor el problema de la conciliación del mayor provecho propio con la mayor aprobación de los demás.

La exigencia fundamental del individuo a la sociedad es, entonces, el doble tributo de beneficio y aprobación. El juego de las pasiones tiene sus propios límites, marcados por la constitución de la naturaleza humana como tal, que al sentirse cercana a la trasgresión de aquellos detiene su avance; así, por ejemplo, la más sedienta avaricia retrocede donde toca con la infamia y el oprobio. Las pasiones se mueven u oscilan, en términos del autor, entre él yo y el no yo. Pasiones e intereses son la base de las relaciones más extensas de la sociedad y su estudio es necesario para la comprensión de lo social.

En este sentido, el gran problema de la sociedad es conservar su triple esencia. No hay nación, ni gobierno, ni la dilación, ni carácter nacional, ni progreso constante y uniforme si no hay unidad. No hay propiedad, ni emulación, ni industrias, ni artes, ni riqueza si no se conserva la independencia individual. No hay verdadera asociación, ni amor a las instituciones, ni fuerza en los poderes públicos ni igualdad racional, ni bienestar, ni contento en la nación si no subsiste la armonía.

Por lo dicho hasta ahora, cabe concluir con una hipótesis interpretativa que permite alcanzar una mejor comprensión de la filosofía social y política de Toro que ha dejado impregnada en “Los Mártires”. En la visión de este autor el ámbito de la sociedad y lo político no es una dimensión autónoma, dotada de una racionalidad propia como si fuera una suerte mecanismo autorregulado que solo puede ser evaluado desde su interior y a la luz de las reglas de juego generadas por él mismo; es la cotidianidad misma, los inmensos obstáculos de la vida que hacen que en ella se den los escenarios de racionalidad y rebeldía que caracterizaban a la sociedad venezolana del siglo XIX.

Referencias Bibliográficas

Straka, T. (2005). Las alas de Ícaro: Indagación sobre ética y ciudadanía en Venezuela (1800-1830). Ucab – Fundación Honrad Adenauer Stiftung, Caracas; pp, 242-243.

Morón, G (1971). Historia de Venezuela: La Nacionalidad (T. V). Británica, Caracas.

Pino Iturrieta, E (2003). Las ideas de los primeros venezolanos. UCAB, Caracas.

Toro, Fermín (1960). Reflexiones sobre la Ley de 10 de abril de 1843, In: Pensamiento político venezolano del siglo XIX: La doctrina conservadora: Fermín Toro. Presidencia de la República, Caracas.

Toro, Fermín (2006). Los mártires. Caracas, Editorial El Perro y La Rana.

Tosta, V (1954). Fermín Toro, en: Fermín Toro (Selección, estudio y notas de V. Tosta). Tip. Americana, Caracas. pp. IX-XLVI.

Tosta, V (1958). Fermín Toro: Político y sociólogo de la armonía. Imprenta Juan Bravo, Caracas-Madrid.

azocar1968@cantv.net

ANALITICA.COM no se hace responsable por las declaraciones y conceptos emitidos en los artículos de opinión publicados en nuestro sitio Web, los cuales son de la exclusiva responsabilidad de sus autores


Mundo


 
Ejército de Nigeria cifra en 129 a niñas secuestradas y busca su liberación

Ejército de Nigeria cifra en 129 a niñas secuestradas y busca su liberación

 
Sismo estremece frontera de Costa Rica y Panamá sin causar víctimas

Sismo estremece frontera de Costa Rica y Panamá sin causar víctimas

 
EE.UU. envía buque a ayudar en el rescate por el naufragio en Corea del Sur

EE.UU. envía buque a ayudar en el rescate por el naufragio en Corea del Sur

 


Política


 
La sangre de las espinas

La sangre de las espinas

 
La MUD le lavó la cara

La MUD le lavó la cara

 
Democracia electoralista: estratagema contra la libertad individual y el orden espontáneo

Democracia electoralista: estratagema contra la libertad individual y el orden espontáneo

 

blog comments powered by Disqus

 
Sobre Autor