Caracas, Jueves, 17 de abril de 2014

Sección: Política

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El liderazgo y Venezuela

Mario H. Concha Vergara

Viernes, 6 de agosto de 2010







   Foto: Google
“¡Cuidado! El poder radica en la apariencia del poder”

En mi artículo anterior “Liderazgo Controversial” (También titulado El controversial liderazgo de Hugo Chávez), yo le hacía un llamado a la gente de oposición venezolana  para que cambiaran las diatribas e insultos en contra del gobernante y sus adláteres, lo cual, en el fondo no es otra cosa que seguir la música del nuevo flautista de Hammelin, y estudiaran científicamente el problema del liderazgo para poder entender y hacer políticas con el fin de recobrar la democracia, pues está claro que sólo los venezolanos son quienes podrán cambiar su historia..

Estudios realizados en la Universidad Central de Venezuela, como el del Profesor Iván Abreu, aludiendo a diversas perspectivas psicológicas, concluyen que en Venezuela existirían tres tipos de liderazgo político. Uno de ellos es el liderazgo psicopático, al cual sólo le interesa imponer su poder a un pueblo mal alimentado, mal educado y desinformado. Considerando que este trabajo fue publicado en 1998 no podemos atribuirle intención alguna en contra del presidente Chávez. Luego, en segundo lugar, tenemos el liderazgo marginal, que no tiene capacidad para promocionar su propio cambio, caracterizado por una inmediatez y la marcada incapacidad de planificación  a mediano y largo plazo. Finalmente, y como tercer tipo de liderazgo, estaría el nutritivo, con una inteligencia normal o superior, una autoestima adecuada y una imagen adecuada a su personalidad. (Sojo, 1998)

Uno de los académicos más importantes en el área de estudios latinoamericanos en la Universidad de Harvard en Estados Unidos de América, ha sido sin duda el venezolano Carlos Blanco, quien en su libro Revolución y Desilusión, la Venezuela de Hugo Chávez (Blanco, 2002, p.18) dice,:

Inmediatamente antes del surgimiento chavista, el país logró adelantar refirmas políticas e institucionales en varios aspectos importantes, el partidismo había tenido que ceder espacios significativos a la sociedad civil, los controles sobre el gobierno y sobre los entramados de la corrupción habían mejorado, la subordinación militar a la sociedad civil se mantuvo y lo liderazgos tradicionales comenzaron a ser competidos y disminuidos. Con el chavismo, todo ello se ha venido abajo, seguramente porque se trataba de procesos en cristalización, incompletos e insuficientes, en buena medida realizados por y desde la cúspide política, con magra participación de los sectores populares. Y de ello se ha aprovechado el Izquierdismo-militarista más rancio y retrógrado para dirigirnos en una furiosa cabalgada hacia el pasado.

Y ya lo decía Jorge Amado: “Son de los que entran al futuro reculando”.(Blanco, 2002, p.18)

 Al mismo tiempo, Carlos Blanco, pone en el  tapete una situación dicotómica poco dada en Latinoamérica. Esta se refiere a un izquierdismo militarista que según el autor, citando al escritor Jorge Amado entran al futuro retrocediendo; es decir, podríamos interpretarlo como arrancar hacia el pasado.   Esto lamentablemente se da tanto en el gobierno venezolano que hechó mano a un sistema socialista fracasado y a la oposición que sigue con monsergas y acusaciones sin fundamentos como de comunismo y otras idioteces cuando lo que se está dando en Venezuela, al menos en la macroeconomía del país es un fuerte neoliberalismo en el cual participa abiertamente Estados Unidos con sus empresas. Esto, al parecer, no lo quieren ver ni moros ni cristianos de la política venezolana.

Podemos pensar a este respecto que, las reformas de las cuales nos habla Hugo Blanco, son las que en definitiva llevaron a Chávez al poder. Éstas, llevadas a cabo por el presidente Carlos Andrés Pérez significaban la entrega del país a Washington, según la izquierda venezolana pues Pérez había, (Gott, 2005) aceptado las políticas neoliberales venidas del norte. La izquierda usa estas políticas para insurgir y posteriormente lograr el acceso de Chávez al poder mediante elecciones. El llamado Consenso de Washington, planteaba 10 puntos o reformas que los países del continente debían cumplir: 

  1. Garantizar la disciplina fiscal y acabar con el déficit presupuestario;
  2. Reducción del gasto fiscal, en especial el gasto militar y público;
  3. Reforma tributaria dirigida hacia la creación de un sistema eficiente y universal. (establecimiento del IVAS);
  4. Libertad financiera, con tasas de interés determinadas por el mercado;
  5. Ratas de cambio competitivas para asistir el incremento exportador;
  6. Libertad de comercio y, además, abolición de las licencias de importación y reducción de las tasas y tarifas aduanales,
  7. Bienvenida a la inversión extranjera directa;
  8. Privatización de las empresas estatales para hacerlas más eficientes;
  9. Desregulación de la economía;

10.  Protección a los derechos de propiedad...

De estos puntos solamente el último no ha sido cumplido totalmente por Chávez; pero, esto hay que tomarlo como una estrategia para atemorizar a algunos oponentes y atraer más chusma al molino de una pretendida revolución que no ha revolucionado nada, en especial, en términos de capitales financieros y petroleros.

El presidente Chávez, plantea en su discurso la creación de una sociedad en lo que él llama el socialismo del siglo XXI, lo cual, sin duda, es una nueva utopía considerando que utopía puede definirse como “cualquier idea o sugerencia, tal vez deseable, pero impracticable o irrealizable, que se suponga defraudará, por lo engañosa o insensata, toda esperanza razonable, o que implique un alejamiento radical de las condiciones existentes”.(Kareb, citado por Forte, 1998)

El socialismo del siglo XXI que promete Hugo Chávez es una versión propia del socialismo clásico o real practicado por los soviéticos y sus aliados durante parte del siglo XX. Esto el líder bolivariano lo ha considerado como una acción política revolucionaria; al respecto nos remitiremos a Max Weber (2008, p. 18) quien analiza la acción político-económica desde una perspectiva social y establece que no toda clase de acción es una acción social:

La acción social (incluyendo tolerancia u omisión) se orienta por las acciones de otros, las cuales pueden ser pasadas, presentes o esperadas como futuras (venganza por previos ataques, réplica a ataques presentes, medidas de defensa frente a ataques futuros). Los otros pueden ser individualizados y conocidos  o una pluralidad de individuos indeterminados y completamente desconocidos, (el dinero, por ejemplo, significa un bien – de cambio – que el agente admite en el tráfico porque su acción está orientada por la expectativa de que otros muchos, ahora indeterminados y desconocidos, estarán dispuestos a aceptarlo también, por su parte, en un cambio futuro).

El socialismo que propicia Hugo Chávez, es una versión revisada del socialismo real-marxista que se practicaba en el siglo XX. Lo que Hugo Chávez ha venido planteando, durante sus once años de gobierno es más bien un Capitalismo de Estado, aliado a la gran burguesía internacional del capital financiero; lo cual “radica en la propiedad capitalista de Estado”.(Zhamin, 1977); pero, según el mismo autor, y lo vemos en la práctica en varios países, el Estado puede tener propiedades mixtas, es decir, en sociedad con capitalistas privados, lo cual de hecho ocurre en Venezuela con las empresas petroleras y automotoras, entre otras.

El liderazgo de Hugo Chávez Frías, presidente de Venezuela cumple con los cuatro requisitos enunciados por Umberto Eco.(1982). Los discursos del mandatario son, documentos de inusual contenido histórico-político que la sociedad venezolana y mundial no ha podido ignorar ya que allí se muestra una información comunicacional, socio-político-cultural, de innegable valor histórico para el estudio, no apenas de ese momento sincrónico de un país, sino también para los estudios comparativos que se establecen en la diacronía de esa nación.

El Programa de Radio y TV que el Presidente de Venezuela ha mantenido por 11 años en el aire, llamado Aló Presidente, (Concha, M. 2006) refleja el pensamiento ideológico del gobernante, su visión política de país, su posición en política externa, desde allí da órdenes de acción inmediata a ministros y fuerzas armadas, define su compromiso popular, etcétera. Todo esto, si se estudiara con calma y científicamente daría a los líderes de la oposición, si es que hay alguno, una idea cabal de la falta de seriedad ideológica del mandatario venezolano.

¿Hacia dónde se dirige la democracia venezolana?

Todos los cambios políticos se originan de ideas, ideologías y razonamientos de individuos que persiguen o desean implementar un nuevo Estado, generalmente, según lo establecen en sus exhortos a la población, en beneficio de la sociedad.

            Para muchos autores el capitalismo es sinónimo de democracia; no así el socialismo y esto lo sabe Chávez quien en sus primeros años de insurgente era totalmente anticomunista. El capitalismo le impone al individuo integrado en el conjunto del mercado las normas de su actividad económica; el socialismo hace lo mismo pero sin considerar el mercado. La diferencia entre ambos conceptos radica, aparentemente en que el capitalismo sólo funciona bien en democracia y el socialismo funciona, según sus defensores, en un sistema de economía estatal. Esta dicotomía económica, es la que aparentemente ha tratado de dilucidar el gobierno del presidente Chávez.

Históricamente, los líderes ayudan a producir cambios en sus sociedades. Platón, en su obra La República establece que hay un nuevo sistema de gobierno que debe buscar la felicidad de los individuos y no la de los burócratas y guardianes. (Platón, 2009), nos plantea que los intereses personales no merecen consideración cuando se trata de intereses generales. Esta posición platónica ha servido para que la humanidad y sus líderes produzcan muchas aberraciones  a través de la historia. Por ejemplo, en su discurso ante los estudiantes de la Universidad de Berlín, en 1933 con motivo del año académico 1933/34, Heidegger, considerado entonces como el más destacado filósofo del siglo XX, habla en el estilo de Platón, a quien seguía, idealizando a “un pueblo fuerte, una nueva generación dura que no esté apegada a nada propio, que se configure en el fondo del pueblo”. (Heidegger, 1994). Este tipo de pensamiento fue adoptado por Hugo Chávez y, es recurrente en su discurso político. 

            Chávez en 2004 manifestaba a la población que “el pueblo organizado debe formar parte del nuevo Estado, participativo, social, de tal forma que ese viejo Estado anquilosado, burocrático, ineficaz, sea totalmente derrocado”.(Lambert, 2007); decía, al principio de su mandato:

Ese pueblo debe sentir o comenzar a sentir lo más pronto posible los beneficios del mismo proceso. Debe comenzar a sentir que el proceso es para su felicidad, es para su beneficio. Y se trata entonces de los derechos humanos. Se trata de la justicia social. Se trata de un sistema social y económico que beneficia a las mayorías, que vaya eliminando paulatinamente el sistema salvaje de distribución de ingresos que hay en

Venezuela, que vaya eliminando las grandes diferencias entre una minoría que tiene de todo y una inmensa mayoría que casi no tiene nada sino puras esperanzas.(Chávez,2010) .

A esta forma de nuevo Estado, Hugo Chávez la denominó Socialismo del Siglo XXI del cual el autor Moulian, quien es apologista de este sistema dice: “El Socialismo del futuro es un viaje, en algún sentido una odisea donde será necesario vencer múltiples obstáculos y acumular fuerza creativa”.(Moulian, 2001, p.18).. Esta sentencia, pareciera poner en duda la posibilidad de que este socialismo se concrete. Para el autor es una odisea cuyo rumbo no se establece y no se sabe si llegará a buen puerto. El mismo Chávez no tiene claro la seriedad de sus presunciones socialistoides, en especial cuando vemos como él y su familia gozan de los bienes que fabrica el “imperio”.

La democracia como sistema político descansa en la comunicación persuasiva. “Tanto si los mensajes se dirigen al electorado durante una campaña, como si se dirigen a otros políticos, a miembros del Congreso, a los medios de comunicación, a ONGs, etc., existe siempre el intento de influir en los demás para que den preferencia a un candidato, a una política o a una idea. La historia nos demuestra que la única alternativa a la persuasión es la fuerza”  (Martín Salgado, 2002, p. 37).

Para esto, se pretende la realización de un diagnóstico del liderazgo, que nos permita conocer si existe una influencia del mismo en el cumplimiento de las metas de los líderes en cuestión.

Hay que tratar de  establecer que el liderazgo del Presidente Venezolano ha sido producto de los desaciertos de los regímenes precedentes que no convocaron a su pueblo a participar en las decisiones políticas;  al manejo del Hugo Chávez del discurso político populista o popular y, al marketing político usado en sus repetidas campañas políticas.

Chávez Frías logró crear un liderazgo diferente a los demás liderazgos latinoamericanos para, de esta forma, gestionar las políticas internas y externas de su nación; considerando que, en este caso, gestión consiste en hacer que las personas cumplan sus funciones y obligaciones para alcanzar las metas deseadas. Para realizar esto, “es necesario el liderazgo, es decir,  el ejercicio de la influencia del poder” (Manuales de Gestión Médica y Gestión Clínica, 2006, p.26) En este sentido, agregamos que para la existencia de las comunidades, grandes o pequeñas, en todos los grupos sociales es necesaria la presencia de líderes.

Para demostrar lo anterior debemos considerar  que, el liderazgo político de Hugo Chávez Frías, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, presenta ciertas cualidades que difieren de otros liderazgos latinoamericanos hasta ahora conocidos. El liderazgo de Chávez es un liderazgo diferente al de los demás liderazgos políticos ejercidos en Latinoamérica, y su liderazgo es, en gran medida, producto de una excelente campaña de marketing político dirigido al pueblo venezolano ya que pensamos que su liderazgo se asienta, principalmente, en su discurso guerrero y populachero.

A este respecto se tiene que las campañas electorales de Hugo Chávez en Venezuela, aparentemente son como todas, rituales de persuasión en los cuales los partidos políticos, los grupos de opinión, los candidatos, emplean sus recursos económicos y su tiempo en persuadir al electorado para obtener su voto.

La especialista en Comunicación Lourdes Martin (2002, pp. 21-22) nos dice que: “La persuasión es un proceso por el que un comunicador intenta influir en las creencias, las actitudes y la conducta de otra persona o  grupo de personas a través de la transmisión de un mensaje ante que el auditorio mantiene su libertad de elección.”

En otras palabras, para que haya persuasión debe haber intención, por parte del comunicador y, en especial un propósito, el cual es influir en el receptor (público) que decidirá si acepta o no la proposición que le hace el comunicador. En este aspecto, el comunicador, al conseguir su propósito deviene en líder.

En nuestro caso, aceptamos la teoría de  Martin,( 2002, p 45) que establece que el marketing político es una técnica novedosa en el arte de la persuasión política. “El concepto de marketing se aplica por primera vez a las campañas electorales en los años cincuenta”. Martin establece una clara diferenciación entre el Marketing Político y el Marketing Empresarial pues en el Marketing Político “la estrategia de comunicación política desde su planificación  hasta la transmisión de los mensajes y el análisis de las respuestas, es un área independiente. Existen sin dudas similitudes entre el marketing político y el comercial, pero, las diferencias son bien notables”, dice la autora.

En nuestro análisis del discurso chavista consideramos, desde el ámbito de la semiótica las Estructuras Categoriales Significativas (ECS), que son definidas por como “el conjunto de conocimientos científicos y empíricos de un grupo social determinado” (Grimblatt, 2008, p.39  como la sociedad venezolana y latinoamericana construyen su patrimonio cultural de manera poco visible a partir de las ECS, que van evolucionando producto de “los movimientos sociales, políticos, geopolíticos, bélicos o migratorios, entre otros” (Grimblatt, 2008, p.39)

Asimismo nos encontramos con el historiador mexicano Enrique Krauze autor de El poder y el delirio, quien agrega que “Chávez es el personaje más importante de la corriente del poder carismático en América Latina”.(Olmsted,2008) North Olmsted, periodista de United Press International, reseñó que el libro de Krauze es un análisis sobre el liderazgo de Chávez que deja varias preguntas al lector, cuestión que trataremos de dilucidar con nuestro trabajo.

¿Quién es Hugo Chávez: un combativo y avanzado líder político, artífice del “socialismo del siglo xxi”, o un estereotipado aprendiz de dictador, populista y palabrero? ¿Qué es Venezuela: el laboratorio de la primera revolución del nuevo milenio o una nación que marcha, no sin resistencias civiles, hacia un duradero régimen autoritario? Para responder estas preguntas, y desmontar el mito más reciente de la izquierda latinoamericana, Enrique Krauze nos entrega su libro más insólito y rotundo. Insólito porque, además de la veta ensayística ya reconocida en su autor, esta obra contiene varios registros: crónica periodística, entrevista, coloquio, reflexión histórica, retrato biográfico, análisis político. Rotundo porque es doble su naturaleza: brinda una visión amplia de la historia de Venezuela, al tiempo que participa decisivamente en el debate político actual, siempre en contra del despotismo y a favor de las bondades de la democracia. (Olmsted, 2008)

En esta cita podemos apreciar un buen resumen de la controversia existente en saber ¿quién es Hugo Chávez y, cual es la tipificación de su liderazgo.

*El autor es candidato a PHD en Comunicación Estratégica

conchamh@gmail.com

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Columnista:

 

Mario H. Concha Vergara

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