Caracas, Domingo, 20 de abril de 2014

Sección: Política

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El desengaño

Carolina Jaimes Branger

Lunes, 17 de noviembre de 2003

Quizás uno de los peores sentimientos que podemos experimentar los seres humanos es el del desengaño. El desengaño va más allá de la rabia, más allá del dolor, más allá del odio. El desengaño vuela y se yergue por encima de todos ellos, porque lo acompañan la burla, el desdén y la hipocresía. Y encima de todo, se une la decepción de haber sido tomados por tontos, por ingenuos, por crédulos, o por quién sabe qué otra cosa. En cualquier caso, los desengaños siempre son una tragedia.

Hay todo tipo de desengaños. Los más comunes son los amorosos de amor romántico, aunque todos, de una manera u otra, tienen que ver con el amor. Porque la admiración, el respeto, la consideración y otros sentimientos nobles, también son formas de amor. Y porque tienen que ver con el amor, es la razón por la que los desengaños duelen tanto.

Los desengaños comienzan con el embeleso, que no es otra cosa que el endiosamiento de la persona amada, admirada, respetada, considerada. No se le ven defectos. El ser objeto de cualquiera de los tipos de amor, se convierte de manera automática en un dechado de virtudes. Sus palabras suenan a gloria, diga lo que diga, desde lo más intrascendente hasta lo más profundo, porque el embeleso no discierne, no compara, no es selectivo. Y si como contraparte hay promesas descomunales de corresponder al amor, a la admiración, a la consideración o al respeto que se profesa, el embeleso crece aún más. Y aún cuando no se le ofreciera nada, el embelesado espera con paciencia, porque jura que llegará el día en que tanto amor será retribuido. Todo, absolutamente todo en relación al amado, admirado, considerado o respetado se exagera. No hay ojos ni oídos, ni vida ni atención, para nadie ni nada que no sea el objeto de la idolatría. Y hay estupidez en la idolatría, no me cabe la menor duda.

Los desengañados reaccionan de muchas maneras, y los desengaños terminan de maneras distintas. Quizás los más dramáticos son los estrictamente amorosos, que en ocasiones terminan en violencia, como aquél de la americana de origen ecuatoriano Lorena Bobbitt, quien, armada de un afilado cuchillo de cocina, cercenó a su marido. O el de la secretaria Jean Harris, quien mató a su amante, el doctor Tarnower, autor de la dieta Scarsdale. Otros desengaños terminan a tiros, como fue el caso del jugador colombiano que metió el autogol en el Mundial de Fútbol y fue asesinado por fanáticos del equipo. Otros terminan a gritos. Muchos terminan con lágrimas. Los desengaños políticos, en la mayor parte del mundo, se subsanan en los procesos electorales. Aquí en Venezuela tenemos una vasta experiencia en ello. Y en las próximas dos semanas, atestiguaremos una nueva forma de acabar con el desengaño: porque los venezolanos acabaremos con nuestros desengaños a punta de firmas.

email:tunas@telcel.net.ve

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