Caracas, Jueves, 24 de abril de 2014

Sección: Política

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"Cómo se perdió Venezuela"

Robert Alonso

Martes, 17 de febrero de 2009

Siendo en Miami las 9:06 minutos de la noche, de hoy domingo 15 de febrero del año 2009, comencé a lanzar este libro, de manera gratuita y universal, a toda mi red. Estaba esperando, solamente, el cómputo del C.N.E., donde, era más que evidente, se anunciaría el "triunfo" de la opción del "SI". Quienes contemplaron otro escenario, no conocían al enemigo que enfrentamos.

Este libro, "Cómo se Perdió Venezuela", lo comencé a escribir hace mucho tiempo, porque era evidente que Venezuela se había perdido hacía rato, gracias – en gran parte – a la traición de la gran mayoría de nuestros dirigentes de la oposición, quienes JAMÁS Y NUNCA debieron haber aceptado la batalla por Venezuela en el campo "electoral", tomando en cuenta que en nuestro país jamás se llegaron a dar las condiciones necesarias para poder optar por esa vía, de cara a recuperar la libertad, que hace mucho, perdimos en Venezuela. Sobre todo, no debimos haber aceptado ir a este nuevo garabato comicial, porque, además de ser una consulta ilegal e inconstitucional, le daba la opción al régimen de rematarnos, como en efecto acaba de suceder.

Este libro será enviado a la red por capítulos. En él pretendo explicar cómo perdimos la patria, aunque todavía pudiera haber espacio para la única opción viable, válida, verdadera, efectiva e incruenta: la de la sublevación cívica, activa, generalizada y sostenida, por la cual no quisieron llevarnos nuestros líderes.

Culpa tuvimos todos y los factores fueron muchos. En este libro intento relacionar cada uno de ellos, porque todavía quedan demasiados países en la América Latina propensos a pasar por el mismo calvario que hizo que nuestra hermosa patria se perdiera… ¿para siempre?

Si usted no está de acuerdo con seguir recibiendo los capítulos restantes de este libro, por favor envíe un email en blanco a la siguiente dirección electrónica:

saquemedesubasededatos@gmail.com

Robert Alonso

Nota importante: Algunos nombres han sido cambiados para proteger la integridad e identidad de ciertos personajes aquí mencionados.

Capítulo 1 INTRODUCCIÓN

"Robert", me comentó John Watson, uno de los asesores más influyentes del Senador John MacCain en materia de asuntos latinoamericanos, "hasta tanto este país no vea una opción inmediata de poder, clara y realmente distinta a la de Hugo Chávez en Venezuela, Estados Unidos no tomaría parte del lado de la oposición venezolana, gane quien gane las elecciones presidenciales norteamericanas (de 2008)."

John Watson, además de ser un experto en la materia, había hecho carrera en la CIA y ahora venía de formar parte del Departamento de Estados de Estados Unidos de América. Era un furibundo republicano y un pertinaz detractor del entonces presidente, George W. Bush, a quien catalogaba de imbécil al servicio de su padre y del "Clan Bush". Fue Mr. Watson, durante las muchísimas horas de conversación que pasamos juntos a principios del año 2008, quien me habló por primera vez de los importantes negocios comerciales, en el campo energético, entre la Halliburton (multinacional controlada por el "Clan Bush") y Hugo Chávez. Comencé a corroborar que en eso que mientan comunidad internacional, se sabe – perfectamente y mejor que nosotros los venezolanos – cómo es que se bate el cobre dentro de Venezuela. Una vez más me conecté con aquel pensamiento de José Martí: "En política, lo real es lo que no se ve."

Claro está, no solamente tendríamos que demostrar una inmediata y verdadera opción de cambio en Venezuela. Si queríamos obtener algún apoyo de los norteamericanos, tendríamos que esperar a que el Presidente George W. Bush saliera del poder en Estados Unidos, porque los negocios con Chávez representaban muchísimos más beneficios para ese clan que el peligro real de una desestabilización, a paso de vencedores, a lo largo y ancho de todo el sub-continente americano, algo que – evidentemente – no era de la preocupación e interés del entonces presidente de la nación más poderosa del planeta Tierra.

Cuando en el recinto de las Naciones Unidas Hugo Chávez llamó "Satanás" a George W. Bush y dijo haber olido a azufre en el mismo pódium donde momentos antes había hablado su socio, estaba montando uno de sus más exitosos shows. El mundo entero se lo creyó al pie de la letra. ¡Todos caímos por inocentes… y por ignorantes!

Cuando el 31 de mayo de 2005, George W. Bush recibió en la Oficina Oval de la Casa Blanca a María Corina Machado, para darle – a través de ella – el apoyo a su ONG, "Súmate", nos estaban guaraleando, metiéndonos gato por liebre… o, en su defecto, el presidente de Estados Unidos le estaba dando un apoyo (político, moral y material) a un individuo a quién él sabía perfectamente bien que poco podría afectar la estabilidad de uno de los grandes socios con que contaba la empresa Halliburton: Hugo Rafael Chávez Frías.

Luego de darle muchas vueltas en mi cabeza sobre el dato que me había dado Mr. Watson con respecto a la sociedad comercial entre los Bush y Hugo Chávez a través de la Halliburton y de evaluar los pros y los contras, decidí jugármelas todas escribiendo y publicando el siguiente artículo en mi publicación, "La Revista Venezuela", en las páginas 14 y 15 del Tomo 4, que salió a la calle en marzo de 2008. A continuación el mencionado escrito que selló la suerte, para mal, de mi entonces exitoso medio de comunicación:

"CAPITANES Y REYES"

Aquella novela escrita por Taylor Caldwell, basada en la vida de los Kennedy, aunque ubicada una generación antes, pareciera cobrar vida hoy en día, sobre todo en Venezuela, donde una cosa es lo que piensa el borracho… y otra, muy distinta, lo que piensa el bodeguero.

EN DIOS CONFIAMOS

Nuestra historia, perfectamente, podría comenzar en la ciudad de Dallas, Texas… en el año de 1919, cuando Erle Pigmous Halliburton fundó la empresa de servicios que a partir de 1960 se comenzó a conocer, simplemente, como la "Halliburton": la Halliburton Energy Services, considerada hoy como la tercera multinacional más importante e influyente del globo terráqueo, con grandes operaciones en más de 120 países y headquarters en Houston y Dubai. Un conglomerado, que por su complejidad, jamás pudo haber sido imaginado por Taylor Caldwell, escritora de una novela que hizo historia en los años setenta, "Capitanes y Reyes", sobre la acumulación inagotable de poder político y económico.

Las familias reales nacen, los capitanes del poder, se hacen. Al final, las primeras se subordinan a los segundos y la tierra gira sin percatarse de su existencia, hasta que emerja el próximo escándalo, como ha sucedido por estos días en la Venezuela de Hugo Chávez, muy extremadamente ligada a todos los personajes que arriba hemos destacado con sus fotografías. (Fotografías, de izquierda a derecha: George Bush Sr., Dick Cheney, David J. O'Reilly, Condoleeza Rice, David J Lesar y George Bush Jr.)

En los frenéticos viajes de Alfredo García Deffendini y Cristal Montañez por el mundo, alertando a tirios y troyanos sobre la tiranía de Hugo Chávez, posiblemente llegaron a hablar con algunos de los personajes que llevaban ya tiempo disfrutando del contubernio mercantil con el dictador que ellos pretendían denunciar. Al final, uno nunca sabe para quién trabaja y, sobre todo, por quién vota.

En febrero de 2003, el Presidente Chávez, en cadena nacional, le dijo a Venezuela que existía una plataforma marina dueña del mayor yacimiento de gas natural del mundo: la Plataforma Deltana.

Eran pocos los venezolanos que conocían de tales riquezas. El 14 de febrero de 2003, el Presidente Chávez, también en cadena nacional de radio y televisión, les entregó a las empresas multinacionales los contratos para la explotación de esa plataforma, entre las que se encontraba la Chevron-Texaco.

Las irregularidades eran varias. Para comenzar, estas empresas no cumplieron con lo pautado por la Ley de Licitaciones. Fueron escogidas a dedo por el Presidente Chávez sin pasar por el Congreso de la República. Ya por ahí se violó la ley. Además, según los entendidos, entre los que se encuentra el experto petrolero Horacio Medina, Venezuela fue birlada de unos 100 o 150 millones de dólares que el Ejecutivo les perdonó a las empresas explotadoras, entre ellas: la Chevron-Texaco.

De todos es conocido que el capital, además de ser tremendamente cobarde, no tiene ideología. Es una norma aceptada universalmente por todos aquellos que apoyamos el capitalismo y la economía de mercado. No podemos, entonces, castigar a quienes manejan el capital que hace grandes negocios con las más infaustas e ignominiosas tiranías del planeta, como la de Castro en Cuba o la de Castro, en Venezuela. No hay… o no debería de haber, absolutamente algo reprochable. Claro, cuando nuestra patria tiene como enemigo al tirano socio de esas multinacionales, se crea una tendencia a condenar a los socios, lo que debería ser una práctica injusta.

Cuando Fidel Castro fue invitado por Carlos Andrés Pérez a su coronación en febrero de 1989, fueron muchos los venezolanos y venezolanas, de la alta sociedad civil y política, que disfrutaron con la visita de quien llevaba décadas masacrando seres humanos en Cuba, separando familias y acabando con su tierra. Pero como ese monstruo todavía no había tocado los recientes intereses venezolanos, nadie pensó que hubiera algo inadecuado en tratarlo como una prima donna. Ya nos habíamos olvidado de cómo Castro mató venezolanos en las décadas sesenta-setenta durante las guerrillas castro-estalinistas dirigidas y financiadas desde Cuba.

Hoy, los responsables del capital que hace negocio con la tiranía castro-estalinista de la Venezuela actual, pudieran ser acusados de mercaderes porque esa tiranía - que se beneficia de esos negocios - nos afecta directamente. Pero la salsa que es buena para el pavo, tiene que ser buena para la pava. Si hace 19 años estábamos felices y contentos con la visita de Castro a Venezuela y nadie veía en ella algo inadecuado, mal podríamos ahora castigar a aquellos que se nutren de la corrupción de quienes depredan nuestra patria, porque a ellos Chávez no les ha hecho daño alguno… y está el sagrado compromiso de velar por ese capital que ellos representan.

Ellos, sin embargo, son blancos y se entienden. Nosotros, los simples mortales, solamente podemos ver los toros desde la barrera y pensar de acuerdo a nuestras neuronas. Es por eso que no entendemos cómo pueda Chávez ser socio de empresas íntimamente ligadas a la familia Bush, para luego insultar a diestra y siniestra a aquellos que de alguna forma son íconos visibles (activos o en la reserva) de esas empresas. Veamos.

La firma que más apoyo le ha brindado al régimen de Chávez es la Chevron-Texaco, amparada por la Halliburton. Para entender a la Chevron, tenemos que comenzar por conocer a la Halliburton, empresa de la cual Dick Cheney fue presidente hasta que le pasó el cargo a David Lesar, cuando llegó como vice-presidente a la Casa Blanca, ya que ambas están íntimamente relacionadas.

A pesar de que Cheney jamás había sido un hombre de empresas, su paso por Halliburton le produjo varias decenas de millones de dólares declarados. Cheney es ampliamente conocido como un hombre de confianza de la familia Bush, tanto del padre, como del hijo.

Tal vez estemos siendo muy duros e inflexibles cuando pensamos que Cheney jamás se alejó mucho de la Halliburton. Tal vez no empleó a un testaferro para deshacerse de sus acciones en esa empresa, tal y como lo ordena la ley norteamericana si se quiere llegar a la vice-presidencia de este país.

La Halliburton asimiló a la Dresser Industries, empresa donde surgió Bush padre. No es un secreto, sin embargo, que la Halliburton ha tenido presencia importante cercana al gobierno de EEUU, en los años de ambos Bush. Por ejemplo, en la Guerra del Golfo, mientras Cheney era Secretario de Defensa, fue beneficiada con $8.5 millones para llevar a cabo un estudio militar. En 1991, obtuvo contratos para aplacar fuegos en más de 320 pozos petroleros en Kuwait.

En 1990, la Halliburton se declaró culpable de haberle vendido varios generadores de neutrón, nada menos que a Libia, por lo que tuvo que cancelar una multa de unos cuantos millones de dólares. En agosto de 2005 reventó un escándalo cuando la Halliburton fue acusada de venderle importantes componentes para un reactor nuclear a una empresa iraní.

En septiembre de 2006, salió la siguiente nota en uno de los portales más serios venezolanos, Venezuela Analítica. De ahí transcribimos: "Otro tópico es la materia petrolera y gasífera. Recientemente se supo de nuevos contratos para Halliburton mediante la mixta Petrozuata. Hay que decirle al venezolano que cree en el discurso antiimperialista de Chávez, que Halliburton es propiedad de los Bush en los EEUU, sus asesores son precisamente Dick Cheney y Condoleezza Rice. Chevron obtuvo el manejo de la Plataforma Deltana sin licitación y el 40% del petróleo venezolano ha sido puesto en propiedad de las transnacionales con la creación de las empresas mixtas. El gobierno venezolano mantiene aún deudas con distintos sectores de la sociedad venezolana, mientras en Wall Street, adoran a Chávez porque paga la deuda externa dólar a dólar y sin ningún tipo de atrasos."

Ellos son blancos y se entienden. No hace mucho, Chávez estaba tratando de sacarle cría a la Condoleezza con el negro Aristóbulo, mientras esta señora es una pieza clave de una de las empresas que más aplaude todo lo que dice Chávez en materia energética: la Chevron-Texaco, donde su presidente, David J. O'Really, siempre está al tanto de apoyar cualquier delirio que emane de la voluntad del tiranuelo tropical venezolano.

La conchupancia entre Chávez y las empresas que el mundo relaciona con la familia Bush es tal, que hasta algunos importantes chavistas se han dado a la tarea de criticarla. Ese fue el caso del Ing. Esmil Quijada, quien en una carta que le envió al Presidente de PDVSA (Rafael Ramírez), le preguntó si él creía que compartiendo la tienda con esas empresas íbamos rumbo al socialismo.

No hay nada de malo en que la Chevron-Texaco, la Halliburton o cualquier persona natural o jurídica deseen hacer unos pesos a costa de nuestro máximo líder, Hugo Chávez. Tal vez lo condenable y despreciable sea que nos traten de vender una enemistad inexistente y tanto del lado de allá como del de acá, nos pongan a creer lo que no es. No en balde Martí nos aseguraba que en política, lo real es lo que no se ve y Bolívar insistía que por el engaño nos habían dominado más que por la fuerza.

¡Seguiremos confiando en Dios!

robertalonso.vip13@gmail.com

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