Caracas, Viernes, 18 de abril de 2014

Sección: Política

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4 de Febrero: la fiesta de Chávez

Víctor Manuel Álvarez Riccio

Martes, 2 de febrero de 2010

Estudiante de Octavo Semestre de Comunicación Social,UCAB.

El domingo 1 de febrero del año 2009 la sociedad venezolana recibió el anuncio de que el día siguiente sería feriado: se conmemoraban diez años de Hugo Chávez en el poder. Según palabras del entonces viceministro del trabajo, Abraham Musa, el decreto de día no laborable debía ser acatado por todos los empresarios y trabajadores. También, Rafael Isea, Gobernador de Aragua, decretó en su Estado que el 4 de febrero de 2009 sería no laborable, pues se celebraban quince años del alzamiento militar de 1992.

Fechas significativas

Todo proceso político tiene hitos a lo largo de su recorrido. Sin embargo, muchas veces estos no corresponden con los momentos que la sociedad siente como memorables. María Soledad Hernández es profesora de Historia de Venezuela I y II en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), y opina que esa disonancia entre el sentir popular y la línea impositiva del Gobierno ocurre con las celebraciones de la revolución bolivariana.

Históricamente, ¿Qué celebra Venezuela en el mes de febrero?
—La Virgen de la Candelaria y El Carnaval. Son festividades que tienen arraigo en el venezolano. Nada más. Las fiestas del chavismo no generan una respuesta natural en la sociedad, lo cual es un requerimiento indispensable para que un evento deje de tener importancia transitoria para una parte del país y se convierta en algo inserto en la identidad nacional. El 4 de febrero de 1992 fue, sencillamente, un intento de golpe de Estado que no pudo culminar con el propósito de acabar con un régimen que era constitucional y legítimo. ¿Dónde estuvo la participación popular?, si de verdad el pueblo hubiera querido sacar al Presidente, ¿por qué no los apoyó?, ¿por qué no salió en el Zulia, donde el movimiento tuvo éxito?, ¿por qué no salieron el centro del país?, la gente no respaldó el movimiento. Y eso es algo a tomar en consideración para entender la distancia entre la espontaneidad de una celebración como el 23 de enero y las galas de Chávez en este mes.

¿Cuál la diferencia entre esas celebraciones a los ojos del venezolano?
—El 23 de enero, independientemente de que empezara a celebrarse por orden del Gobierno o fuese sugerida por la Junta Patriótica, es un evento que el pueblo siente propio, pues se refiere a un movimiento popular. En aquella oportunidad, todos los sectores de la sociedad tuvieron participación: los empresarios, la iglesia, los militares, los gremios, los estudiantes, los sindicatos, los partidos políticos: es decir, el país nacional alcanzó un objetivo y luego hizo alarde de él. Cuando hablas del 23 de enero de 1958 no piensas en Betancourt, piensas en la masa: Venezuela entra en la sociedad de masas ese día. Por eso mencioné la falta de participación popular del pueblo en fechas como el 4 de febrero, y es por eso que el sentimiento popular no congenia con la línea oficial. Hay mucho rechazo a la idea de celebrar el 4 de febrero, que no dejar de ser un golpe de Estado fallido, en el cual murieron muchos inocentes.

María Soledad considera que es difícil que estas fechas pasen a formar parte de la iconografía histórica venezolana, pues sólo serán aceptadas por los seguidores del Presidente, y ése es un grupo fluctuante. Por otro lado, asegura que las celebraciones populares y las efemérides patrias han tenido, históricamente, una carga importante de republicanismo, así como también inspiran una percepción auténtica de épica y epopeya: las fechas de 2 y 4 de febrero carecen, dice la profesora, de esas cualidades en la mente de la mayoría venezolana.

Peligro de manipulación histórica

Carlos Delgado Flores es escritor, periodista y profesor en la UCAB. Definió que existe una diferencia marcada en lo que es un proyecto político y un proyecto histórico. El primero, es a corto plazo y significa el cumplimiento de objetivos específicos sin alterar los rasgos estructurales de la sociedad. Un proyecto histórico, como el de Chávez, se entiende como un cambio social: la mutación de la identidad nacional. El profesor asegura que el Presidente pretende negar la identidad histórica del venezolano y crear una nueva.

¿Qué significa la imposición de celebraciones por parte del Gobierno?
—La ideología de Chávez es un fascismo de izquierda. El proyecto de ellos se nutre de muchas miopías, de la falta de óptica, que apuesta por soluciones y no resolución del problema. Y la conversión de estos eventos en efemérides, el despliegue mediático que enaltece el trayecto histórico de la revolución, todo eso es parte del proceso: es la intención expresa del Gobierno de adaptar la percepción histórica a su conveniencia. ¿Por qué?, porque si vas a crear un nuevo hombre, un nuevo ciudadano, acorde con los lineamientos del proyecto histórico, tienes que darle instrucciones, tienes que darle puntos de referencia para la identidad construida. La ciudadanía es una identidad construida, por lo tanto, es discursiva. Es una imposición para desplazar la orientación natural del venezolano hacia el liberalismo, confundiéndolo para que acepte un nuevo modelo.

¿Qué posibilidades hay de que tengan éxito?
—Siempre y cuando haya consenso alrededor de la nueva conmemoración, ella podrá calar. En este momento no lo hay, pero debemos considerar la educación, la cadencia generacional y el paso del tiempo. Además de eso, Chávez ha sabido anclar su proyecto histórico con el mito fundacional de Bolívar. Se ha homologado con El Libertador, por lo que envían el mensaje de estar en consonancia con el “deber ser” venezolano. Chávez, por medio de estos festejos, reivindica su condición de golpista y de anti-sistema. Con lo anterior, formula un discurso que altera las percepciones éticas de la sociedad, dando a entender que a través del Gobierno, de la revolución, se alcanza la buena vida que, por vocación, el venezolano siempre ha buscado. La voluntad histórica de Venezuela ha sido la modernidad y el crecimiento. Los historiadores tradicionales te podrán decir que el discurso de este Gobierno es una manipulación de esa voluntad, con la intención de orientarla al entendimiento de que el desarrollo deseado es el modelo soviético. Más allá de eso, exhortan al sacrificio personal en función de la reivindicación del país y de su destino manifiesto en el concierto de las naciones, y eso es peligroso. Es alienación.

¿Cómo se puede combatir?
—Te repito, la ciudadanía es una identidad discursiva, es una elaboración, y hay cierta perversión en eso, pero el secreto para que tengamos ciertas identidades políticas bien construidas es que participemos en su formación, que haya diálogo. Es la reivindicación de la identidad histórica, pero de forma consensuada.

v.alvarez760@gmail.com

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