Caracas, Miércoles, 16 de abril de 2014

Sección: Política

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Una lección de lucha por la democracia

23 de enero de 1958

Armando R. Avellaneda A.

Viernes, 23 de enero de 2004

El 23 de enero de 1958 es para los venezolanos sinónimo de democracia. Ese día el general Marcos Pérez Jiménez, ante un movimiento cívico-militar de gran magnitud y ante el hecho de tener que desmembrar las Fuerzas Armadas Nacionales (FFAA) para tratar de seguir en el poder, decidió huir del país y poner a fin a sus cinco años de gobierno militar y a casi 10 años de gobiernos de fuerza.

Los hechos ocurridos en esa fecha fueron el resultado de un proceso que tuvo como origen 1956. En los años precedentes, el gobierno perezjimenista gozaba del apoyo de ciertos sectores de la población -la naciente clase media, la clase alta y algunos extranjeros-. Sólo menos del 20% de la población con conciencia política, capitaneada por los perseguidos Acción Democrática (AD) y el Partido Comunista (PC), estaba inmerso en la lucha contra la dictadura.

En 1956 el pago de las deudas que el Ejecutivo Nacional había contraído con empresarios privados se retardó, porque el flujo de caja no era óptimo. Esto, unido a la negativa de permitir al capital privado nacional el desarrollo de la siderúrgica nacional, comenzó a restar el apoyo de la burguesía y de un grupo del sector empresarial -nacido al amparo de este gobierno-.

Paralelamente, diferencias con Estados Unidos por la creación de un Fondo Interamericano de ayuda a los países menos desposeídos del continente y por la reducción de las cuotas de petróleo venezolano exportado a esa nación por los elevados precios del crudo, se tradujeron en un enfriamiento de las relaciones entre ambos gobiernos, otrora aliados en la lucha anticomunista.

En 1957, Pérez Jiménez siguió perdiendo apoyo. Primero fue la Iglesia, cuando la carta pastoral del obispo de Caracas, monseñor Rafael Arias Blanco, que llamaba a la reflexión por la pobreza que se veía en el país y las pésimas condiciones de vida de la clase obrera a pesar de los ingresos que por concepto del petróleo había tenido la nación en años precedentes, desató la ira de la dictadura por considerarla conspirativa.

Seguidamente le tocó el turno a la sociedad civil y al estamento militar, quienes se alejaron de Pérez Jiménez por una misma causa: el plebiscito que decidió la continuidad de éste como presidente de la República. Ambos sectores interpretaron ese acto electoral como una violación de la Constitución -que obligaba a sostener elecciones libres- y como la pretensión de perpetuarse en el poder. Los militares, en especial las promociones jóvenes y medias, vieron en ello la prolongación de un gobierno corrupto, que se decía representar a las FFAA, y del mantenimiento de una paz producto de un aparato de control social férreo, que se extendía peligrosamente hacia ellos y hacia sus familiares.

Con parte de los poderes económico, eclesiástico, civil y militar en contra del Poder Ejecutivo, pero sin coordinación aparente entre ellos, los venezolanos recibieron el año 1958. Un golpe de Estado iniciado en la madrugada del primero de enero marcó el comienzo de un año complicado. Luego de diversas escaramuzas y, según entendidos en la materia, supuestos errores tácticos, tropas leales a Pérez controlaron la asomada.

No obstante haber fallado, el movimiento encabezado por el coronel Hugo Trejo fue un golpe difícil de asimilar por parte de la dictadura; fue la evidencia de que las FFAA no estaban unidas de forma monolítica en torno a la figura presidencial y, mucho menos, que el de Pérez Jiménez era el gobierno de las FFAA. Esa campanada, junto con la salida de Laureano Vallenilla Planchart del ministerio de Relaciones Interiores y de Pedro Estada de la dirección de la temida Seguridad Nacional, hizo huir el miedo, reavivó la disidencia, obligó a la unión y estimuló la conspiración.

Muchos investigadores y teóricos discuten sobre la relación de dependencia entre el primero de enero de 1958 y el 23 de enero del mismo año. Lo cierto es que, a la luz de lo que se conoce, uno de los factores clave para que el movimiento del 23 de enero se tradujera en éxito fue la unión de todos los sectores de la población en torno a un único objetivo: la llegada del sistema democrático.

Si los factores político -con la Junta Patriótica a la cabeza-, económico, militar y, por qué no, internacional no hubieran antepuesto sus intereses -así fuera por un momento- no se habría podido coordinar, financiar, ni ejecutar jornadas como movimientos de calle, el paro de la prensa, la huelga del 21 de enero y la movilización militar en los puntos estratégicos del país. La unidad de propósito y de acción, como estrategia y como táctica, fue el medio para conseguir un fin -la democracia- que, con sus aciertos y errores, hoy alcanza 46 años de vigencia, siendo una de las más viejas de Latinoamérica.

armando_avellaneda@cantv.net

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