Caracas, Lunes, 21 de abril de 2014

Sección: Política

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A 42 años del Pacto de Punto Fijo (31 de octubre de 1958)

El puntofijismo

Ysrrael Camero

Martes, 31 de octubre de 2000

El Pacto de Punto Fijo representó el paso de la política venezolana del canibalismo al consenso entre los partidos políticos. Desde ese momento mucha agua corrió por los ríos. Este 42º aniversario es el momento de una reflexión.

Hay años que son claves en la historia de Venezuela. El primero de los cuales podría ser 1810, cuando se inicia un proceso que se salió de las manos de sus primeros protagonistas y tuvo consecuencias insospechadas, y no buscadas, para las elites de poder en el país.

La segunda fecha puede ser 1830, cuando, tras una cantidad de encuentros y desencuentros se disuelve Colombia, aparece Venezuela y muere Bolívar. El año de 1858 es, igualmente, clave en nuestro desarrollo, se vuelve a encender la mecha social de nuestras guerras civiles luego del Monagato. Luego de un fraude electoral, 1898 representa el derrumbe definitivo del Gran Partido Liberal Amarillo y de toda la generación que creció bajo su sombra.

Cuatro décadas después la lucha urbana y popular definiría, en 1936 (otro de los años claves), la agenda popular, ideológica y partidista de la Venezuela Contemporánea. De idéntica manera el año de 1945 es definitivo en nuestro devenir, como ya hemos intentado presentar en un artículo anterior, una sucesión presidencial frustrada y un afán de reformas profundas sumado a una buena cucharada de ambiciones llevarán, por medio de un Golpe de Estado, a unos jóvenes "no invitados" a la mesa del poder.

Pero hay un año que es particularmente clave para entender la contemporaneidad criolla venezolana, 1958 se inicia con un intento de golpe de Estado contra el régimen de Marcos Pérez Jiménez y termina con la elección de Rómulo Betancourt como Presidente de la República. La complejidad y juego de poderes y tendencias que durante ese año se ponen en juego y su resolución determinará el destino de la democracia representativa durante los próximos cuarenta años.

Por un lado, el derrumbe de Marcos Pérez Jiménez, al contrario de lo que generalmente se piensa, no derivó inmediatamente en un régimen civil democrático y en un repliegue de las Fuerzas Armadas de la política. Por el otro, no todas las tendencias que derriban a Pérez Jiménez querían instaurar un régimen representativo democrático.

El conflicto esencial que determina las alianzas y las tensiones del año 1958 se generó entre los militares y los civiles. Aquellos que finalmente derriban a Pérez Jiménez son militares, algunos de los cuales seguían prefiriendo un gobierno de las Fuerzas Armadas al “desorden” democrático del trienio 1945-1948.

El regreso de los distintos líderes de los Partidos Políticos, Rafael Caldera (COPEI), Jóvito Villalba (URD), Rómulo Betancourt (AD), Gustavo Machado (PCV) los coloca en una situación distinta a la que se habían enfrentado la década anterior. De idéntica manera, los jóvenes que coordinaron la Resistencia contra la dictadura perezjimenista, pronto tendrían su conflicto con la Vieja Guardia. Pero los conflictos generacionales tendrían que esperar; la resolución de una tensión más peligrosa y más urgente tenía que ser certera y medida; el tránsito a la democracia no estaba asegurado.

El año de 1958 se caracterizó por diversos intentos de Golpes de Estado contra la Junta de Gobierno, una gran cantidad de tensiones llevaron a cambiar la primera Junta a pocas horas de su instalación. La incorporación de dos elementos demasiado cercanos a Pérez Jiménez, calificados de esbirros, fue rechazada por la Junta Patriótica y por aquellos que acompañaban a Hugo Trejo. Los dos personajes fueron excluidos de la Junta y se incorpora a Eugenio Mendoza, empresario, en la misma. El Ministro de la Defensa, Jesús María Castro León se alza en el Cuartel San Carlos, el pueblo en la calle, manifestaciones a favor de la democracia, evita que se consuma el retroceso. Diversos Golpes de Estado llevan a dudar de la estabilidad del Gobierno, los líderes políticos intentan moderar y calmar los ánimos de la población. Ciertos miembros de las elites militares pretenden pescar en río revuelto y alzarse con el poder. Hugo Trejo, prácticamente, es expulsado del país.

Los peligros concretos y permanentes de una regresión militar llevan a la formación de un Frente civil para encauzar el camino a la normalización democrática. Las elecciones son programadas para diciembre, pero no muchos apostaban por su realización en condiciones normales. Una nueva insurrección frustrada de Moncada Vidal enciende las alarmas de los dirigentes políticos civiles.

Es en este contexto que se firma el Pacto de Punto Fijo. El nombre de los firmantes es importante para entender el proceso que los transformó: por Acción Democrática firmaron Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Gonzalo Barrios. Por Unión Republicana Democrática: Jóvito Villalba, Ignacio Luis Arcaya, y Manuel López Rivas. Por el Partido Social Cristiano COPEI, Rafael Caldera, Pedro del Corral y Lorenzo Fernández.

Rómulo había cambiado mucho desde que, entre 1945 y 1948, había dirigido la Junta Revolucionaria de Gobierno, ya no era más ese joven político radical de izquierda que hizo temblar a las elites conservadoras del país. Betancourt vuelve moderado, sus palabras son reveladoras: "nunca más el canibalismo político en este país". El principal líder de Acción Democrática no quería cometer los errores que habían acabado con la Revolución de Octubre. Durante todo el año de 1958 Rómulo buscó limar asperezas con los dos grupos que más fuertemente lo adversaban: los empresarios y los militares. Se dedicó además a consolidar su poder dentro de un partido que se le había ido de las manos, los jóvenes de Acción Democrática, demasiado cercanos a los comunistas para el gusto de Betancourt, fueron aislados dentro de la organización. Rómulo era uno de los primeros interesados en estabilizar el régimen democrático. Betancourt dialogaba. Betancourt ya no era el mismo.

La oposición más reaccionaria que tuvieron los adecos durante el trienio octubrista estaba liderada por Rafael Caldera y por COPEI. Caldera mezclaba dentro de su organización los elementos más conservadores de la sociedad venezolana: lopecistas, antiguos seguidores de la Falange de Primo de Rivera, y lo más rancio del clero. COPEI durante el trienio era el partido conservador por excelencia. Llevaron a cabo una campaña implacable contra el régimen adeco colaborando sustancialmente con el clima de inestabilidad política que llevó al 24 de noviembre de 1948. Una década después Caldera había cambiado. La experiencia de la dictadura militar, de las elecciones de 1952, del Plebiscito de 1957, del exilio, eran demasiado fuertes. Caldera estaba moderado, dialogaba. Caldera ya no era el mismo.

Los medinistas encontraron en URD y en Jóvito Villalba el refugio para desarrollar su particular manera de entender la democracia. Villalba fue un enemigo acérrimo del régimen octubrista. Su posición colaboró igualmente al canibalismo político de la época. Jóvito era observado como uno de los más importantes políticos durante la década precedente: en 1952 el triunfo de URD le fue arrebatado por una dura maniobra del régimen. En 1958 Jóvito Villalba se sentó a hablar con Caldera y con Betancourt en Nueva York sobre los rumbos que debía seguir la política venezolana. Villalba ya no era el mismo.

Por medio del Pacto los líderes de los partidos políticos se comprometían a:

  • Defender la constitucionalidad y del derecho a gobernar conforme al resultado electoral.
  • Que el partido que triunfara en las elecciones de diciembre conformara un Gobierno de Unidad Nacional, con presencia de todos los partidos firmantes en el gabinete y un diálogo permanente con los dirigentes.
  • Un Programa Mínimo Común, que las tres organizaciones se comprometían a respetar en caso de alcanzar la presidencia.

Hubo un gran ausente dentro del Pacto de Punto Fijo. El Partido Comunista de Venezuela fue excluido del acuerdo por diversas razones: la dinámica de la Guerra Fría, el rechazo por parte de la Iglesia y de COPEI, y una especial animadversión de Betancourt contra el Partido Comunista de Venezuela.

El Pacto de Punto Fijo se rompió en abril 1960 cuando las distintas posiciones de los partidos frente al problema cubano llevaron a la salida de Ignacio Arcaya del gabinete y de URD de la coalición de Gobierno. Pero la cultura de diálogo político entre las elites de los partidos principales y de consenso se mantuvo hasta 1999.

En 1958 el pueblo estaba en la calle apoyando a sus líderes políticos. La democracia naciente daba sus primeros e inseguros pasos. En esa medida el Pacto de Punto Fijo fue positivo, necesario y hasta imprescindible para estabilizar un joven esquema democrático. La cultura del diálogo y del consenso que privó para la redacción y firma del tratado determinó un estilo particular que tendrían las relaciones en el seno de las elites políticas venezolanas. Salvo la exclusión de los comunistas y, posteriormente, de los distintos grupos guerrilleros (durante la primera década del régimen democrático), la cultura del diálogo y el consenso privó por encima del conflicto y de la intolerancia (que existieron) durante las cuatro décadas de régimen puntofijista.

ycamero@analitica.com
Y. Camero en La BitBlioteca

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