Caracas, Miércoles, 23 de abril de 2014

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Elecciones USA: Geografìa, demografía, economía

Marcos Villasmil

Domingo, 18 de noviembre de 2012

Es la primera vez desde 1816 que Estados Unidos tiene tres presidentes consecutivos que han gobernado dos periodos (Clinton, Bush hijo, y ahora Obama). Por primera vez, en uno de los dos caucus (fracciones) en la Cámara de Representantes (en el caucus demócrata), los parlamentarios varones y blancos son minoría. Mientras, en el lado republicano siguen siendo un 90 por ciento.







   Foto: EFE
Por segunda y última vez, Obama ha sido electo presidente en una decisión en la cual, a pesar de los maquillajes analíticos de los perdedores, una América más liberal en temas sociales amaneció el miércoles 7 de octubre. Dos estados incluso aprobaron el consumo de marihuana.

Es la primera vez desde 1816 que Estados Unidos tiene tres presidentes consecutivos que han gobernado dos periodos (Clinton, Bush hijo, y ahora Obama). Por primera vez, en uno de los dos caucus (fracciones) en la Cámara de Representantes (en el caucus demócrata), los parlamentarios varones y blancos son minoría. Mientras, en el lado republicano siguen siendo un 90 por ciento.

Además, un Kennedy regresa al congreso, y un estado decidió que todos sus cargos de elección popular más importantes (gobernación, senadores y representantes o diputados) sean mujeres (New Hampshire).

En la noche del martes 6, mientras que en Boston Romney pensaba celebrar con un grupo muy exclusivo –y mayoritariamente rico y blanco- de los mayores contribuyentes financieros a su campaña, una vez más en Chicago, los miles de demócratas que se reunieron a oír a Obama, representaban a la gran variedad étnica y social no sólo de la coalición victoriosa, sino del país.

LOS ERRORES DEL GOP

Un hecho a reconocer: desde la caída del Muro de Berlín el partido de Reagan y Lincoln ha perdido el voto popular en cinco de las seis elecciones celebradas. (La excepción no es muy popular en estos días: Bush en el 2004).

Para peor: en las últimas seis elecciones, incluyendo 2012, el candidato demócrata ha promediado 327 votos al colegio electoral, mientras que los candidatos republicanos apenas han promediado 210. El candidato republicano que más votos ha obtenido desde 1992 es también Bush hijo en 2004, con 286. En cambio, en cuatro ocasiones los candidatos demócratas han superado los 300 votos electorales.

Los republicanos, para ganar estas últimas elecciones, necesitaban ser pragmáticos. El problema es que para un fundamentalista no hay peor pecado que el pragmatismo. El GOP –especialmente su candidato- pagó caro una batalla campal durante las primarias en que todos luchaban por alabar las locuras ideológicas del Tea Party. Así, perdieron el voto de los jóvenes, las mujeres, los latinos, los asiáticos. Si algo se demostró este año es que lograr la mayoría del voto blanco no es suficiente, que ganar en el Sur no basta; y mientras los republicanos insisten en su viejo mundo, el de “Mad Men”, los demócratas están exitosamente instalados en “Modern Family”, como atinadamente señalara Maureen Dowd en el NYTimes. En un país tan dinámico y variable, la demografía se impuso sobre la geografía, dándole los votantes un nuevo voto de confianza a Obama en materias económicas. Los republicanos necesitan con urgencia construir una nueva coalición, como hiciera en su momento Reagan.

Perdidos en sus obsesiones que ellos llaman equivocadamente ideología, recién ahora, después de dos fuertes derrotas, es que se dan cuenta de que el país está cambiando. Ellos insisten en llamarse conservadores, pero muchos de sus compatriotas simplemente les recordaron que no, que de conservadores nada, que son reaccionarios. ¿Una prueba de ello? La mayoría de los votantes sigue considerando que el Estado está sobrepasando sus funciones, que debe reducirse el tamaño del gobierno federal. Lo anterior es un principio fundamental conservador, no sólo en los Estados Unidos. Sin embargo, los votantes decidieron reelegir a un presidente que en sus palabras y acciones representa la posición radicalmente contraria.

Quien plantea un divorcio tiene una gran facilidad para publicar sus agravios. Y hoy el partido Republicano está dividido, con un ala ultraderechista, el omnipresente y agresivo Tea Party, rico en recursos económicos pero muy pobre en ideas novedosas y sensatas, y un sector centrista, moderado, que está literalmente asfixiado por la presión de los reaccionarios.

Ideológicamente, una diferencia fundamental entre liberalismo y conservadurismo no es tanto una supuesta resistencia al cambio de este último, sino en el cómo y en qué áreas se puede promover, y cuáles tradiciones deben defenderse. Le convendría al liderazgo GOP prestarle más atención a Edmund Burke que a Fox News.

La campaña republicana fue un cúmulo de errores. En materia tecnológica, una vez más prevaleció una abrumadora superioridad demócrata. Romney, el líder Power Point, fue un mal candidato y Paul Ryan no lo hizo mejor; su nombramiento solo sirvió para ahuyentar votos independientes. De hecho, se dio el curioso y muy raro caso que ambos candidatos perdieron en sus estados natales (Michigan y Wisconsin, respectivamente.)

Otros perdedores: la prensa, radio y TV conservadoras, Wall Street, Benjamin Netanyahu, Donald Trump. Pero regresemos al Tea Party: entre 2010 y 2012 los republicanos han perdido al menos cinco elecciones senatoriales, todas perfectamente ganables, por su tozudez en proponer candidatos del Tea Party que eran sencillamente impresentables. Para colmo, en esta elección se ha producido, según Gallup, la mayor diferencia de la historia entre el voto masculino y femenino: Obama arrasó entre las solteras con una ventaja de 36%. Una paradoja fundamental: hoy, para ser un republicano candidateable a la presidencia, hay que asumir posturas que luego te hundirán en la elección general. Para estos reaccionarios pareciera que la principal vestimenta femenina debe ser un cinturón de castidad, y los latinos, asiáticos y negros solo existen como personal de servidumbre. Un resultado lapidario: todos los candidatos republicanos que criticaron de alguna forma a la actual condición femenina fueron derrotados.

Un asunto que aterroriza al GOP: por los próximos cuatro años los nombramientos judiciales serán propuestos por Obama. De extrema importancia la Corte Suprema, donde dos de sus miembros, Anthony Kennedy y Antonin Scalia, nominados a la corte por Ronald Reagan, son ya muy mayorcitos.

Otro error fundamental fue la estrategia: los republicanos apostaron por un referendo sobre el gobierno de Obama, mientras que Obama volvió al viejo y eterno modelo de estrategia política electoral: la confrontación directa y sin concesiones con su rival, al que atacó sin descanso. Las elecciones en un modelo presidencialista son casi siempre una decisión entre figuras y liderazgos contrastantes. El resultado, una vez más, ha sido obvio (una lección que ya es hora que aprenda la oposición política venezolana.)

Algunos comentaristas han afirmado que la solución para el partido está en cambiar su política inmigratoria. ¿Se habrán preguntado acaso cuál sería la reacción del Tea Party, o de su votación dura en los estados sureños, si el GOP se moviera hacia la izquierda en ese tema?

EL FUTURO Y LYNDON JOHNSON

Obama debe tomar en cuenta que una segunda presidencia, para ser exitosa, debe centrarse menos en disputas ideológicas y más en resultados. Para ello, hay un maestro en los anales de su propio partido: Lyndon Johnson.

En 1964, el texano Johnson fue electo –se había encargado de la presidencia a la muerte de John Kennedy- y, al reunir a sus asesores, atravesando una fuerte oposición en el congreso –como le pasa hoy a Obama- recibió muchos consejos de ser cauto. Su respuesta fue la contraria, y desarrolló toda una agenda que puso a los republicanos en el parlamento contra las cuerdas, anotándose todo tipo de éxitos.

La agenda que debe priorizar Obama es conocida por todos: un acuerdo presupuestario; la reforma del código tributario con un sistema de recaudación más justo y sencillo que no limite el crecimiento; los cambios que completen la renovación del sistema de seguridad social; la situación en Palestina, Irán, Siria, y Afganistán; el asunto inmigratorio. Todo ello amparado en su mensaje de unidad y diálogo nacional (otra demanda de la mayoría de los electores.)

Obama no debe olvidar que una de sus mayores debilidades durante su primer periodo fue el no poder traducir en hechos las promesas y sueños que gracias a su elevada retórica llevó a casi setenta millones de conciudadanos a votar por él en el 2008. Debe tener presente que las coaliciones populares –especialmente las étnicas- son muy inestables. El GOP no se quedará tranquilo, y su campo de posibles candidatos para el 2016 es amplio y mayoritariamente joven. Un dato central: Ningún partido tiene un mensaje económico que supere las actuales fronteras geográficas y demográficas. Quien lo haga, construirá una coalición probablemente duradera.

Es hora, en suma, de que el “yes, we can” (su lema en 2008), se materialice en su segundo lema, el del 2012, y que el país realmente pueda moverse “forward” (adelante). Para ello, Obama debe reinventarse, y tener siempre presente la respuesta que diera el audaz Johnson a sus cautos asesores: “well, what the hell´s the presidency for?” (¿entonces, para qué diablos es la presidencia?).

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