Caracas, Jueves, 17 de abril de 2014

Sección: Internacionales

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La OTI y el viraje de la política de EEUU hacia Venezuela

Antonio Guillermo García Danglades

Lunes, 5 de agosto de 2002

En la madrugada del pasado Lunes 3 de Junio en Barbados, quedó trazado el cambio de la política exterior norteamericana hacia Venezuela. El “pacto” Chaderton-Powell con el que Venezuela se compromete a “resolver la crisis política en el marco de la democracia”, aprobar la Convención contra el terrorismo y reafirmar su papel como fuente confiable de suministro de petróleo, puso un alto al descarado apoyo de Estados Unidos a los sectores golpistas de Venezuela, quienes de acuerdo a innumerables reportes del New York Times, Washington Post y The Guardian, habrían recibido aportes importantes de la National Endowment for Democracy, agencia que recibe fondos del congreso norteamericano.

De acuerdo a declaraciones ofrecidas por Wayne Madsen, ex-agente de la marina norteamericana al diario The Guardian de Londres el pasado 28 de Abril, “Estados Unidos había estado considerando un golpe para derrocar al presidente de Venezuela desde hace mas de un año.” (Reilly, 2002) Asimismo, el periodista norteamericano Greg Palast revela en un articulo publicado por el mismo The Guardian el pasado 1ro. de Mayo, que el secretario general de la OPEP, Ali Rodríguez, notificó a Hugo Chávez sobre la posibilidad de un golpe de Estado ante un eventual embargo petrolero contra Estados Unidos promovido por Libia e Irak. Según el analista Christopher Reilly (2002), la administración Bush estaba nerviosa por una posible crisis petrolera como resultado del supuesto embargo; y Chávez, conociendo de antemano la delicada situación, anuncia públicamente que Venezuela no se uniría a un nuevo embargo, con la esperanza de aplacar los ánimos adversos de la administración Bush y de esta manera convencerlos de cancelar el golpe.

Según The Guardian, para el momento del golpe, Estados Unidos ya había entregado cerca de un millón de dólares en ayuda a organizaciones norteamericanas y Venezolanas que se oponen a Chávez y entre las cuales se encuentra la CTV y el Instituto Internacional Republicano que recibió 340 mil dólares. (The New York Times, 25 de Abril de 2002) Estos fondos eran canalizados a través de la National Endowment for Democracy, la misma que en 1984 corrió con los gastos del candidato a la presidencia Panamá que respaldaba el narcotraficante Manuel Antonio Noriega. (Reilly, 2002)

El fracaso del golpe de Estado en Venezuela dejó en evidencia el mal manejo de la política exterior norteamericana que pretendía reeditar las perversas maniobras políticas de la Guerra Fría. En un contexto internacional donde la democracia occidental se impone como el paradigma político hegemónico, Estados Unidos necesitaba enmendar el “error” que ha sido objeto de duras criticas en todo el mundo para continuar manteniendo su presencia en la región.

En este contexto se produce la reunión entre los cancilleres Roy Chaderton y Collin Powell que establece los parámetros que guiaran el futuro de las relaciones bilaterales. La experiencia diplomática y profesionalismo de Chaderton, aunado a sus convicciones y principios democráticos fue un aval para Estados Unidos, quien retira su propuesta de intervenir a Venezuela a través de la “mediación internacional” que eventualmente exigiría la renuncia de Chávez y la realización de nuevas elecciones. Por su parte, el gobierno nacional se comprometió a lograr la estabilización política que garantizara el suministro de petróleo a Estados Unidos en un escenario internacional sumamente explosivo y en el que ya es inminente una intervención militar en Irak con el respaldo de Inglaterra, la indeferencia de las Naciones Unidas y el rechazo del mundo árabe.

Sin embargo, la oposición en Venezuela no termina de comprender la magnitud del acuerdo y del cambio en la política exterior norteamericana. La histeria antichavista se ha impuesto sobre cualquier posición moderada para condenar la resolución tomada por la OEA en la que se reconoce la “grave alteración del orden constitucional y ruptura de la democracia… y la iniciativa del Gobierno de Venezuela a convocar un diálogo nacional”; y rechazar el proceso de dialogo ofrecido de manera abierta y desinteresada por el ex presidente Carter. Por si fuera poco, la oposición golpista pretendió nuevamente tomar por asalto la democracia venezolana y la estabilidad política cuando el pasado 11 de Julio propuso desconocer el orden institucional, la desobediencia civil, el caos, la anarquía y la intolerancia.

Ante semejante desparpajo, el secretario adjunto de Estados Unidos para América Latina, Otto Reich, -el mismo cubano-americano de derecha que fue reseñado por sus relaciones con Oliver North en el caso Irán-contra y que inmediatamente después del reciente golpe sentencio que el derrocamiento de Chávez no era antidemocrático, que el presidente era "responsable por sus actos" y que apoyaría al gobierno golpista de Carmona- le dio un “jalón de orejas” a la oposición radical para “unirse al diálogo convocado por Chávez [a fin de] fortalecer las instituciones democráticas” y encontrar la necesaria estabilidad política.

Es entonces cuando el gobierno de Estados Unidos decide abrir en Venezuela una Oficina de Iniciativas de Transición (OTI por sus siglas en ingles), la cual fue creada en 1994 por la Agencia Internacional para el Desarrollo bajo la administración Clinton con la misión de avanzar en paz y democracia en países que presenten serios conflictos. La “asistencia humanitaria” que también ha sido implementada en Colombia, Guatemala, Haití, Honduras y Perú de manera unilateral y sin aplicar ningún mecanismo de consulta previa, pretende descifrar la raíz de las causas de conflicto, resolver problemas urgentes y promover el desarrollo sustentable a través de la asistencia a programas comunitarios que promuevan la participación política a nivel local. Asimismo, la OTI espera contribuir a la paz y la reconciliación, la lucha contra la corrupción, fortalecimiento de la sociedad civil, dialogo, y educación sobre derechos humanos, aun cuando no cuente con el respaldo interno y de las comunidades que garanticen el éxito de tan ambicioso proyecto.

Ante la inconsistencia y ambigüedad de su propósito, esta agencia gubernamental intenta explicar que la palabra “transición” debe ser interpretada en su acepción de post-Guerra Fría que la identifica mas con un viraje hacia la reconciliación y reconstrucción nacional que con un cambio de gobierno. Según la OTI, “transición” se refiere al “periodo después que termina la confrontación o donde se han realizado elecciones y los actores nacionales e internacionales trabajan juntos para reconstruir la sociedad, iniciar la vida económica, y el avance del desarrollo político... y en países donde la violencia no ha aparecido “pero existen altas posibilidades de prevenir el conflicto y expandir la participación política.” Sin embargo, tal y como lo manifiesta el canciller Venezolano, “transición” es la palabra código para quienes en Venezuela “aspiran a una solución no democrática”, por lo que el gobierno norteamericano “gentilmente” cedió a cambiarle el nombre, mas no la mision y objeto de la oficina.

El carácter “humanitario” y a la vez contradictorio de la OTI, o como ahora la quieran llamar, resulta revelador. Las intervenciones humanitarias de Estados Unidos han sido dirigidas en gran parte por administraciones del partido demócrata. En ellas, los “valores occidentales” como acción política prevalece por encima del pragmático “interés nacional” que siempre ha identificado a la gestión republicana. En este sentido, la decisión de instalar una OTI en Venezuela puede ser entendida como una respuesta al estrepitoso fracaso del golpe del 11-A, y que a su vez garantiza la presencia hegemónica de Estados Unidos en la región.

Este viraje de la política exterior norteamericana puede ser explicado a través del concepto de “hegemonía cultural” del brillante pensador y filosofo italiano Antonio Gramsci, que sostiene que los grupos dominantes de la sociedad mantienen su dominio al asegurar el “consentimiento espontáneo” de los grupos subordinados a través de la construcción negociada de consenso político e ideológico. Gramsci argumentaba que este “consenso” podría ser pacifico o violento, o bien una combinación de la fuerza física con la coerción inducida intelectual, moral y culturalmente. (Strinati, 1995 en Stillo, 1999)

En este sentido, podríamos afirmar que la implantación de una oficina gubernamental norteamericana no es mas que un instrumento político que promueve la concepción liberal de la política y la economía como un factor natural de la sociedad, facilitando así el proceso de homogenización de la cultura de acuerdo a los intereses norteamericanos. La “hegemonía cultural” será inducida en Venezuela para intentar desmantelar el proyecto bolivariano de desarrollo cuyo carácter solidario y humano, nacionalista y popular, amenaza con extenderse en la región suramericana desafiando el avance hegemónico de Estados Unidos.

Referencias:

“Barbados: Largo diálogo impidió una resolución condenatoria contra Chávez.” Últimas Noticias, 4 de Junio de 2002.

Palast, Greg (2002): “Warning to Venezuelan leader” BBC Newsnight, May 13, 2002

Reilly, Christopher (2002): “Atando Cabos se descubre a los terroristas del 12 de Abril.” YellowTimes.org, 2 de Junio de 2002

Strinati, D. (1995) “An Introduction to Theories of Popular Culture” in Stillo M. (1999) “Antonio Gramsci” in Theory, Gender and Indentity Resources.

USAID web site: http://www.usaid.gov/hum_response/oti

Internacionalista
agd67@hotmail.com
Ottawa, Canadá

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