Caracas, Viernes, 18 de abril de 2014

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La Geopolítica de la Unión Europea

Víctor M. Mijares

Jueves, 20 de mayo de 2004

Hace ya un siglo, ante la Royal Geographical Society de Londres, un profesor de Geografía de la Universidad de Londres, Sir Halford J. Mackinder, pronunció una conferencia que generaría una corriente de pensamiento geopolítico que durante los últimos cien años se ha mantenido, conscientemente, dentro de los cálculos políticos e intereses de distintas potencias.

En “El Pivote Geográfico de la Historia” Mackinder establece la superioridad del poder terrestre sobre el marítimo, por considerarlo más estable y natural a las posibilidades de control y habitabilidad del hombre como ser político. Además, dispone que, a partir de la observación geográfica y la investigación histórica, la región clave para el control mundial es Europa Central, en donde comienza el núcleo de la única zona que conforma una masa terrestre fértil, llana y despojada de cualquier curso de agua que desemboque en algún océano cálido por el cual pueda remontarse dicha región. Incluso hoy, cuando la tecnología aeroespacial ha roto con la mayoría de los principios geoestratégicos generalmente aceptados en la primera parte del siglo XX, la dificultades logísticas de acceder por vía aérea en términos ofensivos sobre esta región (dominada por Europa Oriental) son insuperables dentro de un plan de ocupación que debe incluir, indudablemente, fuerzas terrestres aerotransportadas. La plataforma natural para la conquista de este Heartland o corazón terrestre es Europa Central.

Una zona superior que rodea en todos sus flancos a esta zona pivote es lo que Mackinder llamó Isla Mundial, que comprende a Eurasia y África, dos grandes masas estrechamente vinculadas que poseen áreas marginales que sirven de disuasivo a la ofensiva. Las grandes distancias y compleja orografía desanima cualquier intento de conquista.

El principio geopolítico de Mackinder ha sido llevado a una formula silogística con tres premisas que condicionan los pasos axiomáticos de la construcción de un imperio mundial: i) quien gobierne Europa Central dominará el Heartland; ii) quien gobierne el Heartland dominará la Isla Mundial; iii) quien gobierne la Isla Mundial dominará el mundo.

Entre finales del siglo XIX y principios del XX estadistas de grandes potencias e intelectuales de distintas áreas hablaban comúnmente de los espacios vacíos, dispuestos por las condiciones históricas para la conquista y la ocupación. Debe quedar claro que estos espacios no estaban demográficamente vacíos sino políticamente yermos, en gran parte del planeta el nivel de organización política no alcanzaba los niveles de complejidad y racionalización propios de la cultura occidental, en consecuencia, los Estados más poderosos imponían su ocupación efectiva, muchas veces de forma física. Hoy, cuando la descolonización y la consolidación de Estados relativamente débiles son hechos consumados, y a pesar de que existen sociedades políticamente fallidas o socialmente inviables, no es posible hablar de la ocupación de espacios vacíos. Las políticas de conquista y presencia física formal son casos aislados, y una expansión con ánimo de dominio sobre Europa Oriental no es, en estos momentos, militarmente posible ni políticamente conveniente sin correr con un costo demasiado alto que perturbaría todo el orden mundial. Es así como los procesos de integración constituyen el instrumento por el cual se hace viable la expansión de una comunidad política hacia aquellos espacios que, por su localización y cualidades espaciales, tienen una gravitación histórica y geopolítica apreciable.

El pasado 1 de mayo el esquema de integración más exitoso desde la fundación de los Estados Unidos América, a partir de un grupo de colonias británicas emancipadas, la Unión Europea, incrementó su número sustancialmente, pasando de 15 a 25 miembros, su crecimiento más importante en términos absolutos. La nueva expansión crea una comunidad política y económica de más de 455 millones de habitantes con unos altos niveles en cuanto a poder adquisitivo, desarrollo social, tecnológico y riqueza cultural.

Pero lo que nos interesa destacar de esta renovada UE es su tendencia geopolítica. Una vez consolidada geográficamente en la Europa Occidental (en 1986 con el ingreso de España y Portugal), la UE a tendido a crecer hacia los bordes del Heartland de Mackinder. Esas zonas periféricas del corazón terrestre, que se hallan incluidas en los márgenes de seguridad del núcleo de la Isla Mundial, han venido siendo ocupadas por una creciente comunidad política y económica. Desde la península escandinava hasta el Mediterráneo oriental, UE ha seguido un paso progresivo hacia las estepas eurasiáticas, y hacia el año 2007 pretende tener playas en el Mar Negro (a través del ingreso de Bulgaria y Rumania), con lo cual se rodearía por todo el flanco occidental al resto de Europa Oriental.

El avance de la UE puede resultar consecuente con la teoría del poder superior que presume el control de Heartland, pero no es una acción que carezca de fallas. Para que los europeos puedan acceder a las ventajas estratégicas que supondría el dominio del eje continental (un mercado propio más amplio, un parque industrial continental, una población amplia y educada, estabilidad política expandida, acceso a zonas geopolíticas de gran importancia energética, alimentaría y de importantes rutas marítimas –quizá de las más trascendentales del mundo-) deben contar con el elemento disuasivo de la posesión de unas fuerzas armadas propias, tarea pendiente del tratado de Maastricht de 1992. La OTAN, la alianza militar más poderosa del mundo en toda la historia de la humanidad, es una cuña que impide la unificación de Europa como poder efectivo independiente con libertad de acción en asuntos estratégicos vitales para su necesidad de constituirse en potencia mundial en todos los sentidos que ello implica. El poder militar y la influencia económica y diplomática de los EE.UU., la gran superpotencia “insular” no-eurasiática, impide la constitución de una UE que pueda configurarse en una pieza de equilibrio mundial.

El crecimiento de la OTAN tampoco es casual, su expansión siempre lleva uno o más pasos delante de la expansión europea, y siempre apuntando al Heartland, hoy desocupado de la dominación soviética, pero en la lista de intereses fundamentales rusos, al considerarlo, al igual que al Asia Central, su espacio vital en tanto zona de seguridad ante la cristiandad occidental y el Asia mahometana.

La tarea que le queda a la UE para constituirse como potencia es darle cumplimiento a sus propias cláusulas militares y constituirse en la potencia influyente en la Isla Mundial. Está claro que los EE.UU. no deberá permitir que ello ocurra, y por eso debe incidir en el diferimiento indefinido de la Constitución europea a través de sus piezas más seguras dentro de la UE: Gran Bretaña, Italia y Portugal (si bien Polonia ha demostrado ser un aliado confiable, su reciente incorporación le limita participar de manera completa en la discusiones próximas). De concretarse una verdadera Unión Europea independiente y militarmente autónoma, es posible que se estrechen las relaciones entre los EE.UU. y la Federación Rusa para contrarrestar los efectos de una Eurasia bordeada por Europa de un lado y China del otro, con una zona central islámica e inestable. La geopolítica de la UE se combina, circunstancialmente, con los intereses chinos, coincidiendo en la necesidad de controlar la Isla Mundial, minimizando la libertad de acción rusa y tratando de expulsar, o al menos disminuir, al poder militar y a la influencia económica estadounidense de Eurasia.

victormijares@hotmail.com

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