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Los Kirchner y Chávez, los trazos de una estrecha amistad

Joaquín Morales Solá

Lunes, 11 de marzo de 2013

Desde los tiempos de Néstor Kirchner, aunque con más énfasis bajo la presidencia de Cristina, Chávez se convirtió en una figura clave en la organización de la estructura kirchnerista. Luis D’Elía recibió ayuda para levantar sus organizaciones sociales que luego colocó al servicio del kirchnerismo. También Madres de Plaza de Mayo que conduce Hebe de Bonafini fue subsidiada por Chávez, sobre todo para la creación de la Universidad de las Madres







   Foto: Google

Néstor Kirchner descubrió en Hugo Chávez a un presidente con la billetera bien cargada.

Su esposa mezcló ese mismo deslumbramiento con las coincidencias ideológicas y el afecto personal. La relación de los dos con el mandatario venezolano fue estrecha, pero no fue igual. Los dos llevaron ese vínculo por canales propios y personales, al margen de la burocracia. Ambos aceptaron que Chávez se convirtiera en un protagonista importante en la construcción de la estructura kirchnerista.

Le gustara o no, Néstor Kirchner era un hombre de la corporación política que venía de la fría Patagonia. Chávez era un militar, por formación y por vocación, que cultivaba el pintoresquismo del Caribe. Kirchner solía marcar las diferencias con su colega venezolano. Una vez que estuvo Chávez en Buenos Aires, Kirchner me dijo: "¿Vio la televisión? Yo parecía Jacques Chirac al lado de Chávez". Enemigo del protocolo y de la corrección política, ese día, sin embargo, el entonces presidente argentino había sobreactuado la compostura en los actos públicos que compartió con el venezolano.

Cuando el país estaba fuera de los mercados financieros del mundo, Kirchner encontró en Chávez a un líder dispuesto a hacer negocios con Argentina. Nada podía seducir más a Kirchner que esa propuesta, porque él resumía la construcción política en el discurso y el dinero. Chávez se convirtió, así, en un prestamista de última instancia del país.

En 2006, Kirchner empezó a tener serios problemas con el abastecimiento de energía.

Chávez se ofreció a venderle combustibles en el acto, aunque nunca le dio un precio de amigo. Le ofreció, sí, plazos y condiciones de amigo.

Kirchner le ordenó a Julio De Vido que montara un acto en el puerto, con palco y todo, para celebrar el arribo del primer barco venezolano. Celebraban una derrota: Argentina había perdido el autoabastecimiento energético. Pero Kirchner envolvió el acontecimiento en la eficiente y vana retórica de la hermandad latinoamericana. Esa decisión de Chávez es la que sigue provocando los agradecimientos de Cristina.

Néstor Kirchner se revolvió un poco en el asiento cuando Chávez le contó que su revolución se llamaría "socialismo del siglo XXI". "¿Socialismo en estos tiempos? ¿Qué significa eso ahora?", contó luego Kirchner que le preguntó al venezolano. Cierto o no, la palabra socialismo había conmovido su vieja condición de conservador. También percibió que no podía seguir siendo amigo de un líder sospechado ya de antisemitismo o, por lo menos, de persecución a la comunidad judía venezolana.

Muchos integrantes de esa comunidad habían elegido el camino del exilio y Chávez había allanado violentamente una sinagoga de Caracas. Kirchner puso la residencia de Olivos como escenario de un encuentro entre el presidente venezolano y dirigentes del Comité Judío Mundial. La reunión no sirvió para nada, pero Kirchner quedó como un mediador preocupado ante la comunidad judía. La amistad con Chávez podía seguir.

A pesar de todo, Kirchner hizo con Chávez cosas de política exterior de una gravedad que su esposa no repitió. La Cumbre de las Américas de Mar del Plata en 2005. Uno hizo la cumbre y el otro, la contracumbre.

Poco después, Chávez vociferó desde Argentina contra Bush, que estaba de visita en Uruguay. Kirchner ponía el lugar donde Chávez ubicaba su verbo encendido. Eran dos compinches haciendo travesuras. Pero Kirchner tiraba la piedra y escondía la mano.

Cristina Kirchner, en cambio, ponía la cara y las manos por su amigo muerto. Nunca le importó que fuera un militar hecho y derecho. YEn la campaña electoral de 2007, durante un almuerzo en un viaje a Alemania, algunos empresarios de ese país empezaron a deslizar críticas a Chávez. La Presidente no permitió que avanzaran: "Chávez es mi amigo", los cortó. Hubo hasta una desavenencia matrimonial cuando estalló en Estados Unidos el escándalo de la valija de Antonini Wilson cargada de dólares, que aterrizó en el aeroparque de la capital argentina.

Néstor Kirchner trataba de desviar la atención asegurando que se trataba de dinero que la corrupción venezolana enviaba a depositar en bancos de Uruguay. Cristina, ya presidenta, lo enfrentó con su hipótesis, después hecha pública, de que había sido una maniobra de los servicios de inteligencia norteamericanos. Aunque la conspiración era inverosímil, Cristina terminó por imponer su tesis sobre la de su marido.

De la mano de Chávez, Cristina se enamoró de Unasur, la organización en la que su esposo no creía. "Es un invento de Duhalde y los brasileños", solía repetir Néstor Kirchner al principio de todo. Fue él quien frenó la venta de bonos a Venezuela cuando Chávez le cobró en 2008 una tasa usuraria. El enojo quedó en Buenos Aires.

Nadie le dijo nada a Chávez.

No había nadie para hacerlo.

Los cancilleres argentinos con Venezuela fueron Néstor o Cristina Kirchner. De Vido hacía las veces de fiel ejecutor de las decisiones que se tomaban en esas alturas, siempre cubiertas por un manto espeso de secreto y de oscuridad.

Desde los tiempos de Néstor Kirchner, aunque con más énfasis bajo la presidencia de Cristina, Chávez se convirtió en una figura clave en la organización de la estructura kirchnerista. Luis D’Elía recibió ayuda para levantar sus organizaciones sociales que luego colocó al servicio del kirchnerismo. También Madres de Plaza de Mayo que conduce Hebe de Bonafini fue subsidiada por Chávez, sobre todo para la creación de la Universidad de las Madres.

Varias organizaciones de piqueteros amigos de la pareja también fueron ayudadas por el chavismo venezolano.

Chávez contribuyó al mismo tiempo al adoctrinamiento de los jóvenes cristinistas.

Les mostró cómo debían penetrar en los sectores sociales más pobres y con qué discurso debían hacerlo.

Muchos jóvenes camporistas han viajado a Venezuela y han vivido allá durante un tiempo.

"Sicarios del imperio", dicen jóvenes de La Cámpora cuando tratan de ofender a un adversario. Esa no es una expresión de la política argentina y ni siquiera del gobierno argentino.

Es una expresión del chavismo venezolano.

Quizá Chávez le enseñó al kirchnerismo cómo fracturar la sociedad, echar jueces y perseguir el periodismo. También es cierto que ésas son recetas irremediables de cualquier populismo.

Néstor Kirchner disimulaba su amistad con Chávez. Cristina era una amiga frontal. Esa es la diferencia. El pragmatismo del ex presidente argentino lo llevó a presentir que podía contagiarse del aislamiento de Chávez.

Al revés de su historia, a Cristina no le importan ahora esas cosas. Ella se dejaba aconsejar por Chávez. ¿El acuerdo con Irán, por ejemplo? Es probable. Cristina cree, como creía Chávez, que el mundo no quiere a su país. En esos trazos íntimos de las personas está seguramente la razón de una amistad inexplicable.

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