Caracas, Jueves, 24 de abril de 2014

Sección: Internacionales

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Causas de la Guerra en Chechenia

Fernando Estrada Gallego*

Viernes, 10 de septiembre de 2004

Una inclinación frecuente e inercial ante las violencias después del 11 de Septiembre, consiste en juzgarlas dentro de un mismo marco de referencia. Con unos mismos términos. Se califica a los autores de las mismas con idéntico rótulo. Después del 11S parecen iguales las Farc, Eta, al Qaeda y los Shiitas. Pertenecen a la misma familia personajes tan singulares como Ben Laden, Manuel Marulanda, Shamil Basayev. Se podría decir que hemos ingresado a una enciclopedia caricaturesca. Y empleamos un lenguaje monocorde.

Uno de los impactos globales de este fenómeno es que ha conseguido borrar diferencias. “Terrorismo” es sinónimo de lucha, guerrilla, delincuencia común, pandillerismo, cultura mafiosa, sicariato, etcétera. Y forzando un poco, si la ocasión lo amerita, “terrorismo” y “oposición” (aunque no sean palabras homónimas) podrían significar lo mismo. Esta doctrina hermenéutica tiene la virtud de interpretar aquélla dispersión de significados en una única línea taxonómica. Con las consecuencias más inverosímiles: se confunden las causas con los efectos y los efectos con las causas. A lo “blanco” se le llama negro, y a lo “negro” se le llama blanco.

Vladimir Putin, presidente de Rusia, después de los dolorosos hechos que enlutan a cientos de familias en Beslán, dijo que los ataques son clara muestra de “la intervención del terrorismo internacional en Rusia”. Acto seguido, señaló la directa participación de al Qaeda en razón a la participación de algunos terroristas de acento árabes. Pero, ¿Pertenece la acción terrorista en Beslán a la causa del terrorismo internacional? ¿Tuvo al Qaeda una participación en el manejo estratégico del asalto? ¿En qué sentido son terroristas los insurgentes chechenos que luchan desde el siglo anterior contra el ejército ruso? ¿Son idénticas las causas o motivos de los terroristas del 11S y los chechenos? Son preguntas que pueden aclarar el panorama.

Todo parece indicar que habrían serias dificultades para aceptar que “el terrorismo” es una práctica universal, homologable para todo tiempo y lugar. Y menos que podamos atribuirlo indiscriminadamente a todas las expresiones de conflictos violentos. Para el caso de Chechenia, evidentemente no se trata (sin más) de borrar los rigores de una lucha en la que han caído miles de víctimas. Los testimonios reunidos por escritores destacados de Europa como André Gluksmann, dan cuenta de las cruentas masacres en Grozny.

Desde la Segunda Guerra Mundial cuando fueron desterrados a Kazajstán por una supuesta colaboración con los Nazis. La terrible lucha chechena tuvo un fondo de reivindicaciones políticas y culturales. Recordemos que, a diferencia de Ucrania o Georgia, países a los que la Federación rusa dio la potestad de separarse tras la caída del Bloque Soviético , Chechenia no recibió tal beneficio. Según los expertos, primero, porque Rusia no ha querido desmantelar completamente lo que queda de su Federación. Segundo, porque teme que desde Chechenia se incendien en seguidilla conflictos locales.

Vladimir Putin coloca en un mismo costal a los terroristas chechenos y al Qaeda. Y como deferencia con el presidente Bush, a los acontecimientos de Beslán los pone en línea con el 11 de Septiembre. Pero los ataques a Nueva York y al Pentágono, sabemos, no tenían un objetivo específico. Hicieron parte de una guerra universal de extremistas islámicos en contra de los valores y la cultura no islámicas. Una motivación tan radicalmente fanática no encuentra espacio ni lugar para una negociación. Pero, como bien lo subraya Richard Pipes, los chechenos no buscan destruir a Rusia.

Si los marcos de referencia previstos por el Kremlin, tienen un formato igual a la guerra contra el terrorismo de Bush, debemos prepararnos para una explosión diseminada por Euro Asia y toda Europa, de comandos integrados de asaltos suicidas como en la escuela de Beslán. Porque así como la guerra contra el terrorismo ha tenido que resignarse a confrontar una especie de fantasma, la guerra declarada por Putin contra los chechenos, atraerá más miembros radicales a la causa. Al hacerlo se equivoca.

Se equivoca gravemente. Porque la salida contraria le puede traer mejores beneficios políticos de mediano y largo plazo. Devolverle a los chechenos la oportunidad de reorganizar su país, como ya lo hiciera Khrushchev, sería un esfuerzo incomparable. Si se miden los daños irreparables para toda Rusia con una agudización de ataques. Lo que está en juego es propiamente el fin de un estilo que los rusos no comparten. Una vida en permanente temor. Es trasladar la Zona Cero a Moscú. En tal caso, Putin semejaría no sólo a Bush en su obstinado autoengaño, sino a Stalin, en su férrea determinación de imponer su voluntad.

-------------------------------------------------------------------------------- * Analista Político. Su último libro: Metáforas de una Guerra Perpetua, ha sido publicado por el Fondo Universitario de la Editorial Eafit de Medellín, Marzo de 2004.

fernandoestradagallego@yahoo.es

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