Caracas, Miércoles, 16 de abril de 2014

Sección: Entretenimiento

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Actores de raza negra logran finalmente fama y dinero

Roberto Palmitesta D.

Domingo, 5 de diciembre de 2004

Al observar la cartelera cinematográfica en años recientes, es fácil notar que los actores de color están obteniendo finalmente roles protagónicos en las grandes producciones de Hollywood, contrariamente a los que sucedía hace apenas tres o cuatro décadas, cuando todavía se les subestimaba o discriminaba. Por ejemplo, tres de los estrenos más vistos recientemente son Yo robot , una película de ciencia ficción basada en la novela de Isaac Asimov, Hombre en llamas, una cinta de acción sobre los secuestros en México, y Gatúbela, un personaje de historietas que saltó a la pantalla grande. El éxito de taquilla de la tres producciones se explica por la presencia (resp.) de actores de la talla de Will Smith, Denzel Washington y Halle Berry, seguramente los actores de raza negra más solicitados del momento, y cuyas películas han producido hasta la fecha recaudaciones totales por más de 5 millardos de dólares, globalmente.

No es de extrañar, entonces, que dichos actores exijan honorarios del orden de los $ 20 millones por película, a la par que otras luminarias de raza blanca como Tom Cruise, Julia Roberts o Michael Douglas. En el campo de la comedia, destacan con los mayores salarios actores como Eddie Murphy, Martin Lawrence y Whoopi Goldberg (ésta con un Oscar en 1990 por Ghost), y en papeles de héroes forzudos sobresalen actores como Wesley Snipes, Laurence Fishburne, Danny Glover y Samuel L. Jackson. En el área musical, han brillado brevemente cantantes como Whitney Houston y Diana Ross, siguiendo los pasos de la inolvidable Dorothy Dandridge, la de Carmen Jones y Porgy and Bess, en una época en que ella y Harry Belafonte eran las mayores luminarias de color. Nótese que ambas cintas mencionadas tienen reparto totalmente de artistas negros, ya que todavía eran mal vistas las obras musicales donde alternaban con blancos. (Show boat , de Irving Berlin, fue una honrosa excepción que confirmó la regla en los años 40.) Aunque ahora disfrutan de un verdadero boom, no siempre los actores de raza negra han tenido el favoritismo de los productores de Hollywood, que los habían tenido en papeles secundarios hasta hace unas décadas, caracterizando generalmente a villanos o personajes serviles. Por ejemplo, Hattie MacDaniel personificó a la niñera de Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó, papel por el cual se le otorgó el Oscar de 1939 a la mejor actriz de reparto, en una especie de concesión obligada -y entonces “políticamente correcta”- a la comunidad negra en una cinta sobre la guerra civil, conflicto relacionado con la esclavitud. Mucho después, en 1963, se premió como mejor actor principal a Sidney Poitier, pero en el rol de un práctico “todero” en Los lirios del valle. Sólo al final de esa década, caracterizada por la lucha contra la discriminación racial, el mismo Poitier actuaría como un astuto detective que resuelve el caso de un asesinato, en Al calor de la noche, abriendo nuevas posibilidades estelares para los actores de color, pues su nombre apareció por encima del de Rod Steiger.

Después de ese filme, ya los negros podían ser también “el muchacho de la película”, al igual que sus contrapartes rubios y de ojos azules. Actualmente, además de los nombrados, en muchas películas importantes aparecen actores de color en roles protagónicos, tales como Morgan Freeman, James Earl Jones, Louis Gosset y Cuba Gooding, estos dos últimos con sendos premios Oscar secundarios, llevando el total de actores agraciados por ese premio a siete. Cifra muy escuálida todavía, en vista de que se han concedido 300 premios actorales en total, sin contar los Oscares honoríficos. En otras profesiones del medio cinematográfico, todavía los negros están en franca minoría (excepto en el área musical), con porcentajes muy inferiores a su proporcionalidad en la población, aunque esto está cambiando rápidamente, gracias a las oportunidades educativas que han disfrutado en décadas recientes. Al final, todo se reduce a clase social, áreas en que la raza negra ha tardado más que la blanca (o caucásica como se la llama ahora allá) en evidenciar algún progreso real, por la implacable discriminación sufrida durante dos centurias en todos los ámbitos y profesiones.

Incluso, en algo que hubiera sido impensable por el revuelo que provocaría, actores negros se desempeñan en películas o series televisivas nada menos que como presidentes de EE.UU., como ha sucedido con la cinta El hombre (basada en la novela de Irving Wallace), y en la serie de acción de Fox con el curioso título de “24” . Obviamente, son relatos de ficción, ya que falta mucho para que un político de esta raza llegue a la primera magistratura, pero ya vemos como Colin Powell y Condoleezza Rice están en papeles clave en Washington, y hay negros en varios ministerios, gobernaciones y alcaldías. En consecuencia, ya se han visto asesores negros muy cerca del presidente en cintas norteamericanas, un hecho que hubiera sido inaceptable hace apenas un par de décadas. En cambio, tanto en Límite de Seguridad como Dr. Strangelove, de mediados los años 60, no aparece ningún negro en el entorno presidencial.

Otro ejemplo: en el jurado de la versión original de Doce hombres en pugna (de Sydney Lumet ,1955) no aparece ningún miembro de raza negra, pero en la versión actual (1997) con Jack Lemmon y George C.Scott aparecen un negro, además de un latino y un chino en el jurado, y el mismo juez de la causa es una magistrada negra, acorde con la tendencia de incorporarlas en las obras escénicas para no sufrir el desaire y crítica de esta minoría, que integra cerca del 12% de la población total.

Pero no es sólo para atraer a los públicos de raza negra o hispana que se prefiere a los actores de color en papeles importantes, pues éstos se están ganando su justo lugar en el Hollywood a fuerza de talento, popularidad y reconocimiento crítico. El Oscar ganado por Sidney Poitier hizo historia y sentó un precedente, pero hubo que esperar hasta el 2002 para que otro actor de color, Denzel Washington, ganara otro Oscar principal por su trabajo en Día de entrenamiento, encarnando a un policía corrupto. Ese año fue realmente memorable para los actores negros, pues el premio para la mejor actriz principal fue concedido a Halle Berry, por El baile del monstruo, mientras que Poitier recibía de manos del mismo Denzel Washington un Oscar honorario por el trabajo de toda su carrera. La foto del orgulloso trío llenó las portadas de diarios y revistas, mientras los titulares de los medios enfatizaron así el trascendente evento: “Los negros acaparan la Academia”.

El apuesto Washington se convirtió en una especie de héroe para su raza desde que personificó al activista sudafricano Steve Biko en Grito de Libertad (1987). Poco después, en Días de Gloria ganaría un Oscar de reparto, como un soldado negro en un batallón del ejército norteño, y luego hizo un impactante papel como el luchador por la supremacía negra en Malcolm X, pero no llamaría la atención de los grandes estudios hasta que, en la galardonada cinta Filadelfia, personificó a un abogado que defiende a un homosexual enfermo de sida e injustamente despedido, una cinta muy valiente en 1993 que promocionó los derechos de gente discriminada como los gays y sidosos.

Su colega Will Smith tardó menos tiempo para llegar a la cima, pues su primer papel de importancia fue ese mismo año, en Seis grados de separación (donde irónicamente, su personaje se hacía pasar por un hijo de Sidney Poitier), para luego tener un rol protagónico en la superproducción Día de independencia. El éxito de esta última motivó su selección para tres producciones mayores como Wild, Wild West, en el rol central –actuado por un actor blanco en la serie televisiva en que se basó- figurando su nombre por encima del astro Kevin Kline. Repetiría su éxito en Ali , una nueva biografía del legendario boxeador Muhammad Ali-Cassius Clay, quien se había interpretado a sí mismo en 1977 en El más grande. Y finalmente, vino otro exitazo de acción, Hombres de negro, cuyo éxito de público es evidente al motivar una secuela cuatro años después, recaudando entre ambas más de $800 millardos.

Por su parte Halle Berry tuvo una carrera comparable a la de Smith, pues en menos de una década llegó al estrellato, al actuar primero como la mutante Storm en la serie X-Men, y luego como la espía sensual Jinx, que deslumbra a James Bond en Otro día para morir, sólo para hacer un papel poco llamativo en una mediocre cinta de terror, Gothika. Pero pronto capitalizaría su bien formada silueta (ya había figurado como la actriz más sexy del cine en la revista People) al personificar a una heroína nacida de las historietas de Batman y que antes había sido interpretada por Michelle Pfeiffer. Se trata de Gatúbela, y los productores se arriesgaron al cambiarle el color de la piel a la heroína, pero su popularidad revela que ya los públicos aceptan tranquilamente a los actores de color en papeles principales, tras una lucha de décadas, con logros sustanciales obtenidos mayormente después de la legislación contra la discriminación racial en los años 60 y décadas posteriores en ese país, que ahora se declara muy orgulloso de ser un verdadero “crisol de razas”. No hay duda que los negros demostraron con creces su talento y valor en taquilla, ante todo tipo de público y no solamente entre públicos de esa etnia, algo que es muy visible también en la televisión, donde abundan los actores negros en las series y unitarios. De hecho, durante la década de los 90, las personalidades televisivas mejor pagadas del medio fueron Bill Cosby y Oprah Winfrey, por los shows con sus respectivos nombres. Evidentemente, las actitudes raciales han cambiado bastante desde los tiempos en que se subestimaba grandemente a los artistas negros en las artes escénicas.

rpalmi@yahoo.com


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