Caracas, Jueves, 17 de abril de 2014

Sección: Editorial

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Personalismo y Militarismo, las taras de Venezuela

Lunes, 3 de junio de 2013

Estamos por entrar en un nuevo ciclo de nuestra historia en el que se reconstruirá la institucionalidad necesaria para volver a ser una democracia orientada ahora hacia el progreso y la justicia social. Tengamos fe el camino está abierto y solo nos queda recorrerlo en paz y armonía

Ninguna democracia digna de tal nombre puede funcionar sin instituciones sólidas e independientes. En la medida en que los poderes del Estado son instrumentos de una persona , de una casta militar o de un solo partido político, ese régimen es la expresión de un autoritarismo antidemocrático.

En Venezuela, salvo en los años de la era democrática que se inicia en 1945 con la interrupción militarista de los años cincuenta, se establecieron las bases de una democracia representativa y plural con la necesaria independencia de los poderes del estado. Más allá de sus deficiencias el sistema caló en el alma del venezolano que encontró en la diversidad de las formas de expresión política una manera de construir un país que superara las taras del militarismo y del personalismo que tanto daño le causaron a nuestro país desde 1830.

A finales del siglo pasado el militarismo resurge como el Ave Fénix y se presenta de nuevo como la alternativa para crear una patria fuerte, poderosa, arraigada en las presuntas virtudes de nuestro pasado histórico, es decir en el personalismo de Bolívar. Como bien se sabe estos últimos 14 años fueron el retorno del más acendrado personalismo basado en la relación del caudillo con el pueblo pero afianzado con la partidización de la fuerza armada como factor fundamental del poder y el uso cínico de una ideología política de fuerte contenido totalitario.

Ahora que el caudillo no forma parte de este mundo se ha pretendido crear un mito más, pero la realidad deja al desnudo que al desaparecer el personalismo solo quedó el rostro del eterno militarismo que contrariamente a lo que se predicaba resulta ser ineficiente, incapaz de resolver los problemas del país y además medularmente corrupto. Afortunadamente el código genético del espíritu democrático no desapareció y aún en el lapso de apogeo del personalismo militarista hubo, al menos oficialmente, un 40 por ciento de la población que en las múltiples elecciones plebiscitarias que se realizaron expresaron su rechazo. Esa resistencia democrática no ha dejado de crecer y hoy sin ninguna duda es no solo la expresión sino el sentimiento mayoritario del pueblo venezolano.

Venezuela logrará ser una nación moderna y próspera en la medida en que se entierren para siempre esas dos taras históricas como lo  han sido el personalismo y el militarismo las dos caras de una misma realidad.

Estamos por entrar en un nuevo ciclo de nuestra historia en el que se reconstruirá la institucionalidad necesaria para volver a ser una democracia orientada ahora hacia el progreso y la justicia social. Tengamos fe el camino está abierto y solo nos queda recorrerlo en paz y armonía.


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