Caracas, Miércoles, 16 de abril de 2014

Sección: Enfoque Económico

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Mercado laboral en Venezuela

Analítica Research (AR)

Miércoles, 14 de julio de 2004

AR presenta una síntesis libre del informe sobre el mercado laboral venezolano elaborado por personal del Banco Mercantil. Habría aumentado la tasa de actividad (oferta), y en forma muy importante, el desempleo y la informalidad, como consecuencia de la falta de demanda por estancamiento o contracción de la economía. Los desequilibrios en el mercado laboral inciden negativamente sobre la distribución del ingreso. Mejorar la situación requiere crecimiento sostenido y políticas estructurales coherentes.

Carlos Ochoa R.
José Villegas R.
Banco Mercantil
Mayo 2004

INTRODUCCIÓN

El objetivo de este trabajo es analizar la evolución del mercado laboral venezolano en los últimos trece años (1990-2003). Dentro de los cambios que ha tenido el mercado laboral, destacan la elevada tasa de desempleo que se ha registrado en los últimos años, así como el aumento de la tasa de actividad y el empleo informal.

Las causas de este comportamiento, responden al desequilibrio estructural del mercado laboral, donde la mayor oferta de mano de obra ha enfrentado una débil demanda derivada del bajo y volátil crecimiento de la economía. En los últimos años la acentuación de ese desequilibrio ha tenido efectos adversos en la distribución del ingreso, que aunado a registros de alta inflación, no sólo han deteriorado el poder adquisitivo de la población, sino que ha ampliado la brecha entre las escalas de ingresos. Ante ello, las políticas implantadas han estado dirigidas a enfrentar el aspecto coyuntural, acentuando así el carácter estructural del desequilibrio.

Esta característica del mercado laboral, sin duda tiene serias implicaciones para la economía, particularmente en lo que se refiere al impacto en la productividad, en la cobertura de la previsión social al trabajador y en la implantación y sostenibilidad de un nuevo sistema de pensiones.

CARACTERÍSTICAS DEL MERCADO LABORAL.

Al estudiar el comportamiento del mercado laboral venezolano, en los últimos trece años, puede destacarse como una característica importante la creciente participación de la fuerza de trabajo dentro de la población de 15 años y más, la cual ha pasando de representar 59% en el año 1994 a 69% en el año 2003, traduciéndose en un aumento significativo de la tasa de actividad.

En la evolución de la tasa de actividad, destaca el aumento de la tasa de las mujeres frente al relativo estancamiento de la participación de los hombres. La mayor participación de la mujer se refleja en los componentes de la fuerza de trabajo, Ocupados y Desocupados, donde, en el caso de la población ocupada, han aumentado su participación a expensas de la merma relativa de la mano de obra masculina.

Por estratos de edad, la ocupación total comprendida entre 15 y 24 años no presenta cambios significativos en su estructura, alcanzando una participación de 20%, en contraste con la menor participación del estrato de 25 a 44 años, cediendo ese espacio de participación a la población comprendida entre 45 y 64 años de edad.

Dentro de esta estructura, las mujeres concentran su mayor participación en el estrato comprendido entre 25 y 44 años de edad. En términos de la tasa de actividad, se observa que el mayor aumento se ha producido en la población de 25 a 44 años. Uno de los aspectos más relevantes pudiera ser el caso de la población de 15 a 24 años, la cual está conformada en su mayoría por adolescentes que han tenido que emigrar de la población económicamente inactiva, y en su condición de estudiantes, a la fuerza de trabajo.

Uno de los cambios más significativo que se ha producido en la estructura de la población ocupada, y de mayores implicaciones económicas y sociales, es el aumento de la informalidad4. Después de más de una década sin mayores cambios en su nivel de participación (40% del total de la ocupación), la informalidad presenta dos importantes repuntes: en el año 1994, cuando se eleva a 49%, y luego en el año 1999, cuando pasa a representar el 52% de la población ocupada, superando así a la población empleada en el sector formal de la economía, introduciendo así impactos importantes sobre el desempleo y los ingresos de los hogares. En el año 2003 la informalidad se ubicó en 53% (gráfico 2), es decir, 5,2 millones de personas, estableciendo una relación de 1,1 sobre la ocupación formal de la economía que alcanzó 4,7 millones de personas.

En este sentido, la participación de la mano de obra femenina ha sido determinante, dado que su incorporación a la fuerza de trabajo se ha dirigido en mayor proporción al sector informal de la economía. En el año 2003, la ocupación informal femenina representó el 40% de la población ocupada, en comparación al año 1994 cuando esa participación alcanzaba 27%.

Por actividad económica, la ocupación, se ha concentrado históricamente en las actividades de servicios, específicamente Servicios Comunales y Personales y Comercio. En el año 2003, estas actividades concentraban en su conjunto el 57% de la ocupación total. La Industria Manufacturera, la tercera actividad con mayor personal ocupado, es la única que ha perdido una participación considerable en el período de referencia, situación que se ha acentuado en los últimos cuatro años, con la importante reducción importante en el parque industrial. El sector Agrícola, aunque en menor magnitud, se observa la misma tendencia, quedando finalmente las actividades Construcción y la de Transporte y Comunicaciones, como las únicas que no han registrado cambios significativos en su participación en la ocupación total.

De acuerdo a la clasificación institucional, que diferencia al sector público del sector privado, los cambios más importantes se observan a partir de 1999, cuando el sector privado gana participación, al pasar de alrededor de 83%, que se había mantenido desde inicios de 1990, a 86% en el 2003. No obstante, es importante destacar que dicho aumento se ha debido a la mayor participación del empleo informal. En términos absolutos el empleo privado, en el año 2003 lo conformaban 8,6 millones de personas y el empleo público 1,4 millones de personas.

DESEQUILIBRIO DEL MERCADO LABORAL.

El hecho que la fuerza de trabajo haya aumentado progresivamente, frente a un bajo y volátil crecimiento de la economía (medido en términos de la variación real del Producto Interno Bruto) en especial de las actividades no petroleras, ha restringido la capacidad de absorción de la mayor oferta de mano de obra, definiendo así el carácter estructural del desequilibrio del mercado laboral, que se expresa en la elevada tasa de desempleo y el crecimiento del empleo informal.

En el caso de la desocupación, hasta el año 1994, la tasa de desempleo mantuvo un bajo nivel y una trayectoria relativamente estable, expresada en un dígito, para iniciarse a partir de 1995 una tendencia ascendente.

En los últimos cuatro años (2000-2003), la tasa de desempleo ha registrado una aceleración, pasando de 13% a 18%, sin mostrar cambios significativos a la baja. Llama la atención que durante esos años, aún con crecimiento del Producto Interno Bruto no petrolero, como sucedió en los años 2000 y 2001 (con variaciones de 3% y 3,9% respectivamente), las tasas de desempleo no pudieron descender de 13%.

En los dos años consecutivos de contracción (2002 y 2003) la economía venezolana exhibió las mayores tasas de desempleo de la historia estadística del país. En el año 2003, la población desocupada alcanzó 2 millones de personas, lo que sumado a la población ocupada en el sector informal de 5,2 millones de personas, representan el 61% de la población económicamente activa, mientras que en 1990 estas categorías representaron el 39,3%.

Ello significa que una importante proporción de la población activa, se encuentran fuera del sector formal de la economía, con todas las implicaciones y costos que ello tiene, en términos de los beneficios de previsión social que otorga el empleo formal, del impacto sobre el nivel promedio del salario, la pérdida de calificación laboral, el potencial de la contribución fiscal que ésta población deja de realizar, y en definitiva, en términos de la débil base contributiva sobre la cual, en perspectiva, estaría estructurado un nuevo sistema de pensiones.

La menor demanda de mano de obra, derivada del débil crecimiento de la economía venezolana se ha venido intensificando significativamente. En la década de los sesenta y setenta, el crecimiento interanual promedio del Producto Interno Bruto, fue de 6% y 4%, respectivamente. Ya en los ochenta y noventa su variación promedio disminuyó a 1,6% y 1,3%. Finalmente, durante los últimos cuatro años, la variación promedio ha resultado negativa por la fuerte contracción de la economía registrada en los años 2002 y 2003. Las tasas de crecimiento recientes han estado por debajo del aumento anual de la población, y muy por debajo del incremento de la población económicamente activa, impidiendo por tanto una sostenida absorción de mano de obra. De hecho, a partir de 1995, la tasa de desempleo registra niveles de dos dígitos, configurando, de esta forma, un piso estructural entre 10% y 11%.

Por otra parte, la alta volatilidad en la variación del Producto Interno Bruto, por efecto de la transmisión directa de los shock positivos y negativos de los precios e ingresos petroleros en la economía, le ha proporcionado una volatilidad asimétrica a la tasa de cesantía5, la cual ha estado relacionada en mayor grado con la expulsión de mano de obra en las etapas de contracción del ciclo económico, que con la capacidad de absorción de mano de obra en las etapas de crecimiento o recuperación de la economía. En efecto, a partir del año 1999, la tasa de cesantía se elevó a dos dígitos, y al cierre de 2003, alcanzó 15,4%, pasando a representar además el 93% de los desocupados en el año 2003 (contra el 90% del año 1999).

Por actividad económica, el sector que ha perdido más empleos en términos absolutos, en los últimos cinco años, es la Industria Manufacturera. Como se apuntó anteriormente, esto obedece a la reducción del parque industrial6, situación que ha sido consecuencia del desmejoramiento de las expectativas de inversión, de la menor inversión real efectiva y de la fuerte contracción de la economía en los dos últimos años. En menor proporción se han producido pérdidas de empleo en la actividad Financiera y en Electricidad.

En los últimos trece años se han producido tres shock negativos de precios petroleros que han impactado en magnitudes similares el Producto Interno Bruto, y consecuentemente al mercado laboral. En 1994, los precios petroleros acentuaron algo más la caída que se venía experimentando desde 1991, y en consecuencia, se produce la primera contracción de la economía en el período en estudio, especialmente del Producto Interno Bruto no Petrolero. Esto produjo el quiebre en la tendencia descendente de la tasa de desempleo que se había registrado desde el año 1991. A partir del año 1995, la tasa de desempleo se situó en dos dígitos, a pesar que la economía mostró en ese año signos de recuperación.

En el año 1998, los precios petroleros promedio perdieron casi seis dólares, sin embargo su impacto sobre el desempleo se produce en 1999, cuando la economía cae 6,1%, debido a la menor producción petrolera, a la disminución del gasto fiscal y de la demanda agregada interna. En consecuencia, la tasa de desempleo se elevó a 15%, cuatro puntos porcentuales por encima de la tasa promedio del año 1998. El tercer shock negativo de precios petroleros se produjo en 2001 (casi seis dólares), pero de nuevo hubo cierto rezago en su impacto. Ajustes realizados nuevamente en la producción petrolera y el gasto fiscal, significó para el año 2002 una caída de 8,9% del PIB, y la elevación de la tasa de desempleo a casi 16%. En el año 2003, la nueva caída de 9% del PIB, llevó la tasa de desempleo promedio a 18%.

En el primer trimestre del año 2004, la tasa de desempleo promedio se ubicó en 17,3%, lo que representa una desocupación de 2,1 millones de personas. A pesar que este registro constituye una reducción de 2,4 puntos porcentuales en la tasa de desempleo con respecto a igual período del año 2003, este nivel de desocupación es muy alto, especialmente al considerar, que la tasa de desempleo del primer trimestre de 2003 fue históricamente alta (19,7%) (como consecuencia del impacto de la fuerte caída de 28% que se produjo en el Producto Interno Bruto en ese período), y si se toma en cuenta que en el primer trimestre de este año la economía registró un crecimiento de 30%, lo cual pudo haber determinado una reducción más significativa de la tasa de desocupación.

Lo relevante de esta relación entre producto y empleo, es que se observa una menor sensibilidad de la tasa de desempleo a la baja, cuando crece el producto. Y por el contrario, muestra una alta sensibilidad a su elevación ante la caída del producto, lo que podría ser un indicador de la resistencia estructural a la baja del desempleo. En este comportamiento se debe destacar que, el empleo informal ha contribuido a que la tasa de desempleo global haya crecido a un ritmo menor, debido a que parte de la población cesante que se ha generado en las etapas contractivas de la economía, se han incorporado al sector informal.

El aumento del sector informal tiene otras implicaciones en el mercado laboral, como es su productividad, la cual resulta inferior al promedio de la población ocupada. Así mismo, las restricciones que ejercen sobre la oferta laboral, la descalificación que se produce en esta categoría de ocupados al permanecer un prolongado tiempo en la informalidad, limita su capacidad de competir en la ocupación formal en las etapas de crecimiento económico.

Otro elemento característico en la categoría de la población informal, es la mayor presencia de niveles educativos medios y superiores, al igual que ocurre en la población desocupada, lo que significa que mayores niveles educativos no garantizan en la actualidad la inserción en empleos formales mejor remunerados.

Por otra parte, la reducción del empleo formal, ha tenido otras implicaciones económicas. En primer lugar, sobre la remuneración promedio nominal de la economía, la cual en un contexto de alta inflación ha producido la caída progresiva del salario real. De hecho, a partir de 1998 se observa una menor dispersión entre las variaciones del salario promedio nominal y el salario mínimo, así como una tendencia hacia la convergencia entre estos salarios.

En consecuencia, la relación entre salario mínimo y salario promedio8 muestra una tendencia creciente a partir del año 1998, con clara tendencia a conformar el 60% del salario promedio para el presente año. Ello significa que una proporción cada vez mayor de la población ocupada formal, percibe ingresos cercanos al salario mínimo, lo que pudiera hacer cada vez más sensible las políticas de aumento del salario mínimo a su impacto sobre el nivel de empleo, particularmente en una economía que se ha caracterizado en los últimos años por su débil crecimiento. Por los demás, esta característica del mercado afecta más a las actividades intensivas de mano de obra, como son las empresas medianas y pequeñas, localizadas en los sectores agrícola, manufacturero, comercial y otros servicios.

Por otra parte, la remuneración promedio, ha mermado progresivamente su poder adquisitivo por la alta inflación que se ha producido en los últimos años. Este deterioro del salario real, conjuntamente con el alto desempleo, genera pérdidas ingresos significativos en los hogares y explica el aumento de la tasa de actividad, es decir la incorporación a la fuerza de trabajo de la población de 15 años y más, en la búsqueda de compensar por la vía del aumento del número de personas ocupadas por unidad familiar, la caída del poder adquisitivo.

DESEQUILIBRIO DEL MERCADO LABORAL Y DISTRIBUCIÓNDE INGRESOS.

El aumento de la tasa de actividad y el deterioro del salario ha acentuado la desigualdad en la distribución de los ingresos. Aunque la desigualdad en la distribución de los ingresos ha sido una característica del mercado laboral venezolano, a partir de 1999, la brecha entre el número de familias colocadas en los extremos de la escala de ingresos en términos reales, se ha ampliado, al aumentar el número de familias ubicadas en la menor escala de ingresos.

Así mismo, los ingresos promedios en términos reales de los hogares han experimentado un deterioro progresivo en los últimos años, consecuencia de la mayor inflación y el aumento del número de familias que perciben remuneraciones menores, situación que se ha registrado en todas las escalas de ingresos. Aunque existen diversos factores que determinan la evolución de la distribución de los ingresos en una economía, tales como, elevadas depreciaciones del tipo de cambio, períodos de alta inflación y políticas fiscales redistributivas, uno de los factores que más inciden son los desequilibrios en el mercado laboral.

IMPACTO SECTORIAL.

La capacidad de absorción de la fuerza de trabajo derivada del crecimiento de la economía es fundamental para analizar los desequilibrios en el mercado laboral. De allí, que en esta sección se orienta a tratar de medir las relaciones entre la ocupación y el Producto Interno Bruto de las principales actividades económicas.

Para aproximar esta capacidad de absorción en el largo plazo, se utilizó el enfoque de elasticidad del producto hacia el empleo, efectuándose unas estimaciones econométricas que relacionan el comportamiento del número de personas ocupadas por actividad económica ante cambios en el Producto Interno Bruto en términos reales de dicho sector. En la estimación se utilizaron datos semestrales, que abarcan un periodo desde el primer semestre del año 1993 hasta el segundo semestre del año 2003, lo cual constituye un total de 22 observaciones.

Entre los resultados obtenidos se destacan los siguientes: Para el total de la población ocupada, ésta aumenta 0,18 puntos porcentuales por cada punto porcentual en que aumente el Producto Interno Bruto, mientras que el crecimiento de la población ocupada en el sector formal se vería favorecido en 0,54 puntos porcentuales. En cuanto al efecto que ejerce el crecimiento del PIB, específicamente no petrolero sobre el empleo formal no petrolero, la relación resulta en un valor de 0,41%.

Por actividades económicas, la que presenta mayor capacidad de absorción sobre un punto porcentual adicional de su PIB lo constituyen los Servicios Sociales Comunales y Personales más los Servicios del Gobierno General, que arrojaron una elasticidad de 0,52%. Este resultado fue secundado por el Sector de Manufacturas que obtuvo un coeficiente de 0,44%, aunque la ocupación del mismo viene perdiendo peso relativo sobre el total. Los sectores de Construcción y Transporte Almacenamiento y Comunicaciones resultaron con coeficientes de 0,24% y 0,25% con respecto a variaciones de un 1% de sus Productos Internos Bruto respectivamente.

Partiendo del coeficiente de elasticidad calculado para la población ocupada total y un crecimiento promedio anual de la Población Económicamente Activa alrededor de 4%, y, asumiendo que los coeficientes no varían en el tiempo, se puede simular la evolución de la tasa de desempleo para los próximos cinco años. De los resultados obtenidos, se desprende que, ceteris paribus, para poder alcanzar en cinco años la tasa de desempleo que se registró en el segundo semestre de 1993 (6,3%), la economía debería crecer en un promedio anual de 3,6% consecutivamente. Estos resultados deben ser tomados lógicamente con la debida cautela, en tanto suponen que no ocurren otros cambios en la función de producción que afecten la relación entre producto y empleo.

ALGUNAS COMPARACIONES CON EL RESTO DE LOS PAISES DE AMÉRICA LATINA

Relacionando las diferentes variables analizadas en el país con el resto de América Latina, se observan algunas relaciones importantes. En el caso de la relación entre el salario mínimo y el salario promedio, de acuerdo a los cálculos realizados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para 1995, Venezuela ya presentaba la relación más alta de este indicador, cercano a 90%, dentro de una gran dispersión que transitaba desde valores de 25% en Brasil a 70% en el Salvador.

En la evolución de las remuneraciones medias reales, publicadas por CEPAL, se observa que Argentina Venezuela, son los únicos países que tuvieron una desmejora significativa durante los años 2002 y 2003. En el caso de Argentina, ello fue producto de cuatro años consecutivos de contracción del Producto Interno Bruto, acumulando una caída de 18%, y que a pesar del crecimiento de 7,3% en el año 2003, no evitó la merma real de los salarios en ese año. En el caso de Venezuela, consecuencia de la caída acumulada de 18%, por la contracción consecutiva del producto interno en los años 2002 y 2003.

Del informe de CEPAL se desprende además que la recuperación casi generalizada que registraron las economías de América Latina en 2003 (excepción de República Dominicana y Venezuela), no impidió que la tasa de desempleo se mantuviera alta. Con un nivel promedio de 10,7%, con países que superaron ampliamente la media, como Argentina, Colombia, República Dominicana y Venezuela.

En general, la resistencia que enfrenta los países de América Latina en reducir la tasa de desempleo, deriva del aumento de la oferta de trabajo y del bajo crecimiento que han exhibido estos países en los últimos años. Este factor ha mermado la capacidad de negociación de los trabajadores formales de la economía, mientras que el aumento de la informalidad ha debilitado el salario promedio de los asalariados.

El comportamiento de la informalidad en América Latina, partiendo de la información disponible, para el área urbana desde los años 1996 hasta el 2002, muestra en promedio una población ocupada informal del 45% en el año 1996, la cual se eleva hasta 47% en 2002. No obstante, la ausencia de un crecimiento sostenido y el mantenimiento de una elevada tasa de desempleo, el crecimiento de la informalidad en América Latina, en general, resulta bajo, a excepción de Perú, México, y Venezuela que registra un crecimiento de casi cinco puntos porcentuales en la población informal. Por el contrario, países como Argentina (42,1%), Brasil (46,2%) y Chile (32,5%) han logrado reducir la informalidad en la ocupación total durante el período señalado.

PERSPECTIVAS DEL MERCADO LABORAL VENEZOLANO.

La ausencia de políticas económicas dirigidas a estimular el sector productivo en los últimos años, ha acentuado aún más el alto desempleo y las dificultades de reducirlo significativamente. Ello ha tenido impactos adversos en el mercado laboral, que se expresan en el aumento de la tasa de actividad e informalidad, y que en el contexto de altas tasas de inflación han acentuado la desigual distribución del ingreso.

La única forma de enfrentar el desequilibrio en el mediano y largo plazo, es que el país inicie una senda de crecimiento sostenido. Sin embargo, para ello se requiere la implantación de un conjunto de políticas económicas que contribuyan a reducir la volatilidad que ha caracterizado el crecimiento de la economía en los últimos, así como también amplios programas de inversión pública y privada, que contribuyan a recuperar la capacidad de producción del país.

Dentro del conjunto de políticas económicas dirigidas a los diversos mercados, hay restricciones que se imponen directamente al mercado laboral, las cuales afectan la generación de empleo. Estas son las regulaciones del mercado laboral, como el manejo de la política de salario mínimo, la inamovilidad laboral y los impuestos a la nómina, son factores adicionales, que dependiendo del contexto de la ejecución de estas políticas, pudieran afectar la generación de empleo.

Este punto resulta relevante, por cuanto, los aumentos nominales del salario mínimo realizados por decreto presidencial, en los últimos tres años (2002-2004), han sido en promedio de 27%, cuatro puntos porcentuales por encima de la inflación del período 2001-2003. Ello si bien, significa una restitución del ingreso real de los trabajadores, su impacto neto social y macroeconómico, pudiera no ser del todo favorable, considerando el contexto en se ha adoptado dicha política salarial.

En efecto, el universo de trabajadores beneficiados es reducido, por cuanto, considerando sólo los dos últimos años del ajuste salarial (2003 y 2004), del total de los diez millones de ocupados promedio, dicho ajuste sólo beneficia al 47%, de las que están colocados en el sector formal de la economía, dejando sin compensar una población ocupada informal de 5,2 millones de personas, que sumados a la población desocupada de 2,0 millones de personas que no reciben ningún tipo de remuneración, introduce en la política de ajuste de salario mínimo, un sesgo que contribuye a aumentar la desigualdad de los ingresos familiares.

En el ámbito macroeconómico, el hecho que los ajustes reales del salario se realicen durante las etapas de recesión de la economía, al margen de las negociaciones sindicales y sectoriales, restringe las posibilidades de aumentar los niveles de empleo en el sector formal de la economía, especialmente en la pequeña y mediana empresa, que se caracterizan por ser intensivas de mano de obra, y donde la nómina salarial está muy cerca al promedio de las remuneraciones. A ello se incorpora el decreto de inamovilidad laboral, vigente desde el primero de mayo de 2002, y hasta el 15 de enero de 2004, introduciendo restricciones adicionales al mercado laboral.

Esto establece una diferencia fundamental, entre las políticas laborales, tales como el establecimiento del salario mínimo y la inamovilidad laboral, orientadas más al corto plazo, y las Políticas de empleo, dirigidas a corregir los factores estructurales como la volatilidad del gasto público y la baja inversión pública y privada, que puedan garantizar un crecimiento económico sostenido y en igual sentido niveles de empleo en el mediano y largo plazo.

Las políticas implantadas en los últimos años en Venezuela, han sido, fundamentalmente de carácter laboral-reivindicativo, orientados a mitigar la caída del salario real de la población ocupada formal, cuyos costos son trasladados al empleador, limitando las posibilidades de generar nuevos empleos. En general, si bien las políticas laborales reivindicativas forman parte de la política integral hacia el mercado laboral, el sólo énfasis en estas políticas, establecen restricciones al mercado, haciéndolos menos propensos a la generación de empleo al disminuir su capacidad de respuesta en los ciclos de crecimiento económico. En el aspecto anterior hay que considerar los cambios que se han producido en la intensidad de la mano de obra por actividad económica, a fin de medir el potencial de capacidad de generación de empleo de la economía en crecimiento, por lo menos en los próximos dos años.

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