Caracas, Miércoles, 23 de abril de 2014

Sección: Enfoque Económico

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Internacionalización de PDVSA ¿Mito o realidad?

Milko Luis González Silva

Jueves, 27 de abril de 2000

Antecedentes

La estrategia de la internacionalización de Petróleos de Venezuela (PDVSA), obedece a las líneas de acción que la industria petrolera venezolana definió con la intención de, por un lado, diversificar las fuentes de ingresos y, por el otro, mejorar las posibilidades de colocación en los mercados foráneos de la mayor cantidad posible de crudos pesados venezolanos. Es decir, un intento por colocar a la empresa petrolera estatal a la altura de las nuevas exigencias de los mercados mundiales de petróleo y a la vez crearle un potencial económico real a las grandes reservas de crudos pesados de Venezuela.

Ya desde 1978, a solo tres años de la histórica “nacionalización” del petróleo venezolano por el Presidente Carlos Andrés Pérez en su primer mandato, la industria petrolera nacional (IPN) había incluido en sus planes de mediano y largo la internacionalización como tema clave para el desarrollo de la corporación estatal de petróleos.

Para aquel entonces, PDVSA tenía un “mapa de acciones” con la idea de optimizar el negocio petrolero venezolano. Para tal efecto manejaba opciones tales como:

a) Contratos tradicionales de venta a corto, mediano y largo plazo

b) Búsqueda de una política adecuada de precios

c) Inversión en refinación en Venezuela

d) Convenios de operación y de asociación estratégica (exploración a riesgos y ganancias compartidas) y,

e) La internacionalización de la industria petrolera nacional

Todo este abanico de actividades tenía como objeto fundamental el de maximizar los ingresos para el país y a la vez minimizar las fluctuaciones bruscas (sobre todo hacia la baja) de dichos ingresos. La premisa involucrada en la diversificación de actividades consiste en que mientras más numerosos, pero controlables, sean los sectores del negocio manejados hay más posibilidades de estabilidad en el ingreso. Así, las bajas en un rublo del negocio son compensadas con el mantenimiento, o mejora, del nivel de ingresos en otras.

La maximización de ingresos se ve favorecida por dos razones. La primera de ellas, según lo ya señalado, tiene que ver con que cada segmento de la industria debe rendir beneficios a mediano y largo plazo para justificar sus continuidad. La segunda razón estriba en que de encontrarse entrelazados los distintos segmentos del negocio petrolero (exploración, producción, transporte, refinación, comercialización), esto debería redundar en mayor efectividad y en la creación de una cadena económicamente productiva.

Pero la idea de la internacionalización no respondió únicamente a consideraciones técnicas tales como la mejora y estabilidad del ingreso petrolero nacional y la búsqueda de la optimización del uso de los crudos pesados y extrapesados venezolanos, sino también a un contexto internacional que presionaba para que las empresas petroleras nacionales y privadas, las cuales son globales por naturaleza, diseñaran nuevas estrategias para su supervivencia.

Crisis petroleras mundiales originadas por las acciones de países islámicos, miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), habían causado importantes cambios en las relaciones petroleras mundiales. La crisis petroleras de 1969 originada por Libia, la de 1973 producto de la quinta guerra árabe-israelí y del embargo petrolero árabe a Occidente y la caída del Sha de Irán en 1979, transformaron en primer término la estructura de los precios de tal manera, que los países consumidores de petróleo debieron comprender que el tiempo del petróleo barato y seguro había terminado. En 1969 las acciones de Mohamar Kaddafi contra las compañías transnacionales que operaban en Libia, conllevó a los precios del crudo subieran de US$ 1,20 a unos US$ 5,20 por barril (p/b) aproximadamente. La difícil coyuntura de 1973 llevó los precios a los US$ 12 p/b, mientras que la de 1979 los impulsó hasta los US$ 30-35. A la larga, los precios altos estimularon el descenso de la demanda lo cual se combinó con la aparición de la producción no OPEP, la cual ganó fuerza a partir de 1973. Esto obligó a la OPEP a adoptar la política de recortes en la producción para lograr hacer subir los precios. Para 1982, el cartel tenía una producción de 21 MMBD contra los 31 MMBD que generaba en 1979.

En el caso particular de Venezuela sus ventajas comparativas se veían disminuidas, dadas las características de su crudo, con respecto al resto de sus socios en la OPEP. En tanto que la mayor parte de las reservas venezolanas son de crudos pesado y extrapesados y las de livianos y medianos no crecía se hizo necesario adoptar una estrategia que le permitiera al país hacer de una desventaja comparativa y una ventaja competitiva encontrándole una salida comercialmente válida a sus crudos pesados. Para ello, la figura de internacionalización es asumida en un momento en el cual convergen en un mismo tiempo histórico, de manera oportuna, el interés venezolano de buscarle tratamiento a sus crudos pesados con el de privados y gobiernos extranjeros por la misma situación. Mientras Venezuela ponía en disposición el crudo pesado sus socios ofrecían aparentes posibilidades de transformación y el acceso a mercados finales controlados por éstos.

La baja gravedad de la mayor parte de los crudos venezolanos, sumado a su alto contenido de azufre y metales los hace objetos de costosas inversiones para obtener de ellos productos que respondan a los niveles de exigencia del mercado internacional. Aun cuando Venezuela ha sido uno de los productores petroleros con mejor promedio de gravedad (25º API) (1), después del Medio Oriente (28º API), sin embargo posee un promedio de exportación de crudos de 23 ª API. Esto se debe a que la mayor proporción de livianos se refina en el país y el resto es el que va a exportación.

Para principios de la década de los ochenta, cuando se da comienzo al programa de internacionalización, reinaban situaciones adversas para las refinerías. Esto era debido a que muchas de ellas desarrollaron grandes capacidades de procesamiento en tiempos de la expansión de la producción y bajos precios. Pero a consecuencia de todos los conflictos políticos del mundo islámico antes mencionados, y al cambio en la estructura de precios, el consumo energético en los países desarrollados se racionalizó. Los programas de eficiencia energética, disminuyeron la demanda y a las refinerías les tocó períodos de profunda estrechez; por lo cual no resulta extraño que asociaciones como las que realizó PDVSA con Veba Oel, pudieran ser bien recibidas dentro de escenarios de alto riesgo para invertir.

Consideraciones técnicas para la Internacionalización de PDVSA

En la búsqueda de oportunidades que le permitiera a PDVSA obtener espacios válidos para la comercialización confiable de los crudos pesados y extrapesados encontramos algunas, tales como: precios, los costos de refinación en el país, la seguridad de los acuerdos de suministros, la proyección de la IPN.

El caso de los precios, se concluyó que la venta de crudos pesados venezolanos por la vía tradicional (contratos), implicaba la necesidad de ofertarlos a muy bajos precios para hacerlos competitivos. Pero eso a su vez repercutía en pérdidas para el país. Por otra parte, la refinación en Venezuela de estos crudos resultaba demasiado costosa, y de asumirse ésta solamente resolvía una parte muy pequeña del problema. Se estimó, para principios de los ochenta, que la inversión por barril en capacidad para procesar crudos pesados en Venezuela, era cuatro veces mayor a la necesaria para adquirir una capacidad equivalente en el exterior.

Por otra parte, con acuerdo en el extranjero con empresas que tuvieran capacidad de refinación de crudos pesados, el país garantizaba la colocación de un volumen constante y considerable de éstos. Por último, la estrategia consistía en la adquisición, participación accionaria, de Venezuela en refinerías, sistemas de mercadeo y comercialización en el exterior que le permitieran tener beneficios derivados de la explotación de petróleo pesado, a saber:

a) Contar con instalaciones con capacidad de procesamiento de crudos pesados.

b) Tener seguridad en cuanto a la colocación de dichos crudos.

c) Obtener de éstos productos competitivos en los mercados internacionales.

d) Contar con los canales de comercialización adecuados para dichos productos.

e) Penetrar nuevos mercados.

f) Solucionar parte de los problemas de vulnerabilidad en las colocaciones de crudo pesado.

g) Adelantar un plan efectivo de colocación de mayores volúmenes de crudos pesados para preservar por mayor tiempo las reservas de livianos.

h) Integrar verticalmente a la industria petrolera nacional con sus mercados finales e incrementar el valor agregado de la comercialización de PDVSA.

Así, la seguridad en la supuesta colocación se convertía en una de las ventajas que PDVSA identificaba en la estrategia de la internacionalización de la industria. En el futuro, los esfuerzos serían, como se indicó, por comprar refinerías y sistemas propios de mercadeo con capacidad técnica para absorber toda la gama de crudos venezolanos y sobre todo, la de crudos pesados. Además, la necesidad era la de que estas inversiones se realizaran en países o regiones con mercados crecientes, rentables y estables. Con esta política, se garantizaba la colocación de volúmenes de crudo (livianos, medianos, pesados y extrapesados) con un menor grado de incertidumbre independientemente de las condiciones generales del mercado mundial, a menos que éstas fueran demasiado adversas. Las oscilaciones bruscas del mercado deberían ser a tales efectos, menos traumáticas.

Por otra parte, el proceso de internacionalización debería contribuir a la generación de valor agregado a los crudos venezolanos. Esto debido, fundamentalmente a que:

a) Las inversiones de PVSA en el exterior debían tener rentabilidad propia.

b) Los precios de adquisición de instalaciones, refinerías o acciones de éstas debían ser bajo, aprovechando las dificultades económicas de las mayorías de las empresas a principios de la década de los ochenta.

c) Se debía obtener márgenes de refinación favorables para Venezuela con respecto a los convenios de suministro entre PDVSA y sus socios en el exterior. Esto debía repercutir en un precio de realización bajo, para la producción de bienes en las instalaciones en el extranjero.

Además de esos factores antes mencionados, PDVSA también buscaba una compensación de las ganancias entre los negocios “Aguas Arriba” y los “Aguas Abajo” y a su vez, entre los negocios de refinación y los petroquímicos. Sumado a la disminución del riesgo monetario, el aumento sin costos excesivos de la capacidad de refinamiento, incremento de la capacidad de financiamiento, el aprovechamiento de la segmentación de los mercados, el mejoramiento de la estructura de los mercados y la búsqueda de la integración con los mercados finales.

Este último punto, tiene que ver con la presencia física de PDVSA en el exterior lo cual le permite, de acuerdo a los postulados sobre el particular y desde el punto de vista de la estrategia de internacionalización, tener una mejor relación con sus mercados debido a que:

a) Iva a poder evaluar con mayor propiedad las necesidades del mercado

b) poseer mayor velocidad de respuesta a las exigencias del mercado

c) aprovechar los beneficios que los regímenes jurídicos y económicos de los países donde se asienta le dan, por instalarse como empresa nacional

En lo que al mejoramiento de su estructura se refiere, PDVSA concibió los negocios de internacionalización de dos formas. Una que tiene que ver con convertir con convertir a la empresa en centro de ganancias y, la otra como un centro de costos. En las empresas donde se actúa como centros de ganancias, la orientación de la gerencia va hacia la máximización de los beneficios. Esto se logra, en parte, con una gestión que minimice los costos de producción y maximice los rendimientos. De acuerdo con estos paradigmas, la gerencia se autoregulará hacia la consecusión del máximo valor agregado para el accionista, y a su vez éste este ejercerá una labor de supervisión para el logro del mayor beneficio, puesto que la filosofía del accionista y de la gerencia es la minimización de costos.

Pero PDVSA no solamente pensaría en las ganancias por la minimización de costos, también intentaría, como ya se ha esbozado arriba, balancear las ganancias obtenidas entre los negocios “aguas arriba” (exploración y producción) y los de “aguas abajo” (refinación, petroquímica, distribución, transporte y comercialización). Esta estrategia, utilizada ya por las grandes compañías petroleras internacionales, permitiría para el país obtener mayores beneficios de sus recursos petroleros.

La tendencia general indica, que con el aumento o disminución del precio del crudo, las ganancias del negocio “aguas arriba” aumentan o disminuyen respectivamente, ocurriendo lo contrario con las ganancias del negocio “aguas abajo”. Al estar el negocio integrado verticalmente, la ganancia total se mantiene más estable y resulta menos vulnerable a las alteraciones de los precios del petróleo crudo, a diferencia de sí solamente el país manejara actividades en las faces primarias del negocio petrolero.

Sobre las ganancias que obtiene el país por ser solamente un exportador de materia prima y las que obtendría de diversificar su participación en el negocio petrolero, existe una diferencia sustancial. Al igual que en la década de los ochenta, cuando comenzó el proceso de internacionalización de PDVSA, al igual que hoy los países que procesan el crudo obtienen mayores dividendos que quienes solamente lo extraen y lo exportan como simple materia prima.

“A cuanto se vende el barril de petróleo en Japón, en Dinamarca o en EE.UU. una vez refinado?” –se pregunta el Profesor Mazhar Al-Shereidah en una entrevista para el diario venezolano Economía Hoy (18-10-96, p.13)-. Y el mismo se responde:. “Bueno yo estoy seguro que muy pocos venezolanos se plantean esa pregunta. Llegamos a una cifra de 150 dólares. ¿De esos cuánto recibimos nosotros?, pues solamente lo que obtuvimos por la venta de ese barril, es decir, 20 ó 25 dólares. De los restantes 125 dólares se apropia el fisco del país consumidor y las compañías petroleras”

Por otra parte, además de la búsqueda de la compensación (o disminución) del riesgo monetario -consistente en la adquisición de empresas en monedas diferentes al dólar estadounidense, para resguardarse del “riesgo dólar”-, la IPN buscaba aprovechar la segmentación de los mercados. Con esto, se intentaba asegurar nichos a gran parte de la producción venezolana e impedir el acceso de competidores a esa capacidad adquirida. Teóricamente, ese aumento de capacidades de refinación en el exterior debía desacelerar “el desarrollo a largo plazo de crudos similares por reducir la capacidad de procesamiento disponible en el mercado abierto y obliga a la competencia a desarrollar mercados en otras áreas geográficas”

En breves palabras, la estrategia de PDVSA para la internacionalización del negocio petrolero venezolano consistía en:

a) Adelantar una sustitución parcial de las relaciones petroleras tradicionales (producción exportación de materia prima) por otras más dinámicas en las cuales saldría como principal beneficio el procesamiento de más del 50% de las exportaciones venezolanas y su segura comercialización.

b) Alcanzar una amplia capacidad de refinación internacional, a través de la asociación con empresas norteamericanas y europeas, movidas hacia la modernización de las actividades petroleras.

c) Asegurar un curso seguro en el camino “aguas abajo”, a fin de asegurar el procesamiento de crudos venezolanos, especialmente los pesados.

d) Generar una participación venezolana en los mercados internacionales a bajo riesgo, minimizando costos, maximizando ingresos, aun en condiciones adversas de la demanda.

e) Obtener, de la presencia en el exterior, inteligencia de mercado para determinar el curso futuro de la demanda, las transformaciones amenazantes de las presiones ambientalistas y los cambios en los patrones y exigencias de consumo.

f) Obtener flexibilidad en el suministro al ampliar, entre otras, las posibilidades de almacenamiento en el exterior.

g) Ampliar las capacidades de conversión profunda a través de la participación directa en desarrollos tecnológicos adelantados por las grandes corporaciones mundiales.

h) Acceso a los centros financieros mundiales, para la obtención de financiamiento para actividades petroleras gracias a la alianza con las grandes compañías transnacionales de la energía.

i) Aumento del prestigio internacional de Venezuela a través de la presencia de su empresa petrolera estatal en el extranjero. Finalmente,

j) Disminución del riesgo en la colocación de crudos y productos, especialmente los pesados e incremento de la protección contra las fluctuaciones del mercado petrolero, estabilizando el flujo de caja de la corporación petrolera venezolana.

Algunos cuestionamientos a la estrategia de internacionalización

En términos generales, pareciera que el proceso de internacionalización que dio sus primeros pasos con la adquisición por parte de PDVSA de la empresa CITGO en los Estados Unidos (EE.UU.) y el 50% de las acciones de la compañía alemana Ruhr Oel Gmbh, no ha dado sus mejores resultados, en estos últimos 17 años. Al parecer todo el marco teórico antes expuesto, y que “justificaba” las inversiones del IPN venezolana en el exterior, no resultó tan válido ante lo que la realidad del mercado petrolero mundial ha impuesto a lo largo de los años.

Las actividades de PDVSA en el exterior han reportado escasisímos dividendos para el país y pesa sobre ellas un aura de aguda suspicacia por la poca transparencia en cuanto al rendición de cuentas, tanto al fisco nacional como a la sociedad venezolana en general.

Entre los cuestionamientos más resaltantes se encuentran:

a) La manera dolosa como PDVSA inicio el programa de internacionalización de la industria, apelando a subterfugios jurídicos para evadir los controles de los poderes públicos nacionales. El contrato con la empresa alemana Veba Oel A.G, fue firmado de manera inconsulta. Aun cuando la consultoría jurídica del Ministerio de Energía y Minas (MEM) le dio el visto bueno inicial, el Congreso de la República, para aquel momento, no fue objeto de consulta, aun cuando de acuerdo al artículo 126, de la constitución de 1961, todo contrato de interés nacional que en materia petrolera hubiera de celebrarse debía contar con la aprobación del Congreso. El mencionado artículo señalaba lo siguiente:

“Sin la aprobación el Congreso no podrá celebrarse ningún contrato de interés nacional, salvo los que fueren necesarios para el normal desarrollo de la administración pública o los que permita la ley. Tampoco podrá celebrarse ningún contrato de interés público nacional, estatal o municipal con estados o entidades oficiales extranjeros ni con sociedades no domiciliadas en Venezuela, no traspasarse a ellos, sin la aprobación del Congreso”(2)

Adicionalmente, este instrumento contralor se apoyaba con el artículo 5 de la Ley Orgánica que reserva al Estado la Industria y el Comercio de los Hidrocarburos (ley de nacionalización, 1975). Para PDVSA no se trataba de un contrato de interés nacional, pero ¿cómo habría de calificarse un negocio en el cual estarían involucrados indefinidamente los recursos petrolíferos del país, considerados éstos como de carácter estratégico para la nación?

Aun cuando el Contralor General de la República, la consultoría jurídica del MEM y otras opiniones “calificadas”, daban por sentado la legalidad de la operación en la cual PDVSA se asociaba con Veba OEL, y adquiría el 50% del capital accionario de la empresa Ruhr Oel Gmbh, fue flagrante la violación del ordenamiento legal y constitucional venezolano en aquella oportunidad. Finalmente una comisión de “alto nivel” convocada por el Congreso mismo, a través de la Comisión Permanente de Energía y Minas de la Cámara de Senadores, arrojó los siguientes resultados:

1) El contrato celebrado entre PDVSA y la empresa Veba Oel A. G., fue considerado, paradójicamente, como un contrato de interés nacional. Sin embargo, se argumentó, para que no requiriera de la aprobación del Congreso, a través de una interpretación de la ley, que el artículo 126 de la Constitución Nacional de 1961, contemplaba la aprobación legislativa para aquellos contratos que, firmados en el extranjero, fueran a ser ejecutadas las operaciones en territorio venezolano.

2) En virtud que la Ley Orgánica que Reserva al Estado la Industria y Comercio de los Hidrocarburos no exige la aprobación legislativa para este tipo de contratos y permite su celebración por parte de los entes indicados en el artículo 6, Petróleos de Venezuela S.A., conforme a sus estatutos, podía celebrar dicho contrato sin necesidad de someterlo a la aprobación del Congreso de la República.

3) De acuerdo al artículo 5 de la Ley Orgánica que Reserva al Estado la Industria y Comercio de los Hidrocarburos, el contrato firmado por PDVSA y la empresa alemana Veba Oel, no tiene por objeto la realización de actividades reservadas al Estado por dicha Ley. A tales efectos, la compra de acciones de una sociedad constituida en el extranjero, no fue considerada como una actividad reservada al Estado Venezolano; y la venta y comercialización de productos refinados en el extranjero, aun resultantes de crudos venezolanos, tampoco fue tomada como una actividad reservada al Estado Venezolano.

b) La resistencia por parte de PDVSA a vender, conservando la mayoría, parte de las acciones de CITGO en los EE.UU. Al no hacerlo la empresa ante las leyes estadounidenses era reconocida como una extranjera dado que el 100% del capital accionario pertenece a la compañía petrolera estatal venezolana. Así las cosas, CITGO queda vulnerable ante la posibilidad de ser objeto de medidas proteccionistas por parte de Washington.

c) El mito de la colocación segura, en mercados internacionales, de los crudos venezolanos, especialmente los pesados y extrapesados. Hasta la fecha. La dieta de crudos enviados a las instalaciones de PDVSA en el exterior han sido mayoritariamente livianos y medianos. En la actualidad, por ejemplo, debido a los recortes de producción a los que se vio obligada la OPEP para hacer subir los precios, Venezuela se ha visto obligada a comprar crudos de otros productores para satisfacer las necesidades de la empresa que junto a la Veba Oel, posee en Alemania. Por otro lado, poseer instalaciones, propias, o compartidas, en el exterior no garantiza la colocación de crudos y productos si no se ofrecen beneficios atractivos al consumidor, en el caso del petróleo esto está generalmente asociado a descuentos en el precio.

d) Por otra parte, la situación se agrava cuando además de intentar garantizarle precios competitivos a los consumidores también debe tomarse en cuenta la ganancia de los asociados. En el caso de las asociaciones de PDVSA en el exterior, lo hace a través de la figura del Margen del Refinador(3) el cual rige de manera especial para los contratos de Venezuela con la Ruhr Oel A.G.

e) Precisamente, los acuerdos tipo Net-back han sido una vía que permite al refinador asociado a PDVSA mantener márgenes de ganancias preestablecidos. De tal forma que quien carga con el peso de la incertidumbre sobre la remuneración es el productor del crudo "porque esa remuneración será siempre el resultado, residual, de la evolución de los precios de los productos".(4)

f) Según los resultados del Informe anual de PDVSA de 1991, ya existía una importancia diferencia entre el precio al cual se vendía el crudo venezolano en términos generales y el descuento con el cual llegaba a las instalaciones de las cuales en el exterior Venezuela es socia.

"Los resultados del Net-back sobre envíos de crudo a Ruhr Oel, correspondientes a 1990 y 1991, 12,04 y 10,04 dólares por barril, respectivamente, arrojan un saldo negativo de 8,29 y 5,88 dólares por barril con respecto al promedio de los ingresos unitarios del país por ventas exportadas de crudo y productos en cada uno de esos años: 20,33 y 15,92 dólares por barril"(5)

De tal manera, que sobre la base de unos índices de descuento elevados en el precio del crudo venezolano, se estaba logrando el "posicionamiento" de PDVSA en el exterior y "asegurando" tales mercados.

Adicionalmente a los cuestionamientos antes señalados (la violación del ordenamiento jurídico nacional, la negativa de PDVSA a vender parte de CITGO, el mito de la colocación segura del crudo, el margen de refinación y el Net-back), se hallan igualmente serias irregularidades en el asunto de la participación fiscal de Venezuela en los negocios de su empresa petrolera estatal en el exterior. Hasta ahora, las cuentas en ese sentido no se encuentran claras. PDVSA ha mostrado balances con cifras consolidadas donde se diluyen los beneficios de la industria petrolera por sus actividades domésticas y en el extranjero. En otros casos las cifras de los resultados externos han sido encubiertas otras, como por ejemplo cuando existían las filiales (Corpoven, Maraven, Lagoven) y los estados de gestión de éstas servían para diluir los resultados externos, generalmente negativos. Por otra parte, hasta ahora la participación fiscal de Venezuela en sus negocios petroleros externos no han estado en proporción con los que éstos generan anualmente, llegando incluso a ser menor al 1%.

"La implicación fundamental que ello tiene es que todos los ingresos se <> y la nación no percibe nada adicional al pago por el suministro de crudo a sus refinerías en el exterior. Por el contrario, debe asimilar diferenciales negativos, como los que ya registramos al comparar los precios de realización promedio del paquete de exportaciones venezolanas en 1990 y 91: 20,33 y 15,92 dólares por barril, respectivamente, con las cifras correspondientes del net-back de Ruhr Oel, 12,04 y 10,04 US/bl"(6)

¿Hacia dónde va la internacionalización?

Una de las grandes incertidumbres que la sociedad venezolana tiene hoy día con respecto a su industria petrolera nacional es, precisamente ¿hacia dónde va? Hasta la fecha solamente hemos visto la conducta claramente predecible que se articula con la OPEP en tiempos de sobreoferta de crudos y de precios bajos, por consecuencia. Pero, dada la condición coyuntural de esta situación se sigue con la incógnita del curso que tomara la petrolera estatal en medio de un clima económico-político globa; signado por fusiones entre grandes empresas, disminución del consumo energético por parte de los países industrializados, presiones ambientalista importantes, aparición de nuevas áreas de explotación, desarrollo tecnológico que permite abaratamiento de costos de producción en áreas antes no rentables y, como si fuera poco, el avance todavía moderado, pero seguro, hacia una transición energética.

Ante semejante clima de nuevos escenarios y de nuevas incertidumbres, vale buscar la disciplina necesaria para generar un plan coherente que le permita a la industria petrolera venezolana subsistir eficientemente, con la rentabilidad adecuada durante los el tiempo que la ventana de oportunidades de petróleo, como primer energético mundial, todavía ofrece.

En tal sentido, el esclarecimiento del futuro del proceso de internacionalización de PDVSA juega un papel fundamental. En recientes declaraciones el Ministro de Energía y Minas de Venezuela, Alí Rodríguez Araque, destacó, en una entrevista para el diario El Universal, la necesidad de desmontar las políticas de internacionalización y apertura petrolera, las cuales habían resultado contraproducentes para el país. En el mismo contexto de ideas, el Ministro también señaló que los esfuerzos de la IPN:

“ahora se dirigen a crear una política petrolera de largo plazo, alejada de la globalización y centrada en la recomposición de las reservas venezolanas, la producción propia de PDVSA y la formación de capital nacional en los hidrocarburos”(7)

Estas declaraciones, encuentran refuerzo en noticias recientes tales como:

a) “PDVSA estudia romper asociación con Veba Oel en Alemania. La corporación comienza a deshacerse de sus activos en el exterior”(8)

b) “PDVSA estudia venta de activos en Veba Oel”(9)

c) “PDVSA pone en venta su refinería en Chicago (Lemont)”(10)

Sin embargo, otras exposiciones que contradicen lo antes señalado, como la de Hector Ciavaldini cuando declaró que “PDVSA no está vendiendo sus activos en el exterior”(11), contribuyen a generar el clima de incertidumbre señalado anteriormente. A esto debe sumársele que mientras el Ministro de Energía y Minas aboga por la desmantelación de la internacionalización, resulta paradójico que el Ejecutivo Nacional trate de impulsar inversiones venezolanas en la Isla de Cuba y asociaciones petroleras con la República de Brasil, cuando ambas situaciones obedecen, en buena medida, a lo que ha sido el espíritu de la internacionalización de PDVSA. Ante tales eventos, surgen numerosas interrogantes entre las cuales podríamos señalar: ¿no se encuentran en sintonía las aspiraciones del Ministro de Energía y Minas con las del Presidente de la República? ¿El Gobierno nacional está pensando en deshacerse de sus negocios en Europa y los EE.UU. para crear otros nuevos en Brasil y Cuba? ¿El Gobierno nacional pretende cambiar el rumbo de la internacionalización de PDVSA de los estados centrales occidentales (Europa, EE.UU.) hacia América Latina? ¿Realmente, el proyecto nacional del nuevo Gobierno Nacional es la de una política autarquística, alejada de la realidad mundial de la globalización?

Son todas estas preguntas de difícil contestación hoy día. Requieren de tiempo y de la evolución que tendrán los acontecimientos generados por el gobierno venezolano, para darle una resolución certera a las mismas.

Por lo pronto esas inquietudes quedan en la palestra, y otras consideraciones pertinentes si pueden llevarse a cabo a la luz de lo estimado como necesario para darle rumbo la IPN.

En primer término, vale considerar, que resulta contradictorio que mientras algunos indicadores apuntan hacia la voluntad del Ministerio de Energía y Minas de desarticular los negocios de PDVSA en el exterior, reconocidos en el marco de lo que se entiende como internacionalización, por otra parte se pretendan negocios de igual naturaleza en Cuba. Con respecto a este particular se podría señalar que desde el punto de vista de la isla como tal:

a) Las inversiones necesarias para modernizar la refinería de Cienfuegos (aspecto fundamental de la pretendida relación petrolera con Cuba), es lo suficientemente cuantiosa como para que la inversión sea recuperada en no menos de veinte años.

b) El mercado interno cubano de hidrocarburos no resulta atractivo en cuanto el parque automovilístico de la isla es muy reducido y obsoleto. Dado el bajo poder adquisitivo de la población de ese país, la ausencia de la cultura del auto individual hace que el principal nicho comercial, el consumo de gasolina, sea altamente deprimido.

c) Pareciera que las consideraciones de negocios venezolanos en la Isla de Cuba, responden más a consideraciones políticas que comerciales por parte del Gobierno Nacional Venezolano. Esto lo evidencia, el historial de relaciones bilaterales de tipo personalista, por vía de la Presidencia de la República, que Venezuela ha mantenido con ese país desde la llegada al Poder de Hugo Chávez Frías en 1999.

Sin embargo, en caso de que la relación con Cuba pudiera ser deslastrada de su connotación política (asunto que resulta difícil), y se enfocara la misma desde el punto de vista estrictamente económico, como también deberían ser asumidos los posibles negocios con Brasil, podrían tomarse en cuenta otras consideraciones adicionales sobre esta materia, tales como:

a) Se presumen importantes reservas petroleras en el mar territorial cubano (hacia el lado del golfo de México), las cuales podrían ser explotadas con nuevas tecnologías para producción costa afuera (Off Shore). Estas exploraciones ya habían sido adelantadas por la ex Unión soviética hacia 1960.

b) Desde Cuba, si Venezuela elaborara una correcta plataforma comercial desde allí, podría convertirse PDVSA en un importante suministrador de crudos para el Caribe y Centroamérica.

No obstante, resulta prudente realizar una evaluación amplia de los riesgos políticos que las relaciones comerciales con Cuba arrojan cuando todavía sobre este país pesan las sanciones político-económicas de los EE.UU., quien a su vez es el principal socio comercial de Venezuela. Y a su vez el primer comprador de crudos venezolanos. Las dimensiones del consumo energético estadounidense garantiza, en un clima de relaciones favorables entre Caracas y Washington, un mercado seguro para la totalidad de la producción petrolera venezolana, lo cual ninguna otra economía hemisférica da certeza de absorber. En el plano extra hemisférico, las posibilidades de colocación de crudos venezolanos se ven limitadas con la competencia que los crudos de los países del Medio Oriente representan.

Así mismo, debe hacerse notar, que Venezuela debe estudiar con detenimiento la verdadera naturaleza de sus intereses en un mercado petrolero mundial donde la aplicación creciente de nuevas tecnologías permite a las empresas grandes ahorros que las hacen más competitivas, permite nuevos descubrimientos y explotaciones en áreas antes consideradas improbables, asunto que contribuye al aumento de la oferta no OPEP y, por ende, de una mayor competencia.

Por otra parte, en el marco de la dinámica del nuevo entorno global hay que considerar que, “el desarrollo de la sociedad del conocimiento, y de las técnicas telemáticas y de información que ha creado un nuevo andamiaje industrial y de comercialización, han superado las ganancias de las grandes transnacionales petroleras que habían ocupado los primeros lugares en la lista de (la revista) Fortune.(12)

Asimismo, no hay que desestimar la gran paradoja que representa el hecho de que mientras crecen las posibilidades de un incremento de la oferta petrolera por factores tales como la tecnología e incluso, en términos modestos de la demanda, por otra parte también está en curso un proceso de transición energética que hará perder al petróleo, en un tiempo relativamente breve, su condición privilegiada y estratégica. Podría decirse, que una de las expresiones más palpables de ese proceso lo representan las cada vez más crecientes restricciones ambientales que los países industrializados colocan a los hidrocarburos.

Sobre este particular, recientemente Luis Giusti, ex Presidente de PDVSA señaló recientemente que “en el horizonte futuro, esperemos que lejano, aguarda el fantasma de las tecnologías y las imposiciones ambientales, que eventualmente limitarán la vigencia de los combustibles fósiles”(13)

En el marco de los escenarios planteados, resulta prudente por parte de Venezuela hacer una revisión profunda, repito, de la naturaleza real de sus intereses en su intención de relaciones económicas con Cuba. A veces las “grandes oportunidades” pueden ser más bien enormes espejismos.

Por ello, la evaluación del futuro de la IPN debe hacerse sobre bases reales y no sobre especulaciones o mitos transnacionales de solidaridad y libertad tercermundistas. El petróleo es un negocio, como tal debe ser siempre considerado y debe igualmente estar siempre al servicio de los intereses nacionales y no de proyectos personalistas. La pregunta de rigor siempre debería se ¿dónde obtenemos los mayores beneficios?

Así las cosas, se podrían adelantar algunas conclusiones tentativas, las cuales quedaran siempre abiertas a la revisión, tales como:

a) Dado el carácter global que siempre ha tenido la industria petrolera mundial, y el cual se agudiza todavía más en el presente, PDVSA debería mantener el programa de internacionalización.

b) Dado que hasta ahora dicho programa no ha cumplido ni con las expectativas ni metas inicialmente propuestas (ver supra Algunos cuestionamientos a la estrategia de internacionalización), se debe repensar los mecanismos para el sostenimiento del mismo.

c) PDVSA debe revisar, en profundidad, la rentabilidad de sus actuales negocios en el exterior. Aquellos que resulten inviables de reconfigurar a favor de los intereses de la nación debe rescindirse de ellos.

d) Deben evaluarse nuevas posibilidades de negocios externos para PDVSA, sobre la base de consideraciones técnico-económicas y no políticas o personales.

e) Impulsar en el seno de la OPEP la cooperación armoniosa y la regionalización de mercados.

En el plano de los interno, la IPN debe tomar en cuenta las siguientes consideraciones:

a) Mantener el principio de la propiedad nacional (estatal) de los hidrocarburos.

b) Fomentar la participación del capital nacional e internacional en la IPN, lo cual implica presencia de capitales para los programas de desarrollo y posibilidades de transferencia tecnológica.

c) Ampliar los estadios de operaciones de IPN y diversificar sus actividades en sentido “aguas abajo”.

Cabe destacar que la idea de la internacionalización no es exclusivamente una iniciativa de Venezuela. Otros países de la OPEP, conscientes del carácter global de la industria petrolera y de las necesidades de proyección nacional, han impulsado el mismo proceso. Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Arabes Unidos, y hasta la radical Libia, han visto en la internacionalización una posibilidad de asegurar la colocación de sus crudos y productos.

Arabia Saudita, por ejemplo, posee asociaciones importantes con empresas internacionales en refinerías, sistemas de distribución y mercadeo en Europa, Asia, Pacífico y América. En el caso particular de América, Arabia Saudita tiene participación, en los EE.UU., en unas 5 refinerías, 48 terminales y vende sus productos a través de 11.000 estaciones de servicio de la marca Texaco. En Asia-Pacífico posee igualmente 5 refinerías y sistemas de distribución, mientras que en Europa tiene injerencia en 2 refinerías.

Por su parte, el jequeato de Kuwait es propietario de 3 refinerías, y sistemas de distribución, en Europa. En Asia-Pacífico, al igual que Arabia Saudí, posee sistemas de distribución. Las asociaciones de este país, le permiten colocar unos 310MBD de crudo, lo cual representa más o menos, el 15% de su producción total.

Finalmente, mientras Libia posee participación accionaria en refinerías de países como Italia, Alemania y Suiza a las cuales suple de unos 350 MBD y se sirve de unos 14 terminales y 2800 estaciones de servicio; los Emiratos Arabes Unidos cuenta con el 10% del capital accionario de la compañía española de petróleos.

Notas

Milko Luis González Silva: Internacionalista, estudios de Especialización y Maestría en Hidrocarburos, Profesor de Islam y Petróleo de la EEI/FACES/UCV, Investigador petrolero del IIES/FACES/UCV. E-mail: deletrario@yahoo.com

(1)API: siglas del American Petroleum Institute, (Instituto Americano del Petróleo) institución constituida por compañías privadas. Este ente se ha encargado de crear una nomenclatura internacional para los equipos y procesos petroleros, entre ellos la viscosidad del crudo.

(2) Constitución de la República de Venezuela de 1961.

(3) El Margen del Refinador es la ganancia neta del refinador como resultado del procesamiento del crudo en su refinería. Se calcula de acuerdo a la siguiente fórmula: MR = VA-CR-F-I-Precio del crudo, donde VA es valor agregado y representa el valor del barril de un crudo refinado en términos de su rendimiento en productos bajo determinado esquema de refinación; CR es el costo de refinación y representa el valor que cuesta refinar un determinado crudo; F significa fleta, es el valor a pagarse por un crudo a ser transportado por tanqueros hasta la refinería; e I significa impuestos, lo que se ha de pagar por la importación de crudos.

(4) Carlos Mendoza Potellá: Op.Cit. p.10.

(5) Ibíd., p.10.

(6) Ibíd., p.24.

(7) Pedro García Otero: Debe desmontarse internacionalización y apertura, en El Universal, CCs. 7-02-2000, 2-1.

(8) Telmo Almada, El Nacional, 05-03-2000, p. E-1.

(9) Norka M. López, en Economía Hoy, 04-02-2000, p.8.

(10) Telmo Almada, en El Nacional, 20-03-2000, p. E-2.

(11) Rafael Rivero: Ciavaldini: PDVSA no está vendiendo sus activos en el exterior, en Economía Hoy, 21-03-2000, p.8.

(12) Rafael Rivero: Poder OPEP vs poder del mercado: una confrontación vigente, en Economía Hoy, Ccs. 27-03-2000, p. 10.

(13) Luis Giusti: ¿Por qué será que otros países están copiando la apertura petrolera?, en El Nacional, Ccs. 19-03-2000, p. H-6.

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