Caracas, Domingo, 20 de abril de 2014

Sección: Cultura

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Sebastián Garrido In memoriam

Mariano Diaz,Antonio Sanchez Garcia, Josune Dorronsoro y Xavier Sarabia

Viernes, 1 de agosto de 2003

Uno transita espacios, pero elige el suyo.
Sebastían Garrido

Sebastián Garrido transito por la memoria del país
Mariano Diaz

UNO LE DEBE A SEBASTIÁN GARRIDO su lealtad de hace cuarenta años. Se lo conoce primero por la referencia de Alfredo Armas Alfonzo, cuando éste a la cabeza de Extensión Cultural de la Universidad de Oriente, acometía el empeño de rescatar en los estados sedes la herencia tradicional venezolana, hermana de la que sostenía en su literatura de Clarines; rescate de herencia, donde entre otros fotógrafos seducidos todos por la contagiante palabra de Alfredo, Sebastián había destacado en el registro del Unare, Guanape y Uchire. -Trabajará con nosotros el Torero, un muchachote con alma de niño, capaz de fotografiarte el lado humano de una hormiga.

(No se encuentra la imagen 3365735)(No se encuentra la imagen 4300534) Es el hombre que necesitamos. Tú le dices el tema, lo dejas solo y más nada; él te responde sobrado. Y llegó el muchachote: la mano franca y su abierto acento andaluz, con la 35 milímetros guindada cortica, entre cuello y pecho, siempre a la mano para subirla al ojo alerta.

(No se encuentra la imagen 4126401)Y COMENZARON LAS JORNADAS, y ahí estaban los clics interminables de Sebastián, sobre el gesto, el entorno y el habla de gente desconocida por uno, que en el transcurrir de las conversas decían llamarse Luis Mariano Rivera, y sepa que lo mío es componer canciones, cantarlas y hacer teatro campesino; María Rodríguez, que lo que hago es saber cantar y bailar comparsas de mucho tiempo atrás como la antigüísima Sirena; Georgina, soy la negra de Chiclana, y de años ando cargando y danzando como fiesta mi pájaro uarandol emplumado con papelseda para darle más vida con la brisa y el meneo; Daniel Máiz, y sepa que no vivo sin el cuatro en la mano, ni se lo suelto manque me caiga al lado y de ese mato un mango amarilliiíto; el Chiguao, y estoy de por vida metido en la playa, y entre la atarraya al mar y el rasquetear cuerdas con mis muchachos yo me quedo con las dos; Luis Hurtado, que a veces soy Tarzán, a veces Mono, y siempre Diablo de Cumaná, y con mi tridente voy clavando y asustando cuanto muchacho porai me sale, y al que atrapo le muerdo el cuello haciéndole brotar un chorretón de culei que los espanta; Mundo Córdova, barbero, escultor de barro y pintor de esmalte, que peluqueo solamente cuando no tengo ganas de pintar, porque lo mío es espiritual y me viene de arriba y el que me llega a interrumpirme se va igualito a como llegó, con su pelero hasta más largo, ¿sabe?.

(No se encuentra la imagen 7674377) 1 FUERON ELLOS LOS PRIMEROS PERSONAJES que nos atrapó el lente de Sebastián. Pero no sólo eran los que uno contactaba y que él fotografiaba para nuestro archivo de testimonios en la Quinta Tobía, ahí entre los cocales de los Mago y el mercado viejo de Cumaná y desde donde se iba consolidando el registro de la UDO, sino que el hombre estaba presente en toda actividad. Cuando venido desde Chile, el profesor Humberto Sagredo Araya, músico y orfeonista, juntaba la religiosidad y el arte musical de los pescadores para componer la primera Misa Criolla de Oriente, ahí estaba la cámara de Sebastián; cuando el poeta Santos Barrios derramaba sus musas en tertulias, salones y barras, clics de Sebastián sobre el bardo; si Angito y su grupo danzaban por escenarios y plazoletas, o el coro del profesor Suárez entonaba himnos sagrados o movidas canciones, todo ese mundo quedaba grabado en las fotos certeras de Sebastián, que luego nos aplastaba con sus gráficas, al esparcir sobre el escritorio tanto válido documento para proyectos editoriales.

(No se encuentra la imagen 9894361) SI BIEN EL TIEMPO DE CUMANÁ RENDÍA por largo y generoso, uno no sabía cómo lo mutiplicaba Sebastián, que no sólo cubría las notas docentes, estudiantiles y comunitarias de la universidad, sino que además registraba cuanto suceso humano ocurría por San Luis, Los Bordones, Caigüire, Cariaco, Cerezal, Las Charas, Santa Inés, o donde quiera se asomaran los rostros del hombreluna, el niñollovizna, o la mujerflor, como una vez la lengua del indio fundador nombró a los espíritus del pueblo.

(No se encuentra la imagen 6924756) Todo venía en su cámara: la vida del mercado, las inundaciones de ranchos, las faenas de la pesca, los reposos de siestas, las tertulias de silletas al frescor nocturno, las empanaderas, las muñecas de trapo, el tejido de la mara, la talla, la pintura, la arquitectura, el santo viejo, la campana, el aldabón y el clavo comidos por la sal implacable, quedaban en su registro. La alegría de la fiesta patronal, el dolor del cementerio, el pie calloso pisando restos de empedrado, la última resistencia de la viga o la tapia, las iglesias doctrineras patinadas de monte y tiempo y olvido, la procesión del santo, la coreografía del folclor, los tendidos del casabe y de la ropa junto al río, la ruina del cañón y del balcón de hierro, la faena del coco y la labranza, el calafateo y el ojo de Dios en la proa del peñero, el poblador en su cotinianidad, en su constancia y empuje como escudo ante la abulia y desidia del gobernante, eran amor y materia en las fotos de Sebastián.

(No se encuentra la imagen 2755582) / 2 LOS ROSTROS FÍSICOS Y HUMANOS de Cubagua, Turimiquire, Macanao, Caigua, Cachipo, Píritu, Arenas, La Guanota, Saucedo, Zamuro, Bebedero, La Casimba, Cascajal, Cantarrana, Catuaro, Guaracayar, Furrial, Guanaguana y Urica, sobreviviendo entre la geografía de Sucre, Anzoátegui, Monagas, Margarita y Guayana, se los nombra porque pervivieron en las fotografías de Sebastián, que amarradas como La tierra de Oriente y su habitante, mostrara una nutrida exposición en la UCV. y que registrara con más de un centenar de fotos el libro de igual nombre glosado por Armas Alfonzo.

UNO LE DEBE A SEBASTIÁN GARRIDO LA LECCIÓN de la búsqueda constante del diseño y la textura en el negativo, explorando ángulos y expresiones, escatando no importa en qué formato, nuevos encuadres, fotos dentro de la foto, para descubrir el mundo de posibles que quedó registrado en los milímetros de la película. Esta característica de su trabajo se revela en el libro Los Astros Secretos, con que ilustrara personajes del poeta Arnaldo Acosta Bello. Son pedazos de humanidad, detalles en cercanía, de ojos, bocas, manos, barbas; textura humana donde el detalle penetra al fondo del poro, donde una piel cuarteada como la del capitán Gaviota, ostenta el dramático egoísmo de las arrugas que no dan cabida a ninguna otra raya compañera, o cómo la íntima ternura que brota de los ojos de Trueno el andarín, contrasta con su quincallería de loco solitario, cargador de bombillos, cadenas, muñecos, violín y toda una montonera de objetos del desecho, al que el hombre les otorgó el cariño de su vagancia y pertenencia.

(No se encuentra la imagen 3863004) Pero no es sólo admirar la imagen de lo curioso e interesante qué captó el fotógrafo, sino conocer el cómo estableció el contacto, para que el personaje no se sintiera invadido, violado, agredido por la cámara. Y ahí es donde reside el ángel de Sebastián Garrido, en el saber acercarse al sujeto, en transmitirle la confianza guardando el respeto necesario. Para captarle gestos y actitudes lo hace con su modo abierto de trato, la naturalidad del diálogo y el humor a flor de la palabra, junto a su asombrosa facilidad para imitar el habla oriental, llanera o maracucha.

(No se encuentra la imagen 6733457) LOS GARRIDO HAN SIDO UNA DINASTÍA de fotógrafos nacida en Garrucha, un pueblo andaluz que mira al África. El abuelo, el padre y los hermanos mantuvieron el oficio, y el joven Sebastián, bajo el ojo severo e instructor de su hermano Pepe, a los trece años ya manejaba con soltura la cámara. Tres años después, obligada la familia por la crisis de la postguerra, llegará a Venezuela, donde Pedro, el mayor, mantenía un sitial en el fotoperiodismo. Sebastián trabajará diversos oficios, hasta que decide probar con la fotografía.

/ 3 Cubrirá para prensa sucesos, sociales y deportes.

Predestinado para el oficio familiar, será años más tarde, en Oriente y al lado del grande soñador Alfredo Armas Alfonzo, donde encuentre la oportunidad de dar rienda suelta a su vocación de rescatador del alma de los testimonios populares, enamorándose definitivamente de la tierra y su habitante. El Oriente será mira y objetivo, y durante años, miles de negativos registrarán los quehaceres, costumbres y sucesos que van entretejiendo la otra historia social, la humilde, esa que siempre se relega o se olvida.

(No se encuentra la imagen 6439671)

YA EN CARACAS, SEBASTIÁN da forma y estilo fotográfico a dos revistas hitos en el periodismo institucional: Zona Cero, del M.O.P. y Ambiente, del ministerio del mismo nombre. Ahí, donde predominaban los temas áridos de oficinas y puertas adentro, quedó estampado su clic siempre humano y creativo. En estos últimos años, Garrido retoma la antigua senda de la fotografía documental, y vuelve a la provincia. Recorre Margarita, Mérida,Trujillo, Falcón y Puerto Ayacucho, concentrándose en los artesanos y cultores de tradiciones. Parte de estos trabajos se reproducen en publicaciones de la Dirección Nacional de Artesanías, como en el libro El canto popular margariteño, y tres cuadernos con personajes centrales: La vida en la tierra azul, con la alfarera Herminia Pereda Mata, La tierra de los cuatro dioses, con la locera Gladys María Córdova y La dama de bellalasonce, con Alberta Cova, la peinadora de las mujeres negras de Campoma. Todo fotógrafo busca la luz como punto inicial, pero en estos trabajos, como en los de su última exposición Mujeres entre la vigilia y el sueño (Galería Arti-Hara Te, Los Teques 1998), Sebastián pareciera partir de la sombra como núcleo, para dibujarla con la luz. Sus contrastes entre blanco y negro son un riesgo salvado para componer y entrelazar texturas y atmósferas de dramática belleza .

(No se encuentra la imagen 9633847) UNO LE CONOCE A SEBASTIÁN GARRIDO la porfía de sus proyectos y la pasión por el trabajo en la provincia. Él forma parte de esa legión casi anónima de fotógrafos del interior, documentadores de paisajes, tradiciones, costumbres, habitantes y hacedores, que rescatan el patrimonio al margen de la nación oficial, y a los que ignoró la Galería de Arte Nacional en su Panorama de las Artes Visuales de los 80. Fotógrafos de valiosos trabajos de campo, que por no pertenecer al círculo de la capital, desconocen los críticos y curadores de escritorio: La fotografía documental, cuya presencia hegemónica comienza a trastabillar a finales del decenio...Dentro de esta aproximación al género documental merecen un lugar destacado en los ochenta...

/ 4 Se citan como ejemplo fotos realizadas en Venecia, Londres y retratos narcisistas, entre otros trabajos, mientras en la provincia no trastabillaban ni trastabillan, para suerte de lo raigal venezolano,Tony Russel en Trujillo, Oswaldo Blanco en Barquisimeto, Wilson Prada y el Hippie en Maracay, Alvaro Silva, Ernesto Morales, Nelson Vásquez y Nelson Sánchez en Maracaibo, José Ángel Mora y Gregorio Aparicio en San Cristóbal, Ignacio Vielma en Barinas, Luis Trujillo y Rafael Lacaud en Mérida, Rafael Salvatore en Cumaná, ni tampoco Alexis Pérez Luna y Vladimir Sersa que junto a Sebastián Garrido forman un trío excepcional del rescate de la herencia y la interioridad. De tiempo antes, Sebastián Garrido merecía el Premio Nacional de Fotografía que le otorgan en 1998. Escasas líneas reseñan el hecho. La revista Extracámara, le dedica un portafolio acompañado de cuatro notas tomadas de catálogos; nuevamente el cómodo trabajo de escritorio ignora el testimonio valioso de vivencias y experiencias que podría aportar este maestro a la nueva generación de fotógrafos.

EN EL PAÍS TESTIMONIADO se le debe a Sebastián Garrido su inquebrantable y porfiada lealtad de medio siglo de rescate de patrimonio.

MD/ Revista Nacional de Cultura Nº 317 / enero.marzo 2OO

_______________________________________________________________________ El arte de la dignidad A Sebastián Garrido, in memoriam (1934-2003)
Antonio Sanchez Garcia

(No se encuentra la imagen 5392850) El pasado jueves 17 de julio en horas del mediodía falleció víctima de un extraño accidente de carretera, 15 kilómetros al oriente de Caucagua, nuestro inolvidable amigo y compañero Sebastián Garrido. Nacido en Garrucha, un bello y pintoresco pueblo almeriense ubicado a orillas del Mediterráneo hace sesenta y nueve años, hizo su vida desde su más temprana juventud en tierra venezolana. Hijo y hermano de afamados fotógrafos, Sebastián realizó en nuestro país una de las más deslumbrantes obras fotográficas imaginables: sometió todos y cada uno de nuestros pueblos y sus gentes a su delicada ternura, dejando un testimonio de grandeza infinita. No sólo de su obra, un testimonio descarnado, profundo y revelador del alma del venezolano, sino de su pasión desbordante, su generosidad a toda prueba y su ilimitado amor por esta tierra.

Fotógrafo desde su juventud, trabajó en los principales medios impresos del país, en los que dejó honda huella. Se afincó luego y durante muchos años en Cumaná, vinculándose para siempre al oriente venezolano que llevaba en su corazón. Casó con la bióloga Lesbia Bohr, de prolífica y creadora familia venezolana, con quien tuviera dos hermosos varones: José Armando y Sebastián Guillermo. Para unir su trabajo fecundo y creativo durante toda su vida al CONAC, desde los míticos tiempos del INCIBA, y hasta hace apenas unos años, cuando se acogiera a una merecida jubilación. Coronación de esa vida dedicada a la fotografía, que elevara a su máxima expresión, el Premio Nacional de Fotografía que le fuera concedido en 1998.

Su obra es absolutamente imprescindible: sus retratos revelan la desesperanza, la angustia, la soledad y el abandono de esos hombres y mujeres de nuestros "pueblos tristes". Como el silencioso retiro de sus muros descascarados. Pero también el desenfado y la alegría de nuestras pescadoras margariteñas, el delirante universo de esos caballeros andantes de nuestras calcinantes carreteras, el agobio sin nombre de ancianos curtidos por el sol, el trabajo y la tristeza. Y las indómitas caballerías llaneras. Su obra acompaña a grandes poetas. Entre los cuales amó como a un hermano a Alfredo Armas Alfonso y admiró con su proverbial apasionamiento a Vicente Gerbasi y a Orlando Araujo. Conoció su oficio hasta la magia: dominó todos los secretos de la luz y la sombra, siempre una Pentax 35 mm -la cámara de su preferencia - a la mano. Fue reportero gráfico de la vida política nacional, fotógrafo de deportes, enviado especial a los lugares en que se requería su visión aguda, perspicaz, siempre crítica y humana. Y, por lo mismo, el gran maestro de toda una generación de grandes fotógrafos, entre los cuales Luis Brito, Ricardo Armas, Antolín Sánchez, Wladimir Sersa.

Como hombre, pocos venezolanos tan cabales, tan íntegros, tan honestos, tan verticales y tan apasionados como él. Amó a esta tierra con una tenacidad envidiable. Sufrió en su hondura la perversión de los valores de nuestra nacionalidad llevada a cabo por una farsa sangrienta e irrespetuosa como la que ha desquiciado a la nación en manos de este régimen ominoso, corrupto y pervertido. Y murió despreciando la bajeza de aquellos con quienes alguna vez compartiera anhelos y afanes, hoy a la vera de un gobierno despreciable.

Amado Sebastián: seremos fieles a tu fidelidad por una tierra justa y decente. No descansaremos hasta volver a verla reconciliada y en buenas manos. Entre tanto, vela por nosotros y descansa en paz.

Funte:Editorial Notitarde ______________________________________________________________________ Josune Dorronsoro

(…) Sebastián Garrido desarrolló durante 10 años (1962-1972) un minucioso registro de la vida en el oriente del país, que comprendía desde retratos a los artesanos, hasta el cementerio, el mercado y la iglesia de cada población. Estos reportajes que formaron parte del trabajo El oriente y sus habitantes, Garrido los llevó a cabo junto al escritor Alfredo Armas Alfonso quien además de mostrar siempre un interés particular por la fotografía-el mismo realizó durante esta época un buen numero de imágenes sobre esta misma zona-,siempre se planteo la necesidad de dejar testimonio del paisaje, los habitantes y las formas de vida del país. En este tiempo mientras Garrido cubría fotográficamente cada lugar, el escritor hacía las entrevistas a los habitantes. Una pequeña parte de este trabajo, hecho para el departamento de Cultura de la Universidad de Oriente, fue publicado en 1976 y quedó como testimonio excepcional de esta época y de la zona.

En: Josune Dorronsoro “Venezuela inédita –Fotografías venezolana de los setenta”. Encuadre, CONAC,Caracas,numero especial Jornadas Fotográficas _________________________________________________________________________ Xavier Sarabia

Venezuela es el país de Garrido porque Garrido la siente como patria y como patria ausculta. La ausculta en su gente y en lo que deja de ser para volver a ser .Atarigua, un pueblo cualquiera de la geografía venezolana, que dejó de ser un pueblo cualquiera para ser represa fue captado por la len te de Garrido. En la víspera, cuando todo anunciaba ausencia , antes y la gente en su cotidiano ámbito en trance de seguir viviendo. Fotografías no piadosas, llenas de esperanzas. Fotografías abiertas iluminadas por la luz del día de esos días tan concientes de su papel de ayer.

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Del texto de presentación de la muestra: “El país de Garrido, Pérez Luna y Sersa” ,Galería Altxerri, San Sebastián España 6 de septiembre-17 octubre 1993

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Fotografías publicadas en la Revista EXTRA CAMARA No 15 enero 1999

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