Caracas, Jueves, 17 de abril de 2014

Sección: Cultura

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Descubrimiento de archivos antiguos en la Iglesia de San Jerónimo de Cocorote

Hugo Álvarez Pifano

Sábado, 24 de agosto de 2013

Se cuenta que una vez le preguntaron a Santo Tomás de Aquino -el intelecto más vigoroso de la Iglesia Católica en toda su historia- cuál delos múltiples dones que Dios le había otorgado, era el más apreciado por él, Tomás sin vacilar respondió: mi capacidad de entendimiento

Descubrimiento de archivos antiguos en la Iglesia de San Jerónimo de Cocorote





   Foto: yaracuy.net

Se cuenta que una vez le preguntaron a Santo Tomás de Aquino -el intelecto más vigoroso de la Iglesia Católica en toda su historia- cuál delos múltiples dones que Dios le había otorgado, era el más apreciado por él, Tomás sin vacilar respondió: mi capacidad de entendimiento, quiero decir, que de todos los libros que he leído, no existe ni uno solo que yo no haya comprendido a cabalidad. Esto lo escuché en una conferencia y en seguida cruzó por mi mente la figura de un reputado economista venezolano: Domingo Faustino Maza Zavala (1922-2010) y me dije a mí mismo, el buen santo hace esa afirmación porque nunca tuvo que leer algún libro de Maza Zavala, de haber sido así, con toda seguridad se le hubiera “trancado el serrucho” Al profesor Maza Zavala no hubo nadie que pudiera entender lo que escribía (salvo sus congéneres: los comunistas y unos pocos genios venezolanos de la economía), así ocurrió hasta la recta final de sus días, cuando siendo Director del Banco Central de Venezuela, este fue privado de su autonomía y guardó un profundo silencio, tan insondable como el entendimiento de su pensamiento económico.
Esta introducción al ensayo que presento a la benévola apreciación de mis lectores, obedece a que debo escribir sobre temas de teología, de archivos eclesiásticos y de asuntos clericales muy complejos, que reclaman absoluta claridad en mis conceptos, por lo tanto explicaré cada una de mis expresiones. Pido disculpas a los doctos y me dirijo a la “gente de a pie” pensando en ellos he escrito esta crónica.
El fin de semana, que cayó a los inicios del mes de agosto, terminé un arduo trabajo de investigación en los archivos eclesiásticos de la Iglesia de San Jerónimo de Cocorote, correspondientes a las actividades realizadas por las diversas cofradías (organizaciones que promueven los actos píos), todo esto en los comienzos del siglo XX. Descubrí que para esa época se realizaban talleres de entrenamiento a los turibularios (oficiantes que llevan el turíbulo o incensario durante la misa) y se impartían cursos de formación práctica para catecúmenos (personas que reciben instrucción religiosa formal). Estos cursos eran dictados por un cenobita (otra palabra para monje) portador de una cogulla (la capucha de un monje) quien formulaba “objeciones” (solicitudes encaminadas a obtener un favor religioso, una dispensa o un privilegio), se trataba de enseñar una manera de pedir a los santos y conseguir de este modo, un mejor provecho de estas peticiones.
Según la tradición cada santo tiene asignada la cura de una enfermedad o en la más diminuta esperanza, el consuelo que ayude a la solución de un problema de salud, a saber:
Estreñimiento, inflamaciones de los intestinos, diarreas, retortijones: San Benedicto
Mordeduras de serpientes y espasmos violentos: San Dominico de Soria
Enfermedades en las piernas, várices, trastornos en la circulación de la sangre: San Servato
Enfermedades oculares, conjuntivitis, catarata, glaucoma: Santa Lucía
Cojera, insania, esterilidad, convulsiones, temblores y epilepsia: San Giles
Carbunclos: San Claudio; Sífilis: San Jorge; Heridas: Santa Aldegunda; Cálculos en la orina: San Drogo; Quebraduras: San Osmundo; parálisis y apoplejía: San Wolfgang.
Al final, una nota: si la tarea de todos estos santos falla irremediablemente, invocar a Santa Úrsula para tener una buena muerte.

Otro documento de singular importancia enseñaba, que a los comienzos, la Iglesia primitiva orientaba a sus feligreses mediante símbolos, por ejemplo, cuando se representaba a San Pedro, se ofrecía la imagen de un hombre barbudo, de rostro adusto, portando un mazo de llaves: las llaves del reino. De este modo, la gente se acostumbró que cada vez que veía a un personaje cargando dos o tres llaves, ese era San Pedro. No obstante, este sistema de imágenes muy ingenioso, no siempre dio los resultados esperados. Veamos.

San Bartolomé uno de los doce apóstoles, fue condenado por un rey pagano a ser despellejado vivo y en efecto la condena se cumplió. Desde entonces a San Bartolomé se le representa en las pinturas asociado a un cuchillo despellejador, como símbolo de su martirio. Pero ocurrió que en la Edad Media las corporaciones de artesanos confundieron el cuchillo de tortura con un rebanador de quesos y erigieron a San Bartolomé como el santo patrono de los fabricantes y expendedores de quesos. Hasta nuestros días se conserva esta tradición.

Santa Ágata (251 DC) una bella doncella, rehusó a acostarse con un centurión romano, el pretendiente desairado le cortó los senos. En las pinturas que consagran su martirio, se suele representar a la santa con sus senos cortados sobre una bandeja. En numerosos países de Europa, los senos de la santa fueron confundidos con campanas, por esta razón a Santa Ágata se le tiene como la santa patrona de los fabricantes y tañedores de campanas. En otras regiones, los senos de la santa fueron confundidos con panecillos y nació la tradición de fabricar los panes de Santa Ágata.

Santa Viviana (363 DC) su nombre viene del latín “vivo” que significa llena de vida, pero ocurrió que en la España medioeval la ortografía de su nombre sufrió drásticos cambios y se transformó en Bibiana, del latín “bibo” que significa llena de bebidas, por esta razón Santa Viviana o Bibiana pasó a ser la protectora de los alcohólicos, en especial de aquellos que sufren de resaca o como se dice en Venezuela de un soberbio “ratón” de padre y señor mío.

Pero el documento más importante, es el llamado “palimpsesto cocorotensis” (1), el cual registra un error que ha tenido consecuencias positivas en el futuro y es el correspondiente a San Onofre (400 DC), un eremita que dedicó 60 años de vida a andar desnudo en el desierto, dedicado a orar, meditar y hacer penitencia. Se dice que nunca vistió ropaje alguno ni siquiera un taparrabo, solo cubría sus partes íntimas con colgajos de arbustos. Pues bien, las corporaciones medievales lo eligieron como santo patrono de los tejedores. Cuando preguntaron a quienes tomaron esta decisión ¿Por qué un hombre que jamás llevó vestido alguno es el patrono de los tejedores? La respuesta fue: los tejedores estaban bromeando cuando lo eligieron, como se diría en buen venezolano ¡Eso fue una mamadera de gallo¡

Hoy en día, en el mundo moderno, es inconcebible que un joven venezolano en edad de cursar estudios universitarios, se vaya a los médanos de Coro a vivir desnudo entre las dunas de arena de nuestro hermoso desierto, a comer miel de abejas silvestres, a orar, meditar y hacer penitencia. Este no es el tipo de santidad que reclama la Iglesia de nuestros días, los tiempos han cambiado, como dijo el Papa Francisco en Brasil, se requieren santos que estudien en las universidades, que funden empresas, que presten un servicio a los demás y que ejerzan actividades que mejoren a la sociedad. Santos que trabajen al lado de los más pobres y que afronten las circunstancias de la vida como ocasión propicia de acercamiento a Dios.
Este hombre maravilloso, el Papa Francisco es un ser humano excepcional, muy difícil de encasillar, cuando era el Arzobispo de Buenos Aires y por lo tanto, el Cardenal Primado de Argentina, los feligreses le preguntaban: ¿si no quiere que lo llamemos Eminencia, cómo lo podemos llamar? A lo cual respondía: Padre Bergoglio. Es un Jesuita que no tiene la arrogancia típica de los curas de esa orden, por el contrario, es conocido por su humildad, su compromiso con la justicia social, solidaridad con los pobres, inclinación permanente al diálogo y por sobre todo esto, su afición al futbol, no se pierde un partido de su Club Atlético San Lorenzo de Almagro. Antes de ser sacerdote se gradúo de técnico químico, fue profesor en diversos colegios y catedrático en la Universidad de los Jesuitas en Buenos Aires, pero no solo de teología (nunca de química), su cátedra fue de literatura latinoamericana y se le reputa como una autoridad en la materia. Su estilo de vida sencillo y su concepto moderno de la santidad lo acercan mucho al Opus Dei. Como es sabido, el Opus Dei es una institución de la Iglesia católica que difunde el mensaje de que el trabajo y las circunstancias ordinarias son ocasión de encuentro con Dios, de servicio a los demás y de mejora de la sociedad. Todos los curas del Opus Dei además de sacerdotes tienen una profesión, su fundador San Josémaría Escrivá de Balaguer fue ingeniero de caminos. Antes de la llegada del Papa Francisco y de Sanjosemaria Escriva, solamente los curas tenían el monopolio de la santidad, hoy en el mundo de nuestros días también la “gente de a pie” pueden llegar a ser santos, si reciben la gracia de Dios y en su acontecer diario siguen el ejemplo de vida de nuestro Señor Jesucristo.
Esta es la lección contenida en el “palimpsesto cocorotensis” un documento de comienzos del siglo XX, dedicado a San Onofre y que enseña el mejor modo de pedir a los santos para obtener certeros resultados, y que anticipó en más de 100 años un concepto moderno de la santidad, que se abre camino en el mundo de hoy, tomado de la mano de tan solo 90.000 personas que integran en su totalidad el Opus Dei. A propósito, algo muy significativo, de estas 90.000 personas, tan solo 2,000 son curas, el resto son “gente de a pie” dedicadas a servir a Dios y con una conducta muy próxima a la santidad.

Notas:
1.- La palabra palimpsesto viene de la unión de dos palabras griegas: palin que significa “de nuevo” y psad que quiere decir “raspar”, con la finalidad de borrar. Pues bien, con este nombre se designa al manuscrito en que ha sido raspada una escritura anterior y sobre esa misma superficie se ha grabado una nueva escritura que aparece en la actualidad. Esto se hacía generalmente con la finalidad de ahorrar papiros, pergaminos o papel. El “palimpsesto cocorotensis” contiene un grabado de San Onofre que fue raspado para escribir algunos trabajos de teología de San Jerónimo.
A propósito, yo prefiero escribir Jerónimo con j (aunque también es correcto escribir Gerónimo con g) porque viene del latín “Hieronimus” que significa: “el que tiene un nombre sagrado” Al parecer, es más acertado sustituir la h por una j, que por una g.

Fotografías:
1.- Iglesia de San Jerónimo de Cocorote (foto de presentación)
2.- Pintura de San Pedro, portador de las llaves del Reino, atribuida al pintor flamenco Rubens
3.- San Bartolomé y el famoso cuchillo, como símbolo de su martirio
4.- Santa Ágata y la bandeja en que lleva sus senos, otro símbolo del martirologio
5.- Santa Viviana o Bibiana
6.- San Onofre, como aparecía en el “palimpsesto cocorotensis” desnudo, con una larga barba y sus partes íntimas cubiertas por guirnaldas de arbustos


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