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04:54 PM 27 de agosto 2015
 
 

Análisis a fondo de Angry Birds 2

Rovio no inventó las mecánicas de Angry Birds, pero sí consiguieron que pareciesen suyas. Angry Birds 2 pretende vivir de las actualizaciones en vez de a base de lanzar nuevas secuelas

Rovio no inventó las mecánicas de Angry Birds, pero sí consiguieron que pareciesen suyas. Angry Birds 2 pretende vivir de las actualizaciones en vez de a base de lanzar nuevas secuelas

(Tomado de applesfera.com),

No fueron pioneros en lo que a jugar en el móvil se refiere, de hecho incluso hubo sagas consagradas que dieron el salto incluso antes que ellos (me viene a la mente Assassin’s Creed cuando los juegos se anunciaban en las páginas de las revistas y se descargaban mediante SMS), pero pese a ello cuando piensas en la explosión de esta industria, la de los juegos para smartphone, Angry Birds es lo primero que te viene a la mente.

Junto a ellos nació un nuevo público para el sector del videojuego, el de aquellos que no se acercaban a los juegos y luego acabaron enganchados al auge de lo freemium por otras vías. Digamos que, con sus más y sus menos, los que jugamos desde el teléfono a diario le debemos algo a Rovio, hay algo más que simple carió por sus Angry Birds en una relación que ahora, con la llegada de Angry Birds 2, es tan opuesta como cercana.

Una secuela que no es tal cosa

Atrás queda el modelo de dos aplicaciones en la AppStore, una gratuita y limitada a modo de demo y la completa, que podía tenerte no pocas tardes enganchado a la idea de lanzar pájaros contra estructuras de madera valiéndonos de unas mecánicas que no habían inventado ellos, pero sí habían conseguido hacer suyas.

Ahora, con Angry Birds 2 sumando los demenciales números a los que está acostumbrada su compañía (un millón de descargas durante las primeras 12 horas), el sistema es lo suficientemente cercano para que volver a él no precise de enrevesados tutoriales, pero tiene ese toque que la moda de lo gratis con micropagos y publicidad como pilar para su financiación ha convertido en algo casi imprescindible para cualquier empresa.

Cuesta que ese modelo de negocio acaba de entrarnos por los ojos, principalmente porque el uso (y abuso) del sistema ha obligado a plantarnos ante él con más precaución que cariño por poder acceder a más juegos por menos dinero. Que cada empresa haya tomado suficientes libertades para que el modelo freemium sea completamente distinto de un juego a otro tampoco ayuda, pero siendo yo poco fan de este tipo de propuestas, debo reconocer que a Angry Birds 2 le sienta especialmente bien.

A querer sacar dinero mediante gemas y recarga de vidas le debe Angry Birds 2 toda su ambición, porque de lo contrario, de no buscar mantenernos enganchados el máximo tiempo posible, el número de niveles de esta versión no pasaría de las 60 a las que nos tenían acostumbradas las primeras ediciones. La realidad, en cambio, es bien distinta, alcanzando los 240 y sumando, además, distintas secciones dentro de cada uno de los niveles, llegando incluso a cuatro estructuras distintas en una misma pantalla.

Free-to-play, pero de los que no molestan

Las cinco vidas que suponen la parte menos apreciada de este sistema no consiguen ensombrecer esa tónica positiva, y ahí hay que reconocerle el mérito a los diseñadores de Rovio. La clave está en la posibilidad de superar el juego de cabo a rabo sin tener que gastar una sola vida.

Digamos que, a diferencia de otras propuestas, los cinco corazones que nos acompañan durante el juego no merman al entrar a cada nivel, sólo cuando toca reiniciarlo porque no hemos sido capaces de superarlo con los pájaros disponibles. Sólo en niveles avanzados, y hablo del segundo mundo en adelante, las cosas pueden ponerse cuesta arriba y obligarnos a aparcar el juego hasta que los 20 minutos de rigor nos permitan volver a él.

La cabezonería al intentar atacar siempre con la misma estrategia, la falta de habilidad o la poca suerte al intentar destrozar el máximo número de obstáculos posibles para ganar un nuevo pájaro a base de puntos, son nuestros grandes enemigos, pero ni de lejos parece estar centrado en fastidiar al jugador para que se atasque o en obligar a pasar por la tienda de hechizos (poderes especiales que facilitarán un poco más las cosas con lluvias de proyectiles o cerdos que se autoinmolan).

En la trampa de los micropagos caerán los de siempre, los ansias o los especialmente habituados a la compra compulsiva, pero la publicidad dentro del juego en forma de vídeos para conseguir un corazón o un pájaro más ya parecen más que suficientes para que en Rovio puedan obtener ingresos del juego sin ser especialmente maquiavélicos al marcar su dificultad.

Una buena razón para volver a caer

El renovado aspecto gráfico, con un estilo cel shading que le va sentando mejor conforme avanza las partidas y te olvidas del cambio de sopetón del primer encuentro, y un modo arena cierran la ronda de novedades de un título que pretende vivir de las actualizaciones en vez de tener que recurrir a las nuevas entregas para evitar la caducidad.

Especialmente jugoso me ha parecido ese último, que persiguiendo la cara más hardcore de las tablas de puntuación de Angry Birds, nos plantea enfrentarnos a un modo infinito en el que sumar el máximo número de puntos posibles antes de que nos quedemos sin pájaros por haberse terminado nuestra suerte o habilidad.

Pese a las bondades y el buen sabor de boca, también es de recibo reconocer que la fórmula lleva un agotamiento a sus espaldas que puede hacer que más de uno pase de puntillas por ella. No es menos cierto que, por su condición de juego freemium, lo de ir volviendo a él cuando tenemos un rato muerto no molesta en absoluto y es tremendamente disfrutable, así que llegados a este punto, como de costumbre, lo que nos queda es una cuestión de gustos. Personalmente, me han convencido.