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03:32 AM 05 de marzo 2015
 

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De la era de los holdings y de la tentación de crear brazos empresariales que la matriz no quiere asumir, no ha escapado ni la guerrilla. Una especie de franquicias recorre el mundo de la subversión, lo cual le permite a un Marulanda cualquiera asegurar, sin mentir, que “ese secuestro no lo hice yo”. Lo raro es que al secuestrado siempre lo plagia la delincuencia común, pero lo entrega la soberana guerrilla.

Mucho se podrá decir de la globalización, de sus pocas virtudes y de sus muchos defectos, pero el caso es que nadie parece escapar a un proceso que afecta a muchos y beneficia a pocos, como lo es la constitución de los conglomerados industriales, o comerciales.

La diversificación de los negocios ha hecho que las grandes empresas hayan optado por crear filiales, subsidiarias o sucursales, de modo que cada una asuma una responsabilidad, y la haga bien, por supuesto.

Una especie de franquiciaje, para hablarlo en términos más modernos, recorre el mundo de los negocios y las finanzas y con la misma rapidez que se sellan los contratos se produce la transferencia de tecnología y de conocimientos para que cada respnsabilidad se cumpla a cabalidad.

Eso es aplicable a todo, incluso a los acuerdos no firmados del gobierno venezolano con la guerrilla colombiana, sean del ELN o las FARC.

Ambos grupos, que conforman el movimiento subversivo más viejo y el más sanguinario que queda en el continente, han jurado y requetejurado que en demostración de buen voluntad con Venezuela, y especialmente con su gobierno, ellos no seguirían secuestrando, ni cobrando vacunas ni extorsionando a los ganaderos y comerciantes de este país, especialmente los que están en la frontera.

Te lo juro

Y las cosas se han cumplido. Cuando los periodistas le han preguntado al jefe mayor de la guerrilla, a su primer comandante o al jefe del frente número tal si ellos secuestraron al ganadero o al empresario tal, tenga usted la seguridad de que si le contestan que no, le están diciendo la verdad, por un hecho esencial. Eso no lo hacen ellos.

¿Usted ha visto a alguna columna del ELN o de las FARC atravesando los espacios venezolanos para venir a secuestrar a un ganadero?. No, eso no es lo que ocurre.

La guerrilla, en su inconmensurable capacidad para aprender, como toda institución que se dedica a la delincuencia organizada, ha hecho propio el principio de la franquicia como fundamento esencial de su negocio. Ellos identifican al franquiciable y si éste demuestra que tiene condiciones de responsabilidad y gerencia, entonces le transfieren los conocimientos, la tecnología y los recursos indispensables para que ellos cumplan esa parte del proceso.

Esto tiene sus ventajas. Una de ellas es que libra a la guerrilla propiamente dicha de su acción estratégica, que es la de hacer guerrilla, entretanto que otros, en otras partes se ocupan del financiamiento, o del suministro, del traslado de armas, o de la preparación de la comida, como los hay otros con responsabilidades muy novedosas, que son la de secuestrar, tarea que ocupa una de las prioridades esenciales de estas organizaciones.

La otra ventaja es que siempre hay alguien a quien echarle la culpa. Usted puede jurar que las FARC no están cometiendo secuestros, pero a pocos le quedan dudas de que los está cometiendo algunas de sus empresas filiales, de esas que se denominan “sociedades anónimas” y a su ves de “responsabilidad limitada”. Muy anónimas y muy limitadas.

Por lo demás, y como agregado, la constitución de este tipo de empresas comerciales, de gran éxito por cierto, le ha permitido a la guerrilla resolver el enojoso asunto aquél que al secuestrado se lo lleva la delincuencia común, pero lo devuelve siempre la soberana guerrilla.

Fue una filial, podría decirse, pero nunca las FARC o el ELN. Por la vía que vamos un día de estos la subversión ya no hablará de los famosos “frentes” o “columnas”. Ahora podrá decírseles “filiales de la casa matriz”, como operan todos los negocios que se respetan.

De otro modo nadie podría explicarse cómo ha aparecido el mamotreto irregular que se hace llamar EPLA –Ejército Popular Latinoamericano- que ha ¿reivindicado? el más reciente secuestro cometido contra un ganadero del Zulia. Claro, las “filiales” no están obligadas a cumplir los acuerdos a los que llega la casa matriz.

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