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La voracidad de la revolución

Los venezolanos sin excepción alguna nos ha correspondido recibir maltratos, ser vilmente engañados, nos prometieron villas y castillos, nos vendieron hermosas promesas por allá finalizando los años noventa, cuando ciertamente la democracia venezolana atravesaba una de sus primeras crisis a nuestro parecer algo risible una bagatela al compararla con la crisis actual totalmente incomparable a ninguna etapa por su voracidad, dimensión y daños. Lo cierto del caso es que el engaño, el maltrato y estafa colectiva ha sido continuada y sostenida en el tiempo por parte del fallecido Chávez y ahora Maduro.

La historia no hay duda que pudo ser otra pero los venezolanos fallamos por indolentes, por cómodos, por creer en cantos de sirenas, y no entendimos que aquella crisis que el propio Chávez en su momento sobredimensionó y fue su caldo de cultivo y pasaporte para con un discurso vago, sin instituciones, sin proyectos medianamente acabos, operativos y viables, sin partidos, sin una clase política responsable, seria, decente, proba y diferente a la que él se oponía difícilmente el país podía tomar un rumbo de reforma, de cambio con mesura, con orden, con ciertas certezas, todo se quedo en un mensaje y una esperanza muy vaga y general de cambio que jamás ocurrió, o mejor dicho si ocurrió para mal y hoy tenemos década y media después un país azotado por el hampa, la miseria, el hambre, el contrabando, la inflación, la escasez, un país sin institucionalidad, sin Estado de derecho, precario en lo económico, lo democrático, lo jurídico, lo industrial, lo financiero, lo empresarial, lo humano,

Claro que la historia pudo ser otra si hubiese privado la cordura, la sensatez, un sólido espíritu nacional, un compromiso nacional con todos los sectores, la necesidad de establecer alianzas, poner orden, acabar con la impunidad, castigar la corrupción, emprender proyectos y programas a corto, mediano y largo plazo en áreas estratégicas, crear incentivos, nuevas empresas, potenciar lo nacional, aumentar nuestras industrias nacionales como Sidor, Pdvsa, Cvg y otras, establecer metas, acuerdos y alianzas con sectores nacionales e internacionales, fomentar la industria, la ciencia y tecnología, diversificar la economía y la propia industria petrolera, seguir invirtiendo en educación y no improvisar, no haber ideologizado la salud, la seguridad, la educación, la ciencia y otros procesos técnicos que no admiten ser ideologizados y desnaturalizados y de allí lo que hoy estamos cosechando.

Los venezolanos no entendimos y parece que no queremos entender que no puede un país, una sociedad y sus nacionales prosperar si no hay reglas de juego claras, imperio de la ley, división de los poderes públicos, pulcritud en las elecciones, fomento de la industria nacional, privilegio de lo local y no lo foráneo, libertad de expresión, opinión, asociación, libertades económicas, debido proceso, justicia, una economía sin controles de cambio que producen corrupción o controles de precios que generan especulación y escasez, los venezolanos nos olvidamos de que los derechos se cultivan y desarrollan en democracia, no olvidamos que solo sumando esfuerzos es posible prosperar, nos olvidamos que hay que trabajar, producir valor agregado, sembrar y cosechar al menos lo que comeremos, los venezolanos.

Los venezolanos nos dejamos vender la idea trivial y seguimos tocando un disco rayado donde seguimos cuestionando a los partidos, a los gremios, a los sindicatos, a los colegios profesionales y a los políticos cuando es justamente lo que necesitamos, gente seria, responsable, partidos vigorosos, mas horizontales, muchos venezolanos y el gobierno asumieron a la política como negocio, como mercadería como un producto sujeto a compra venta, los venezolanos nos beneficiamos de nuestras universidades pero nos olvidamos de defenderlas como la institución más loable y sagrada de un país, los venezolanos nos olvidamos que si un gobierno no cumplía había que cambiarlo y castigarlo incluso con los votos, nos olvidamos que el país mejoro con la descentralización político administrativa y el impulso del federalismo hoy solo tenemos una recentralización nefasta y regresiva.

Buenos compatriotas la realidad es que la llamada revolución se trago un dineral jamás antes visto en la historia de un país, esa revolución y sus máximos líderes no le cumplieron al país, a la señora de a pie, al obrero al venezolano común y corriente, las cifras y los indicadores que disponemos todos oficiales son nefastos, regresivos, negativos en salud, inversión, trabajo, seguridad, productividad, educación, inflación, riesgo país, desempeño, metas.

La historia pudo ser otra y comenzará a serlo cuando asumamos la responsabilidad colectiva con el país y dejemos los odios, la comodidad, la indiferencia, creer en cantos de sirenas, en promesas inviables, en proyectos ya fracasados y una dirigencia que fue una estafa, una dirigencia que engaño, una dirigencia tan o más nefasta y corrompida que la anterior. Sin disciplina, sin reglas de juego, sin seriedad, sin instituciones, sin decencia, sin roles claros, sin visión, y sin presente no tendremos futuro inmediato. Esa Venezuela hay que reconstruirla y mantener vivo todo lo que ha acontecido para jamás repetir un salto al vacío y peor aún ser parte de esta estafa continuada y de la voracidad de esta revolución.

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Profesor de la Universidad de Los Andes
E-mail: [email protected]

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