Caracas, Sábado, 19 de abril de 2014

Sección: Medio Ambiente

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Riesgos, peligros y vulnerabilidad climática en Venezuela

José Gerardo Guarisma Álvarez

Miércoles, 4 de noviembre de 2009

Rector de la Universidad Bicentenaria de Aragua

De cara a las deliberaciones el mes entrante en la Conferencia de Copenhague sobre el clima, cada nación del Planeta debiera prepararse para afrontar su plan de acción climática nacional.

Este plan de acción climática nacional, debería abordar un diagnóstico de los riesgos, las vulnerabilidades y los peligros que para cada país y su población representa el actual ciclo de calentamiento de La Tierra. A la par, en lo que a Venezuela concierne, tanto el Estado como la comunidad científica nacional, debieran comunicar a la Nación sus impresiones y recomendaciones tanto individuales como colectivas para afrontar esta coyuntura que se suscitará durante generaciones.De las medidas que se tomen o dejen de tomarse hoy, dependerá en buena medida el que abordemos el futuro con el conocimiento y la acción debidas.

Lo primero que salta a la vista es que debe constituirse una Comisión Climática en Venezuela, similar a la que tienen ya muchos países del Globo. Una Comisión multidisciplinaria, integrada por los más talentosos y capacitados expertos del área en nuestra nación, que se constituya delante del país y que éste pueda reconocerla con toda consideración y respeto, destinada a dotar a la nación de una agenda climática.

Dentro de las acciones a cumplir por la Comisión para establecer esa agenda, está el determinar la Peligrosidad, la Vulnerabilidad y los Riesgos Climáticos de Venezuela .Se deben colocar los sensores o instrumentación de diagnóstico para leer las señales climáticas antes de que ocurran los eventos de anomalías climáticas, generando toda una estrategia poblacional para enfrentar los riesgos. Para ello es necesario crear equipos multidisciplinarios a los efectos de compilar datos y clasificarlos, ordenarlos y modelar las probabilidades de ocurrencia versus el tiempo De esta manera se determinaría la Peligrosidad de zonas geográficas e islas, ante la ocurrencia de huracanes, marejadas, inundaciones, incendios, aislamiento de carreteras por derrumbes, paralización de los puertos y aeropuertos, entre otros.

Con la determinación de la Peligrosidad de los eventos, los expertos pueden clasificar la Vulnerabilidad de las diferentes zonas y construcciones que en ellas se encuentran. Igualmente se pueden cuantificar los riesgos. Con ellos, se puede estudiar la manera de reducirlos a través de acciones concretas a corto, mediano y largo plazo. Las acciones de corto plazo deben ser implementadas a través de los gobiernos locales y regionales, con presupuestos específicos para disminuir esas vulnerabilidades. Las acciones a mediano plazo suponen la creación de normas nacionales y locales de obligatorio cumplimiento, así como la incorporación de aquellas viejas construcciones e instalaciones para que cumplan esas normas. Las acciones a largo plazo se refieren a los programas de investigación y desarrollo de nuevas técnicas para reducir los riesgos y las vulnerabilidades. Estos programas de investigación y desarrollo deben estar incluidos en los macroprogramas de las instituciones multilaterales dedicadas a estas tareas, de tal manera que exista una reciprocidad e intercambio de tecnologías y métodos estandarizados para poder atacar y resolver esos problemas con el concurso de varios países del área.

Venezuela cuenta con un sistema integrado de atención ante desastres naturales, liderado por Defensa Civil, donde participa la Fuerza Armada Nacional, los diferentes Cuerpos de Bomberos, el Ministerio del Ambiente, el Ministerio de Salud, el Ministerio de Infraestructura y el Ministerio del Interior y Justicia a través de los cuerpos de seguridad. Mediante una acción coordinada de control preventivo se pueden crear los protocolos estratégicos de cooperación y auxilio que puedan hacer efectiva la salud climática nacional.

(No se encuentra la imagen 1793415) Una de las variables que en nuestro país revela el cambio climático de manera directa es el estado de las precipitaciones tanto en frecuencia como en volumen.

Se han reducido casi 30 por ciento tierra adentro, donde hace más calor debido al aumento de las temperaturas. Mientras que en las costas hay mayor evaporación y se generan lluvias más intensas. Ejemplo de esto es lo que ocurrió en Vargas, donde llovió en cuestión de horas lo que llueve en meses.

El progresivo deshielo de los polos no aumentará el nivel de las aguas, pero si lo hará el deshielo de Groenlandia y de la Antártida, por estar sobre tierra y no sobre el mar. Esto provocaría el avance del agua de los océanos a las costas, lo cual inundaría comunidades e infraestructuras allí localizadas.

Algunas de las zonas más vulnerables del territorio nacional son la Laguna de Tacarigua, en Miranda; Chichiriviche, Morrocoy y Tucacas, en la costa oriental de Falcón; las plantas de procesamiento de petróleo liviano de José, en Anzoátegui; algunas zonas de Juan Griego, en Nueva Esparta; la ciudad de Tucupita, y hasta el Delta del Orinoco.

En Venezuela, los cambios del clima y su variabilidad, se reflejan en un leve aumento de las temperaturas máximas y mínimas, presencia de lluvias cada día mas intensas (extremas), sin embargo se ha registrado una disminución de los días con lluvias, también el desplazamiento de las perturbaciones tropicales como los huracanes han presentado una tendencia en formarse con mayor frecuencia por debajo del paralelo 10º N, esto implica que estos fenómenos meteorológicos podrían impactar en forma directa la región norte del territorio donde se encuentra establecido aproximadamente el 80% de la población, donde la distribución demográficas las hacen muy vulnerables ante eventos de esta naturaleza. Estos resultados son consistentes con los cambios y variaciones atmosféricas globales reportados por la Organización Meteorológica Mundial, por lo tanto es indispensable catalizar planes de educación y ordenamiento territorial orientados a disminuir la vulnerabilidad de las comunidades antes estos eventos. Estos resultados permiten aportar conocimientos que facilitan el establecimiento de mecanismos para acelerar la adaptación.

En el primer documento que Venezuela elevó como su reporte al suscribir el Protocolo de Kyoto , indicó que para la fecha se producían 99,78 millones de toneladas de dióxido de carbono (de las cuales 89,9 por ciento provenía de combustibles fósiles en el sector energía y el resto de procesos industriales y fugas); 2,95 millones de toneladas de metano (61,4 por ciento de las fugas y emanaciones de gas natural en actividades de extracción, almacenamiento y transporte de petróleo y gas natural, y 9,7 por ciento de la descomposición de desechos orgánicos); 52 mil toneladas de óxido nitroso (96 por ciento viene del sector agrícola), y 396 mil toneladas de óxidos de nitrógeno.

Estas cifras podrían parecer insignificantes, pero si se observan las emisiones per cápita, Venezuela aparece como el líder de la región latinoamericana. Por ello, adquirió algunos compromisos al firmar el Protocolo de Kyoto.Por ejemplo, con la implementación de los vertederos de basura podemos reducir 15 por ciento las emisiones de metano y se prevé que en diciembre alcancemos 35 por ciento. En el parque automotor hemos reducido 10 por ciento el escape de dióxido de carbono. En agricultura y cambio del uso de la tierra, pensamos que vamos por 25 por ciento de las emisiones totales. Pero aún hay mucho por hacer. La agenda climática de Venezuela está abierta y todos debemos colaborar en sus propósitos.

gerardoguarismauba@gmail.com


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