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Bourdieu o el poder de la cultura

Ciertamente la oposición entre cultura popular y Cultura elitesca es una trampa y como todo falso problema, decía Borges, inspira falsas soluciones

Roberto Hernández Montoya

AnalíticaBitbliotecaRamas del ConocimientoBourdieu o el poder de la cultura

El poder [del arte] de nombrar, en particular, lo innombrable, lo que no ha sido percibido aún o lo reprimido, es un poder considerable. Las palabras, decía Sartre, pueden causar devastaciones.. 
Pierre Bourdieu

Ciertamente la oposición entre cultura popular y Cultura elitesca es una trampa y como todo falso problema, decía Borges, inspira falsas soluciones.

El origen de la trampa está en gran parte en las políticas culturales de Estado que le han servido de resonancia. El Conac que heredamos sus directivos actuales concentraba casi todo en un barrio que va del Museo Jacobo Borges a la Casa Rómulo Gallegos. Más allá o más acá, según lo veas, no había Cultura de esa que se escribe con una pedante mayúscula.

Ser intelectual se redujo para muchos, nos lo contó Bourdieu, a un repertorio de gestos. Y se produjo esa oposición perversa entre Cultura de elite y cultura popular, entre aristocracia y chusma. La mayor parte de Venezuela tiene hoy los mismos problemas, el primero de los cuales es no reconocerlo de puro creer que no somos lo que somos.

Al oponerse Cultura de elite y cultura popular se introduce un conflicto donde no tiene por qué haberlo, porque ambos campos han mantenido un diálogo extremadamente fértil desde que Bach se apropió de los bailes callejeros. Igual que los arpistas venezolanos y colombianos tomaron a Vivaldi, Scarlatti, Haendel y demás empresas filiales. Por eso Carlos Jórgez y yo organizamos un contrapunteo llanero en el Ateneo de Caracas para celebrar el tricentenario de esos tres músicos.

Quien se tome en serio esa oposición y escuche cualquier secuencia de la música que oigo, desde el danzón hasta el tecnojoropo de Los Aterciopelados, pasando por Wagner y Monteverdi, pensará que me volví loco. Pero no, es que mi padre me hizo ver desde niño que el problema es falso.

Como lo comprobamos en enero en el Celarg cuando comenzó allí una ronda de reuniones de numerosas redes de resistencia cultural. En esos encuentros se delibera con lucidez sobre todas estas cosas, como que lo bello por bello no es ahistórico ni asocial, sino muy histórico y muy social. Y por eso mismo muy importante.

Decir que lo bello es ahistórico y asocial es declarar que es inhumano, como inhumana es la economía neoliberal que Bourdieu no se cansó de denunciarcomo nueva sociodicea, como nueva vulgata planetaria. Nos enseñó a desconfiar de la gente que usa términos como gobernabilidad, tolerancia cero, globalización, nueva economía, usados como pasaporte a una modernidad cuya falsedad catastrófica se demostró en la Argentina y que Venezuela contrarió el 27 de febrero de 1989. Hoy bajo la lámpara argentina entendemos mejor la lucidez de aquellos acontecimientos venezolanos.

Ante esa cultura y esa economía inhumanas (para no hablar de la política) la única solución es que la humanidad entera se desembarace de esa tutela ideológica totalitaria que puede llevar a la destrucción de toda la humanidad, incluyendo a los que promueven esa tutela. Esa tutela no es viable. Si el planeta se sigue recalentando, lo que tiene sin cuidado al neoliberalismo, suicida como toda ideología cerrada sobre sí misma, Manhattan perecerá bajo las aguas en pocas décadas y no será en Afganistán donde hallaremos a este nuevo terrorista.