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Decreto de Guerra a Muerte

Simón Bolívar

Miércoles, 11 de octubre de 2000

Simón Bolívar en La BitBlioteca
Bolívar
Óleo de Ricardo Acevedo Bernal, Quinta de Bolívar, Bogotá
[1813]
SIMÓN BOLÍVAR,

Brigadier de la Unión, General en Jefe del Ejercito del Norte,

Libertador de Venezuela

A sus conciudadanos

Venezolanos: Un ejército de hermanos, enviado por el soberano Congreso de la Nueva Granada, ha venido a libertaros, y ya lo tenéis en medio de vosotros, después de haber expulsado a los opresores de las provincias de Mérida y Trujillo.

Nosotros somos enviados a destruir a los españoles, a proteger a los americanos, y a restablecer los gobiernos republicanos que formaban la Confederación de Venezuela. Los Estados que cubren nuestras armas, están regidos nuevamente por sus antiguas constituciones y magistrados, gozando plenamente de su libertad e independencia; porque nuestra misión sólo se dirige a romper las cadenas de la servidumbre, que agobian todavía a algunos de nuestros pueblos, sin pretender dar leyes, ni ejercer actos de dominio, a que el derecho de la guerra podría autorizarnos.

Tocado de vuestros infortunios, no hemos podido ver con indiferencia las aflicciones que os hacían experimentar los bárbaros españoles, que os han aniquilado con la rapiña, y os han destruido con la muerte; que han violado los derechos sagrados de las gentes; que han infringido las capitulaciones y los tratados más solemnes; y, en fin, han cometido todos los crímenes, reduciendo la República de Venezuela a la más espantosa desolación. Así pues, la justicia exige la vindicta, y la necesidad nos obliga a tomarla. Que desaparezcan para siempre del suelo colombiano los monstruos que lo infestan y han cubierto de sangre; que su escarmiento sea igual a la enormidad de su perfidia, para lavar de este modo la mancha de nuestra ignominia, y mostrar a las naciones del universo, que no se ofende impunemente a los hijos de América.

A pesar de nuestros justos resentimientos contra los inicuos españoles, nuestro magnánimo corazón se digna, aún, abrirles por la ultima vez una vía a la conciliación y a la amistad; todavía se les invita a vivir pacíficamente entre nosotros, si detestando sus crímenes, y convirtiéndose de buena fe, cooperan con nosotros a la destrucción del gobierno intruso de España, y al restablecimiento de la República de Venezuela.

Todo español que no conspire contra la tiranía en favor de la justa causa, por los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo, y castigado como traidor a la patria y, por consecuencia, será irremisiblemente pasado por las armas. Por el contrario, se concede un indulto general y absoluto a los que pasen a nuestro ejército con sus armas o sin ellas; a los que presten sus auxilios a los buenos ciudadanos que se están esforzando por sacudir el yugo de la tiranía. Se conservarán en sus empleos y destinos a los oficiales de guerra, y magistrados civiles que proclamen el Gobierno de Venezuela, y se unan a nosotros; en una palabra, los españoles que hagan señalados servicios al Estado, serán reputados y tratados como americanos.

Y vosotros, americanos, que el error o la perfidia os ha extraviado de las sendas de la justicia, sabed que vuestros hermanos os perdonan y lamentan sinceramente vuestros descarríos, en la íntima persuasión de que vosotros no podéis ser culpables, y que sólo la ceguedad e ignorancia en que os han tenido hasta el presente los autores de vuestros crímenes, han podido induciros a ellos. No temáis la espada que viene a vengaros y a cortar los lazos ignominiosos con que os ligan a su suerte vuestros verdugos. Contad con una inmunidad absoluta en vuestro honor, vida y propiedades; el solo título de americanos será vuestra garantía y salvaguardia. Nuestras armas han venido a protegeros, y no se emplearán jamás contra uno solo de nuestros hermanos.

Esta amnistía se extiende hasta a los mismos traidores que más recientemente hayan cometido actos de felonía; y será tan religiosamente cumplida, que ninguna razón, causa, o pretexto será suficiente para obligarnos a quebrantar nuestra oferta, por grandes y extraordinarios que sean los motivos que nos deis pare excitar nuestra animadversión.

Españoles y Canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables.

Cuartel General de Trujillo, 15 de junio de 1813.—3

Simon Bolívar.

Es copia.

Pedro Briceño Méndez,

Secretario

Simón Bolívar, Escritos fundamentales , Caracas: Monte Ávila, 1998.

Acompañado de una sustancionsa introducción del reconocido historiador venezolano Germán Carrera Damas —a quien debemos también la selección y la bibliografía—, se ofrecen en el presente volumen los más importantes escritos del gran pensador y estratega que fue Simón Bolívar, referidos a los temas que abordan la fundación y la organización de los nuevos países independientes de la América Latina.


Mocedades_de_Bolivar
Rufino Blanco-Fombona, Mocedades de Bolívar, Caracas: Monte Ávila, 1998.

No siempre bien estudiado por sus biógrafos y exégetas, el período que comprende la niñez y adolescencia de Simón Bolívar tuvo su mejor historiador, su más cumplido comentarista, en Rufino Blanco Fombona. El maestro Simón Rodríguez, la joven esposa María Teresa Toro, la supuesta pariente francesa Fanny Du Villars y el sabio Alejandro de Humboldt son algunos de los personajes que figuran en estas páginas, prologadas por Juan Úslar Pietri.

Rufino Blanco-Fombona (1874-1946) fue uno de nuestros más eminentes intelectuales. Monte Ávila cuenta en su fondo con sus obras El hombre de hierro, Diarios de mi vida y El conquistador español del siglo XVI.

 Otras obras de Simón Bolívar

Textos sobre Bolívar fuera de La BitBlioteca
Bill Boyd, Simón Bolívar: Liberator of a Continent
José Luis Salcedo Bastardo, Bolívar: A Continent And Its Destiny

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