Caracas, Miércoles, 23 de abril de 2014

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Con la lengua

Venezolanismos

El Nacional, domingo 24 de setiembre de 2000

En todos los países donde se habla una misma lengua hay expresiones propias y características, diferentes de las de los otros. Y no sólo en cada país, lo mismo ocurre en regiones y localidades. Por eso se puede hablar de «expresiones nacionales», pero también de «regionalismos» y «localismos».

Nuestro país no es la excepción. Son muchos los «venezolanismos» que figuran en nuestro léxico habitual. Algunos de ellos aparecen registrados, no sólo en los diccionarios de venezolanismos, sino también en los de americanismos e hispanoamericanismos, e incluso en el propio Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), que en ese caso anota el carácter venezolano de tales vocablos.

Un «venezolanismo» no es siempre una palabra, puede ser también una frase con un valor expresivo específico. Muchas veces se trata de palabras con un significado típicamente nuestro, como «hayaca», que figura en el DRAE como vocablo propiamente venezolano. (Aunque el DRAE lo escribe con «y», yo prefiero escribirlo con «ll»). Pueden ser también palabras de uso general en el idioma, pero que en nuestro país adquieren una connotación especial. De algunos de estos últimos quiero ocuparme hoy.

Varias personas me han consultado, desde hace algún tiempo, sobre el uso, muy venezolano, del verbo «cancelar» con el significado de «pagar» una deuda. Es muy común oír frases como, por ejemplo, «Aquí está el dinero para cancelar lo que te debo», «Ayer cancelé todos los impuestos», «Ya se cancelaron todos los alquileres pendientes». Tal uso del verbo «cancelar» como sinónimo de «pagar» se aparta, evidentemente, del sentido que de aquel verbo da el DRAE: «Cancelar: tr. Anular, hacer ineficaz un instrumento público, una inscripción en registro, una nota o una obligación que tenía autoridad y fuerza. || 2. fig. Borrar de la memoria, abolir, derogar». Como se ve, la definición del DRAE no contempla el significado de «pagar». Y, sin duda, se trata de un uso general en Venezuela.

Ahora bien, ¿significa eso que nuestro uso sea impropio? Depende. Si nos atenemos rigurosamente a la definición del diccionario habría que decir que sí lo es. Sin embargo, dos diccionarios especializados muy serios, el Diccionario de venezolanismos y el Diccionario del habla actual de Venezuela, de Rocío Núñez y Francisco Javier Pérez, lo registran como «venezolanismo», con abundante apoyo documental y testimonial, lo que demuestra que no es nuevo y que está bastante extendido y arraigado. Ello tiende a legitimar tal uso, aunque desde luego, en el ámbito del habla venezolana.

Pero si examinamos con cuidado ese uso podríamos llegar a la conclusión de que no es descabellado. Dice el DRAE que «cancelar» es «Anular, hacer ineficaz [...] una obligación que tenía autoridad». ¿Podría decirse que una «deuda» es una «obligación» de ese tipo? Desde luego que sí. Por tanto, puede decirse que «cancelar» es «anular una deuda». Hasta aquí todo parece claro. El problema es, entonces, determinar quién «cancela» o «anula» esa deuda. Un lector inteligente y sagaz arguye que quien «cancela» la deuda no es el deudor que paga, sino el acreedor que recibe el pago. Es decir, el deudor paga, y como consecuencia del pago el acreedor cancela la deuda. En estricto sentido jurídico es así. Pero también puede argumentarse que el deudor que paga, al hacerlo anula o hace ineficaz la deuda. De modo que la idea de «cancelar» es doblemente aplicable, al que paga, y al que recibe el pago. Esta dualidad semántica no es extraña a nuestro idioma. La vemos en vocablos como «huésped», que es aplicable tanto a quien aloja a una persona en un lugar determinado, como a la persona que es alojada.

Por otra parte, no es inusitado en el castellano de Venezuela ese tipo de «venezolanismos», en que una palabra o frase adquiere entre nosotros un significado distinto del que tiene en el léxico general de la lengua. El dinamismo del idioma determina que no siempre estemos obligados a ceñirnos a la letra de los diccionarios. Si fuese así no podríamos llamar «cotorra» a una conversación más o menos prolongada y amena; ni «jaula» a un vehículo policial donde se transporta a los prisioneros; tampoco podríamos decir que le dimos a un tipo «un jarabe de lengua» para convencerlo de algo; menos aún que a Fulano lo «rasparon» en tres materias, «salvó» dos en «reparación» y tuvo que «arrastrar» una; ni podríamos llamar «concha» al escondite de un perseguido, especialmente si es político, ni «enconcharse» al acto de esconderse en una de ellas. Y así sucesivamente.

Otro ejemplo de «venezolanismo» de este tipo lo hallamos en la palabra «quicio», sobre la cual me consulta un profesor de la UCV oriundo de La Victoria, en el estado Aragua. El recuerda que en su pueblo —y yo agrego que en muchos otros de Venezuela, si no en todo el país— se da el nombre de «quicio» a una especie de escalón de acceso a una puerta, especialmente a la puerta de entrada a la casa, que era donde generalmente estaba dicho escalón. Pero la definición que de la palabra «quicio» nos da el DRAE, es muy distinta: «Parte de las puertas o ventanas en que entra el espigón del quicial, y en que se mueve y gira». «Quicial: madero que asegura y afirma las puertas y ventanas por medio de premios y bisagras, para que girando se abran y cierren». Es decir, «quicio» es, en la lengua general, el lugar donde entra y se apoya el eje de las puertas y ventanas sobre el cual éstas se mueven para abrirse o cerrarse. Aunque el diccionario no lo precisa, se supone que son dos los quicios, uno arriba y otro abajo. Pero en nuestro país, y no sólo en La Victoria, «quicio» es otra cosa, como ya hemos visto. Sin embargo, este uso no lo registra ninguno de los diccionarios y glosarios de venezolanismos conocidos. Aunque no es un uso exclusivamente venezolano. Americanismos. Diccionario ilustrado Sopena lo registra «en algunas partes» y el Diccionario de hispanoamericanismos no recogidos por la Real Academia (Renaud Richard: coordinador) lo menciona como usual en Costa Rica.


Alexis Márquez en La BitBlioteca

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