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Cuentos del Orinoco y otros relatos

P r e s e n t a c i ó n

Laura hizo un trato. Los Ye'Kuana, la iniciarían en el arte de hacer una curiara (embarcación que se hace vaciando un tronco con machete y fuego) y ella les enseñaría a hacer papel, material que se ha convertido en una de las necesidades básicas de aquellas comunidades. Laura logró hacer su curiara, que no fue mas que otra de sus esculturas. Aquellos hicieron sus papeles y comenzaron de inmediato a darle uso en la escuela comunitaria y en una empresa que aún no termina que es la impresión del Watunna o Mito de la Creación.

. . . . . . . Cuentos del Orinoco y otros relatos es parte de una obra discreta que Laura Anderson ha realizado en la vasta soledad de su estudio de Nueva York después de cada uno de los viajes que ha realizado al Alto Orinoco desde 1992. Durante ocho años Laura no hizo más que recoger semillas, buscar hojas, hacer fibras y, de noche, sentarse a escuchar. Nunca quiso imponer su presencia y quizá nadie se percató que Laura era artista...

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. . . . . . . La exposición que hoy presentamos es un trabajo reflexivo en el que reúne su afinada sensibilidad en el uso de materiales poco utilizados para la escultura o las instalaciones (papeles, hojas, ceras, carrizos, perlas, dientes, mecates y flores) y cierta visión crítica sobre los procesos de transformación cultura] a los que están sometidas ciertas comunidades indígenas de la Amazonia venezolana. La siempre misteriosa presencia de misioneros y Biblias sajonas, la minería salvaje, el trato irrespetuoso y desigual que se le da a la población autóctona son otros elementos que subyacen en cada una de las obras sin alusiones literales ni denuncias vociferantes. Todo está en su lugar y el Autorretrato de Laura Anderson, que se representa a sí misma como una muñeca de cera sin cabeza, cruzando un precario puente colgante sin barandas ni asidero dice lo suficiente para el buen entendimiento de ¡as incertidumbres que la guían en el difícil camino de hacer Arte.

. . . . . . Axel Stein

S o b r e l a t i e r r a e s t á l a g e n t e q u e d i b u j a l o s m a p a s

Al principio estaba el Orinoco y un puñado de gentiles ´Tivititasª que comían palmitos, venados y pescado. A medida que subía Raleigh hacia Manoa, dibujaba un hermosísimo mapa inventado más que levantado y regresó con un regalo para Elizabeth: La Guayana. Antes de morir injustamente, Raleigh complemento su mapa con El Descubrimiento del Grande, Rico y Bello Imperio de Guayana, entretenido compendio de relatos fantásticos y semiverdades que, pensó él, alentaría a la Reina a conquistar el vasto territorio entre el Orinoco y el Amazonas en el centro del cual se encontraba el legendario Lago Parima y la capital del Imperio de Guayana: Manoa, la ciudad de oro.

. . . . . . . La conquista como tal nunca sucedió. Los españoles sí fundaron varios poblados, unos cuantos clérigos hirsutos levantaron las misiones que Humboldt aún visitara por el 1800 cuando exploró el Brazo Casiquiare que une las cuencas del Amazonas y del Orinoco, frontera natural del imaginario Imperio de Raleigh. . . . . . . . El río fue el camino de aquellos sofocados descubridores, de los naturalistas y pintores, luego los caucheros, y luego de los criollos, y ahora las Nuevas Tribus, de narcotráfico y de garimpeiros. . . . . . . . Laura Anderson ha pasado por los mismos ríos y misiones en silencio. Ha levantado con pedazos de hojas de orquídea este mapa del territorio Ye´Kuana según los límites que por fin han establecido ellos mismos para reclamar la posesión de la tierra ante las autoridades de aquello llamado Venezuela. ´Al Sur el cerro Duida; navegamos por los ríos Padamo, Cuntinamo, Ventuari, Paragua, Caura, Eretabo ... ª

. . . . . . . El mapa de la floresta va conformándose como islotes de hojas entre ríos de hojas. El papel blanco está finamente rasgado y las corrientes de letras y sílabas negras suben y bajan alborotadas hacia y desde un corazón que yace ante el mapa y que susurra casi como un insecto voces del arameo y griego antiguo, traducidas al Ye'Kuana, Yanomami, Guajibo, Piaroa, Yaruro, Baniva, Baré, Curripaco, Cariña, Panare, Pemón, y así... por algún Instituto de Verano misionero, variante de un Club Med pernicioso y secreto. Laura Anderson, además de hacer mapas con hojas de orquídea y de Biblias en su sótano de Nueva York lleno de semillas y cosas extrañas, se ha dado a la tarea de cambiar los papeles de los que viven cerca de aquellos ríos.

. . . . . . . Desde hace años busca fibras, conforma y seca papeles con los indígenas de Culebra. Ya están encuadernando con hilos de algodón salvaje y canutillos de bambú. Ya están escribiendo una mitología que se va río abajo cuando llegan los traductores del arameo con sus enredos. Se detiene el río por el que suben los evangélicos y quizá mañana le llegue al Instituto un texto inesperado, diabólico por supuesto, que quemarán apresuradamente en las llamas del barbecue de la misión Ciudad Lago Salado. Mientras, en los raudales, se desoirán las sílabas ahogadas de un Lucas o Mateo.

. . . . . . . El Ye'Kuana ya sabrá leer lo que él escribió,- ya algo llamado Venezuela le habrá ´otorgadoª alguna tierra y celebrarán en Culebra a la mujer del papel, cuyo nombre inventarán por haber olvidado su rostro.

. . . . . . . Por ¡a palabra escrita sobre un papel de plátano, reaparecerá Manoa en los mapas publicados en Londres para que nuestros hijos puedan seguir buscándola.

D e t r o f e o s y c o l e c c i o n e s En estos días, unos liberianos semivestidos estaban muy sonreídos ante una cámara de video. Agitaban sus armas largas. Cuando volteó la cámara mostró una mesa rústica pintada de azul, ahí en medio de la calle.

. . . . . . . Sobre la mesa estaban tres cabezas enemigas. Eran trofeos de guerra.

. . . . . . . En un contexto diferente, los guerreros galos cortaban la cabeza de sus enemigos y las conservaban muy bien: les daban mantenimiento con aceite. El tema de la cabeza cortada es común en el arte galo romano. Simboliza la fuerza de¡ adversario que venía a sumarse a la del vencedor.

. . . . . . . Otros celtas, esta vez en el Ulster, conservaban sus cabezas en un edificio especial llamado La Rama Roja construido en la corte del rey Conchobar. En el mismo espíritu conservacionista, recordemos las cabezas reducidas de los Jívaros brasileños.

. . . . . . . Me cuenta Laura que los estantes sobre los cuales están dispuestas las mazorcas que conforman esta terrible obra son una copia de aquellos que usaban los aztecas para mostrar sus trofeos de guerra en plaza pública. Algunas veces eran las cabezas del enemigo sacrificado en lo alto de los templos; creeré en Laura pues no consigo mi Sahagún.

. . . . . . . No es lugar para disertar sobre el significado de la muerte azteca, que es tan ajena a nuestro pensar. Lo que sí está claro es que los mexicanos necesitaban de esa sangre para que hubiese un mañana. El trofeo en el zócalo significaba que ya se había hecho lo necesario para asegurarse que el sol volvería a salir. Ver los despojos daba tranquilidad.

. . . . . . . Cuando vimos por primera vez la fotocopia a color de la fotografía de estas mazorcas (telotes dicen allá), no percibí lo que ahora nos cuesta compartir. Lo que en un principio percibimos como una instalación bastante simple, se nos fue complicando a medida que Laura nos hacía partícipes del proceso de su creación: ´Es que esta pieza está hecha con unos cinco mil dientes humanos incrustados en una cera de abejas muy especial que se produce en Campeche. Mi interés fundamental hoy día es el de hacer visibles ciertos procesos de aculturaciónª.

. . . . . . . La mala suerte -que más pudo ser- quiso que la Inquisición fuera la sombra del Español en América. Ante las culturas y costumbres indígenas se levantaron los tribunales que sentenciaban a diario a los pobres indios herejes de quien se pensó eran auténticos hijos de¡ mal. Todo el abyecto mundo de la tortura inquisitorial practicada en Europa desde el siglo XIII fue trasladado al Nuevo Mundo y poco a poco el indígena fue despojado de todo hasta de su manera de hablar. Esa era la última conquista.

. . . . . . . De esto trata esta obra. Cada diente extirpado significa una palabra muerta.

. . . . . . . Ya pasaron los inquisidores y se siguen arrancando muelas. Lo que indica Anderson es acerca de la paradoja que quiere que la cultura dominante se empobrezca cuando las minorías son marginadas. Obras como Epítome o modo fácil de aprender el idioma Náhuatl no pueden sino abogar por un mayor respeto hacia los despojos de un mundo maravilloso, hoy desvanecido. Aboga por el derecho de esos escapados a llamar el maíz por su nombre.

. . . . . . . Anderson enriquece lo estrictamente plástico con un discurso comprometido. Deja nuestro artista su reciente temática intimista en la cual establecía una genuina relación mística con un entorno natural (la Orinoquia) cercano a lo mítico, para sorprendernos, aquerrida y dispuesta a la acción.

. . . . . . . Laura se opone a que, como, en el caso de los trofeos irlandeses, se construya un edificio especial (llámese Museo) para conservar esta reliquias, estos restos humanos que no dan tranquilidad. Ella los quiere vivos, con sus canciones primitivas que adormecen a los niños que aún no saben de nosotros.

A u t o r r e t r a t o P o n t i f i c i o Una figura de cera descabezada y con el brazo en alto cruza un puente frágil de palillos y mecates. Es un autorretrato original. Veamos primero los recursos simbólicos de la obra:

L a F i g u r a d e c e r c a d e s c a b e z a d a

Lo más común en el arte occidental para un autorretrato es que e¡ artista se retrate, es decir que tenga la bondad de presentarnos su rostro, su expresión, su mirada. Evidentemente este razonamiento no es válido para Laura Anderson que ha perdido la cabeza. Laura nos contaba que más que con la cabeza, ella se sentía guiada por una fuerza que parecía tener su sede en la parte alta de¡ pecho. Si el concepto de esta obra tuvo su origen en esa zona peculiar, estamos ante una novedad fisio-patológica que sería interesante analizar con la ayuda de herramientas orientales. Deberíamos hablar entonces de chacras activas y demás complicaciones que hoy no son el centro del interés. . . . . . . . La figura es pequeña, está vestida y está desnuda. Se siente maleable, blanda. Se inclina peligrosamente hacia un lado como si perdiese el equilibrio. La figura ha sido trabaja aquella misma cera indígena de Jalisco que dan forma a los elotes dentados, lo que indica que hay una intención de pureza, de cercanía con lo natural, con la fragilidad de todo lo que está hecho con cera.

E l P u e n t e

Nos dice Pierre Grison que ´el simbolismo del puente -que permite pasar de una ribera a la otra-, es uno de los más universalmente recurrentes. Este paso es aquel del cielo a la tierra, del estado humano a los estados suprahumanos, de la contingencia a la inmortalidad, del mundo sensible al mundo supra- sensible etc ... ª. Creemos que de esto trata el arte de Anderson al hacer sus ventanas en las murallas de la sensibilidad para acceder a lo sagrado.

. . . . . . . No es casualidad que el título de Pontífice que era usado por los emperadores romanos y que sigue siendo usado por los Papas, signifique constructor de puentes. El pontífice es a la vez el constructor y el puente en sí... Mencionamos a los pontífices porque Laura Anderson parece estar fabricando esos puentes a los más diversos niveles: puentes culturales hechos con mucha paciencia y respeto entre su formación mexicano-newyorkina y su trabajo con indígenas del Alto Orinoco. Puentes personales para trascender su propia obra y no aletargarse en sus fórmulas exitosas. Puentes sagrados pues somos testigos de la travesía interior que se ha propuesto, plena de escollos, de tiempos paralelos, de abismos en el camino que invitan mas bien a sedentarizar. Aparece entonces más obvio el simbolismo del ´pasajeª y el carácter frecuentemente peligroso de dicho pasaje que es aquel de todo viaje iniciático. Y como dice el mismo Pierre Grison cuando nos habla de los viajes: ´El simbolismo de los viajes, particularmente rico, se puede resumir sin embargo a la búsqueda de la verdad, de la paz, de la inmortalidad y en el descubrimiento de un centro espiritualª.

. . . . . . . Esta pequeña figura acéfala camina sobre un puente peligroso y sin barandas.

. . . . . . . Creemos que es un buen retrato del alma de los artistas. Como en los actos iniciáticos, no hay peligro.... van guiados.

E l  P u e b l o  d e l  L i b r o

A decir verdad, el trabajo de artista es bastante singular. En el caso de Laura Anderson, adquiere una dimensión prometéica que bien vale un artículo en una revista de carácter cultural. Hay dos Anderson: la primera es aquélla cuyo trabajo artístico se puede catalogar, clasificar y analizar según las convenciones establecidas para las manifestaciones plásticas de los géneros escultura, dibujo e instalación. Estas, a grosso modo, buscan expresar un inquieto ´mundo interiorª del cual afloran superficies evocadas de la multiplicidad cultural que ha conformado la visión del artista que se debate entre la cultura oriental (meditativa), la occidental (expresiva) y la indígena mexicana que recientemente ha motivado su impulso creativo (la vivencial). La otra Laura Anderson es aquélla que deja a un lado sus preocupaciones personales y generacionales y dedica una buena parte de su tiempo a un programa que bien pudiera ser adoptado y financiado por una agencia internacional del tipo UNESCO y que tiene que ver con el tema que los ecologistas llaman biodiversidad los antropólogos, diversidad cultural.

. . . . . . . La sociedad occidental actual busca fundamentalmente homogeneizarlo todo y por otra parte nuestra cultura ha llegado a refinamientos tan extremos y entelequias tan absolutamente radicales (Kasimir Malevitch, Phillip Glass, por ej.) que coloca naturalmente a las expresiones de las minorías culturales en un margen que además es explotado o reciclado por las industrias del Ecoturismo y el Safari.

D e s a p a r e c e n

Desde que el hombre es hombre, han aparecido y desaparecido múltiples culturas en cada forma imaginable. El problema que hoy se plantea es que el ritmo de desaparición se ha acelerado y la manera como se extinguen se han sofisticado y son más variadas.

. . . . . . . Particularmente sensibles al contacto de nuestros emisarios con misión redentora (curas y pastores, maestros de escuela, jefes civiles, soldados, antropáiogos, artistas y ganaderos), se encuentran las sociedades que según nuestra clasificación apenas ´salenª del paleolítico, como es el caso de los Yanomami, Ye´Kuana y Piaroa en la Orinoquia venezolana. Sus tradiciones e historia oral se ven suplantadas por una bastarda historia ´patriaª, una evangelización que va del soft (los españoles) al hard (M¡sión Nuevas Tribus Americanas). Los aborígenes celebran los 500 años del descubrimiento de la Tierra de Gracia (Colón pisó la tierra firme americana en la ensenada de Macuro, Península de Paria, al norte de la desembocadura del Orinoco, en agosto de 1498) con un balance desolador. Las atomizadas sociedades primitivas del Alto Orinoco- y esto es válido para otras comunidades en otras latitudes Suramericanas- se encuentran desvalidas e incapacitadas para absorber los cambios que han afectado sus vidas, llámese enfermedades, contaminación por mercurio de la minería salvaje, explotación forestal indiscriminada y sobretodo han tenido problemas en comprender porqué se les estudia tanto y porqué se quiere hacer de ellos los últimos hijos de Cristo.

I m p r e s o e n C u l e b r a , A l t o 0 r i n o c o.

E s t a d o A m a z o n a s V e n e z u e l a

Hay quien se ha encargado de traducir la Biblia en cada uno de los dialectos hablados en la Amazonia. Tarea titánica que ha permitido que la erosión cultura¡ desnude por completo un rico tejido de creencias, mitos y tradiciones que han estructurado desde la noche del tiempo una visión del mundo muy compleja y una interrelación con el mismo, que ha demostrado sus virtudes conservacionistas. La Biblia ha cambiado los conceptos de trabajo, de matrimonio, de explotación del medio ambiente, la manera de adornarse y vestirse... Los indígenas se distinguen entre sí según son leales a los Evangélicos de las Nuevas Tribus o a los sacerdotes y monjas católicas. Con la Biblia, llegó la escritura. Con ella los niños pueden saber -por finque viven en Venezuela, alabar al Señor y cantar el Himno en formación prusiana ante la bandera Nacional.

. . . . . . . Artista y autodidacta, Laura Anderson se aleja regularmente de su estudio de Nueva York para adentrarse en un territorio bastante desconocido y ´reguladoª. Para llegar a las comunidades de Platanal, Mavaquita, Culebra y las otras inexistentes en el mapa como Apocaxita, Huachamacare, Akanana, Toky... hay que solicitar permisos del Ministerio de Educación, del Ambiente, del Ministerio del Interior, de la Gobernación del Estado, etc. El Amazonas venezolano -es tierra prohibida. Con algunos permisos en mano y otros aún en proceso después de 5 años, Laura ha volado y navegado para dar a conocer el papel que trajo Marco Polo de la China y la idea de la Imprenta. Con la participación de las comunidades, comenzó la búsqueda de las fibras más accesibles para la elaboración de un papel que mucho dista en blancura con el Bond pero que efectivamente es el primer papel fabricado en la Amazonia. Experimentó con plantas que solo conoce con su nombre indígena: Tavari, Haruru, Yamaa, Yamaa pigmentado con semillas de Onoto, Curata, Shiki, Curawa, Tutappa, y otras como el Bambú, Moriche y el Plátano. Para el proceso no utilizó máquinas sino lo más rudimentario. Combinó las fibras para obtener variedades en textura y color, seco los papeles (algunos con sello de agua) sobre los budares (planchas de arcilla y hierro que sirven para cocinar las tortas de casabe) y cuando tuvieron el proceso en producción, se elaboraron los primeros cuadernos cosidos y reforzados con fibras naturales. Sobre dichos papeles, pintaron los niños, sus más fervientes ayudantes, con extractos de plantas motivos como el río, sus chozas y otros temas que suelen representar con las monjitas en la escuela comunal.

. . . . . . Los mayores comprendieron de inmediato que tenían en sus manos algo importante. Para ellos no fue un pasatiempo sino más bien una revelación: una herramienta de poder.

. . . . . . Para 1996, bajo liderazgo de Pedro Ortíz (etnia Ye'Kuana), se comienza la discusión sobre lo primero que se debe escribir sobre estas otras hojas que salen de la selva. Hay un respeto profundo ante el material virgen. Después de mucha discusión con los miembros de más jerarquía en la comunidad, se decide proceder a la impresión de¡ WATUNNA 0 mito de¡ origen de los Ye´Kuana. Entonces Laura da su segunda lección: a partir de un grabado en madera original, les dice, se pueden hacer varias copias... Comienza de inmediato la redacción, discusión y aprobación de cada frase de¡ Mito de Creación Ye'Kuana. Se elabora la matriz de la primera página que se hace a la medida de¡ papel elaborado y sobre una madera muy pulida se comienza a tallar, letra por letra, en mayúsculas y al revés el primer capítulo: CONACATAICHO MEDEWADINO-NODO DEWA MEDEWADIJODOONA MEDEWADICHAWA YATANNANAJO0 ACATAJODO COMA EJU ...

. . . . . . ´En cada viaje que hago encuentro impreso un nuevo capítulo del libroª. Laura utiliza el nombre de autodocumentación para el proceso que permite a estas gentes perpetuar la memoria. Ahora, con su libro de hojas multicolores, tienen algo que contraponer al otro ´libroª y a la otra ´historiaª. El proyecto de enseñanza de la elaboración de papel y de los métodos de impresión fue desarrollado desde 1993 en distintas localidades y sigue en proceso en varias comunidades amazónicas.

Y o t e d o y , t ú m e d a s . . .

Laura Anderson, como artista, no hace arte ´chez les indiensª. Nos dijo un día: ´Yo voy a oír. Me siento por ahí y oigo. Yo voy a ver y se me llenan los ojosª. Cuando conocí¿) a Pedro Ortíz, llegó a un acuerdo: Ella les enseñaba la fabricación del papel y él le enseñaría cómo hacer una curiara (canoa hecha de un tronco de árbol. Pueden llegar a alcanzar unos 10 metros de largo) . De acuerdo. Con su hacha y machete aprendí¿) a cortar, vaciar, abrir el tronco de un árbol recién cortado con fuego. Los hombres le reprochaban tanto tiempo dedicado a una actividad que no es ´para mujeresª y que además le quitaba tiempo para continuar desarrollando y mejorando el papel. Laura, como escultora, aprendió a vaciar un tronco y esto es una buena imagen para representar uno de los objetivos de Laura como artista que es el de hacer del arte el espejo de su vida que -si se sigue la obra con detenimiento-, es una suerte de ´continenteª pleno de vientos cálidos, fértil y vacío a la vez, una sugerencia Zen mas que una contundencia argumentada.

. . . . . . . Laura realiza el trabajo de arte en el estudio. Regresa generalmente cargada de hojas, semillas, lianas y condimentos. Llega con sus muestrarios de papel que rápidamente clasifica y ordena en sobres transparentes. Dispone todo en el piso de concreto húmedo. Así recrea parcialmente el ambiente selvático bajo la luz implacable de un sótano newyorkino. No hace falta más que silencio para volver a oír un quejido de mujer en el shapono (casa comunal) y para rescatar en la memoria vivencias y otros aires que deja atrapados en rápidos y grandes dibujos casi abstractos y sin color.

Fuente: "Cuentos del Orinoco y otros relatos" Laura Anderson, Sala Mendoza.

 

 


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