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El tratamiento periodístico de las encuestas

Marta Colomina

La orientación informativa que reciben las encuestas de opinión pública en los medios de comunicación (MC) incluidos los impresos, de los cuales se esperaría un tratamiento más analítico y técnico -no difiere grandemente de la espectacularización a la que son sometidos la mayoría de los temas de la agenda noticiosa en esa carrera de banalidades en que ha devenido buena parte del periodismo ¿moderno? En nuestro pasado artículo lamentábamos la falta de interés y de competencia de los periodistas para informar con rigor sobre los sondeos, particularmente los político-electorales. Sorprende que en la era de la encuestocracia los profesionales del periodismo no consideremos necesario obtener el mismo nivel de especialización en materia de encuestas que en áreas como las de información económica, arte o deportes.

El investigador y docente del periodismo venezolano, Luis Aníbal Gómez, atribuye ese desinterés por conocer las complejidades técnicas de las encuestas al hecho de que los pronósticos son los que constituyen noticia, en cambio, los problemas técnicos de la investigación realizada no son objeto de interés periodístico.

La idea de que el dato espectacular es lo que atrae la atención del público lector o a las audiencias, hace que el periodista no pierda su tiempo con unas complejidades estadísticas que supone solucionadas previamente por las encuestadoras. Tal creencia constituye un grave error porque en Venezuela, al igual que en otros países donde no existe una legislación que a través de sus exigencias metodológicas garantice la bondad de los datos ofrecidos por los sondeos, proliferan empresas fantasmas (o poco éticas), que inventan o falsean datos que luego son mostrados como muy científicos, de ahí la necesidad de que los periodistas a quienes les son asignadas estas tareas tengan los conocimientos técnicos que les permitan distinguir entre un sondeo 'chimbo' (perdón por el coloquialismo) de otro fiable y hecho con rigor científico. Publicar una encuesta tal como es entregada por la empresa que la realizó -sin someterla a un riguroso análisis crítico que nos garantice su fiabilidad- revela de parte de medios y periodistas negligencia o inseguridad, al aceptar como infalibles y sagradas sus conclusiones, sólo porque son presentadas bajo un disfraz estadístico.

No creamos, sin embargo, que la carencia de un análisis técnico del contenido de las encuestas es sólo característica de los MC venezolanos. Investigadores y docentes del periodismo español -país en el que existe legislación al respecto- se quejan también del desconocimiento y errores de interpretación cometidos por sus periodistas en esta materia y hasta en EEUU, paraíso de las encuestas, en el reciente pasado se elevaron críticas a los medios por la ligereza con la que trataban los resultados de los sondeos de opinión pública. Un equipo de investigadores norteamericanos dirigidos por David Paletz realizó un estudio en 1980, 'Polls in the Media: Content, Credibility and Consequences' (Encuestas en los medios: contenido, credibilidad y consecuencias'), en el que analizan la totalidad de los sondeos divulgados por el New York Times , la CBS y la NBC y encontraron que la mayoría de las informaciones carecía de los datos indispensables para garantizar la representatividad y significación de los resultados. Algo tan elemental como el tamaño de la muestra era citado en el 67% de los casos publicados en el New York Times y sólo en el 26% de las encuestas difundidas por las cadenas de TV. Esas cifras variarían visiblemente de ser realizado el estudio en la actualidad porque en la prensa norteamericana ha crecido mucho el interés por evaluar los procedimientos técnicos y los resultados de las encuestas. De esa preocupación han surgido corrientes muy interesantes, como la del 'periodismo de precisión', que fue aumentando en EEUU a partir de la publicación del libro con el mismo título del periodista Philip Meyer (Precision Journalism: A Reporter's Introduction to Social Science Methods, editado en español por Bosch Comunicación en 1993, del que han salido varias ediciones) y que se ha convertido en libro de obligada consulta para los periodistas. En ese y en otros textos posteriores dirigidos a quienes analizan los reportes ofrecidos por las empresas encuestadoras (o que forman parte del equipo de investigación de su periódico), se ofrece información sobre las reglas básicas de la estadística inductiva -

en particular de los procedimientos seguidos para el muestreo- sobre el diseño y elaboración de cuestionarios, además de otro conjunto de métodos utilizados en el trabajo de investigación sociológica. ¿Cuáles son los elementos indispensables que deben aparecer en una información periodística sobre un sondeo para garantizarle al lector o a las audiencias un mínimo de fiabilidad? Aunque la respuesta no cabe en el corto espacio que nos resta de este artículo (por eso en el próximo hablaremos exclusivamente de los vicios ocultos de las encuestas ) adelantemos que uno de los señuelos más usados por las encuestadoras para ofrecer su mercadería como 'muy científica' es la enumeración de los elementos de su ficha técnica, en los cuales pretenden basar su reputación. Las legislaciones que en países como Francia, Bélgica o España se ocupan de este asunto exigen, con algunas diferencias entre ellas, que la ficha técnica contenga el tamaño del universo y de la muestra, el margen de error estadístico, el coeficiente de probabilidad, confianza o sigmas de precisión, la situación de proporcionalidad más desfavorable, el método de muestreo y de recogida de los datos de campo (entrevista), fecha de realización, texto de las preguntas principales del cuestionario (para corroborar que las preguntas no sean sesgadas), el instituto autor de la encuesta y ¡elemental, amigo Watson!: el origen del financiamiento de la encuesta. Porque como bien señalan esas legislaciones, una cosa es el grupo encuestador (cuando existe, porque en Venezuela abundan los fantasmas), otra el MC que lo difunde y una tercera esencialísima (por aquello de que 'quien paga, manda'): el cliente que encargó el sondeo y quién realmente lo pagó. Cuestiones medulares que se obvian en Venezuela, país donde paradójicamente los MC persiguen la corrupción y los nombres de quienes financian las campañas políticas, pero divulgan a troche y moche encuestas que padecen de los mismos males.



Caracas, domingo 19 de octubre, 1997


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