Domingo con...
Corpoindustria es la mejor demostración de que Venezuela no tiene
política industrial
Leonardo Pizani
Es ficticia la impresión difundida a raíz
de la visita de Clinton sobre la salud y pujanza de la microempresa venezolana.
Actualmente, el apoyo gubernamental a la pequeña y mediana industria
es casi nulo. En los últimos tres años se reeditaron viejos
hábitos clientelares en algunas de las instituciones llamadas a prestar
ese auxilio Marianela Palacios Una foto de Hillary Clinton celebrando los
éxitos del microempresariado venezolano le dio la vuelta al mundo
el lunes pasado.
La impresión difundida a través del encuentro
de la primera dama de Estados Unidos con la Fundación para el Desarrollo
de la Economía Popular (Fudep), sugirió que el sector industrial
se encuentra en su mejor momento y que el Gobierno está trabajando
afanosamente para fortalecer en el país a la pequeña y mediana
industria (PYMI). Sin embargo, hay quienes pueden demostrar que esa imagen
es una entelequia y que el Gobierno pretende con ella ``ganar indulgencias
con escapulario ajeno''. Leonardo Pizani analiza la verdadera situación
de este sector industrial venezolano.
Se desempeñó como director de Corpoindustria,
brazo ejecutor de la política de desarrollo de la PYMI, y actualmente
preside Propyme, empresa privada que impulsa el crecimiento de la pequeña
y mediana empresa. También edita semanalmente una página en
El Nacional (Micros & Pymes), en la que promociona las ideas más
relevantes del sector. Las periodistas Nadia Pérez, coordinadora
de la sección Política de este diario, Miroslaba Suárez
y quien suscribe, dialogaron con el promotor empresarial. -La visita de
Hillary Clinton a Fudep dejó la impresión de que los progresos
del microempresariado venezolano están estrechamente vinculados con
la acción gubernamental, y de que ese sector industrial vive una
especie de época dorada. Cuál es su visión [Image]
-Esa imagen es ficticia. Fudep es una de las pocas instituciones gubernamentales
que prestan un excelente servicio al microempresariado venezolano. Mostrando
sus logros, el Gobierno evitó que pasáramos una pena, pero
realmente los entes que realizan un trabajo tan bueno como el de Fudep pueden
contarse con los dedos de las manos.
Hay muchos organismos que fueron creados con fines eminentemente
políticos, para repartir créditos entre un grupito de clientes
del partido, y la gran mayoría de ellos están quebrados. De
las 140 instituciones a las que Foncofin ha dado recursos para financiar
microempresas, 100 han desaparecido en los últimos cinco años.
El Gobierno pretende robarse el show de este encuentro protocolar en Catia.
Ha querido aprovechar el éxito innegable de la gestión de
Fudep, el entusiasmo y la labor en favor del microempresariado que realiza
la primera dama norteamericana y que tiene reconocimiento mundial, y los
progresos de estos pequeños gerentes, para atribuirse un triunfo
que no le corresponde.
El Gobierno es el actor que menos méritos tiene
en todo esto; en realidad, no ha hecho nada por la micro, ni por la pequeña
o mediana empresa. -No existe entonces una política gubernamental
dirigida a fortalecer a la microempresa y a la PYMI, tal como se prometió
en la Agenda Venezuela? -No. Esa es otra gran mentira. En Venezuela seguimos
sin política económica, y esa ausencia programática
impide generar interrelaciones dinámicas entre el sector productivo,
el científico-tecnológico y el financiero, que son las bases
de cualquier política industrial moderna.
La PYMI no es un proyecto de este Gobierno, aunque el discurso
político diga otra cosa. Ese desinterés gubernamental se evidencia
con el abandono casi absoluto de las iniciativas que pretendían promover
al sector y con la restricción de los recursos dados para tal fin.
Nuestra dirigencia sigue pensando que la única salida para la crisis
es el desarrollo de la industria petrolera, y en ella focalizan todos sus
empeños; pero la red de pequeñas y medianas industrias es
irrelevante para ellos. Estrategia mendicante -Qué elementos tiene
para demostrar ese abandono gubernamental de la PYMI? -Desde 1994 hasta
hoy han cerrado sus puertas aproximadamente 40 mil empresas por año;
es decir, alrededor de 20 por ciento de los establecimientos que estaban
formalmente registrados en el país. No sé exactamente cuántos
han abierto en este período, pero, en cualquier caso, la cifra es
desastrosa.
Da una idea del colapso que ha experimentado el aparato
productivo nacional en los últimos tres años. Para el presupuesto
1998, Corpoindustria y Foncrei, las dos instituciones gubernamentales más
importantes destinadas a la atención de la PYMI, tienen asignados
200 millones y 800 millones de bolívares, respectivamente. Por los
momentos, no se contempla ni un céntimo más para estos organismos
a través de la Ley Paraguas. Eso suma la ridícula cantidad
de un millardo de bolívares, para cubrir todas las demandas crediticias
de pequeños y medianos empresarios y para garantizar la reactivación
de nuestro aparato productivo. Sobre la base de un ejercicio fiscal de siete
billones de bolívares, esa asignación representa tan sólo
el 0,014 por ciento del presupuesto nacional.
Esto demuestra que el Gobierno está reservando para
la PYMI, las cooperativas y todo el microempresariado nacional, una ínfima
proporción de sus recursos disponibles. -De acuerdo a esta rigidez
presupuestaria, qué capacidad tiene el Estado para cubrir las necesidades
del sector? Cuál es la demanda crediticia real de la PYMI en estos
momentos? -La demanda crediticia de este sector industrial para el próximo
período gira en torno a los 250 millardos de bolívares. Evidentemente,
es imposible satisfacer estas necesidades a través del financiamiento
estatal: Corpoindustria y Foncrei sólo cuentan con un millardo de
bolívares para 1998. Ni siquiera con los fondos extraordinarios recibidos
el año pasado (59 millardos de bolívares fueron asignados
a los entes gubernamentales que pueden financiar este tipo de proyectos:
Foncrei, Corpoindustria, Sogampi y Fomcofin) podría cubrirse esta
demanda. -Qué otra alternativa tienen los pequeños empresarios
para financiar sus proyectos? -La banca privada.
Con la llegada de la banca internacional se ha puesto en
marcha todo un proceso de sana competencia en el mercado financiero. Los
grupos extranjeros están especialmente interesados en respaldar proyectos
relacionados con la PYMI, y allí hay una gran oportunidad, porque
están tratando de atraer la mayor cantidad posible de clientes y
para ello ofrecen ``paquetes'' muy atractivos. Esto va a generar un cambio
de filosofía en el sistema financiero venezolano: antes se acostumbraba
premiar a los agentes bancarios por los depósitos que conseguían,
ahora se premiarán cada vez más los créditos que efectivamente
pongan a disposición de sus clientes. Romper el ciclo perverso -Cuál
ha sido el peor pecado cometido por el Gobierno en relación a la
PYMI? -Seguir pensando que la solución de todos los males descansa
en el petróleo y subestimar el valor estratégico de este sector
industrial.
Todos los países exitosos del mundo han desarrollado
una potentísima red de PYMI para dar soporte a sus aparatos productivos.
Sin esta base consolidada no hay progreso real posible. En Venezuela, el
sector informal y la PYMI representan cerca de 80 por ciento del empleo.
Es cierto que el petróleo representa más de la mitad del Producto
Interno Bruto, pero su capacidad empleadora es mucho menor. La micro, la
pequeña y la mediana empresa tienen una facultad mayor para dinamizar
la economía venezolana, y allí reside su valor estratégico
para la reactivación económica. Lamentablemente, la dirigencia
del país aún no reconoce o no acepta este valor estratégico.
Se necesita un cambio de paradigma muy profundo y, en realidad, la dirigencia
gubernamental actual no está capacitada para liderizarlo. -Con miras
a las elecciones de 1998, qué precandidato puede ser capaz de llevar
a cabo esa transformación político-económica? -En realidad
ninguno tiene un planteamiento.
Las estrategias de desarrollo nacional en este siglo han
girado y siguen girando alrededor del petróleo. Lo único que
han replanteado nuestros precandidatos es la intención de ``administrar
mejor el petróleo'', ``con honestidad'', ``sin clientelismo'' y etcétera.
Se quedan en un planteamiento político, pero no hay propuestas de
cambio estratégicas. Pero, considerando la experiencia que impulsó
en el estado Carabobo, podría pensar en el liderazgo de Henrique
Salas Romer como una posibilidad. -Como mínimo, cuánto tiempo
haría falta para que verdaderamente se reactive el aparato productivo
nacional? -Por lo menos 20 años. Si y sólo si se consigue
un crecimiento económico sostenido del seis por ciento interanual.
Caldera es culpable Leonardo Pizani renunció a la dirección
de Corpoindustria en abril de 1994. Durante su gestión se inició
una reestructuración interna y los resultados fueron muy positivos.
En 1992, la corporación llegó incluso a autofinanciarse e
independizarse del presupuesto nacional. La estrategia definida por Pizani
para desarrollar la PYMI sirve como modelo en el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) y varios países la usan actualmente como parte de
sus programas económicos. Paradójicamente, en Venezuela, el
proyecto Pizani murió con la llegada de Amaury García, militante
de Convergencia que fue designado por Rafael Caldera como nuevo director
de Corpoindustria y a quien mantuvo en el cargo durante los tres primeros
años de gobierno. ``Durante tres años consecutivos, Corpoindustria
fue sistemáticamente destruida.
Todo el trabajo que se había hecho para la reestructuración
se vino al suelo. A pesar de que el presidente de la República estuvo
al tanto de un gran número de irregularidades, de que llovieron las
denuncias en contra del entonces director del organismo y de que sus propios
ministros le pidieron sacar a García de allí, Caldera no hizo
nada y lo mantuvo en el cargo. Esto implica una responsabilidad personal
del Presidente en la desarticulación de Corpoindustria. ``Entre 1991
y 1994, Corpoindustria fue tan efectiva que tuvo tres ejercicios seguidos
de utilidad. Durante más de 20 años esa corporación
había sido inauditable, y cambiamos esa realidad. El último
ejercicio fue auditado y los resultados fueron inobjetables.
Los balances comerciales llegaron a publicarse incluso
en la prensa. Funcionaba estrictamente como lo que era: una entidad financiera
eficaz y responsable. A partir de 1992 prescindimos del presupuesto nacional,
cubríamos nuestros propios gastos. ``El núcleo de la estrategia
que desarrollamos fue la vinculación entre el sector financiero privado,
las universidades y los pequeños y medianos empresarios. Firmamos
63 convenios con universidades, para que brindaran asesoría legal
y técnica a los empresarios y éstos pudieran presentar a la
banca excelentes proyectos industriales. La banca, utilizando el análisis
y la asesoría prestada por la academia, facilitaba la tramitación
de los préstamos y se pudo llegar a acuerdos especiales de financiamiento
(reducir en cinco o seis puntos la tasa de intereses que cobraban, como
si estuvieran tratando con sus mejores clientes). Ese ciclo los favorecía
a todos: la universidad recibía aportes de Corpoindustria, los estudiantes
eran vinculados directamente con sus mercados laborales, la banca aceleraba
sus procesos de evaluación y análisis de otorgamiento de créditos,
y los empresarios conseguían sus préstamos más fácil
y rápidamente. ``(La dirección de Amaury García) dejó
morir todos esos convenios.
La corporación no ha vuelto a dar utilidades. El
grupo de gerentes que había sido formado para manejar más
eficazmente los proyectos de Corpoindustria fue despedido. La asistencia
a la PYMI fue abandonada y concentraron su interés sólo en
el microempresariado (los recursos de Foncofin están siendo utilizados
para financiar abastos). Los programas de recuperación de empresas
quebradas fueron suspendidos. Los planes de formación de empresarios
también se paralizaron. El patrimonio del ente fue liquidado y el
director actual, Manuel Gallegos, recibió un organismo quebrado y
será muy difícil que remonte la cuesta''. Triangulación
estratégica A juicio de Leonardo Pizani, el lineamiento básico
para definir una política industrial exitosa en Venezuela se llama
``triangulación'': estructurar una alianza estratégica entre
el aparato productivo, el sector financiero privado y el sector científico-tecnológico.
La propuesta apunta hacia la plena independencia de los
pequeños y medianos empresarios respecto del financiamiento estatal,
y se apoya en las oportunidades que brindará la banca privada en
los años venideros, como resultado de las transformaciones que ha
desencadenado la entrada de la banca internacional en el mercado venezolano.
``Para trasladar el eje económico de nuestro sistema económico
del petróleo a la PYMI necesitamos un cambio de paradigma. Esto implica
que el Estado deberá cumplir un papel menos asistencialista y más
promotor. Más que ser un financista, debe ser un intermediario que
disponga un escenario legal, jurídico, educativo y social idóneo'',
apuntó Pizani. Sus principales propuestas son:
* Regionalizar los entes dedicados al apoyo de la PYMI,
descentralizando sus labores y responsabilidades.
* Reformar el Código de Comercio (``este instrumento
fue concebido en función de las grandes empresas y debe adaptarse
a las necesidades de la PYMI''). Reformar la Ley de Bancos y sus reglamentos
(``para minimizar los problemas y evitar las complicaciones que tradicionalmente
le causa a la banca privada el financiamiento de los pequeños empresarios'').
Considerar estímulos impositivos (reducir la carga tributaria a estos
empresarios).
* Reestructurar el sistema educativo nacional, para promover
el nuevo modelo económico. ``Formar en las escuelas y universidades
más emprendedores -gentes que desarrollen proyectos e iniciativas
empresariales- que trabajadores''.
* Acercar a los jóvenes venezolanos a las nuevas
tecnologías.
``Que aprendan prontamente a manejar Internet y a sacar
provecho de estas herramientas tecnológicas, para el desarrollo de
sus propios proyectos empresariales''. El Nacional
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