El voto y la democracia
Hans Neumann
Al leer las noticias locales, especialmente sobre política,
a quienes tengan poca experiencia en nuestro proceso electoral podría
parecer que las elecciones generales se celebrarán este diciembre
y no el año próximo. Aparecen encuestas sobre las preferencias
al votar. Se piden opiniones sobre los teóricos precandidatos presidenciales,
preguntas sobre apoyos políticos, pero no aparece lo que consideraría
como lo prioritario para el país o para la población, si ganara
la contienda y fuera elegido. Las encuestas se dirigen a los partidos más
que a los posibles votantes. Y casi cruciales para quienes deseen asumir
la carga que significa ser el primer magistrado de Venezuela. O, como indican
las encuestas actuales, primera ``magistrada''. Hecho sin precedente en
la historia de América Latina, hemisferio anteriormente conocido
como territorio de los machos.
Nuestra Constitución tiene muchas cosas buenas,
que protegen y respetan al ciudadano y sus derechos. Pero reconoce a cualquier
candidato que resulte electo por la simple mayoría de los votos.
En nuestras elecciones cada voto es muy importante, ya ha habido elecciones
con poco margen de diferencia como, por ejemplo, las últimas. El
presidente Caldera fue elegido, debido a la gran abstención, por
una minoría de los venezolanos. Esta situación, de ganar las
elecciones presidenciales por una insignificante mayoría, ya el país
la experimentó en el pasado, cuando la oposición de ese momento
aseguró su victoria por diferencia de treinta mil votos. En aquella
oportunidad el partido perdedor aceptó de buena voluntad el resultado.
Claro, eso sucedió al principio de nuestra democracia y preservarla
a toda costa, era más importante que una eventual pelea por el resultado.
Nuestro proceso electoral, por trabas políticas,
es manual, largo, complicado y en su precisión deja mucho que desear.
La Constitución venezolana que data de 1961 es generalmente buena,
especialmente en cuanto a los derechos del ciudadano. Desgraciadamente respecto
al mandato presidencial no prevé una segunda vuelta entre los dos
candidatos que hayan resultado con mayor cantidad de votos en la primera.
Este sistema, de una segunda vuelta, da más fortaleza al mandato
dado por el pueblo.
Lamentablemente tampoco las elecciones del año próximo
dejarán de prestarse a objeciones, porque usaremos el mismo sistema
anticuado y el país está consciente que no hay tiempo suficiente
para el proceso de la tan necesaria moderna cedulación nacional.
La combinación de una deficiente cedulación, con un sistema
de votación, donde la cédula de identidad es crucial, agravado
por la imposibilidad de realizar una segunda vuelta que daría un
mandato claro por la mayoría absoluta, hace que las próximas
elecciones por los meno exigirán una abstención mínima.
El voto es obligatorio, pero cómo lograr que la ley se cumpla es
otra cosa. Debe modernizarse el sistema de votación para que el resultado
dependa del escrutinio exacto y no de la habilidad de los testigos, representando
los partidos, y de su mejor entrenamiento.
La que realmente sufre es la fuerza de nuestra democracia,
que no debe ser debilitada si queremos que el desarrollo sea decisión
nuestra y no obedezca a presiones de instituciones internacionales como
el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.
El Nacional on-line, 15 de octubre
de 1997
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