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Del 14 al 21 de Octubre de 1997
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El descalabro económico de este fin de siglo
"El desconocimiento de una ley no es un justificativo valido para no cumplirla."

Roberto C. P. Junior(**)

Este es un principio básico del derecho como ciencia, por lo tanto imposible de ser observado para las leyes existentes, por su numero y complejidad. Una persona que quisiera, realmente, conocer toda la legislación a la que esta sujeta en el curso de su vida, tendría que gastarla totalmente en el estudio profundo de las innumerables leyes vigentes. Y es bastante probable que no consiga su objetivo.

Pero el principio permanece valido para ciertas leyes de la naturaleza, a la que el ser humano esta igualmente sujeto durante su paso por la Tierra, ya que el también es una especie dentro de ella, como tantas otras. El principio es valido porque contrariamente a los hombres, esas leyes naturales son mucho mas simples y claras para obedecer. Nadie puede desobedecerlas alegando ignorancia, pues basta un mínimo esfuerzo de observación para reconocerlas.

Una de esas leyes básicas es la que trata sobre el equilibrio. Observamos nítidamente sus efectos en los lugares donde la influencia humana todavía no llego. Un ecosistema todavía no corrompido por la acción humana devastadora siempre estará en equilibrio. Jamas presentara, por ejemplo, una disparidad acentuada entre el numero de especies que lo componen. Nunca se observara a uno de los integrantes intentando destruir al ecosistema, viendo como sacar ventajas inmediatas para si. No habrá, tampoco, alguna especie desprovista de lo necesario para su supervivencia, teniendo que pasar "penurias materiales". Los seres que pertenecen al ecosistema dan de alguna forma algo para el todo, recibiendo en contrapartida lo necesario para su subsistencia. Equilibrio continuo entre el dar y el recibir.

Aun las especies del reino vegetal obedecen automáticamente a esa ley del equilibrio. Plantas y arboles reciben de la naturaleza los nutrientes del suelo y le dan a ella flores y frutos. Utilizan el gas carbónico de la atmósfera y devuelven oxigeno.

La especie humana, en cambio, se comporta de manera diferente. Justamente ella, que con su organización social debería constituir un ejemplo vivo de obediencia incondicional a la ley del equilibrio, la desprecio maliciosamente, con la mas liviana autopresunción.

Gracias a su constitución espiritual, esta especie ocupa una función especial dentro de la naturaleza. Su misión consiste en elevarla y ennoblecerla, perfeccionando el modo de cumplimiento de las leyes vigentes. Así estaba previsto.

En tanto, esa expectativa no se confirmo. Todas las otras especies continuaron obedeciendo a su modo, instintivamente, las leyes naturales. Pero el ser humano, el elevado ente espiritual que debería velar por la naturaleza, no le dio ninguna importancia a esas leyes básicas. Leyes que regían antes de su aparición en la Tierra. Se coloco presuntuosamente sobre ellas, como si no les debiera respeto. En su inconcebible arrogancia se enarbolo senor de la creación, en tanto ni siquiera cumplía sus deberes como simple integrante de ella.

Por eso hoy asiste, entre incrédulo y perplejo, al inevitable desmoronamiento de toda falsa obra, erigida descuidadamente sobre un suelo poco firme.

Toda la obra humana fue construida, por ignorancia y obstinación, sobre un suelo arenoso, impropio para edificar cualquier rendimiento. El ser humano no observo, primordialmente, la ley fundamental del equilibrio, que constituye la base, el suelo firme que soporta toda la edificación. De nada sirve si una construcción esta muy bien planeada, si son utilizados los materiales mas resistentes, si para eso se emplean a los mejores ingenieros y arquitectos. Construida sobre la arena, tendrá que derrumbarse tarde o temprano.

Y la ciencia económica es una de las muchas obras engendradas por el intelecto humano, completamente disociadas de este principio básico del equilibrio.

Asistimos hoy en la mayoría de los países a un esfuerzo frenético, casi desesperado, de los mas reconocidos especialistas intentando controlar a los múltiples indicadores económicos. Con admirable empeño (reconozcámoslo) procuran hacer funcionar mas o menos bien la absurdamente compleja e inestable maquina económica que inventaron, efectuando ajustes frecuentes en muchos de los instrumentos de control a su disposición. Con precarios resultados empero.

Los números que traducen el inmenso descalabro en la que esta sumergida la economía mundial en este fin de siglo parecen irreales de tan gigantescos, y así mismo continúan creciendo, como si tuviesen vida propia. Por todos lados aumenta la disparidad entre producción y consumo, entre trabajo y remuneración, entre deudas contraídas y beneficios generados. Macro y microeconomía se funden en un megacaos que asusta, donde el desequilibrio da el tono en todos los sectores (*).

Y en medio de todo ese alboroto sobresalen los ilustres economistas, que batallando poco caballerosamente entre si, intentan cada uno imponer su solución salvadora, exclusiva y revolucionaria.

Continuamente vemos desfilar en la prensa las explicaciones mas contradictorias y contundentes sobre las causas y los efectos de la desvalorización cambial, control inflacionario, déficit publico, crisis bancaria, insolvencia, capital de especulación, fluctuación de intereses, acciones sobrevalorizadas, desempleo creciente, concentración de la renta, etc., etc.

Toda esta confusión podría ser evitada si, desde la base, fuese observado simplemente el equilibrio necesario entre el dar y el recibir. En realidad, las personas viven en un cambio permanente, aunque sin darle la debida importancia a ello. Su mayor error - imperdonable-, fue justamente la negligencia frente al indispensable equilibrio en este proceso natural de intercambio.

Con su trabajo ellas dan algo al mundo en el que viven, la Tierra, y por eso reciben de ella lo necesario para su vida terrena. En primer lugar alimento, vestimenta y morada. En una secuencia natural otros bienes complementarios, siempre según su propia contribución. El dinero es solo un instrumento, un medio para facilitar el flujo entre el dar y el recibir en nuestro mundo civilizado. En este flujo todos los implicados tienen el deber de mantener en absoluta equidad, teniendo cuidado de que los platos de la balanza permanezcan rigurosamente nivelados.

Este es el cuadro general de una actuación colectiva armónica. ¿Demasiado simple? Si, mas como todo lo que posee valor real, que, por lo tanto, todavía no fue infectado por las intrincadas directivas del limitado intelecto humano.

Lo que ocurre es que, como en tantas otras cosas, el ser humano resolvió "perfeccionar" también la ley natural del equilibrio. En su estrechez de comprensión, fruto de su irrefrenable y también ya indisfrazable decadencia espiritual, imagino poder llevar una vida mas bella y feliz si bajase uno de los platos de la balanza a su favor. Quiso recibir cada vez mas, dando cada vez menos. Y con el pasar de los siglos ese desequilibrio creció y creció, hasta llegar al punto en que nos encontramos hoy, donde el dinero paso a ser un fin en si mismo, en vez de un mero instrumento terrenal para la efectivización del dar y del recibir.

A partir de ahí, se extinguió en esa criatura ciega de codicia lo que restaba de dignidad y respeto al prójimo. Comenzó a querer tomar ventaja en todo para obtener mas dinero, importándole poco si para ello tuviera que ocasionar danos a sus semejantes.

Para obtener mas dinero los empleados engañan a sus patrones, los patrones explotan a sus empleados, los defraudadores estudian nuevos golpes, los especuladores difunden noticias falsas en las bolsas, en las fabricas se reúnen para formar carteles, los bancos se transforman en casas de agiotaje, los políticos venden sus votos, las madereras arrasan los bosques, las naciones luchan entre si por intereses comerciales. Y todos contraen deudas que no pueden saldar. Se engaña, se roba, se mata, se destruye y se arman guerras por dinero.

La gananciosa humanidad torció todo lo que pudo el precepto dado de conservar el equilibrio en todo, bajo al máximo el plato de la balanza a su favor, con la ilusión de conquistar con ello la felicidad terrena.

Lo que ella no se imaginaba, entre tanto, es que al contrario de las leyes humanas, las de la naturaleza no pueden ser desobedecidas impunemente. Si, la humanidad consiguió hacer descender el plato de la balanza durante un cierto tiempo, pero ahora el vuelve violentamente a su posición original, lanzando lejos todo lo que estaba en su interior.

En lo que atañe a la economía, eso se evidencia como una tragedia de proporciones apocalípticas, sin paralelo en la historia de la humanidad. Centenas de millones de personas viven hoy en la mas absoluta miseria, sin ninguna perspectiva de mejora de sus condiciones materiales. Los que tienen un empleo y ganan lo suficiente para vivir con dignidad forman una única y extensa legión de descontentos, firmemente convencidos de que la vida les fue injusta al negarles la riqueza material. En lugar de ennoblecer al mundo con valores espirituales y terrenos, solo hacen crecer la mala voluntad, la envidia y la desconfianza. En cambio, los que poseen muchos recursos, en su mayor parte los direccionan casi exclusivamente para su propio placer, sin la menor preocupación por establecer y conservar el bien común.

Cada ano, cada mes, cada día percibimos el volumen creciente del descalabro económico mundial, generando angustia, desesperación e... inseguridad. El pedestal del ídolo dinero, levantado por tantas manos serviciales hasta una altura que oscurece totalmente cualquier vestigio de vida espiritual, se esta deshaciendo de a pedazos sobre una humanidad amedrentada y espantada.

La inestabilidad económica mundial trae convulsión social, crisis en la capacidad para gobernar, miedo y sobre todo, inseguridad generalizada. Estos son los frutos que tenemos que cosechar ahora, por desobedecer una ley simple y aun tan esencial, que sola, podría garantizar la total armonía de la vida en este, nuestro conturbado planeta.

 

(*) Algunos ejemplos aislados:

- Cerca del 60% de la población mundial vive con un ingreso de hasta dos dólares por día; 1,3 mil millones de personas sobreviven con hasta un dólar por día.

- La deuda publica de EUA creció 4.145 veces desde el inicio del siglo hasta 1995. Al final de aquel ano cada bebe estadounidense vino al mundo debiendo 18.930 dólares (deuda publica per capita).

- A fines de 1996 la Organización Internacional del Trabajo estimaba que había mil millones de personas desempleadas o subempleadas en todo el mundo.

- El volumen de los recursos disponibles en la ronda financiera mundial es varias veces superior al que se podría adquirir con ellos. Giran actualmente en el mercado de acciones y de derivados cerca de 67 billones de dólares. Todo el oro existente en el mundo no suma 6 billones de dólares.

- El ingreso conjunto de 358 multimillonarios es superior a los ingresos sumados de 2,3 miles de millones de personas (45% de la población mundial).

- En los últimos quince anos 1,6 mil millones de personas vieron disminuir su ingreso disminuir.

- Desde 1980, noventa países sufrieron una caída de sus economías.

- Actualmente hay 131 países enfrentando crisis profundas en sus sistemas bancarios.

- Categorías profesionales que son verdaderos soportes de la integridad de una nación, como las de los profesores, médicos e investigadores son remuneradas escasamente y mal reconocidas, mientras que boxeadores, pilotos de carrera, jugadores de basket ganan millones de dólares para contribuir en nada con ninguna cosa y son elevados a la categoría de héroes.

(**) Roberto C. P. Junior es Master en Ingeniería y autor del libro on-line (en portugués) "Vivimos los Últimos Años del Juicio Final"
( http://www.msantunes.com.br/juizo/ ).



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