Esta Semana
Revista Electrónica       Nº 18    Agosto 1997

Esta Semana

Reflexiones: La verdad "verdadera'' de la palabra

Hans Neumann

Mientras más conocemos sobre las ciencias, más nos damos cuenta de que, simplemente, es imposible lograr separar al científico de su descubrimiento. Las ciencias están basadas en lo que se descubre, que ya existía antes, pero que no se sabía que era así como ahora se nos explica. Para dar varios ejemplos: Los astrónomos observan lo que sucede en el universo, los investigadores médicos lo que ocurre con los seres humanos en ciertas condiciones, los físicos tratan de entender de qué está formada la materia, los que estudian las ciencias naturales quieren entender a la naturaleza, etc. etc.

Todos ellos tienen algo en común: Lo que se investiga (digamos: el descubrimiento) siempre es interpretrado por un ser humano. Y sabemos que es imposible lograr que lo afirmado sea la verdad absoluta. Siempre estará matizado por las inclinaciones personales del observador. Eso es inevitable. Para que un descubrimiento tenga validez, se requiere que otros científicos lo comprueben y puedan ellos repetir el experimento independientemente.

Si esto ocurre en ciencias supuestamente exactas y verdaderas, imagínese qué exactitud tienen las noticias que recibimos a través de los medios masivos de comunicación. Ellas siempre serán un resultado de las observaciones personales de seres humanos para quienes es imposible ser absolutamente objetivos. Además ya no sólo es un observador, sino que la noticia pasa por una serie de manos que modifican cada una, ligeramente, lo reportado. En distintas formas. La importancia se logra usando la ubicación. La noticia misma no lleva un titular. La elección de las palabras del texto depende del reportero. Cada idioma da cierto matiz, por ejemplo para un verbo como: decir. Podemos utilizar una serie de palabras cada una de las cuales da, muy levemente, distinta valoración a lo dicho: asegurar, afirmar, informar, reconocer que..., etc.

Vivimos en una época de información. Esto significa que cada noticia es procesada por una cadena de personas, que tienen diferentes inclinaciones personales, simpatías y antipatías, deseos y emociones. La objetividad debería ser lo importante, porque la opinión y valoración sobre la noticia nos la queremos hacer nosotros.

Esa es precisamente la queja de todos los políticos y gobernantes sobre porqué se les hace tan difícil llegar y convencer al pueblo. Además no hay duda de que los medios de comunicación tienen intereses particulares e inclinan lo reportado hacia una ``realidad'' que les interesa por razones de convencimiento político o para lograr mayor circulación por razones económicas. Cuántas veces hemos visto una corrección posterior para aclarar una noticia a fin de que sea más objetiva y con una menor distorsión?

Aparentemente, el pobre lector forzosamente tiene que leer varios periódicos si quiere realmente hacerse su propio criterio. Un posible remedio sería publicar en una información varias opiniones sobre el mismo tema. Sería más objetivo, pero más aburrido y el lector dedicaría más tiempo y paciencia en hacerse su propia opinión. Si el lector no se la hace, muchas veces la información lo confundirá más que antes. Estará más informado pero entenderá menos qué es lo que en realidad sucede y tendrá tendencia a creer menos en la información y más en los rumores.

La proliferación de las fuentes de información, periódicos, noticieros de radio y televisión, son una respuesta lógica a la inquietud del público. Siempre existe el abuso de la libertad de prensa, pero es mejor a que los gobiernos o los partidos traten de decidir ellos sobre qué asuntos y cómo debe ser informado el público.

No hay duda de que la tecnología de diseminar la información está más desarrollada que cómo conseguirla e interpretarla, para el bien de la verdad ``verdadera''. Además aunque sea importante para el país es menos divertido que la confusión reinante sobre, por ejemplo, el precio de la gasolina o la conveniencia de una caja de conversión para nuestra economía.



Tomado de El Nacional On-line
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