Cabezal Política Exterior
Revista Electrónica       Nº 17     Julio 1997
Política Externa

Hong Kong: ¿un país, dos sistemas?

Miguel Méndez

Transcurría el año 1984 cuando Gran Bretaña acordó mediante una declaración conjunta con China abandonar Hong Kong en 1997. En aquel momento, en plena Guerra Fría, los temores del mundo occidental se referían al destino de la frágil colonia en manos del gigante asiático. La importancia y la aprensión que generó el hecho se debió sobre todo a la preponderancia de Hong Kong como uno de los principales centros financieros y comerciales del mundo. Habían pasado cinco años desde el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y China, lo que dio un giro radical la política anterior de reconocer a Taiwan. Ese acercamiento entre los dos países fue el resultado final del Comunicado de Shangai de 1972, dentro de lo que se denominó la "política del ping pong" que se desarrolló entre ambos países.

Un país, dos sistemas, concepto que surgió como respuesta a la posible reunión con Taiwan, fue la idea que prevaleció en 1984, momento en que China, en una posición totalmente diferente a la que tiene ahora, trató de desvanecer los temores y las dudas sobre el intercambio de soberanía que significaba el acuerdo.

El 1o de julio próximo se iniciará en la práctica lo que ha sido un largo proceso en el que el occidente y el oriente se encuentran de frente y tratan de lograr una fórmula de convivencia que permita la gobernabilidad de uno de los rincones de la tierra más industrializados y mejor dispuestos para hacer frente a los retos de la globalización. El puerto colonial que en 1945 tenía 500.000 habitantes empobrecidos, es hoy, con más de 6 millones, uno de los lugares del mundo más vibrantes y mejor preparados para el siglo XXI.

El asumir la soberanía de Hong Kong significa para China retos, amenazas y oportunidades. Este proceso que se inició en 1984 ha pasado por una serie de etapas y acciones que vale la pena analizar.

Caminos accidentados

En 1990, Gran Bretaña inició la adopción de la Ley Básica (Basic Law), como resultado de los acuerdos entre ese país y China, con el objeto de facilitar la transición y dotar a Hong Kong de un ordenamiento jurídico y político que le permitiera asumir los cambios que culminarían en 1997. Esta ley estableció una serie de principios generales como son la elección de los jueces y autoridades locales, libertades de expresión y protesta, entre otros. Estos acuerdos tienen una validez de 50 años, con el objetivo de garantizar un adecuado nivel de certeza que permita seguir participando en la economía de esta ciudad. Sin embargo, acciones como la elección directa del Consejo de Legislación y la Carta de Derechos Ciudadanos de Hong Kong promulgada en 1991, son consideradas por China, entre otras 25 leyes civiles, como violaciones de la Ley Básica.

De hecho, China decidió establecer un Consejo Legislativo Provisional de 60 miembros que se ha venido reuniendo en Shenzhen, ciudad al frente de Hong Kong, con el objeto de reformar las leyes que considera inadecuadas y ponerlas en práctica el próximo mes de julio. El cuerpo legislativo electo ya se encuentra preparado para iniciar la batalla legal en el momento en que sea desconocido, poniendo a prueba tanto la sabiduría y paciencia china como la independencia y ecuanimidad del sistema legal de Hong Kong, el cual cambiará también el primero de julio.

Se plantean muchas transformaciones, las más importantes relativas a las libertades civiles y derechos políticos y a la forma de obtener residencia en la ciudad. Pero también existen muchos otros cambios que tienen que ver con lo cotidiano de la vida en Hong Kong, como la educación, el inglés como idioma de enseñanza y al papel que pasará a tener en la educación la historia, los valores civiles y/o democráticos, el nacionalismo y patriotismo chino, entre otras. Todos estos son aspectos de compleja adopción y aun cuando tienen menor relevancia a nivel de la opinión pública internacional, indudablemente contribuirán a definir el futuro de la ciudad, sobre todo debido a que la mayoría de los chinos residentes en Hong Kong son refugiados que trataron de escapar del comunismo.

Uno de los puntos más álgidos es el relativo a las libertades individuales de expresión y protesta. Aún cuando se reconoce que en general Gran Bretaña nunca garantizó los derechos y libertades individuales introducidos en 1991 con la Ley Básica, estos han pasado a formar parte de lo que sería un cuerpo de normas que podría garantizar el derecho de la población a protestar y a organizarse contra las medidas que el nuevo gobierno pueda tomar y que signifiquen un daño a sus libertades.

Encrucijada del futuro

La situación es compleja. Estos vientos de libertad podrían generar acciones públicas que sirvan de efecto demostración en otras áreas de China, en especial Guandong y el resto del sur, zona en la que se han desarrollado importantes cambios de carácter económico que han permitido una renovada fuerza de la sociedad civil mediante su participación activa en la economía. El 5 de junio, octavo aniversario de la Masacre de Tiananmen y primero desde la muerte de Deng Xiaoping, más de 50.000 personas se congregaron para conmemorar la fecha en el Parque Victoria de Hong Kong en lo que fue una gran demostración en pro de la democracia.

Este temor de mayor participación ciudadana es en la práctica uno de los mayores riesgos que corre China. Sin embargo, la crítica de ese país a los cambios políticos introducidos por Gran Bretaña después de 150 años de dominación sobre el territorio, en el sentido de que no existían antes y por ende no se justifican ahora, desconocen las bases de desarrollo de Hong Kong.

El éxito de esta ciudad es resultado de lo que comúnmente se ha llamado "La Formula". Una combinación del capitalismo salvaje, capaz de utilizar cualquier método de producción, unido a una justicia británica previsible y ecuánime. Contratos que se respetan, un servicio civil mayoritariamente incorruptible, un sistema legal bien dotado de jueces imparciales y honestos, bajos niveles de impuesto y pocas regulaciones. Esta imagen de autoridad, justicia y equidad del Gobernador Británico, del servicio civil y de las cortes no pueden ser fácilmente sustituidas por un país como China que ha demostrado tener diferentes estándares para cada situación y donde el Partido Comunista y su burocracia ejercen un papel que no es generalmente percibido como equilibrado y ponderado.

Es seguramente ese temor el que ha llevado a las autoridades chinas a declarar ilegales las manifestaciones no programadas y debidamente autorizadas y establecer un plazo de 48 horas para el otorgamiento de permisos. Ello no es necesariamente un exabrupto, el gobierno colonial no permitía las manifestaciones, sin embargo lo es para aquellos ciudadanos que no confían en el nuevo papel de China en sus vidas. China establecerá en Hong Kong un cuartel con 10.000 soldados del Ejercito Rojo.

De hecho no es sino hasta 1989, con los sucesos de la Plaza de Tiananmen, que casi un millón de habitantes de Hong Kong se lanzaron a las calles a protestar por la masacre y comenzaron a interesarse en obtener una mayor participación política y cívica. Esta preocupación de la población llevó al Gobernador Británico Chris Patten a realizar inconsultamente los cambios de 1990, incluyendo la elección de los miembros de la nueva legislatura. De allí surge Martin Lee, abogado afamado, líder de las protestas contra la acción de Tiananmen, quién con su partido obtiene 17 de los 20 miembros de la legislatura en la elección celebrada en 1995. Lee es el principal líder opositor a las acciones que China planea realizar.

El problema es entonces que China esperaba heredar una colonia con una estructura autoritaria derivada de esa dominación colonial, incluyendo principios como la censura de prensa y la prohibición de manifestar. Esos elementos aplicados anteriormente por Gran Bretaña se ajustaban más al sistema comunista que los novedosamente adoptados.

Un País, Dos Sistemas

A nadie le conviene más el status quo de Hong Kong que a China. Hong Kong ha servido a los claros propósitos de ese país de asumir reformas que le permitan una mejor posición económica. El modelo de Hong Kong puede servir para mantener un pie en el mercado mundial a través del desarrollo de relaciones dinámicas y vitales de la ciudad-estado con el resto de China Continental. De hecho, la estructura de negocios de la ciudad se ha adecuado a la realidad de China, con el crecimiento de empresarios chinos con lazos y conexiones con China Comunista. Es por ello que se espera que China actúe con ponderación y cuidado, en aquellas áreas que realmente considere vulnerables, evitando interferir en aquellas otras que podrían tener efectos negativos en la economía.

Aún más, buena parte de las necesidades financieras y de inversión, de divisas, de tecnología, de capacidades técnicas y gerenciales, servicios legales y comerciales de China, que le han permitido el despegue y alto grado de desarrollo experimentado en los últimos años, dependen de Hong Kong. Por ello su importancia trasciende el simple hecho administrativo y de soberanía que significa su paso a manos chinas. Por otra parte, los sucesos de Tiananmen provocaron efectos desbastadores en la economía de Hong Kong, la cual vio bajar los precios de las acciones y propiedades en buena medida debido a la pérdida de confianza. China sabe que arriesga mucho con una acción que introduzca la misma percepción.

El punto sería entonces visualizar hasta qué nivel y en qué manera "La Formula" podría ser cambiada sin que ello afecte su competitividad y la confianza del mundo en las capacidades de Hong Kong, y que los hechos que se desarrollen en la ciudad no tengan efectos negativos en el resto de China. El problema es que el balance logrado entre lo económico y lo político tiene una interrelación tan estrecha, que la limitación de lo último tiene indudables consecuencias sobre la percepción y la confianza de la población y de los agentes económicos. Las nuevas libertades, inexistentes hasta hace poco, son ahora necesarias en la medida en que la percepción general sobre China no se compagine con las características de gobernabilidad positiva del poder colonial. Aún más, la complejidad del problema se acentúa debido al potencial efecto que podrían tener en el resto de China las acciones tomadas en Hong Kong. En la medida en que esta ciudad tenga capacidad y éxito en oponerse al poderoso Estado chino, en esa misma medida aumentará la presión por reformas políticas en el resto de China. Como podemos observar, se trata de un dilema entre crear bases de confianza, sin cambiar las reglas del juego y arriesgar a que las consecuencias de la acción se proyecten sobre el resto de China o por el contrario, llevar a la ciudad a un nivel mínimo de compatibilidad jurídica, arriesgando la pérdida de la confianza de los agentes económicos y de la sociedad civil.

Se considera que en general, una acción demasiado radical de China en contra del régimen de libertades existente en Hong Kong tendría como consecuencia la suspensión o reducción del status de la nación mas favorecida que disfruta con los Estados Unidos. Esta acción provendría posiblemente del Congreso norteamericano. El Senador Jesse Helms, en una reunión con Martin Lee, expresó su apoyo irrestricto a las fuerzas democráticas de China.

Sin embargo, es poco probable que un país que se abrió dramáticamente a los cambios en la década de los 80 con Den Xiaoping, recibiendo viajeros e inversiones extranjeras, con bien fundamentados elementos de economía de mercado en su sistema, que permite cierto libre movimiento de ideas y ha enviado miles de estudiantes al exterior, lo que en buena manera le ha permitido un despegue económico que le llevó a un crecimiento del 13% en los últimos años, se equivoque en el camino. El crecimiento del nivel de vida chino es realmente dramático para cualquier estándar que se quiera establecer. Hong Kong fue y es parte integral de esta estrategia.

Además, las expectativas de los operadores económicos es que existirá una poderosa unión entre el músculo financiero de Hong Kong con una de las economías más dinámicas y el mercado más grande del mundo. China con sus cambios está más lejana de la definición del comunismo que muchos otros países que no están gobernados por este sistema. El crecimiento de los llamados "Red Chips" son muestra vehemente de este clima de confianza. Estos títulos y valores basados en Hong Kong y provenientes de empresas y propiedades del gobierno chino se vienen cotizando y manejando en esa ciudad con actividad febril. A pesar de que muchos analistas consideran que están sobrevaluados, la simple expectativa de que el gobierno chino seguirá con esta mecánica y que Hong Kong proveerá los fondos necesarios ha generado un clima de confianza que no ha sido disminuido con el traspaso de soberanía. En una encuesta de junio realizada por un diario local, el 72% de la población expresó confianza en que la ciudad se mantendría prospera y estable. El 20% consideró que la situación mejoraría en los próximos 12 meses.

Liderazgos contrastantes

Para desarrollar este proceso de transición, China escogió a uno de los líderes empresariales más respetados y capaces de Hong Kong. C.H. Tung, empresario naviero de corte conservador ha sido designado como nuevo líder de la ciudad, en un proceso donde participaron 400 miembros de un comité de elección, todos ellos designados por China. Tung ha sido criticado por aquellos que en esa ciudad consideran que su presencia y acción no garantizan una transición equilibrada al ser visto como demasiado pro-chino. Tung, un próspero hombre de negocios, quien fue ayudado por China en la década de los ochenta en una operación de rescate del imperio familiar, expresa que es necesario tener un balance entre libertades civiles y orden social, por lo que espera introducir cambios que garanticen la gobernabilidad de la ciudad y proyecten su prosperidad.

Tung espera adoptar una serie de cambios, incluido un nuevo concepto de seguridad nacional que sea utilizado para catalogar y permitir las protestas, definido éste como "la salvaguarda de la integridad territorial y la independencia de la República Popular China". De esta forma se espera evitar las protestas relacionadas con Taiwan o Tibet. Esto unido a la prohibición de recibir fondos de partidos extranjeros, manteniendo únicamente la posibilidad de recibir contribuciones de particulares de cualquier nacionalidad, debería servir para limitar el poder de acción de las fuerzas democráticas de Hong Kong.

Este liderazgo de Tung contrasta abiertamente con el de Martin Lee, llamado padre de la democracia de Hong Kong y el más activo opositor de las medidas de restricción, quien ha dirigido sus baterías con amplio apoyo en Occidente contra Tung en defensa de las libertades alcanzadas.

El gigante dormido cambia de vestimenta

La fecha aguardada genera polémica. Inclusive la ceremonia de traspaso de poderes ha generado problemas. Quién es invitado, la precedencia, la juramentación o no de la Legislatura Provisional son todos elementos de choque que amenazan la celebración. De hecho, existe el temor de muchos, especialmente de parte de Martin Lee, de que la ceremonia de traspaso sea utilizada para legitimar la Legislatura Provisional ante la presencia de un gran número de dignatarios extranjeros. La Secretario de Estado estadounidense Madeleine Albright expresó que irá a Hong Kong a apoyar el sistema democrático de la colonia, pero no a la nueva legislatura, debido a que considera que la electa popularmente es la legítima.

La medianoche del 30 de junio será entonces el inicio de un nuevo amanecer para Hong Kong, que puede ser el paso siguiente del gigante asiático hacia un régimen de mayor libertad o por el contrario, un deterioro de la gobernabilidad que signifique un retroceso en las libertades económicas y políticas logradas. En definitiva se espera que este acontecimiento lleve en un futuro a la reunificación de Taiwan o una mayor autonomía del Tibet y otras regiones. Esto tendría efectos positivos en el clima internacional dada la importancia y significado de esta evolución en el mundo contemporáneo.

Un aparte especial para Taiwan, a quien le espera una dura prueba en caso de que el principio de un solo país dos sistemas sea exitoso. La estrategia de China con Taiwan es muy parecida a la seguida con Hong Kong en la década de los 80. Presión política para la reunificación unida a un mayor comercio e intercambio. En la actualidad, Taiwan tiene invertidos más de 20 mil millones de dólares en China. Las exportaciones llegan a 18 mil millones al año. Esta relación es cada vez más importante y creciente. Las dificultades políticas entre ambos países serán minimizadas en la medida en que exista la percepción de una coexistencia pacífica entre ambos sistemas y en la que cada uno tenga la expectativa de que podrá influir en el otro para que se acerque a su forma de ver el mundo. La unión de estos tres vértices de la civilización china formaría un triángulo que se nutriría de un mercado laboral y de consumo inmenso y tendría profundos efectos sobre la geopolítica asiática y mundial. Quién sabe si tal vez este sea el inicio de una China democrática, donde Hong Kong sea laboratorio de avance y desarrollo de mayores libertades, Taiwan pase a ser el brazo financiero y el resto de las provincias obtengan mayor autonomía.

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