Cabezal Sociedad
Revista Electrónica       Nº 16     Junio 1997
Sociedad

Narcisismo

Dr. Gonzalo Himiob

En el mito de Ovidio sobre Narciso leemos, que el dios-rio Cefiso, después de raptar y violar a la náyade Liriope, engendra en ella a un joven de esplendida belleza, a quien dan por nombre Narciso. Preguntado Tiresias, el sabio capaz de predecir el futuro, sobre si el recién nacido tendría una larga vida, contesta cripticamente "Si, siempre y cuando nunca se conozca a sí mismo." La tragedia se comienza a gestar desde la concepción del niño Narciso, él es producto de la violencia sexual. A lo largo de su vida, Narciso, va a provocar en hombres y mujeres, mortales y dioses, grandes pasiones, a las cuales no responde por su incapacidad para amar y para reconocer al otro. Es por casualidad como ocurren las cosas trascendentes con frecuencia--y tentado por Afrodita, que el joven contempla su imagen en un espejo de agua, siente la fascinación del amor, amor por sí mismo que lo paraliza e incapacita para la vida y para amar a otros. Se encanta Narciso con su belleza y desprecia cualquier ser que lo pueda bien-amar, como es el caso de la ninfa Eco, cuyo cuerpo se consume de melancolía, quedando de ella solo una voz sin forma que repite, en la lejanía, la última frase o sílaba que se pronuncie. ¿Será este el destino que aguarda a los seres, y pueblos, que se prendan de los seres infatuados en su propia grandiosidad? ¿Será que su destino es el venir a ser de voces incorporeas, repetitivas?

En psiquiatría llamamos Narcisismo a una forma de estructuración de la personalidad, y a una etapa del desarrollo del ser humano. Distinguen los psicoanalistas dos tipos: el narcisismo primario de los primeros meses de la existencia y donde el niño dirige toda sus energias a la satisfacción de sus necesidades. Esta etapa está signada por la incapacidad del niño para reconocer al objeto, entendiendo por tal al mundo, las cosas y las personas que lo rodéan, es decir, el recién nacido es incapaz de reconocer un mundo distinto a sí mismo. Todo su erotismo y/o energía libidinal es auto dirigida, y el mundo exterior no existe.

En una fase ulterior, en el llamado narcisismo secundario, el niño reconoce los objetos, hay cosas que entran y salen de su cuerpo, objetos que le pueden proporcionar dolor o placer, por lo tanto existen para satisfacer las propias necesidades o, como lo frasearía un psicoanalista, la catexia (energia libidinal) va al objeto y de allí retorna al sujeto. El objeto existe en función de las necesidades del sujeto.

Desde el punto de vista de la psico-patología, la estructuración de una Personalidad Narcisística, implica una detención o fijación del desarrollo de la persona a etapas infantiles de profunda gratificación, o en una regresión del individuo a estos períodos, por su incapacidad para tolerar y enfrentar los retos y fracasos que la maduracion y la vida le imponen.

La Personalidad Narcisística se caracteriza por un patrón grandioso de vida, este se expresa en fantasías o modos de conducta que incapacitan al individuo para ver al otro, el mundo se guía y debe obedecer a sus propios puntos de vista, los cuales considera irrebatibles, infalibles, auto-generados. Las cosas más obvias y corrientes, si se le ocurren a él o ella, deben ser vistas con admiración y se emborracha en la expresión de las mismas. Hay en el Narcisista una inagotable sed de admiración y adulación, esta última lo incapacita para poder reflexionar e incluso pensar. Vive más preocupado por su actuación, en cuanto a la teatralidad y reconocimiento de sus acciones, que en la eficacia y utilidad de las mismas. Su visión es el patrón al cual el mundo debe someterse. Es el Narciso una personalidad que, aún cuando pueda poseer una aguda inteligencia, esta se haya obnubilada por la visión grandiosa de sí mismo y por su hambre de reconocimiento. Vemos así como muchas personas que, pudiendo ser exitosas, productivas y creativas, someten su vida a adulantes mediocridades. Ellas, drogadas por su discurso auto-dirigido, no son capaces de reflexionar y escuchar lo que el mundo objetal les grita.

En la otra cara de la moneda, la Personalidad Narcisística es, en sí misma, una forma de sobrevivencia. Hemos visto en el mito como Narciso es el producto de una acción terrible. La Personalidad Narcisística nace de una violencia, de un terrible trauma, de una herida inferida al individuo en sus primeras etapas del desarrollo o antes, cuando la herida es la madre y ella trasmite al hijo su resentimiento, su dolor, su rabia y su temor. Se refugia, el traumatizado, en su propia imagen de grandiosidad, ello le permite elevar su maltrecha auto-estima y sentirse un poco mejor consigo mismo. Su hambre insaciable de reconocimiento se asila en la admiración y la adulancia de quienes lo circundan. He visto a hombres y mujeres brillantes caer en las más abyectas miserias, en alcohol o en drogas, para sostener su Ego herido.

Cuando el Narciso ejerce posiciones de poder, se rodéa de personas, que por su propia condición, son inferiores a él o ella, y de otros, que le harán la corte solo en función de un interés mezquino.

El Narciso es una persona que puede ser muy exitoso, en cuanto al brillo externo se refiere. Él no se plantéa dudas en cuanto a la realidad de sus ideas, sean estas brillantes o no. Así vemos como personas con una inteligencia mediocre y una cultura pobre, escalan posiciones sorprendentes, para ellos el recapacitar no existe. Aún las más insulsas ideas son expresadas con un espíritu mesiánico, se enamoran de las ideas de otros y las hacen propias sin la más mínima consideración moral ni ética. Estos últimos logran capitalizar a una orda de Narcisistas Depresivos que creen, ingenuamente, en la verdad expresada por el pseudo-maestro. Ellos lo seguirán fielmente, no importa cuán errado esté:

"Sobre la pena duermo solo y uno, pena es mi paz y pena mi batalla, perro que ni me deja ni se calla, siempre a su dueño fiel pero importuno."

Escribe Miguel Hernández para retratar esta suerte de personalidad, siempre fiel, signada por la tristeza derrotada, que busca, con mas ahinco que éxito, alguien en quién creer, alguien en quien confiar el remedio a sus miserias. De estas melancólicas soledades esperanzadas se nutre el Narcisismo. La simbiosis se completa con la satisfacción a medias, con un hueco de hambre y sed, que nunca se llega a colmar.

En psicología, la ontogenia remeda a la filogenia, y lo que es del individuo puede ser trasladado sin mayores dificultades a la sociedad; ya decían los alquimistas que "lo que está arriba está abajo" y que"lo que está adentro está afuera." Así podemos especular que lo que ocurre en el desarrollo del individuo también ocurre en el proceso de formación de las sociedades.

Siguiendo nuestra linea de pensamiento, las sociedades pasan por una etapa de narcisismo primario, como cuando las ordas bárbaras, invadiendo a Europa, se interesan solo en sus necesidades instintuales, no reconocen al otro o a los otros y pasando a fuego y cuchillo por encima de pueblos y civilizaciones, las destruyen. Siendo estas últimos pueblos, posiblemente mas sofisticados, se plantéan dudas y son incapaces de entender la violencia desatada por las necesidades aniquilatorias de los más primitivos, esto signará su destino.

En los pueblos de Latino-América estamos siendo testigos del desarrollo narcisístico de la psique colectiva. En nuestras almas vemos características de la dinámica de esta forma de estructurarse la personalidad: nuestros pueblos han sido humillados, sometidos a la violencia voraz e irreflexiva de quienes, desde adentro y desde afuera, solo han sido guiados por la inmediatez de sus necesidades sin ver la realidad del otro. Esto ha ido fijando patrones de conducta de los cuales somos testigos asombrados todos los días en los noticieros y en las entrevistas con politicastros quienes, con un desparpajo inaudito, plantéan como verdades originales e incontrovertibles, las mas trilladas mediocridades. Observamos el descalabro económico, la rapiña a la cual son sometidos los tesoros del Estado, el despilfarro y la imbecilidad de quienes negocian con otros paises o consorcios, pendientes solo de su lucro inmediato. Sentimos, con desesperación, como el país se nos va entre las dedos, al dejarlo en manos de quienes, por su infatuación e inmanencia, no son capaces de tener visión de Historia. Vemos también como los adulantes parásitos, se congregan alrededor de quién más grita o de quién pueda proporcionarle un mínimo de beneficio, la moralidad del medio por el cual ello se consiga no importa, lo importante es una cuota de poder o de reconocimiento.

En un panorama más corriente, salir a las calles, conducir un automovil, tratar de cruzar una avenida, etc., son trabajos titánicos. Quien maneja tiene el derecho auto-otorgado de pasar, si quiere cambiarse de canal no tiene más que hacerlo y en el mejor de los casos agitar sus dedos a modo de saludo y ¡¡Allá voy!! La culpa nunca es nuestra, siempre habrá a quien atribuirle la responsabilidad. Si llueve cuando tenemos una fiesta, es debido a que Dios está siendo injusto y merece nuestro reproche. Si el país va mal, es reponsabilidad del gobierno y no de quienes no hacemos nada por mejorar la situación. El gobierno es un ente abstracto que pertenece a otros. Los gobernantes no ven la realidad de los gobernados y creen que estos son tan inferiores que no comprenden los altos intereses que los guían. Algunas veces se sienten incomprendidos y se identifica con los mártires de las glorias pasadas, y se refugian en desgastadas frases como "El hijo bueno se le muere fuera y el hijo malo se le pudre dentro," "Bolívar y Miranda murieron en la miseria," "Jesucristo fué crucificado," etc.

Pero como siempre el recurso de la mitología nos brinda la imagen para la comprensión de la conducta y el mito de Narciso es concluyente en la terrible frase del oráculo: "El niño tendrá larga vida si nunca se observe a sí mismo." Así en la no reflexión es donde puede sobrevivir este personaje. Sin embargo, Narciso, en castigo a su ser desalmado, es transformado en una planta que dá unas flores muy bellas, de olor nauseabundo, y nos dice el mito que en este tipo de personas hay, a pesar de su apariencia, algo que huele muy mal.



Dr. Gonzalo Himiob
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