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Revista Electrónica Bilingüe       Nº 12     Febrero 1997

Esta semana
El Sida en Venezuela: Lo que podemos aprender del resto del mundo
Dr José Esparza*

Cuando descans´bamos tranquilos, confiando que la ciencia médica ya había conquistado las enfermedades infeccionsas, hizo su aparición el SIDA. Esa mezcla explosiva de sexo y muerte que ha caracterizado ésta enfermedad, la convirtió entonces en tema favorito de discusión, en donde los aspectos puramente médicos se vieron rápidamente analizados desde diferentes perspectivas sociales y morales, y no siempre con resultados apropiados.

Muchas de las reacciones iniciales ante el SIDA fueron basadas en falta de información, dificultando así el desarrollo de respuestas adecuadas. Sin embargo, luego de más de quince años de esta epidemia -que desafortunadamente se prolongará por muchos más-el mundo ha aprendido bastante sobre ella. Venezuela debe analizar esa experiencia, y aplicarla en su respuesta al SIDA, problema este que ya está definitivamente afianzado entre nosotros.

Magnitud de la epidemia de VIH/SIDA
A partir de 1981, cuando se identificaron los primeros casos de SIDA en los Estados Unidos, casi 30 millones de personas han sido infectadas en el mundo por el agente causal del SIDA, el virus de la inmunodeficiencia humana ó VIH. Noventa por ciento de esas infecciones han ocurrido en países en vías de desarrollo. Casi 7 millones de las personas infectadas ya han muerto, siendo millón y medio de ellos niños infectados en el vientre materno. La epidemia ha afectado dramáticamente al continente Africano, donde hoy en día viven mas de 14 millones de hombres, mujeres y niños infectados por el virus. En el Africa sub-sahariana, la prevalencia del VIH (porcentaje de personas infectadas por el virus) en la población general es del 5.6%. En algunas ciudades del Africa central ya están infectados cerca del 20% de sus adultos y las camas hospitalarias se encuentran abarrotadas con pacientes con SIDA.

Hasta finales de los años 80, el continente asiático parecía haberse escapado de la epidemia. Eso creó un falso sentimiento de seguridad, que no les permitió establecer a tiempo los programas de prevención, que hubieran podido frenar la epidemia que a finales de los años 80 se diseminó por el sur y el sureste del continente, donde ya ha causado más de cinco millones de infecciones.

Desgraciadamente, a pesar del intenso esfuerzo internacional para controlar la epidemia, ésta continúa expandiéndose. Cada día, más de 8.500 personas se infectan con el VIH y el 90% de ellas viven en países en vías de desarrollo.

La epidemia del VIH/SIDA en la América Latina y en Venezuela
El virus entró en América Latina al comienzo de la epidemia, donde los primeros casos se comenzaron a detectar en 1983. Estimamos que en América Latina han ocurrido cerca de un millón y medio de infecciones, con una prevalencia en la población general del 0.6%. La mayoría de las personas infectadas desarrollan la enfermedad dentro de los diez primeros años después de haber ocurrido la infección. De los 160.000 casos de SIDA que han sido oficialmente notificados a las autoridades sanitarias de la región, unos seis mil corresponden a Venezuela. Sin embargo, como no todos los casos se notifican, uno debe multiplicar ese número por dos o por tres, calculando asÌ que en Venezuela han ocurrido un total de 18.000 casos de SIDA, de los cuales probablemente ya han muerto cerca de la mitad.

Es más difícil aún estimar cuantas personas están infectadas por el VIH en Venezuela, es decir, el número de seropositivos. Para obtener esa información necesitamos hacer más estudios epidemiólogicos. No obstante, se podría calcular que en Venezuela existen entre 50.000 y 150.000 personas infectadas por el VIH.

En nuestro país, la frecuencia de nuevos casos notificados, por año y por cién mil habitantes (cerca de 4 por 100.000) se sitúa un poco por debajo del promedio Latinoamericano (cerca de 5.5 por 100.000), y claro está, muy por debajo de los países Africanos (entre 25 y 50 por 100.000). Sin embargo, vemos con preocupación como la epidemia de SIDA en Latinoamérica, que hasta ahora se mantenía, inexplicablemente, a niveles relativamente moderados, ha comenzado a aumentar de intensidad. Eso es especialmente evidente en algunos países de la América Central. Aunque no sabemos con certeza cual puede ser la causa de ese aumento de la epidemia en nuestra región, la misma debe ser una señal de alerta para incrementar nuestra atención al problema, actuando ahora para así evitar males mayores en el futuro.

El SIDA es primordialmente una enfermedad de trasmisión sexual
En el mundo, cerca del 70% de todas las infecciones han sido trasmitidas heterosexualmente, es decir, por contacto sexual entre un hombre y una mujer; casi la mitad de las personas infectadas en el mundo son mujeres. Ciertamente que hay países, especialmente en Europa y en las Américas, incluyÈndose Venezuela, en donde el virus fue inicialmente introducido y mantenido entre hombres homosexuales, siendo ellos los primeros, aunque no los únicos, en sufrir las consecuencias de la epidemia. Sin embargo, las tendencias en todos los países, incluyendo Venezuela, son hacia un aumento gradual de los casos de SIDA por transmisión heterosexual, resultando ello en más mujeres y niños infectados. Al inicio de la epidemia en Venezuela, se notificaban 25 casos en hombres por cada caso en mujeres; hoy esa relación ha cambiado a aproximadamente 8 a 1, indicando claramente un aumento en la transmisión heterosexual, la cual se notifica en aproximadamente el 17 % de los casos mas recientes. La tendencia mundial es también hacia la infección cada vez más frecuente de la gente joven, especialmente de los adolescentes que comienzan su actividad sexual.

Aunque el SIDA puede también ser trasmitido por sangre contaminada -como puede ser el caso de personas que se inyectan drogas- ó de una madre infectada a su hijo recién nacido, el SIDA es primordialmente una enfermedad de transmisión sexual. Si queremos controlar al SIDA en Venezuela, nuestra única alternativa es asumir el reto de poder abordar más abiertamente al tema de la sexualidad. Hay problemas muy importantes a discutir, y estos van desde el respeto a las diferentes manifestaciones que una sexualidad normal puede adoptar, hasta como abordar la educación sexual en las escuelas. Clave en esta discusión es la promoción de aquellos mensajes apropiados y efectivos, que promuevan una vida sexual y reproductiva responsable. Esos mensajes deben considerar las necesidades reales de la población que queremos proteger, no nuestros propios prejuicios, aunque mucho nos cueste aceptarlo. A nuestros adolescentes se les debe presentar diversas alternativas, que deben ir desde la abstinencia sexual ó la iniciación sexual tardía, pasando por relaciones monógomas mutuas, hasta el uso de preservativos. Aunque los preservativos no sean la panacea para controlar esta epidemia, definitivamente sí han contribuido a evitar numerosas infecciones en el mundo. Una campaña de control del SIDA no puede ser solamente una campaña de promoción de preservativos, porque hay muchos otros mensajes educativos y valores morales que son importantes a trasmitir. Sin embargo, hoy en día no se puede concebir una campaña contra el SIDA que no incluya, como componente importante, el acceso a preservativos.

Es capital la protección de los derechos humanos de las personas con VIH/SIDA
Al principio de la epidemia, las reacciones iniciales contra el SIDA en algunos países fueron injustamente dirigidas a culpar los pacientes de este nuevo problema de salud pública, y no a la enfermedad misma. Había que encontrar algún "chivo expiatorio" a quién responsabilizar; así se definieron los mal llamados "grupos de riesgo", denominación errada, porque en realidad no hay grupos de riesgo, sino mas bien "conductas individuales de riesgo" que pueden poner a cualquier persona en peligro de ser infectada por el VIH. Una vez identificado los "culpables", entonces había que "castigarlos" con leyes punitivas que les limitaran sus derechos al trabajo, a la educación, a la vivienda, ó simplemente a viajar. Además de ser violatorias de los derechos humanos de las personas con VIH/SIDA, esas legislaciones anacrónicas también favorecían la diseminación del virus, pues alejaban de los sistemas de salud a las personas que más los necesitaban. Afortunadamente, después de ese faux pas inicial, la mayoría de los países rectificaron su curso, promulgando leyes, que por el contrario, protegen los derechos humanos y garantizan el derecho a la salud de los pacientes con VIH/SIDA, no importando como hayan sido infectados.

Con cierta frecuencia se menciona que los pacientes con SIDA se infectaron "por su culpa", como si esto fuese una excusa para no atender sus necesidades de apoyo médico, social y legal. Sin embargo olvidamos convenientemente que hay muchas otras enfermedades que pueden ser prevenidas con un cambio en nuestro "estilo de vida". Los pacientes que sufren cancer del pulmón no reciben el reproche de la sociedad, por no haber dejado de fumar. Tampoco aquellos con enfermedades cardiovasculares, que pudieran haber sido evitadas con una mejor dieta y mayor ejercicio.

La discriminación y estigmatización que las personas con VIH/SIDA han sufrido en muchos países del mundo, se ha debido a la ignorancia: Temor a ser "identificado" con un "grupo" específico, temor al contagio casual de la enfermedad, y quizás también, el temor a la muerte. Ya hemos visto como el SIDA es un problema de todos nosotros, y no de "aquellos", o de "los otros". Si algún paciente tiene conductas sexuales diferentes a las nuestras, eso no debe ser razón para abandonarlo con su problema de hoy -que puede ser nuestro problema de mañana-. El temor al contagio casual también es infundado; hoy en día sabemos que no existe riesgo de contaminación a través del trato social normal con una persona con VIH/SIDA, sí éste no incluye contacto sexual íntimo, ó intercambio de lÌquidos corporales. Finalmente, la persona con VIH tiene muchos años de vida normal y productiva, antes de que los sÌntomas se manifiesten. Mas aún, avances recientes en las ciencias médicas están cambiando poco a poco el pronóstico del SIDA, en donde se ha pasado de una "supuesta condena de muerte inminente" a una enfermedad crónica que puede ser manejada médicamente.

La promesa de la investigación científica
Esta epidemia ha servido para plantear y corregir muchos problemas de nuestra sociedad. Como alguien lo ha señalado, el SIDA ha servido para revelar lo peor, pero también lo mejor, que hay dentro de nosotros.

Una de las áreas impactada positivamente por el SIDA es la investigación biomédica. Los mejores cerebros del mundo han contribuido a los avances extraordinarios que se han hecho en el SIDA: A tan solo dos años de haber sido descrita la enfermedad, ya se había identificado y aislado su agente causal. También se desarrollaron métodos de laboratorio que sirvieron para diagnosticar la infección en su período asintomático, conociéndose así su verdadera magnitud y distribución geográfica. Avances lentos pero seguros en el área de tratamiento, han culminado con el descubrimiento que ciertas combinaciones de medicamentos antivirales eliminan totalmente el virus de la sangre en muchos pacientes, con la esperanza (todavía no confirmada), que al cabo de algunos años se pueda erradicar el virus de las personas infectadas. Por otro lado, esos avances biomédicos extraordinarios, crean paralelamente retos sociales también extraordinarios; el costo de esas drogas antivirales es sumamente elevado, y debemos explorar estrategias y mecanismos que las hagan accesibles a toda persona que las necesite. Y aunque ya se este hablando de una "cura potencial" (y repito, esta todavía no la tenemos) debemos seguir enfatizando la prevención a través de la educación; esperando el día en que una vacuna segura, efectiva y accesible a todos los países sea desarrollada, lo cual todavía tomará algún tiempo.

Venezuela debe actuar ahora
Quizás la mejor lección que Venezuela debe aprender del mundo, es que no debe postergar una respuesta agresiva contra esta enfermedad. No podemos esperar que hayan mas casos para "justificar la inversión", porque entonces será demasiado tarde. El programa de prevención y control del SIDA del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, debe ser reforzado, dotándolo suficiéntemente de los recursos humanos y financieros necesarios. La respuesta para combatir el SIDA debe ser amplia, incluyendo no solo a todos los organismos oficiales pertinentes (además del Ministerio de Sanidad), sino también a los institutos de investigación, el sector privado, los organismos no-gubernamentales y las comunidades afectadas.

Debemos mejorar nuestro diagnóstico epidemiológico de la situación, para así tener una mejor idea de la magnitud de esta epidemia en nuestro país, y cuales son las regiones y personas más afectadas; de esta manera podremos dirigir mejor nuestras campañas de prevención.

También es necesario analizar el impacto económico del SIDA en Venezuela, para desarrollar estrategias de prevención y tratamiento que tengan una óptima relación costo-beneficio.

Finalmente, debemos permanecer vigilantes para que los derechos humanos de las personas con VIH/SIDA sean respetados, incluyendo el derecho a la salud.

En conclusión, a pesar de que la epidemia de VIH/SIDA en nuestro país ya ha causado bastante enfermedad y sufrimiento, de alguna manera Venezuela puede considerarse afortunada, porque esta terrible epidemia le ha dado hasta ahora "un tiempo de espera". Con ello podemos beneficiarnos de la experiencia obtenida por otros países con menor suerte, y así evitar los errores que ellos cometieron. Esa es la responsabilidad de todos nosotros para con las generaciones futuras.


*Programa de las Naciones Unidas contra el VIH/SIDA (ONUSIDA) Ginebra, Suiza
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