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Revista Electrónica Bilingüe       Nº 10    Diciembre 1996

Titular Política Externa
Venezuela y MERCOSUR: ¿La "Conquista del Sur" o... el Sur nos Conquista?
Vilma E. Petrásh*

Es indudable que el acercamiento Venezuela-Brasil y todos los esfuerzos desplegados en relación a la asociación de nuestro país al ambicioso esquema integracionista del Sur (MERCOSUR), señalizan un importante viraje en la política exterior venezolana y, muy especialmente, en la política que en materia de integración han venido siguiendo anteriores gobiernos. Son numerosas las evidencias de la extrema prioridad y, por tanto de la reubicación de esta área temática en la actual agenda externa del país. Prioridad y reubicación que reflejan, en buena parte, la desmedida atención otorgada por el Presidente Caldera al desarrollo de una más intensa relación con nuestro enorme y poderoso vecino del Sur y, en consecuencia, a la asociación venezolana a un "régimen de integración" como el MERCOSUR que gira en torno a ese colosal país.

Cabe recordar que a escasos días de su juramentación, nuestro primer mandatario se reunió en la Guzmania con su entonces homónimo del Brasil, Itamar Franco, a fin de sentar el nuevo marco de relaciones binacionales, y que a partir de ese momento se canalizaron cuantiosos recursos logísticos, humanos y de tiempo en la celebración de reuniones y en la conclusión de compromisos de la más diversa índole1.

Ello evidencia dos cosas: por una parte, el extraordinario papel que en ese cambio de atención ha jugado la vieja aspiración del Presidente Caldera de emprender la "conquista el Sur". Por la otra, lo que aparenta ser un preocupante cambio de rumbo en nuestra política exterior, en tanto desatiende y des-prioriza los aspectos cooperativos económicos y políticos -al tiempo que acentúa la atención a los aspectos de fricción o conflicto- de nuestras complejas relaciones en escenarios de acción regionales más tradicionales y "naturales" en virtud de los numerosos vínculos geo-estratégico/económicos, históricos, humanos, y aún de vocación/orientación nacional que nos unen a ellos: v.g., la sub-región andina, la cuenca circuncaribeña y, muy especialmente, la propia macro-región norteamericana que lidera los EE.UU.

Ciertamente, sólo el sostenimiento en el tiempo de este cambio de rumbo dirá si la aproximación económica al Cono Sur constituye una política del actual gobierno y por tanto susceptible de ser -en el mejor de los casos- moderada por subsiguientes administraciones o incluso por los demás países con lo cuales nuestro país tiene compromisos integracionistas, o si, por el contrario, esta nueva orientación es en verdad, una "política exterior de Estado" que goza, en palabras de Alfredo Toro Hardy, del "pleno respaldo del Congreso" y del mayor consenso entre las fuerza vivas y sectores de la opinión pública en razón de su "alto carácter estratégico".2

No obstante, acciones recientes dentro de la subregión andina parecen indicar que el curso asociacionista venezolano vis-vis el MERCOSUR, tan apadrinado por los Presidentes Caldera y Cardoso, puede ser rectificado o, cuando menos, frenado por causa de las interdependientes relaciones de nuestros país con sus socios andinos. Ya la necesidad de enfrentar el unilateralismo de Bolivia y Venezuela, los cuales habían acogido abiertamente la opción de negociación 4 + 1 (Bolivia o Venezuela versus Brasil/MERCOSUR) así como los esfuerzos de los gobiernos de Ecuador y Colombia por apuntalar la opción de negociación 5 + 4 (o "bloque a bloque") se habían evidenciado en acontecimientos como la reunión de los mandatarios andinos en ocasión de la X Cumbre del Grupo de Río celebrada en Cochabamba a principios de septiembre, la reunión a mediados de ese mismo mes del Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores en Lima, y la recién tomada decisión en la reunión especial de la "Comunidad Andina" en Lima de ir a su primer encuentro con el MERCOSUR, a efectuarse a mediados de octubre, con una posición común y con la propuesta consolidada de conformar un ZLC entre ambos espacios de integración sub-regionales.

Sin ánimos de hacer conclusiones apresuradas, pareciera que los hechos arriba citados ponen en entredicho la presunta condición de "política de Estado" del actual acercamiento venezolano al bloque comercial suramericano y prueban que los acuerdos, decisiones y acciones previamente asumidos y la propia realidad integracionista en la cual está inmersa nuestro país se imponen o, al menos, ameritan ser considerados en cualquier cambio de rumbo diseñado y formalizado "desde arriba". Cabe esperar que de no surtir estos últimos acontecimientos un impacto rectificador en la tulelada orientación brasileño-sureña del actual gobierno venezolano, la misma no cause daños de difícil reparación en los otros escenarios internacionales donde Venezuela si tiene intereses de insoslayable naturaleza estratégica.

Ahora bien, y más allá de las comprensibles aprehensiones que puedan despertar este acelerado acercamiento al frente Brasil/MERCOSUR, no cabe duda que el mismo plantea grandes desafíos -traducibles en amenazas u oportunidades según las decisiones y cursos de acción que se adopten- no sólo para las altas esferas del gobierno nacional, sino sobre todo para los distintos sectores económicos del país. Sectores que, como se sabe, son los únicos que pueden instrumentar "desde abajo" los compromisos integracionistas asumidos "desde arriba" por los decisores y negociadores de nuestro país; pero que además -y dada la complejidad implícita en la integración funcional de dos o más entidades nacionales- deben ser crecientemente consultados y/o participar ampliamente en las diversas etapas de cualquier proceso de negociación que pretenda alcanzar objetivos integracionistas sostenibles en el tiempo. Y más aún si se toma en cuenta una inescapable realidad: por un lado, que todo arreglo de integración económica afecta sustancialmente, se quiera o no, el espacio jurídico, político y económico en el cual se mueven e interactúan los actores económicos y, por tanto, el destino económico de éstos; y por el otro, que tales arreglos acrecientan inexorablemente el número de competidores que han de enfrentar los productores nacionales, y deben además contener un temario no comercial (ambiental, financiero, social, laboral, fronterizo y de armonización de políticas) cuya adecuada atención requiere de la activa cooperación de los diversos sectores no gubernamentales que participan del hecho económico.

Dicho esto, resulta esencial hacer una breve referencia a los orígenes, situación actual y perspectivas del MERCOSUR, así como al papel pivotal de nuestro vecino del Sur en el mencionado esquema de integración.

1. ¿Qué es MERCOSUR?: antecedentes, situación actual y perspectivas
El Mercado Común del Sur (MERCOSUR), fue establecido el 26 de marzo de 1991 mediante la firma del tratado de Asunción por los gobiernos de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. El propósito central de los países signatarios de este arreglo integracionista fue conformar un mercado común en base a tres pilares: la liberalización del comercio intraregional; el establecimiento de un arancel externo y de una política comercial comunes frente a terceros países: y la coordinación y armonización de las políticas macroeconómicas y las legislaciones de sus miembros, de modo de eliminar aquellas asimetrías que pudieran entrabar el funcionamiento del mercado común.

1.1. Antecedentes:
Los orígenes de esta reciente expresión de regionalismo económico abierto se remontan al Acta de Iguazú, documento firmado en 1985 entre Argentina y Brasil -en momentos en que ambos países apenas iniciaban sus procesos de democratización- con el fin expreso de acrecentar bilateralmente las relaciones comerciales, la complementación industrial y la cooperación tecnológica. En línea precisamente con ese primera iniciativa de acercamiento, los gobiernos del Presidente argentino Raúl Alfonsín y de su colega brasileño Jorge Sarney, en su reunión de Buenos Aires del 29 de julio de 1986, concluyeron un acuerdo para el establecimiento de un Programa de Integración y Cooperación Económicas entre sus dos países, y doce protocolos que habían de constituir la primera etapa de dicho programa. 3.

Ya desde aquella época, estos acuerdos suscitaron gran interés y expectativa, tanto a nivel binacional, como también regional y extra-regional. Después de todo se trataba de un acercamiento entre dos rivales tradicionales cuyas élites de poder habían puesto en práctica desde el siglo XIX -como acertadamente lo señala la internacionalista venezolana Elsa Cardozo- una lógica subregional de equilibrio de poder, la cual propició durante buena parte del presente siglo la amplia e influyente elaboración de un pensamiento geopolítico y de estudios sobre dependencia y desarrollo. 4. No obstante, es evidente que el estrepitoso fracaso del modelo de desarrollo "hacia adentro" de sustitución de importaciones e intervencionismo económico tan emblematizado por la crisis de la deuda y por profundos desequilibrios macroeconómicos, junto a la propia toma de conciencia de los nuevos gobiernos democráticos acerca de la necesidad de emprender (aunque aún tímidamente) la revisión del paradigma económico intervencionista-desarrollista-proteccionista hacia adentro y tercermundista-multilateralista hacia afuera, fueron ambos factores de gran impulso para los innovadores acuerdos cooperativos/integracionistas de mediados de la pasada década entre los dos países más importantes de América del Sur.

1.2. Evolución reciente:
Un paso de gran relevancia en la evolución y consolidación del MERCOSUR fue el Protocolo de Ouro Preto adicional al Tratado de Asunción firmado en diciembre de 1994, por cuanto coadyuva a la conformación de una unión aduanera y perfecciona el funcionamiento institucional. Fue sobre esa base jurídica que el MERCOSUR comenzó a actuar el 1 de enero de 1995, como unión aduanera: arancel cero para el 85% del universo arancelario y un proceso de liberación hasta 1999 del 15% restante, y fijación de un arancel externo común para los mismos bienes con las mismas excepciones. Del mismo modo mediante ese protocolo se adoptaron normas de origen, un código aduanero y otro sobre prácticas desleales, una clasificación de mercancías y normas de valoración aduanera y medidas para garantizar la competencia leal; y también se creó un comité técnico encargado de eliminar o armonizar barreras no arancelarias . 5.

No cabe duda que en la actualidad este acuerdo de integración constituye un poderoso eje económico subregional/regional y un polo de atracción geoeconómica de primer orden dentro del escenario integracionista del hemisferio. En tal sentido, el diplomático brasileño Rubens Antonio Barbosa menciona ciertos datos que dan cuenta del potencial de expansión comercial de esta subregión:

  • en 1991, para el momento de la firma del Tratado de Asunción, el comercio intra-regional era de US$ 4,7 mil millones (de los cuales US$ 4,3 mil millones correspondían a exportaciones brasileñas)
  • en 1992, el comercio intra-MERCOSUR se elevó a los US$ 6,5 mil millones (siendo US$ 4,1 mil millones de exportaciones brasileñas), y
  • en 1993, ese comercio alcanzó la cifra de US$ 8,3 mil millones (constituyendo las exportaciones brasileñas un total US$ 5,4 mil millones. 6.

Asimismo, según datos del SELA, en 1993, el comercio dentro de ese bloque económico sub-regional representó el 20% del comercio total de sus cuatro socios, y el crecimiento de las exportaciones intra-MERCOSUR fue cinco veces mayor que el correspondiente a las exportaciones totales del Grupo, las cuales representaron además un 20% de las mismas. 7

Fuentes de prensa indican que la señalada expansión comercial intra-regional se ha triplicado en los últimos tres años y que en ese mismo período hubo un incremento de 25% en las exportaciones dirigidas a terceros países.

Las cifras y porcentajes anteriores son testimonio indebatible de las dimensiones que caracterizan a este nuevo y dinámico régimen integracionista sub-regional: un mercado de 200 millones de personas, un PIB de 800 mil millones de dólares, un ingreso per cápita de 4.300 dólares, un comercio exterior superior a los 100 mil millones, y economías relativamente desarrolladas que, además, absorben la mitad de la inversión extranjera regional y dan cuenta de la mitad de la deuda externa de América Latina. Los rasgos anteriores convierten al MERCOSUR en la quinta economía más grande del mundo, luego de EE.UU., la Unión Europea, Japón y China8

1.3. Relación Argentina-Brasil e impacto intraregional de Brasil
No obstante, debe agregarse que así como la Comunidad Andina (denominada de ese modo desde la firma del Protocolo de Trujillo en marzo pasado) gravita alrededor de la activa relación económica colombo-venezolana (la cual representa más del 60% del comercio "comunitario"), así también el dinamismo del MERCOSUR descansa sobre el peso geopolítico y geoeconómico de Brasil y Argentina y sobre la estrecha interdependencia económica que se ha desarrollado en los últimos diez años entre ambos países, años en los cuales el intercambio bilateral se multiplico nueve veces.

Pero otro hecho deducible de las mencionadas cifras de crecimiento del intercambio intra-regional, es que Brasil es el principal motor de desarrollo y expansión de este espacio económico subregional. Son elocuentos los datos en ese sentido: Brasil ocupa la mitad del territorio suramericano, es el país que después de la Federación Rusa tiene más vecinos (10 en total), posee una población de unos 152 millones de habitantes, y arrojó en 1994 un comercio exterior de US$ 75 mil millones y un PIB de US$ 456 mil millones. 9 Es decir que por sí solo Brasil representa el 75% de la población del MERCOSUR y la mitad del PIB subregional. Del mismo modo, el comercio brasileño con sus socios del MERCOSUR fue aproximadamente de US$ 11 mil millones, cifra que triplica el flujo comercial constatado en 1990 entre Brasil y los otros miembros de ese bloque subregional. No es pues de extrañar que ese país haya sido y continúe siendo el principal factor de impulso de ese mercado y que su decisión de apadrinar la asociación de cualquier otro país (llámase Chile, Bolivia o Venezuela) tenga un peso decisivo al interior de tal régimen integracionista.

Lo anterior no significa que el comercio con el MERCOSUR e incluso con Latinoamérica carezca de relevancia económica para Brasil. Muy por el contrario, tanto los otros miembros del MERCOSUR como la sumatoria de éstos y los restantes miembros de ALADI (todos los países suramericanos más México), absorben en el presente importantes porcentajes de las exportaciones brasileñas. Porcentajes que según el Canciller de Brasil, Luis Felipe Lampreia, se ubican en el orden de 16% y 28% respectivamente. 10

1.4. Cambios globales y regionales y MERCOSUR
Es ya un hecho incuestionable que las últimas dos décadas y el presente lustro han sido un período de profundos cambios. El micro-procesador ha transformado y continúa transformando al mundo de un modo en muchos sentidos comparable al impacto des-medievalizante que tuvo la invención de la imprenta en el siglo XV. Los desarrollos en el ámbito de las tecnologías de comunicación, transporte e información están generando nuevas industrias y productos a una tasa y velocidad sin precedente y, por tanto, ejerciendo presión para la adopción e introducción de enfoques novedosos en materia de organización industrial, gerencia y técnicas de producción.

Aparte de propiciar avances considerables en el desmantelamiento de las barreras a la circulación transfronteriza de bienes, servicios y capitales, estos desarrollos han igualmente significado un viraje trascendental hacia la "internacionalización" de la economía. La producción se ha venido reorganizando/redimensionando a escala global lo cual se refleja en la naturaleza, volumen y alcance de las transacciones extra-nacionales. Tales intercambios involucran ahora una gama más compleja y sofisticada de actividades y tienden a ser efectuados por y entre partes vinculadas. En efecto, lo que estamos presenciando es el inicio de la transición de intercambios entre economías nacionales interconnectadas a intercambios dentro de una economía global integrada.

Si bien los cambios arriba mencionados son más visibles en la esfera económica, las entrecruzadas implicaciones a mediano y largo plazo de estas transformaciones en otras esferas -política, social, cultural y ecológica- lucen no menos fundamentales. Ello explica por qué la globalización es mucho más que un asunto de interés para negociadores comerciales o planificadores en el área de negocios. Sobre todo por cuanto representa una "dinámica inmensa" de "procesos interactivos" que, en su conjunto, conforman un meta-proceso de "articulación de relaciones domésticos-globales, de identidades y lealtades y de procesos decisionales" que es al mismo tiempo desigual y paradójico11: globalizante-localizante en lo económico, centralizante-descentralizante en lo político.

América Latina ha sido una de las regiones que más ha sentido los efectos de la globalización al menos desde principios del decenio pasado. De allí que años antes de la "ruidosa transformación geopolítica mundial" 12 tan asociada al derrumbe de la cortina de hierro, los países de la región se vieran forzados a adaptarse a dicho proceso mediante la formulación e instrumentación de grandes ajustes internos y estrategias de liberalización/inserción externa orientadas en su conjunto, a la recuperación/modernización de sus economías de acuerdo a la lógica de libre mercado, y a la reforma de sus instituciones jurídico-políticas con miras a instaurar "buenos gobiernos" democráticos. En el ámbito específico de la integración ese nuevo enfoque "reformista" significó un cambio radical en los conceptos, en la orientación (de adentro hacia afuera) y en la estrategia (de la protección de sectores productivos domésticos, al desmontaje de barreras arancelarias y no arancelarias y la expansión de las capacidades competitivas de las economías latinoamericanas mediante el establecimiento de "regímenes inter/transnacionales" de "regionalismo abierto").

La consecuencia más evidente de este cambio fue la reactivación de viejos acuerdos de integración y la proliferación de otros nuevos en aras de avanzar estrategias de regionalismo abierto que contribuyeran al manejo de interdependencias intra-regionales y extra-regionales, redujeran las asimetrías entre países funcionalmente integrados, y mejoraran la capacidad negociadora de estos últimos con interlocutores externos.

Fue precisamente en este contexto de mega-transformaciones globales y de ajustes/reajustes doméstico-regionales-continentales que emergió MERCOSUR. Régimen intra-suramericano creado, en parte, para apuntalar las políticas y planes de reforma domésticos emprendidos por Argentina a finales de los ochenta y por Brasil a comienzos de los noventa, pero también como respuesta geopolítico-económica y como forma de establecer un contrapeso regional a las condicionadas iniciativas de apertura, asociación y armonización en los planos comercial y de inversiones, de la tradicional potencia hegemónica del hemisferio Occidental. Esto último en aras de transitar desde allí -y tal como lo propuso en 1993 el Presidente Franco- hacia una Área de Libre Comercio Suramericana (ALCAS/SAFTA) que garantice un acceso regional más eficiente y competitivo a los mercados mundiales y al sistema multilateral de comercio, pero que también sirva como un "bloque de construcción" para la integración hemisférica visualizada en la Cumbre de las Américas, o como alternativa o medida de protección contra el eventual fracaso de esta meta continental.

2. El MERCOSUR y Venezuela
De todo lo antes expuesto puede deducirse que el MERCOSUR es simultáneamente una fuente de oportunidades y amenazas para Venezuela.

2.1. La dividida opinión de los empresarios venezolanos
De hecho, los propios empresarios venezolanos no parecen tener una opinión uniforme respecto a la significación y el impacto para la economía venezolana de una asociación con el MERCOSUR.

En efecto, algunos representantes claves del empresariado nacional como CONINDUSTRIA opinan que un acuerdo de liberalización entre Venezuela y MERCOSUR debe ser necesariamente precedido por un cuidadoso análisis de sus implicaciones. Sobre todo porque aunque los beneficios del mismo parezcan obvios para la industria petrolera y el sector eléctrico, los mismos no lucen tan claros para los demás sectores industriales del país. Una preocupación central de este primer grupo es el efecto que pueda tener sobre las MIPYME (micro, pequeñas y medianas empresas) la recia competencia proveniente de los más grandes y/o eficientes productores brasileños. Otra no menos significativa es la relativa a nuestra menor capacidad negociadora venezolana frente a los gigantes de MERCOSUR (Brasil y Argentina) lo cual hace aconsejable y atractiva la negociación con los otros países andinos. Con ello, aseguran estos empresarios, no sólo se reduciría la vulnerabilidad negociadora de Venezuela, sino que también se aprovecharían la experiencia acumulada en la negociación del G-3 con México en la cual Venezuela y Colombia negociaron como un solo país, y además se evitarían peligrosos retrocesos en los avances integracionistas con la Comunidad Andina y, muy especialmente, con Colombia. Cabe recordar que nuestro ineludible vecino occidental sigue siendo el primer socio comercial de Venezuela en el área de exportaciones no tradicionales, aún a pesar de la crisis política y económica que ha sacudido en tiempos recientes a ambos países y de la despriorización de Colombia en la agenda económica externa de Venezuela.

Para otros empresarios, en cambio, la integración venezolana al mercado sub-regional del Sur es necesaria y beneficiosa. En principio porque la magnitud de MERCOSUR amplía significativamente el espacio económico del sector privado nacional y abre nuevas y dinámicas oportunidades para nuestro sector energético (petrolero e hidroeléctrico) al Norte del Brasil. Y seguidamente, porque nuestra inserción a ese mercado nos dotaría de mayor capacidad negociadora frente a Europa y nos prepararía para la negociación del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) previsto para entrar en vigor en el 2.005.

2.2. Oportunidades para Venezuela: el norte de Brasil
Poco sorprende que la más ferviente defensa de la asociación de Venezuela al MERCOSUR la haga nuestro muy activo Embajador en Brasilia, Alfredo Toro Hardy, tal como lo revela en diversas declaraciones y en artículos suyos publicados en los medios impresos nacionales.

En uno de esos artículos titulado "¿Por qué asociarnos al MERCOSUR?"(13), Toro reconoce que Venezuela es prioritaria para Brasil por razones que atañen fundamentalmente a este último. En primer término, por la relativa exclusión de los beneficios derivables del MERCOSUR de los estados del norte y nordeste de Brasil, y la cercanía geográfica y complementariedad económica de Venezuela con esa sub-región brasileña. Recuérdese, por ejemplo, que Boa Vista capital del vecino estado brasileño de Roraima está más próxima a Miami que a Sao Paulo, y que es por tanto más fácil colocar un producto desde Puerto cabello en Roraima que hacerlo desde Sao Paulo. Es pues natural que al gobierno y a los sectores económicos de Roraima les interese compensar su aislamiento de los más importantes centros de dinamismo económico del Brasil, con la obtención de una salida más adecuada para colocar competitivamente sus productos en el mercado estadounidense. En segundo lugar, la propia condición de potencia energética de Venezuela representa la mejor garantía para nuestro gigantesco vecino que sus estados norteños tendrán una fuente segura de abastecimiento energético.

No obstante, en el mismo artículo citado nuestro Embajador en Brasil también analiza por qué es importante nuestra relación económica con el MERCOSUR. Al respecto, Toro menciona cinco factores:

Primero, que para Venezuela el MERCOSUR significa esencialmente Brasil. Ello se evidencia en el inmenso potencial de crecimiento de nuestro comercio con ese país, que en 1995 fue -según cifras de la OCEI- de 1200 millones de dólares, con un déficit en contra nuestro de 677 millones 289 mil millones de dólares (si se excluyen las exportaciones petroleras hacia ese espacio sub-regional) y de 200 millones 964 mil dólares (si se agregan las ventas de 90 mil barriles diarios de crudo a Brasil, único comprador de petróleo en MERCOSUR). Es importante acotar que en declaraciones emitidas durante su reciente visita a Caracas, el Canciler brasileño reconoció que el comercio de producto petroleros es en el presente la columna vertebral de la relación económica brasileño-venezolana, pero que también se trata de un comercio de muy nueva data: hasta hace poco Brasil compraba todo su petróleo a los países del Golfo Pérsico y Venezuela destinaba sus exportaciones petroleras a Norteamérica. 14

El segundo factor que debe considerarse -de acuerdo a Toro Hardy- es que Venezuela puede derivar grandes beneficios de su acceso a los mercados del norte y noroeste de Brasil. A modo ilustrativo, Toro menciona la significación que pudiera tener la sola integración con la ciudad de Manaos y su zona franca industrial, en virtud de su alta demanda de bienes y servicios (cabe recordar aquí que la distancia entre Manaos y Puerto Ordaz es casi igual que la existente entre Boa Vista y Manaos). Además y como bien lo señala Clodovaldo Hugueney, actual Embajador de Brasil en Venezuela, las áreas de complementación que existen entre el Norte de Brasil y Venezuela son enormes para las empresas venezolanas en áreas como siderúgica, de construcción, cemento, materiales eléctricos, fertilizantes, y de productos agroindustriales y alimenticios. 15

El tercer factor destacado por Toro es que Brasil puede devenir en un importante mercado para la orimulsión venezolana. Sobre todo en vista del déficit de energía eléctrica que afecta a nuestro vecino. Tal es así que se preve un crecimiento de la demanda de 5% anual hasta el 2006, razón por la cual serán necesarias inversiones de unos 6 mil millones por año hasta el 2005. Para nuestro máximo representante en Brasil, esa costosísima carencia de la que adolece el país vecino hace de la orimulsión una "solución ideal" para hacer frente a la misma.

El cuarto factor de peso en el acercamiento Venezuela-Brasil/MERCOSUR, es que la actual tesis brasileña de la "Matriz Energética Suramericana" privilegia a los suplidores suramericanos por sobre los de otras regiones, lo cual coadyuva a reafirmar a Venezuela como gran proveedor de hidrocarburos de Brasil.

El último pero no menos importante factor aludido por Toro Hardy en favor de la citada asociación es que Venezuela podría convertirse en centro receptor de importantes inversiones brasileñas. Sobre todo porque las diversas empresas de ese país que hoy cubren los mercados del norte y noreste a partir de sus plantas localizadas en el sureste, podrían considerar mucho más rentable abastecer dichos mercados desde Venezuela dadas ciertas ventajas competitivas de nuestro país como lo son sus menores distancias y más bajos costos de mano de obra. Toro cita un vivo testimonio del potencial inversor de esta relación con Brasil/MERCOSUR: tras la firma del MERCOSUR se instalaraon en Argentina 400 empresas brasileñas con inversiones de más de mil millones de dólares.

Comentarios finales
Como lo traslucen las páginas anteriores, la insersión venezolana al MERCOSUR plantea grandes desafíos económicos que, según los diseñadores/instrumentadores claves de esa política, se vislumbran como altamente ventajosos para Venezuela. No obstante, y dado que la preferente aproximación venezolana al polo Brasil/MERCOSUR es todavía incipiente, en muchos sentidos exploratoria y susceptible de futuras revisiones y rectificaciones, parece recomendable condicionar nuestra adhesión al mencionado polo al adecuado abordaje de ciertas interrogantes fundamentales por el liderazgo político y los pertinentes sectores no gubernamentales del país: 16

  1. ¿Hasta que punto es compatible la participación de Venezuela en el MERCOSUR y en otros procesos de integración regionales?
  2. ¿Puede Venezuela absorber sin grandes traumas los costos políticos y económicos de resquebrajar un régimen sub-regional como el andino que pese a sus tropiezos, inconsistencias y retrocesos sigue recibiendo el 40% de nuestras exportaciones no tradicionales?
  3. ¿Debe realizarse el nuevo proyecto de integración que vive Latinoamérica mediante la convergencia de andinos y sureños, o debe más bien dejarse a MERCOSUR como el motor primordial del mismo?
  4. ¿Debe, en consecuencia, supeditarse toda negociación de nuevos o preexistentes compromisos en nuestra agenda integracionista al progreso de nuestra aproximación bilateral o grupal al MERCOSUR o viceversa?
  5. Siendo los EE.UU. el primer y más irrenunciable socio comercial de Venezuela (un 50% de nuestro comercio se realiza con ese país) ¿Pueden nuestros sectores gubernamentales y económicos jugar la carta del MERCOSUR sin arriesgar dimensiones (o aspectos dentro de esas dimensiones) claves de su vital relación con la primera potencia económica del hemisferio y del mundo?
  6. Estando Venezuela en el medio -en lo geopolítico y en lo geoeconómico- de los dos polos de atracción del hemisferio, MERCOSUR y NAFTA ¿Existe o se ha pensado en un plan político/económico estratégico en las altas esferas gubernamentales que reconozca, defina cursos de acción y prepare equipos decisores/diplomáticos/negociadores para hacer frente al papel de Venezuela como "país-bisagra" entre en Norte y el Sur del hemisferio y, por lo tanto, en la eventual constitución de la ALCA/AFTA?
  7. ¿Podría ser el acercamiento al polo Brasil/MERCOSUR parte esencial de dicho plan?, ¿O es más bien esa política el resultado de azarosas coincidencias de preferencias, prejuicios e intereses personales y políticos de los principales actores involucrados?
  8. Y por último, ¿Está Venezuela instrumentando hoy las líneas estratégicas de un plan integracionista, o sólo haciéndole entusiastamente el juego a las élites de poder del "coloso del Sur" en la realización de su demorado proyecto hegemónico y, en el proceso, dilapidando el capital político/económico/diplomático venezolano acumulado vis-vis el "coloso del Norte"?. ¿Estamos, en fin, emprendiendo la "conquista del Sur", o es el Sur el que nos está conquistando?

*Internacionalista venezolana, con postgrados en Asuntos públicos e Internacionales de la Universidad de Pittsburgh. Actualmente es profesora e investigadora en el Postgrado de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UCV, y asesora de la CARE. Desde 1994 es colaboradora regular del diario EL GLOBO. (1)Señalado por: CARDOZO DE DA SILVA, Elsa, "Repensando políticamente al MERCOSUR desde Venezuela", Política Internacional, No. 42, abril-junio 1996, p. 9.
(2)EL UNIVERSAL, miércoles 9 de octubre de 1996, p. 1-12.
(3)CAMARGO DE VILLEGAS, María Zelia de, Ïntegración del Cono Sur: de la retórica a la realidad", Nuevo Mundo, Año 17, Nos. 1/2, enero-junio, 1994, p. 18, y SELA, "El proceso de integración reciente de América Latina y el Caribe: Avances recientes", Sistema Económico Latinoamericno, XXI Reunión Ordinaria del Consejo Latinoamericano, San Salvador - El Salvador, 10 al 13 de julio de 1995, SP/CL/XXI.O/DT N 29, p. 15.
(4)CARDOZO DE DA SILVA, Elsa, op. Cit., p. 11.
(5)SELA, op. cit., p. 15.
(6)BARBOSA, Rubens Antonio, "O Brasil e suas opões internacionais: a articulaão entre o universal e o regional", Política Externa, Vol. 3, No. 3, diciembre de 1994, p. 108.
(7)SELA, op. cit., p. 16.
(8)TACHINARDI, María E., "MELCOSUL: desafíos e oportunidades", Política Externa, Vol. 3. N 4, Marzo 1995, p. 80.
(9) Ibid., p. 85.
(10)EL UNIVERSAL, domingo 13 de octubre de 1995, p. 1-12.
(11)CARDOZO DE DA SILVA, Elsa, op. cit., p. 9.
(12)Ibid.
(13)TORO HARDY, Alfredo, "¿Por qué asociarnos al MERCOSUR", El UNIVERSAL, jueves 29 de agosto de 1996, p. 1-5.
(14)EL UNIVERSAL, domingo 13 de octubre de 1996, p. 1-12.
(15)ECONOMIA HOY, viernes 6 de septiembre de 1996.
(16)En esta parte se recogen algunas de las interrogantes planteadas por Cardozo en su artículo "Repensando políticamente al MERCOSUR desde Venezuela". Cfr., CARDOZO, E., op. cit, p. 12.

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