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Revista Electrónica Bilingüe       Nº 10    Diciembre 1996

Literatura
Aproximación al nacimiento de una expresión americana
Cesia Ziona Hirshbein

Resumen

Positivismo y modernismo, que aún cuando no superpuestos, representaron -ambos en un mismo momento histórico-cultural y socio-económico- un cambio sustancial y profundo en la Venezuela finisecular, inscrita en un romanticismo trasnochado, a la vez que golpeada por terribles dictaduras.

El positivismo es la primera y más importante de las tendencias que se perfilan en la filosofía latinoamericana contemporánea y que abarcó las dos últimas décadas del siglo XIX y la primera del XX. Su enorme arraigo tiene su explicación porque era la instancia intelectual que mejor se avenía con las urgencias concretas de ese momento histórico desempeñó una función de primer orden como reacción contra los rezagos coloniales, y una disciplina que fue necesaria para la inexperiencia romántica. Se destaca, el estudio de la historia, la cultura y la literatura, que van a ser los instrumentos para dar respuestas desde las distintas áreas del conocimiento, a la búsqueda de una expresión americana.

En cuano al modernismo, significó una reacción a los moldes clásicos y neo-románticos. Dió a la literatura venezolana algunos de los libros más valiosos y se vió respaldada por figuras tan importantes como Rufino Blanco-Fombona, Manuel Díaz Rodríguez, José Gil Fortoul, Pedro César Domínici, Jesús Semprum, Julio Planchart y Luis Correa, Pedro Emilio Coll, Luis Manuel Urbaneja Achelpohl.

Palabras claves: Positivismo - Modernismo - expresión americana - disciplina - cultura - historia.

INTRODUCCION: Antecedentes históricos
La emanacipación latinoamericana de las posesiones española y portuguesa marcará el primer momento importante para perfilar una expresión de tendencia americanista, conciencia y forma de lo propio y auténticamente americano, (tomando en cuenta el controversial mestizaje, que ya forma parte -aún cuando el forma cuestionante- de esa expresión). Tiempo y espacio incorporado al quehacer de nuestros pueblos, y será Bolívar en ese tiempo histórico de la emancipación, quien -ya plenamente americano- simbolice a toda esa generación de la independencia que inicia el proceso de una expresión propia. Generación que se la llamó "ilustrada", romántica, heroica y con una original concepción del mundo (del Nuevo Mundo. Los héroes de ese momento serán como lo fue Bolívar, hombres de acción, al tiempo que pensadores y escritores, inspirados la mayoría de ellos en la filosofía de la ilustración (francesa sobre todo con Rousseau, Diderot, Montesquieu, Condillac, etc.) El escritor se convierte en un verdadero creador, en un político y en un héroe, y el héroe en creador y escritor. Es un momento en el cual se debe asumir una actitud de autenticidad, como una única garantía de futuro, es también el momento del establecimiento de las nacionalidades, dede el punto de vista político y jurídico-constitucional (1825-1840) de las diversas repúblicas que formarán la nueva Latinoamérica.

En Venezuela, desde 1826, el general José Antonio Páez sustrae al país de la autoridad grancolombiana, y hacia 1830 los teneientes del Libertador resuelven romper la unidad creada por él y se produce la disolución de Colombia. Desde el punto de vista de la historia de las ideas, esta es una época de reajuste que tiene sus precursores en los prerománticos como el venezolanos Andrés Bello (1781-1865) y el argentino Bernardino Rivadavia (1780-1845)

Irrumpe el romanticismo, que en Europa tuvo sus teóricos en los primeros años del siglo XIX, y que en Latinoamérica los va a tener a partir, en primer lugar en nuestro Libertador, que se va a convertir en el gran ejemplo decisivo de personalidad romántica.En segundo lugar en el argentino Echeverría, quien fue el gran adelantado a mediados del siglo XIX1. Pero al mismo tiempo es el momento cuando se plantean las primeras luchas intestinas y la mudanza contínua de caudillos, sobre todo al norte de Latinoamérica. Es importante señalar que con el romanticismo, como una derivación del costumbrismo, se da un paso esencial para esa tan importante expresión americana, pues imbricada a los cambios políticos que se producen con el nacimiento de las nacionalidades, a la literatura de la época y al brote de un pensamiento romático exaltado y exótico, va a surgir una expresión que toma su inspiración en el ambiente regional y en las costumbres populares (a través de ensayos breves, descripciones, narraciones y artículos de costumbre)2. La naturaleza tropical con sus dimensiones cósmicas dará lugar a un concepto de extensión y espacio distinto del europeo; José Lezama Lima3 afirma que en la transición del barroco al romanticismo se sorprende "ocultas sorpresas muy americanas", con figuras como Simón Bolívar, Simón Rodríguez4 y el mexicano Fray Servando.

Todo lo anterior, como las imágenes que cabalgan con símbolos engendrados de las síntesis latinoamericana, va a darle un sello especial y característico al siglo XIX, y servirá de preámbulo al XX. Y aquellas esperanzas de libertad (tanto ideológicas como políticas) que tanto pregonaron los libertadores se frustraron debido sobre todo a esas luchas internas de cada uno de los países que aún no habían profundizado en sus verdaderos valores, y así el régimen colonial fue reemplazado por unas más o menos despiadadas tiranías.

Desde el sur del Río Grande, pasando por Centroamérica, y muy especialmente en el sur del Continente, e irónicamente después de haberse luchado por la libertad continental, se vive sin libertad personal a menos que se decline en favor de los arbitrarios gobiernos de turno. Pero no todo es silencio y complicidad, estas tiranías compele nuevamente (después de la era independentista) a muchos pensadores, hombres de acción y escritores a definirse. Y en este contexto de fines del siglo XIX, nos encontramos con el advenimiento de una de las generaciones intelectuales más potentes que se han dado en América, la que el escritor peruano Luis Alberto Sánchez llama la de los proscritos: Sarmiento, Alberdi, López Gutiérrez, Mitre, Echeverría, Valera, Mármol, "pléyade gloriosa y honda, brillante y fecunda"5. Con ella se profundiza en la formación de la expresión americana, ahora buscando perfilarse con conciencia todavía más americanista.

Esta época, que Luis Alberto Sánchez "turbulenta" y que está enmarcada por el romantisismo, sigue un curso de importantes acontecimientos intelectuales, a la vez que abreva en diversas corrientes filosóficas que dominan el pensamiento latinoamericano6. Y América Latina va a estar sometida a una doble presión y a un doble intento, después de haber cortado sus amarras políticas con sus metópolis ibéricas. El intento y la presión de quiénes querían mantener el viejo orden colonial, pero sin España o Portugal; y el de los que soñaban con hacer de estos mismos pueblos naciones semejantes a los Estados Unidos, Inglaterra o Francia. Este choque condujo a una larga guerra civil que azotó a la casi totalidad de los pueblos latinoamericanos, que los marcó definitivamente y que a la vez se expresó especialmente a través de la literatura: Domingo Faustino Sarmiento en Argentina, ("Civilización o barbarie"); Francisco Bilbao en Chile, ("Liberalismo o catolicismo"); José María de Mora en México ("Progreso o retroceso"); y unos años después, en pleno siglo XX el venezolano Rómulo Gallegos ("Civilización o barbarie")... Muchos de ellos empuñaron la pluma y el sable, y se arriesgaron en la política para realizar sus sueños.

Viene el realismo con su esteticismo tan especial, para desembocar inmediatamente en el naturalismo al poner su acento la escritura en la naturaleza (física, social y natural), en su afán de ocupar la literatura su lugar en el proceso industrial, característico de la nueva era7. Hay que añadir en América Latina más que en Europa, el realismo es únicamente una concepción y representación del arte, mientras que el romanticismo había encarnado una forma vital y una constitución espiritual, de ahí que el realismo no pudo, de forma contundente, aniquilar la esencia del romanticismo americano8 que podríamos decir, participa de la esencia misma, junto al barroco, de la expresión americana. En esos momentos se destaca el venezolano Juan Antonio Pérez Bonalde (1846-1892), gran poeta lírico-reflexivo y conocido traductor de Poe y Heine.

POSITIVISMO
Teorías y búsquedas, creaciones literarias y ensayos históricos, mas que realizaciones concretas que sin embargo marcaron en gran medida un momento histórico-cultural donde la conjunción de distintos movimientos se arraigan para dar un paso importante en la concreción de la expresión americana: el positivismo en filosofía9 y el modernismo en literatura.

"Crear es la palabra de base de esta generación dice Martí. Crear, recrear un poco, dirá desde México Antonio Caso. Libertad creadora grita el argentino Alejandro Korn. "Crear y recrear la realidad será la preocupación del pensamiento latinoamericano del siglo XX"11. Y es su Surge una conciencia de la importancia de tomar en cuenta los hechos en cualquier plan que aspire a poner en funcionamiento los postulados del cambio... Como los señalan algunos pensadores latinoamericanos, en ese orden de ideas está el origen de nuestro positivismo autóctono. Se destaca sobre todo el estudio de la historia, la cultura y la literatura, que van a ser los instrumentos para dar respuestas desde las distintas áreas del conocimiento a la búsqueda por una expresión americana. El positivismo desempeñó en este sentido una función de primer orden sobre todo como reacción contra los rezagos coloniales y además una disciplina que fue necesaria para complementar la inexperiencia romántica de las recién nacidas repúblicas y dar respuestas concretas a los problemas profundos de cada uno de nuestros países, a pesar de ser tan poco inclinados temperalmente al rigor metódico de la ciencia.

México, Cuba, Brasil, Argentina, Chile y Venezuela casi sin contacto mutuo (de país a país) se vuelvan hacia el positivismo europeo y lo asimilen adaptándolo y adoptándolo", señala el filósofo Angel J. Cappelletti12 Estas "

El positivismo se presenta como una de las más importante tendencias que se perfilan en la filosofía latinoamericana contemporánea del principios del siglo XX, y concretamente con respecto a la situación de Venezuela, dice Angel J. Cappelletti que "la ecolástica y el espiritualismo cristiano pierden vigencia en la cultura superior venezolana, a partir de Guzmán Blanco.

Comte, Stuart Mill y Spencer van a ser los europeos que influirán en la América del Sur al ofrecer una filosofía capaz de crear el orden mental, previo al orden social tan necesario en una América que se desgastaba en luchas intestinas ... Pero al mismo tiempo, en ese contínuo mundo de las contradicciones y espíritus contrapuestos, ésto sirvió para que ciertos pensadores y políticos justificaran sus respectivas dictaduras en aras a ese "Orden y Progreso": Justo Sierra, (Mex, 1848-1912) mostró la necesidad de un fuerte orden en la dictdura de Profirio Díaz, al igual que Laureano Vallenilla Lanz en Venezuela justificaba el "Genddarme necesario" personificado en el General Juan Vicente Gómez... No podemos negar que la mayor parte de los escritores venezolanos de formación positivista de la época gomecista fueron apologistas de la dictadura de una manera mucho "más estrechamente todavía que sus congéneres mexicanos con el porfiriato"15. Se citaEntre los venezolanos más ilustres tenemos a José Gil Fortoul, el citado Vallenilla Lanz, César Zumeta, Samuel Darío Maldonado, Manuel Díaz Rodríguez, Pedro Manuel Arcaya y Julio Salas.

De todos modos el positivismo venezolanotiene algos rasgos inetersantes que lo diferencian y que según Cappelletti son las siguientes18: pensamiento amplio y poco dogmático tiende hacia el eclecticismo, no muestra ningún rastro de organización sectaria, no tiene inclinaciones teóricas, su principal preocupación no es de índole religiosa (y sí marcadamente anticlerical).

Podemos decir que aún cuando no superpuestospositivismo y modernismo representaron en un mismo momento histórico-cultural y socio-económico- un cambio sustancial y profundo en la Venezuela finisecular romántica. Debemos tener cuidado de todos modos, cuando nos referimos al modernismo y al positivismo, pues se tiende a entrelazar las fronteras de ambas expresiones: la una cultural y literaria y la otra filosófica, pero del mismo período y en muchos casos, de la misma generación de pensadores y escritores.

Nos preguntamos entonces, ¿dónde está el punto de unión, en qué se parecen o quizás se separan? Mariano Picón Salas lo trata de solucionar al plantear la problemática desde el punto de vista de la nomenclatura. Habla de "positivistas y modernistas" en el libro Venezuela Independiente 1810-196020, y establece el "deslinde" en la forma. Por un lado habla del método positivista que utilizaron los pensadores y por el tros de la escritura modernista que los hizo mejorar la prosa de sus trabajos positivistas.

Método y pensamiento positivista, y paralelamente, una estética modernista. Es importante señalar que los modernistas, más que identificados entre sí por una estética común, -ya que la variedad de expresión de cada de ellos se presenta como una de las características más resaltantes de este "movimiento"- se relacionan sobre todo por el afán de liquidar una situación estética agotada (romanticismo finisecular y realismo) y de patentizar el pleno gozo de la individualidad a través de la forma, de la escritura. Estamos en la época de la industrialización, y de la fuerza del capitalismo internacional.

El modernismo22 es uno de los momentos más importantes de la literatura "nacional" latinoamericana y va desde 1892 a 1910. Decimos nacional, porque este movimiento o estética nueva representa un período donde por primera vez la expresión literaria latinoamericana toma la delantera en el mundo de las letras y la cultura. La época que corresponde al modernismo que arranca en 1890 es una época de crisis y de cambios, durante la cual la expresión literaria va a servir de enlace, hasta cierto punto, entre las doctrinas filosóficas, políticas y la cultura del momento. Todos están de acuerdo en señalar que el modernismo europeo y sobre todo el español (al contrario de lo que había ocurrido hasta ese entonces, como con el barroco, el romanticismo, el clasicismo, etc.), bebe ahora, para su propio consumo, de las fuentes del modernismo latinoamericano. A partir del modernismo América cobra personalidad propia. Surge además una inquietud por la forma, forma que en los escritores modernistas será excéntrica, si se quiere y además individualista, pero siempre originaria, que expresa una identidad muy americana.

No podemos dejar de apuntar igualmente que nuestro modernismoo va íntimamente asociado con el que se considera como el precursos del modernismo José Martí (1853-1895) y por supuesto con Rubén Darío (1867-1916), (como es sabido por todos, los libro Azul (1888) y Prosas profanas (1896) del poeta nicaragüense constituyen las primeras manifestaciones reales del modernismo en las letras castellanas). Y concretamente en Venezuela, este movimiento se le relaciona sobre todo con José Martí26 quien estuvo en Caracas en 1881 donde funda la Revista Venezolana y entre los discípulos figuran Luis López Méndez, Gonzalo Picón-Febres, Lisandro Alvarado, César Zumeta y José Gil Fortoul, de los cuales los dos últimos fueron los que se incorporaron al movimiento modernista.

Se puede decir que en Venezuela, el modernismo giera en torno a dos revistas: El Cojo Ilustrado (publicación quincenal) y Cosmópolis. El Cojo Ilustrado (1892-1915) fue muy importante dentro del ámbito literario venezolano y según Max Henríquez Ureña "una de las mejores revistas de América"28, y que llegó a destacarse entre los intelectuales y las sociedades americanas, como lo señala Fernando Paz Castillo29. La crítica literaria que en otras partes había alcanzado un gran desarrollo, en Venezuela empezó a tener rasgos artísticos firmes con la generación que dio sus primeros pasos en dichas revistas. Mereció ser considerada como órgano continental del modernismo, pues en sus columnas, aparte de la colaboración asidua de los mejores escritores y poetas venezolanos, tenían cabida la producción de los modernistas de toda América que la publicación se complacía en difundir. En el número 7 correspondiente al primero de abril de aquel año, o sea, el cuarto mes de El Cojo Ilustrado, José Gil Fortoul (1862-1943) publica, remitida desde Southport, en donde se encuentra a la sazón, una "Crónica Literaria" sobre Sthendhal. Con este artículo Gil Fortoul inicia una nueva etapa para la literatura venezolana, dentro de sus ideas positivistas. En París había publicado hacia 1891 El Humo de mi Pipa título éste que contiene en sí, el espíritu de la obra y el de su autor en el momento de escribirla. Es un manojo de crónicas y fantasías viajeras que también son crónicas para el espíritu, gratas de leer todavía para quiénes gustan la evocación de épocas pasadas. La bibliografía de Gil Fortoul se extiende a actividades muy diversas: derecho, diplomacia, política, crítica histórica y literaria, novela, etc; y entre sus obras se destacan: Filosofía Penal (1891), El Humo de mi Pipa (1891), La esgrima moderna (1892), El hombre y la Historia (1896), Discursos y palabras (1915), De hoy para mañana (1916), Sinfonía inacabada yh otras variaciones (1931), Páginas de ayer (1944), Historia Constitucional de Venezuela (1907-1930).

También escribió ahí el conocido novelista Manuel Díaz Rodríguez (1868-1927), quién llevó a su apogeo la prosa modernista. Había iniciado su vida de escritor hacia 1896, con una hermosa literatura de viaje, muy del agrado de aquella época: Sensaciones de viaje, que ya le da categoría de etilista de gran fuerza. En 1902 publica Sangre Patricia y cuando aparece, su compañero de generción Gil Fortoul, en la cumbre de su fama y de su juventud, escribe: "Díaz Rodríguez es un modernista y cumplió con su tiempo". Para Manuel Díaz Rodríguez, Juan Ramón Jiménez fue un ídolo y un ejemplo para basar su obra y su amistad literaria duró largos años. Otras obras: Confidencias de Psiquis (1897), De mis romerias (1898), Cuentos de Color (1899), Idolos rotos (1900), y Peregrina (1922).

Insertamos aquí a uno de los más importantes representantes del modernismos no sólo venezolano sino también latinoamericano, el caraqueño Rufino Blanco-Fombona (1874-1944), quien contribuyó, con respecto a este movimiento literario de un modo muy profundo, importante y en un doble sentido: por un lado, como teórico con su libro El modernismo y los poetas modernistas, y por el otro, con sus propias creaciones modernistas, en la poesía sobre todo. Dice Luis Alberto Sánchez: "Teñido también de romanticismo, pero sin dejo de tristeza, sino muy de cuando en cuando; tormentoso, altanero, arrogante; rico en giros verbales y en imágenes vivientes; alternando quintaesencia y prosaísmo como Rubén, el venezolano Rufino Blanco-Fombona (1874), encarna un importante sector del modernismo. A Blanco Fombona hay que juzgarle más por sus prosas que por sus versos. Pero nadie olvidará las estrofas emocionadas y trémulas de Trovadores y Trovas (1899), Pequeña ópera lírica (1904), Cantos de la prisión y del destierro (1911), Cancionero del amor infiel (1918). Espíritu poderoso y apasionado, en verso y prosa afronta el amor y el dolor con gesto varonil y palabras tiernas"30

Es quizás el más modernista de nuestros escritores y por consiguiente el más cosmopolita e inquieto. Max Henríquez Ureña31 dice que Blanco-Fombona fue "el propulsor del modernismo en Venezuela". Fue además uno de los polígrafos distinguidos de la época. Su obra Trovadores y trovas está formado en versos de tendencia francamente modernista y con un hermoso prólogo de Manuel Díaz Rodríguez. Señala el conocido crítico literario Raúl Castagnino en su libro Imágenes modernistas32 que en 1915 Blanco-Fombona intenta una revisión crítica de dicho movimiento, con la perspectiva histórica del ciclo ya cumplido y publicó El modernismo y los petas modernistas, donde incluyó en el contexto global de hitos y prohombres de la escuela modernista que dicho libro de Blanco-Fombona se mantiene como referencia inevitable del período a pesar de que hasta la fecha ha crecido la frondosa bibliografía en torno a Darío y al modernismo. Propulsor del modernismo en Venezuela Rufino Blanco-Fombona (1874-1944). Aunque la mayor parte de su obra está en prosa, fue él quién llevó el acento modernista a la poesía venezolana. Sus primeros pasos parecen indecisos; después del poemita Patria (1894), a lo largo de su obra poética Pequeña Opera Lírica (1904), Mazorcas de Oro (1943), impera el atavio modernista. En él están presentes las características esenciales del modernismo y del movimiento de renovación en la técnica del verso.

Pasando a la segunda revista citada, a Cosmópolis, que fue funda el primero de mayo de 1894, fue acogida con un raro entusiasmo tanto por la juventud como por el público en general. Había de tener corta vida, desde ese primero de mayo a julio del año siguiente. Sólo se publicaron doce números; suficientes sin embargo para el impulso que causó a las letras y por los fines que logró. Para conocer las intenciones del modernismo venezolano en su alborear, una de las principales fuentes de información reconocidas por todos es la revista Cosmópolis. Sus fundadores, como lo afirma el crítico Rafael Angel Insausti33 debieron de intuir sin ayuda extraña la esencia del modernismo, puesto que Rubén Darío no quiso nunca lanzar el manifiesto esperado por muchos y que el prólogo de Prosas profanas, tan orientador no vio la luz sino cuando la revista ya había dejado de existir34. Tres prosistas modernistas fundaron la revista Cosmópolis (1894-1898): Pedro Emilio Coll, Pedro César Domínici y Luis Manuel Urbaneja Achelpohl. Pedro Emilio Coll fue uno de los escritores nuestros de mayor vocación y actividad intelectual, a pesar de la parquedad de su obra escrita. El amor de Urbaneja y de Coll a su tierra se traduce en deseos de reforma social. Concuerdan así con la generación positivista, aunque ésta, impulsada ante todo por la idea de progreso, extendió sus inquietudes a un área mayor que la abarcada por aquellos, según se puede constatar en Lisandro Alvarado y en José Gil Fortoul.

La presencia de Pedro Emilio Cool (1872-1947) hizo que la sala de redacción de Cosmópolis fuera el centro de reunión preferido de los escritores jóvenes, muchos de cuyos nombres se dieron a conocer en las páginas de las revistas. Algunas obras suyas más conocidas son Palabras (1897) El Castillo de Elsinor (1904), La escondida senda (1931), el famoso cuento El diente roto, etc. Por su lado, Pedro César Domínici (1872-1954) fue uno de los más decididos del movimiento modernismo y entre sus obras se destacan Ideas e impresiones (1897), Roma decadente, Jardín de Luxemburgo, La Nube, La mujer, La muchedumbre, La ola, Un sápatra (1901) Dionysos (1904), El Cóndor (1925).

Luis Manuel Alchepohl (1874-1937) tenía 20 años cuando se fundó Cosmópolis, se destacó también en las páginas de El Cojo Ilustrado. Entre sus obras más destacadas se citan a El gaucho y el llanero, La bruja, Nubes de Verano, En este país (1916), Ovejón (1922), El Tuerto Miguel (1927), El Hombre que se quedó esperando (1927), La casa de las cuatro pencas (1937). Algunos llaman a Jesús Semprún (1882-1931) como al "crítico del modernismo" y su ensayo Del modernismo al criollismo es considerado como uno de sus mejores trabajos en este sentido. César Zumeta: (1860-1955) se reveló desde temprano gran estilista del período. Se destaca su ensayo sobre Bolívar en San Pedro (1883), Claros de Luna, Una limosna, Rex, Una cicatriz, Un funeral, El continente enfermo, Escrituras y lecturas (1899), La Semana (1906).

Eloy Guillermo González (1872-19) estuvo ligado al modernismo por su estilo castigado y elegante y por haber pertenecido al grupo de Cosmópolis y El Cojo Ilustrado, se dedicó a los estudios históricos y sobresalió además como excelente orador. Obras que se destacan: Estudios (1891), Al margen de la Epopeya (1906), Dentro de la Cosiata (1907), Ración del boa (1908), y también son muy reconocidos sus ensayos de historia política y diplomática. Finalmente mencionamos a José Austria (1867-1932) quién dejó una importante colección de ensayos en una prosa hábilmente elaborada y recamada, entre los que citamos entre otros a Arabescos de cobre y Rapsodias.

Notas de Página

1. El romanticismo latinoamericano (1830-1850): con elementos del idealismo alemán a través del eclecticismo y del socialismo utópico: con el argentino Esteban Echeverría, (1805-1851) y también el venezolano Fermín Toro, uno de los mejores oradores de su época, (1807-1865).

2. Este tipo de literatura se desarrolla muy especialmente en Colombia, Perú Chile y Venezuela. En nuestro país se destacan los conocidos Daniel Mendoza, Nicanor Bolet Peraza, Arístides Rojas y Francisco Tosta García entre otros.

3.En su artículo con el significativo título de El romanticismo y el hecho americano, del libro también muy significativo: La expresión americana, pp. 85-117.

4.Vale la pena transcribir esta cita del mencionado artículo del cubano Lezama Lima: "Las relaciones entre Bolívar y Simón Rodríguez tienen algo de gran telón andino, de las consabidas y vastas resonancias en el libro de los destinos entre maestro profeta y discípulo genial...", Op. Cit., p. 99

5.Luis Alberto Sánchez, Breve historia de la literatura americana, p. 259

6.Primero la Ilustración (1800-1820) con la influencia de los filósofos de la Enciclopedia que ya mencionamos (Rousseau, Condillac, Condorcet, Diderot, etc.) y en segundo término de los empiristas ingleses (Locke) que influyen en Francisco de Miranda, Mariano Moreno, etc. En segundo lugar hacia 1820-1830, tenemos el Utilitarismo (de Bentham) y la Ideología (de Destutt de Tracuy). Inmediatamente después le sigue el Romanticismo.

7.En tal sentido señala Angel Rama que después del romanticismo se busca la originalidad y la novedad con la poesía de Rubén Darío, Martí, etc. También señala que Latinoamérica se incorpora a la economía y a la literatura de liberalismo. Por su lado, Anderson Imbert afirma que los jóvenes hispanoamericanos se van hacia el esteticismo, pero con la misma voluntad pusieron su acento en la naturaleza y la sociedad americana.

8.La llamada segunda generación romántica se entrecruza hasta cerca de 1880 con figuras que uno podría llamar realista, como Ricardo Palma y Montalvo.

9.Como lo afirma el profesor CAPPELLETTI en Positivismo y evolucionismo en Venezuela, desde el punto de vista de las corrientes filosóficas del pensamiento latinoamericano, entre el romanticismo-socialismo utópico y el positivismo y evolucionismo se da el eclecticismo espiritualista y racionalista, 1850-1860, (de Reid, Krause, Janet, etc.)

11.Leopoldo ZEA, Precursores del pensamiento latinoamericano contemporáneo, p. 21.

12.Angel CAPPELLETTI, Op. Cit., p. 11.

15.Ibidem, p. 27

18.Véase el libro de Angel J. Cappelletti, Positivismo y evolucionismo en Venezuela.

20.Mariano PICON SALAS, Positivismo y modernismo en Venezuela Independiente 1810-1960, pp. 13-16

22.En cuanto al vocablo modernismo, tan ambiguo, tan amplio y referido históricamente a todas las épocas (toda es moderna para sus contemporáneos), se hace también necesarios una brevísima explicación. Pues en ese cosmos de las equivalencias paradojales, la palabra moderno en efecto se presta a confusiones. A grosso modo apunta hacia una transitoriedad, además tiene un predio abstracto que incluye gran cantidad de décadas, países, lenguas, actividades intelectuales, religiosas y artísticas, géneros, tendencias, y hasta caudillos. Para evitar las trampas que la semántica nos ofrece aquí, nos referiremos al modernismo -en forma convencional y pragmática- como período de la literatura latinoamericana de fines de siglo XIX y principios del XX, el que nace y muere con Rubén Darío, como lo afirma Anderson Imbert. La situación no se resuelve ahí, pues el problema de las periodizaciones histórico-literarias es siempre arduo y cada vez menos soluble en la forma de una definición (y cada vez menos útiles, del decir de algunos críticos actuales). De todos modos, una de las precisiones que podemos asumir es el de la complejidad social del momento y que corresponde a un "pluralismo de estilos", de ahí que no se puedan reducir las características generales del modernismo a un común denominador concreto. Señala Rafael Gutiérrez Girardot en su ensayo La literatura hispanoamericana de fin de siglo, del libro Del Neoclasismo al Modernismo, p. 50, que 'movimiento' (O. Paz) o como 'busca de un estilo' o como 'afán de belleza' es tanto como definirlo mediante la redución a un elemento difícilmente demostrable de manera concreta y específica..." Y concluye que el modernismo no es definible sino descriptible a través de cada uno de sus representantes quienes "dieron ejemplo de lo que es el oficio de escritor: trabajo consciente, dominio del 'metier', en vez de la llamda 'inspiración', que era una máscara de la indisciplina intelectual del aficionado; trabajo de artesano..." p. 502 y por añadidura, señala que tuvieron el mérito de buscar ciertos presupuestos de una renovación literaria total ... También gracias a libros románticos, parmasianos y simbolistas habían logrado una síntesis mental, y con esa mente sintética escogían sensaciones, motivos, objetos, palabras, insinuaciones y armonías. Estas singularidades características tan importantes de los modernistas se insertaron profundamente en la estética del momento 'moderno' o mejor dicho 'modernista' y aun cuando pronto iban a terminar (tal como le sucede a toda corriente de pensamiento) igual que al romanticismo; vapuleado y combatido no podemos negar que representaron un paso adelante en nuestra expresión y visión del muno: influyeron definitivamente en la literatura castellana en América y España.

26.Como lo apunta Gustavo Luis Carrera en su artículo titulado "Hacia una revisión del modernismo", con respecto al estilo de Martí hay que tener cuidado a la hora de incorporarlo al modernismo, "sólo estuvo parcial y formalmente ligado al movimiento", v.p. 11

28.Max Henríquez Ureña: Breve historia del modernismo. p. 290.

29.Fernando PAZ CASTILLO, De la época modernista (1892-1910) Caracas, Biblioteca Popular Venezolana, 1968, N° 113.

30.Luis Alberto SANCHEZ, Breve historia de la literatura americana, p. 467

31.Max Henríquez Ureña: Breve historia del modernismo, p. 293.

32.Raúl CASTAGNINO, Imágenes modernistas. Rubén Darío-- Rufino Blanco Fombona-- Amado Nervo-- R.M. del Valle Inclán. Buenos Aires, Editorial Nova [1967], (Compendios Nova de iniciación cultural, 50).

33.Insausti, Rafael Angel. El modernismo literario de Venezuela en sus orígenes [Valencia, España]: Ediciones de la Delegación Permanente de Venezuela ante la Unesco, 1971, 1. El Modernismo (Literatura)

34. Rubén Darío fundó en compañía de Ricardo Jaimes Freyre, la Revista de América. El núcleo modernista reclamaba su órgano; el título proclamó sus aspiraciones continentales. El primer número expuso los propósitos: unir a la nueva generación que profesaba el culto del arte; innovar sin destruir; enriquecer la lengua sin olvidar sus antiguos tesoros; colaboraron para su publicación cinco argentinos. Otras revistas latinoamericanas son: La Biblioteca, El Mercurio de América, La Montaña, La Revista Moderna, La Quincena, Iris.

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