Caracas, Miércoles, 23 de abril de 2014

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Folklore

La palabra es nueva. La inventa en 1846 W. J. Thoms, filólogo y anticuario londinense, que creó el término acoplando dos raíces del viejo alto germánico; Folk y Lore, para designar la sabiduría tradicional de las clases sin cultura convencional de las naciones civilizadas. De los tres elementos básicos del folklore: Costumbres, Ritos y Creencias, el primero es el más amplio y de límites menos nítidos.

El estudio sistemático del folklore data de la segunda mitad del Siglo pasado, después de que el citado señor Thoms propusiera la denominación. En 1878 se fundó en Londres la Folklore Society. Dicha sociedad tenía por objeto la «Conservación y publicación de las tradiciones populares, baladas legendarias, proverbios locales, dichos vulgares, supersticiones y antiguas costumbres y demás materiales concernientes a esto». A la obra de la nueva sociedad contribuyeron eruditos de todos los países y en 1878, se fundó el Folklore Record, publicación anual que en 1883 fué substituída por la trimestral Folklore Journal. G. L. Gomme propuso, con la aquiescencia de los demás miembros de la Sociedad, dividir el estudio en cuatro capítulos básicos: 1) Narraciones tradicionales (Cuentos Populares, Relatos de Héroes, baladas y canciones, leyendas locales). 2) Costumbres tradicionales (Costumbres locales, fiestas periódicas, ceremonias rituales, juegos). 3) Supersticiones y creencias (brujería, astrología, prácticas hechiceras). 4) Lenguaje popular, (dichos populares, nomenclatura popular, proverbios, retintines y adivinanzas).

En 1889 se celebró en París el Primer Congreso Internacional de Tradiciones Populares y en 1891 se organizó en Londres el ya llamado oficialmente Segundo Congreso Internacional de Folklore, que sentó las bases de la nueva ciencia. Su técnica la expuso en 1887, la Folklore Society en su Manual de Folklore y Carlota Sofía Burne, presidenta de la Sociedad, revisó y amplió un libro doctrinal para completar la técnica del Folklore. En 1892, el citado Gomme publicó Etnología y folklore y en 1908, El folklore como ciencia histórica.

En el mundo ibérico el ilustre polígrafo portugués Teófilo Braga lo estudió en su O Povo Portuguez En España, Alejandro Guichot y Sierra publicó en 1922 Noticia Histórica del Folklore y una revista mensual llamada El Folklore Andaluz. En Venezuela nuestros literatos costumbristas han escrito o hecho folklore y, en forma específica, Arístides Rojas publicó en 1890, Leyendas históricas de Venezuela R. Bolívar Alvarez, Costumbres aragueñas, F. Tosta García, Leyendas de la Conquista. Posteriormente J. E. Machado publicó el Cancionero popular venezolano; R. Olivares Fígueroa, Folklore venezolano. Igualmente han tratado el tema, Miguel Acosta Saignes; Juan Liscano, etc., y el suscrito publicó en 1952 Cantares de Venezuela.

En estas líneas no citaremos las obras de cestería hechas por nuestros indios meridionales ni tampoco recordaremos las tallas de Portuguesa y Lara. Nos referiremos rápidamente a nuestro folklore musical y algo más extensamente al histórico literario.

Algo caprichosamente dividiríamos musicalmente a Venezuela en seis zonas: La Occidental, La Central, la Oriental, la Llanera Occidental, la Llanera Meridional y la Andina. De ellas encontramos como más pobre la Llanera Meridional es decir Guárico y Apure. De hecho puede decirse que sólo tengan seis tonadas diferentes: 1) El Carnaval, en Re Mayor, pasando a La. 2) El Gabán, en Re menor, pasando únicamente de tónica a dominante. 3) El Pajarillo, siempre en tono menor, tónica, cuarta y sensible. 4) El San Rafael, en Re menor, pasando a La Mayor. 5) Los Seises: en El Numerado, pasa de Re Mayor a La Menor y en el Por Derecho, de Cuarta a Mayor. Conviene advertir que el arpa criolla, sin pedales, le es imposible acompañar correctamente las diversas melodías, necesitando una afinación diferente según la tonada que se acompañe. El cuatro es instrumento de difusión relativamente nueva en Los Llanos. La orquesta típica era arpa, maraca y buche, es decir arpa maraca y voz, sin cuatro. Es, claro está, admirable cómo con la instrumentación deficiente que hubo hasta hace poco tiempo, con cuerdas casi sordas, hechas con tripas de animales mal curtidas o cueros enrollados, lograban oírlas diferenciadamente y hacerles melodías adecuadas. Todavía en Cojedes, Portuguesa y Barinas son usuales el violín, la bandola, el tres, etc.

En la zona que puede llamarse Occidental, compuesta por los Estados Falcón y Zulia, hay una región profundamente influida por la vecindad y consiguiente íntimo contacto con las posesiones holandesas. De hecho, en un cerro que domina Chichiriviche, se encuentran los restos de un Cementerio de Piratas Judíos. Por otra parte, no es aventurado decir que el Caribe sea el mar de la música ligera. Me sorprendió gratamente en Nankín, oír cantar en traducción al chino, la canción del Oriente nuestro Pajarillo Verde. En todas partes del mundo, la música bailable es predominantemente caribeña. Principalmente la cubana y esto tiene su razón histórica, ya que durante mucho tiempo Cuba fue, más que país propiamente dicho, factoría y zona recreacional, primero de españoles y luego de norteamericanos. De allí pues que sólo en Cuba la música fuera una profesión lucrativa, respetable como una liberal, mientras que en los otros países de la región, no tenía esa conveniente categoría profesional. Mientras en Venezuela, casi toda la música fue anónima hasta hace poco, no sucedía lo mismo en Cuba, donde se respetó siempre como propiedad intelectual.

No incluyo la Guayana como región porque en este sentido, su música puede considerarse como afín a la llanera meridional en su parte Oeste, a la Oriental en su parte del Noreste y a la africana en el Centro Este, venida a través de las islas inglesas del Caribe.

Pero la esterilidad musical que le encuentro a nuestro Llano está generosamente compensada por su creación poética. No me refiero a nuestros literatos profesionales que hayan escrito folklore, sean llaneros como Delfín Aguilera o Alberto Arvelo Torrealba, o de otras partes como Rómulo Gallegos, José Rafael Pocaterra o Andrés Eloy Blanco. Quiero referirme a la versificación hecha por personas fuera del oficio literario. Por lo que he notado personalmente, se trata de personas que tienen el hacer versos como un entretenimiento. Y tampoco se trata de gente analfabeta sino con grado cultural, como decir mayordomos, comerciantes, etc.; en todo caso, gente que sabe leer y escribir. Los grandes cantadores suelen ser personas que constantemente están haciendo versos, archivándolos en la memoria y aplicándolos llegado su momento.

Recuerdo que por el año 1944, en los Bancos de San Miguel, Bajo Guárico, iba yo, entre otros, con el Presidente del Estado, Pedro Sotillo y presenciamos un inolvidable contrapunteo, entre un cantador viejo llamado Raymundo Acevedo y uno joven, cuyo nombre no recuerdo, que lo tenía literalmente apabullado y que notando su desazón le cantó: «No se aflija compañero/que eso le pasa a cualquiera./Lo mismo le pasó a Crespo/en la Mata Carmelera/y a Bolívar en la Puerta/y a Morillo en Las Queseras./Y le va a pasar a Isaías/Igual que a López Contreras/por cargar el Cristo en la mano /y el Diablo en la faltriquera». Esto me permite creer no se trataba de un hombre sin lecturas y que esos versos estaban guardados esperando su ocasión. Otra vez, mucho más recientemente oí en El Pao de Cojedes, un excelente contrapunteo en décimas, donde los contrincantes eran el boticario del pueblo y un maestro de escuela.

Corrido de la Guerra de 1896
En Caracas, Joaquín Crespo,
estando la universalidad, (1)
le dijo a José Manuel (2)
«Hoy te pongo en libertad,
pero si te alzas te cojo
y te mando fusilar»
Y el mocho le contestó
con la cabeza agachada:
«¿Cómo cree usted, general,
que yo me le voy a alzar?
Yo no tengo munición
ni gente con qué pelear.
Yo me voy para Carabobo.
Lo que pase sonará».
El Mocho llegó a Valencia
y eso fue una novedad.
Hasta los niños de pecho
lo fueron a saludar,
pidiéndole de por Dios,
de nuevo la libertad,
porque si Crespo continua (3),
hunde la universalidad.
Montado en su caballito,
el Doce de Marzo dio (4)
el Mocho Hernández su grito
al frente de un batallón
y mandó decirle a Crespo
que estaba a su disposición;
que si le gustaba el frito,
se le arrimara al fogón.
Crespo salió a perseguirlo
con muchísima ambición,
pensando que era melado
se le volvió papelón.
En el pueblo de Acarigua, (5)
Ahí fue el primer encontrón
Ahí fue donde El Mocho dijo:
«Come arepa y Chicharrón».
Y salieron para Cojedes
Gobierno y Revolución.
Donde Crespo se volvió
fue en el Paso de El Tinaco
al sitio de El Carmelero
a buscar su Campo Santo
Gallegos de pueblo en pueblo
y El Mocho de mata en mata
Le dice Diego a Maduro (6)
en su caballo alazano:
Vamos a andarle a esta gente
a cogerles el paso llano
porque esta gente se va
si no le andamos de mano.
Vieron a Loreto Lima
jineteando su caballo,
con el machete en la mano
de sangre todo chispeado
en el pueblito de atrás
quie ya se le había entregado.
Unos dicen que Lutowsky, (8)
otros dicen que fue Dios.
Pero ay que Crespo murió
de un tiro en el corazón.
Y Misia Jacinta ofrece,
transida por el dolor
que al que le matara a Hernández
le regalaba un millón
de los veintiséis que tiene, (9)
robados a La Nación.
Y dicen los generales,
que en esto tienen razón:
La guerra de José Manuel
no ha sido por la ambición
ha sido por la venganza
de haberse visto en prisión.
Este corrido, de clara inspiración machista y, a mi entender, el mejor que he oído, lo recogí en el Sur del Guárico, por 1943, de boca de un carpintero.

La precisión geográfica me hizo creer que el autor fuera cojedeño y contemporáneo de los acontecimientos. Tiempo después, el excelente libro sobre Tinaquillo, del Dr. Luis Barrios, me ratificó en mi creencia porque trae una transcripción del mismo corrido, con pequeñas variantes. De ambos contextos creo que se desprenda que el del Dr. Barrios sea el original, además de mejor atenido a la verdad histórica. En la versión recogida por mí, aparece el nombre del general Augusto Lutowski, totalmente ajeno a los sucesos y, en cuanto a la frase «de los veintiséis que tiene, robados a La Nación», se encuentra mucho antes, aplicada a Monagas en uno de los corridos referentes a la Revolución de Marzo (12-03-58), la versión del Dr. Barrios trae también una parte final con detalles del traslado del cadáver desde El Carmelero hasta el mar.

La tesis del asesinato es absurda. He visto el traje y la manta que llevaba el Gral. Crespo cuando lo mataron y presentan dos perforaciones: una, en la pechera, con poca sangre y más alta que la de la espalda, que tiene un gran manchón. Crespo, sorpresivamente, era mal jinete. Cargaba siempre en una mula llamada Gragea, pero esa vez lo hizo en un caballo llamado Gateaux Andalous —en Venezuela Gato Andaluz— que venía de comprarle a Mariano Clemente. El Gral. Luis Loreto Lima, había colocado unas tarimas en unos samanes, donde apostó tiradores escogidos, armados con winchésteres 44, arma mucho más efectiva que las charpas y fusiles de abrazaderas (Sharp y Enfield), que eran los conocidos de la época. Ordenó Crespo el ataque, pero el fuego de los winchésteres lo detuvo. Crespo, cuyo increíble valor le hacía desconsiderar el ajeno (10), dijo: «Esa gente no sabe pelear. Tráiganme a Gato Andaluz». Sabino Tabares lo ensilló y se lo trajo; cuando cargó, recibió el tiro y, al caer, creyó que lo había derribado el caballo. Sus últimas palabras fueron: «¡Caballo, carajo! Díganle a Muguerza...» Se trataba de Elías Muguerza, jefe del centro crespero. Lo salió —no había elementos para embalsamarlo— su yerno y médico, Dr. Isaac Capriles.

El detalle insospechado del cambio de montura, hizo que los mochistas no supieran a quién habían matado. Sólo dijeron que seguramente le habían pegado a un gran jefe porque cuando cayó del caballo cesó el ataque. Sabida la muerte muchas personas se la quisieron atribuir, entre ellas Méndez Bracamonte y Giuseppe Vita.


(1) La palabra universalidad se pronuncia a veces en forma tan atropellada que se entiende universidad.

(2) General José Manuel Hernández, «El Mocho», hombre probo y valeroso. Agrupó en su torno, gran cantidad de gente honesta, escandalizada ante las administraciones de Guzmán y sus seguidores.

(3) Esta palabra va acentuada en la í. Varias personas me han asegurado gravemente que sea diferente la conjugación de continuar, en el sentido de proseguir a la de continuar en el sentido de practicar el continuismo, que significa no entregar el poder.

(4) Otras personas afirman que la fecha fuera 5 de marzo en Queipa. Aun cuando el dato sea de interés menor, observaremos que, en Valencia, 40 años antes, tuvo lugar el pronunciamiento de Julián Castro, sobre el cual hay un extenso corrido que empieza «5 de Marzo en Valencia, de recuerdos memorables...». Esta coincidencia ha podido generar confusión.

(5) Nótese que Hernández se pronuncia en Valencia e instantáneamente, marcha hacia Acarigua, esto es, comienza con una retirada. Tendría sus razones, pero sus enemigos lo achacaban a espíritu deportivo.

(6) Estos dos deben ser Diego Colina y Elías Maduro, valencianos crespistas. Gallegos es, sin duda, Manuel Modesto Gallegos, crespista más político que militar.

(7) Gral. Luis Loreto Lima, mochista de gran valor. Se cuenta que en la campaña hizo un chiste macabro cuando, al acercársele Samuel Acosta le dijo: «General: ¿Nunca ha visto un rucio moro con las crines alazanas?» y volteaba las del caballo para mostrar donde se limpiaba la lanza. Era un legendario jinete y de él se cuenta que, cuando años más tarde, lo mataron atacando a Juan Vicente Gómez, atrincherado, agonizó y le sobrevino el rigor mortis sin caerse del caballo. El «pueblito de atrás» podría ser Mapuey.

(8) Hay un error manifiesto en esta versión. Del general Lutowski jamás se dijo que hubiera asesinado a Crespo. Tal rumor, por otra parte, insensato, corrió en contra de Isidoro Wiedemann. Quizás el hecho de ser extranjero los dos apellidos generara este desacierto.

(9) Misia Jacinta era Jacinta Parejo, natural de Parapara y casada con el General Joaquín Crespo Torres. Sobre la fortuna amansada por este, reinaban las versiones. Se hablaba de que su asistente «paisano» sabía donde estaba un fabuloso entierro. Acerca del final de la fortuna, circularon en Caracas unos versos malos y de factura culta pero significativos: «Dejo Crespo al morir doce millones,/una viuda y seis hijos hocicones,/entre juez y abogados su conciencia,/dieron muy pronto al traste con la herencia». Posteriormente tuve ocasión de leer la partición hecha a los bienes del Gral. Crespo y realmente se trataba de unos doce millones.

(10) Crespo era abstemio y del valerosísimo general Juan Antonio Izquierdo León dijo una vez: «Quien pelea es el brandy».


Francisco Vera Izquierdo en La BitBlioteca

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