Caracas, Jueves, 17 de abril de 2014

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Parte de la Batalla de Carabobo

Simón Bolívar

Martes, 26 de junio de 2001

Simón Bolívar en La BitBlioteca

24 de junio de 1821

Vea una presentación animada de la batalla, realizada por el Instituto Prodiseño

Al Excelentísimo señor Vicepresidente de Colombia.

Ayer se ha confirmado con una espléndida victoria el nacimiento político de la República de Colombia.

Reunidas las divisiones del Ejército Libertador en los campos de Tinaquillo el 23, marchamos ayer por la mañana sobre el Cuartel General enemigo situado en Carabobo, en el orden siguiente: La primera división, compuesta del bravo batallón Británico, del Bravos de Apure y 1.500 caballos a las órdenes del señor general Páez. La segunda, compuesta de la segunda brigada de La Guardia con los batallones Tiradores, Boyacá y Vargas, y el Escuadrón Sagrado que manda el impertérrito coronel Aramendi a las órdenes del señor general Cedeño. La tercera, compuesta de la primera brigada de La Guardia con los batallones Rifles, Granaderos, Vencedor de Boyacá, Anzoátegui y el regimiento de caballería del intrépido coronel Rondón, a las órdenes del señor coronel Plaza.

Nuestra marcha por los montes y desfiladeros que nos separaban del campo enemigo fue rápida y ordenada. A las 11 de la mañana desfilamos por nuestra izquierda al frente del ejército enemigo bajo sus fuegos; atravesamos un riachuelo, que sólo daba frente para un hombre, a presencia de un ejército que bien colocado en una altura inaccesible y plana, nos dominaba y nos cruzaba con todos sus fuegos.

El bizarro general Páez a la cabeza de los dos batallones de su división y del regimiento de caballería del valiente coronel Muñoz, marchó con tal intrepidez sobre la derecha del enemigo que en media hora todo él fue envuelto y cortado. Nada hará jamás bastante honor al valor de estas tropas. El batallón Británico mandado por el benemérito coronel Farriar pudo aún distinguirse entre tantos valientes y tuvo una gran pérdida de oficiales.

La conducta del general Páez en la última y en la más gloriosa victoria de Colombia lo ha hecho acreedor al último rango en la milicia, y yo, en nombre del Congreso, le he ofrecido en el campo de batalla el empleo de General en Jefe de ejército.

De la segunda división no entró en acción más que una parte del batallón de Tiradores de La Guardia que manda el benemérito comandante Heras. Pero su general, desesperado de no poder entrar en la batalla con toda su división por los obstáculos del terreno, dio solo contra una masa de infantería y murió en medio de ella del modo heroico que merecía terminar la noble carrera del bravo de los bravos de Colombia. La República ha perdido en el general Cedeño un grande apoyo en paz o en guerra; ninguno más valiente que él, ninguno más obediente al Gobierno. Yo recomiendo las cenizas de este General al Congreso Soberano para que se le tributen los honores de un triunfo solemne. Igual dolor sufre la República con la muerte del intrepidísimo coronel Plaza que, lleno de un entusiasmo sin ejemplo, se precipitó sobre un batallón enemigo a rendirlo. El coronel Plaza es acreedor a las lágrimas de Colombia y a que el Congreso le conceda los honores de un heroísmo eminente.

Disperso el ejército enemigo, el ardor de nuestros jefes y oficiales en perseguirlo fue tal que tuvimos una gran pérdida en esta alta clase del ejército. El boletín dará el nombre de estos ilustres.

El ejército español pasaba de seis mil hombres, compuesto de todo lo mejor de las expediciones pacificadoras. Este ejército ha dejado de serlo. Cuatrocientos hombres habrán entrado hoy a Puerto Cabello.

El Ejército Libertador tenía igual fuerza que el enemigo, pero no más que una quinta parte de él ha decidido la batalla. Nuestra pérdida no es sino dolorosa: apenas 200 muertos y heridos.

El coronel Rangel, que hizo como siempre prodigios, ha marchado hoy a establecer la línea contra Puerto Cabello.

Acepte el Congreso Soberano en nombre de los bravos que tengo la honra de mandar, el homenaje de un ejército rendido, el más grande y más hermoso que ha hecho armas en Colombia en un campo de batalla.

Tengo el honor de ser con la más alta consideración, de V. E. atento, humilde servidor.

Valencia, 25 de junio de 1821.

Simón Bolívar

Simón Bolívar, Escritos fundamentales , Caracas: Monte Ávila, 1998.

Acompañado de una sustancionsa introducción del reconocido historiador venezolano Germán Carrera Damas —a quien debemos también la selección y la bibliografía—, se ofrecen en el presente volumen los más importantes escritos del gran pensador y estratega que fue Simón Bolívar, referidos a los temas que abordan la fundación y la organización de los nuevos países independientes de la América Latina.


Mocedades_de_Bolivar
Rufino Blanco-Fombona, Mocedades de Bolívar, Caracas: Monte Ávila, 1998.

No siempre bien estudiado por sus biógrafos y exégetas, el período que comprende la niñez y adolescencia de Simón Bolívar tuvo su mejor historiador, su más cumplido comentarista, en Rufino Blanco Fombona. El maestro Simón Rodríguez, la joven esposa María Teresa Toro, la supuesta pariente francesa Fanny Du Villars y el sabio Alejandro de Humboldt son algunos de los personajes que figuran en estas páginas, prologadas por Juan Úslar Pietri.

Rufino Blanco-Fombona (1874-1946) fue uno de nuestros más eminentes intelectuales. Monte Ávila cuenta en su fondo con sus obras El hombre de hierro, Diarios de mi vida y El conquistador español del siglo XVI.

 Otras obras de Simón Bolívar

Textos sobre Bolívar fuera de La BitBlioteca
Bill Boyd, Simón Bolívar: Liberator of a Continent
José Luis Salcedo Bastardo, Bolívar: A Continent And Its Destiny

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