Caracas, Jueves, 17 de abril de 2014

Sección: Bitblioteca

ENVIAR A UN AMIGO  |  ENVIAR AL DIRECTOR


'

Documento enviado a la Oficialidad de las Fuerzas Armadas Nacionales

Junta Militar de Gobierno

Miraflores, 27 de enero de 1949
El Golpe de Estado de 1948 en La BitBlioteca

Los que suscriben tienen el deber de precaver a la Oficialidad contra la propaganda que, en breve plazo intensificarán elementos que han visto derrumbarse sus ambiciones de predominio sectario. Esa propaganda será hecha directamente o por personas interpuestas, y tendrá su fuente en elementos extremistas que no vacilarán en llegar hasta la calumnia para crear un ambiente de confusionismo que sirva a sus fines. Por ello es indispensable que los jefes y Oficiales estén compenetrados con hechos que son bien conocidos, pero que es necesario tener presentes, para que en ningún momento, pueda ser sorprendida su buena fe.

Estos hechos históricos pueden resumirse así: en el año de 1945, como consecuencia de la desinteresada intervención que hicieron las Fuerzas Armadas, llegó al Poder el Partido Acción Democrática. Ningún pacto político existía entre militares y civiles. Se estaba en conversaciones preliminares y apenas se habían efectuado dos o tres reuniones, en las cuales se había discutido entre el grupo militar y el civil generalidades que no tenían matiz conspirativo, cuando la acción brusca del Gobierno suscitó un movimiento en defensa de los militares, que produjo el derrumbamiento de aquél. El Partido Acción Democrática aprovechó desde el principio el que las Fuerzas Armadas tenían toda su atención puesta en cuestiones de Seguridad Pública, en evitar violencias y en resolver problemas profesionales, para infiltrarse en todos los puntos claves de la armazón estatal. Poco sabían el país y las Fuerzas Armadas, para aquel entonces, de ese Partido, sino que desde la oposición ofrecía realizaciones morales y materiales que engañaron a muchos venezolanos de buena fe. Fue constituido, en aquel año, un Gobierno con mayoría civil, pero por desgracia, con abrumadora mayoría de hombres de un solo Partido.

Poco tiempo después se empezó a sentir que el país repudiaba esa forma de hegemonía por un grupo político que había alcanzado el Poder, no mediante su propia fuerza, sino amparado en el generoso desprendimiento de la Institución Armada. Se presintió igualmente que el Gobierno monopartidista, haría aprovechamiento en su favor del proceso electoral. Ante ese temor fue categóricamente expuesta por los Miembros Militares de la junta revolucionaria de Gobierno al Presidente de la misma, la necesidad de que no permaneciera al frente del Ministerio de Relaciones Interiores un hombre del Partido. A regañadientes fue aceptada la fórmula de remover a Valmore Rodríguez del Ministerio de Relaciones Interiores, no sin que antes se hubiese esbozado la maniobra, a título de compensación, de que el Teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud abandonase el Ministerio de la Defensa Nacional, ya que no se le consideraba persona grata al Partido.

Al avecinarse la fecha prevista para las elecciones a Constituyente, pareció que no era bastante garantía de imparcialidad el hecho de que fuese políticamente independiente el Ministro del Interior, y se pensó en la fórmula de que presidiese el Gobierno un civil sin compromisos de Partido o un militar, sin que tal solución pudiese ser lograda por múltiples razones, siendo una de ellas, inclusive, la inhabilitación física en que llegaron a encontrarse en un momento dado los Miembros Militares de la junta Revolucionaria pues puede recordarse que para aquella fecha el Ministro de la Defensa sufrió un grave accidente de equitación y que el Ministro del Interior ya padecía serios quebrantos de salud que de vez en cuando hacían crisis.

Las sucesivas sugestiones hechas a los hombres del Partido, y en particular las que se hicieron a raíz de los acontecimientos del 11 de diciembre de 1946, encontrándose ausente el titular del Ministerio de Relaciones Interiores, en el sentido de lograr una ampliación del Gobierno, eran contestadas con medidas a medias, con promesas y maniobras dilatorias. Pero repugnaba al Alto Mando Militar lograr por la fuerzas de las Armas esas rectificaciones que siempre consideró necesarias para el bien nacional.

Por otra parte, Acción Democrática, habilidosamente, se dio a la tarea de tratar de dividir a las Fuerzas Armadas, sin lograrlo nunca de modo permanente y, apoyada materialmente en el despilfarro de los fondos públicos, desarrolló una política de demagogia desenfrenada que le dio a su régimen la apariencia de tener fuerte apoyo popular. A esta circunstancia debe, agregarse que se tenía la evidencia de que altos dirigentes de Acción Democrática propiciaban una situación que dividiera a las Fuerzas Armadas en dos bandos y, por ende, al país, pues consideraban que así vería nacer una montonera armada que respaldaría su instalación indefinida en el Poder.

Ante tal situación, quienes teníamos la delicada misión de velar porque la Institución se mantuviera cohesionada e intacta como Fuerza Nacional, nos dedicamos por entero a luchar contra toda división; a preservar a la Oficialidad de ser víctima de las insidias de los políticos e instrumento de intereses de grupo; a castigar cuando era necesario y cada vez que se infringían las directivas u órdenes del Alto Mando Militar, y a impedir, mediante la prédica constante y el ejemplo, que ninguno de sus integrantes fuese conquistado por ideologías partidistas. Se sostuvo igualmente el principio de que las Fuerzas Armadas no debían intervenir en política, pero también se explicaba muy claramente que las personas extrañas a la Institución, políticos o no, debían (y deben) abstenerse de pretender transformarla en Fuerza parcializada.

Se predicaban así, de buena fe, sanos principios, que sólo eran cumplidos unilateralmente. Entonces se alentaron esperan. zas de que llegada la constitucionalidad, el Presidente Electo, gracias a la alta autoridad que le confería la Constitución, lograría preservar a las Fuerzas Armadas de la continua presión que sobre ellas pretendía ejercer el Partido de Gobierno, y cesaría la acción de hostilidad sistemática que señalados dirigentes del mismo, tenían hacia el Alto Mando Militar, hostilidad ésta manifestada alternadamente ya contra uno o contra otro de los jefes que hoy integran la junta Militar de Gobierno, habiendo sido planeada la eliminación de uno cualquiera de ellos, utilizando a Oficiales de las Fuerzas Armadas como instrumento, y llegando hasta el extremo de comisionar a elementos civiles para que hiciesen entre la oficialidad propaganda tendiente a menoscabar la autoridad Ministerial.

Se alentó igualmente la esperanza de que el Presidente Electo gobernaría como Primer Magistrado de los venezolanos y no como instrumento de parcialidad política. Fueron esperanzas fallidas. Desde el comienzo de su mandato, el señor Gallegos en vez de considerar a las Fuerzas Armadas como sólida garantía de su independencia en la Primera Magistradura, las juzgó a la luz de la opinión que de ellas tenía su Partido el cual las veía como obstáculo y enemigo al que había que tratar en consecuencia.

Apenas instalado en Miraflores el señor Gallegos manifestó su deseo de que tal o cual jefe u Oficial fuese eliminado de los cuadros de la Institución viéndose a las claras que no se trataba de decisiones presidenciales en función de intereses institucionales o nacionales sino de sugestiones hechas por Acción Democrática, que desde el C.E.N. (Comité Ejecutivo Nacional) pretendía dirigir y comandar a las Fuerzas Armadas. Al mismo tiempo el Partido recurría a toda clase de artimañas para engañar a su militancia. Para no citar sino un caso concreto entre muchos de los ocurridos, que pinta muy bien las tácticas usadas para mantener al pueblo en estado de agitación y en plan de hostilidad, recordaremos el famoso ´atentadoª que aconteció en la casa del Partido. En esa ocasión quedó comprobado por peritos militares y civiles que no hubo tal atentado y que la muerte de Rosa Gaspar de Martínez fue accidental y producida por la explosión de una granada de fusil que se encontraba indebidamente, junto con otro material bélico, en el lugar citado. Sin embargo, se le mintió al pueblo y se dio en Caracas el triste espectáculo de que Ministros del Despacho Ejecutivo encabezaron una manifestación popular en el acto de enterramiento de la víctima.

En el mes de octubre de 1948 el Partido hizo presión sobre el Presidente para un cambio de Gabinete, cambio en el cual se preveía el reemplazo de los Ministros independientes por hombres del Partido. La solución de la crisis así fomentada se aplazó para fecha ulterior, pues aspiraban a que la concentración popular prevista para el 18 de octubre en El Silencio, impresionara en tal forma a la Nación y a las Fuerzas Armadas, que las decisiones del Partido, así fuesen las más sectarias, serían acatadas y aceptadas resignadamente.

Para esa misma fecha, a pesar de su decisión anterior de no hacer acto de presencia en la celebración organizada por el Partido, el señor Gallegos se dejó convencer de hacer pública

profesión de fe partidista y se definió en palabras que pronunció esa noche, enteramente subordinado al grupo dirigente de Acción Democrática y al Señor Betancourt en particular. El Ministro de la Defensa en aquella oportunidad, había expresado su firme decisión de no tomar parte en la manifestación política que interesaba exclusivamente al partido Acción Democrática y cumplió con su determinación, no acompañando al Presidente y a otros miembros del Ejecutivo a la Plaza de El Silencio.

Los sucesos posteriores son de todos conocidos. El Partido Acción Democrática tenía la firme decisión de no rectificar sus procedimientos sino por el contrario, de aprovechar cualquier ocasión para provocar la guerra civil en Venezuela. Las iniciativas tomadas por sus dirigentes lo demuestran a saciedad y la organización en Maracay de un Gobierno efímero, cuando el Presidente Constitucional estaba ejerciendo su mandato, eran serios indicios de que tenían la idea de hacer estallar una guerra fratricida.

Los dirigentes del Partido Acción Democrática, en reciente documento publicado en la prensa de Caracas, se expresaban en los siguientes términos: ´Nuestro retorno al Poder no se operará ahora como producto de un afortunado golpe de cuartel, sino como consecuencia de un proceso de descomposición nacional que obligará al Ejército a llamarnos incondicionalmente al Palacio de Miraflores. Entonces nosotros manejando fichas adictas dejaríamos agravar la crisis hasta que en la tremolina subsiguiente haya desaparecido virtualmente el Ejército y nosotros podamos dar armas al Pueblo. Para el éxito de todo esto es preciso que sea un comando único quien tenga acceso al Ejército.

Cualquier maniobra de este tipo debe estrellarse contra la unidad de las Fuerzas Armadas, que dieron el 24 de noviembre un ejemplo de cohesión y disciplina nunca visto en nuestra historia. En un momento difícil para Venezuela pudieron ser evitados grandes males porque sus Instituciones Armadas tenían doctrina y moral y porque hubo siempre perfecta Unidad de Comando Superior mantenida durante tres años de experiencia común.

Los Miembros de la junta Militar de Gobierno quieren llevar al ánimo de toda la Oficialidad, la necesidad –que hoy más que nunca es un imperativo nacional– de continuar manteniendo a la Institución Armada en estado de perfecta disciplina. Cualquier manifestación de desobediencia, cualquiera desviación de las específicas funciones que corresponden a los militares, comprometerían ante el país y el extranjero la solidez de la Institución, y darían motivo para que sean interpretados como reacción a favor del Partido disuelto, y para que permitan hacerle juego a quienes, por intereses propios, desean el debilitamiento o la desintegración de las Fuerzas Armadas, cuya existencia unificada ha sido la muralla que impide el desbordamiento de pasiones políticas y la avalancha de ambiciones bastardas. Resquebrajada la unidad institucional castrense el país podría verse conducido a la anarquía y a la ruina.

Tenemos confianza en el espíritu de responsabilidad y en el patriotismo de toda la Oficialidad de las Fuerzas Armadas y an convicción de que todos los escalones del mando proceder' siempre en el sentido de garantizar a la República tranquilidad y seguridad. De este modo con su actitud de soldados responsables y eficientes continuarán brindando a la junta durante su ejercicio la subordinación y colaboración necesarias para que pueda seguir trabajando fecundamente en los múltiples y difíciles problemas que tiene el Gobierno por resolver en un ambiente adecuado al cumplimiento de sus extraordinarias obligaciones y delicados deberes y responder así del mantenimiento y realce del prestigio de las Fuerzas Armadas ante la Nación Venezolana.

De la exposición anterior debemos precisar algunas conclusiones:

    1º.- La rectificación hecha el 24 de noviembre era una exigencia nacional y fue posible gracias a la unidad y disciplina existentes en todos los escalones del mando.
    2.- La conservación de la unidad, disciplina y compañerismo en las Fuerzas Armadas es un imperativo nacional para preservar al país de los peligros que lo asechan y permitir la consolidación de un régimen en el que imperen el orden, la buena administración y sea posible la convivencia de los venezolanos.
    3º.- Los Oficiales no deben dejarse impresionar por la opinión de ciudadanos que, por uno u otro motivo, tienen interés en propalar noticias falsas y hacer apreciaciones erróneas y no bien fundamentadas.
    4º.- En relación a los puntos expuestos, se pone de manifiesto que una de las falaces propagandas hechas hasta hoy se refiere a divergencias en el seno de la junta. No existe ninguna, y la misma unión, enlace moral, recíproco respeto y espíritu de compañerismo que ligó durante años en el Ministerio de la Defensa Nacional a los tres componentes de la junta es lo que ha venido rigiendo en nuestras actuaciones.

Esta es una enfática declaración de soldados distinta y distante de aquellas que han acostumbrado hacer los políticos insinceros para encubrir dolorosas realidades.

Para finalizar, dejamos categórica constancia de que los actos de gobierno de la junta Militar no están inspirados por ninguna ideología partidista ni representan la realización de ninguna aspiración personal o de grupo, sino que obedecen a propósitos de supremo interés nacional dentro del marco del patriotismo. También es necesario manifestar que repudiamos como orientación de nuestras funciones, todo extremismo, toda actividad política inspirada en doctrinas exóticas e internacionalistas, y en general toda tendencia hacia el totalitarismo, cualquiera que sea su signo.

Miraflores, 27 de enero de 1949.

Carlos Delgado Chalbaud
Marcos Pérez Jiménez


El Golpe de Estado de 1948 en La BitBlioteca

blog comments powered by Disqus

 

Juegos Gratis


Empire
  Fórmula Racer
 
       
Galaxy
  Mina de Diamantes